Revista nº 532
ISSN 1885-6039

Los telares.

Viernes, 25 de Febrero de 2011
Guía de Artesanía Tenerife
Publicado en el número 354

Estanislaa García Tani, Luis Alberto Mora Muñoz y Tomás Hernández Negrín son tres ejemplos claros de trabajadores de telares en la isla de Tenerife desde los que podemos aprender los tipos, las partes, los materiales y los usos de estos tradicionales artilugios.

 

Se desconoce la época en que aparecen los tejidos a la largo de la historia. Desde la Antigüedad, sin embargo, existen dos tipos de telares: los verticales, más arcaicos y usados aún en la actualidad por las tribus de la selva de Filipinas y Borneo y por los indígenas de origen maya, por poner algún ejemplo; y los horizontales, más extendidos y evolucionados, utilizados para confeccionar los tejidos canarios y europeos en general. Los colonos españoles introdujeron en las Islas telares y técnicas conocidos en época hispano-musulmana. Es curioso comprobar cómo tanto las artes textiles como la carpintería en artesonados y techumbres, o la taracea popular canaria, aparecen a menudo como una esquematización de las artes andalusíes y mudéjares. Es posible que ello se deba a la escasa especialización de los artesanos y alarifes de origen musulmán que se instalaron en el Archipiélago tras la Conquista y a la casi nula evolución de los oficios, en un medio geográfico marcado por el aislamiento.

 

El telar tinerfeño, de madera de tea de pino canario, era rudimentario. Los había de tres tipos: el de lienzo (tela de lino) y cordón (paño de lana), sólido y grande; el de seda, de lo ancho, para piezas grandes como tafetanes, del mismo cipo pero más preciso; y el de lo estrecho u obra menor, más pequeño y menos estable que los anteriores, aunque de similares características.

 

Así lo describe Juan de la Cruz: El telar introducido en Tenerife es un telar de bajo lizo con dos plegadores, "enjulios" en Tenerife, uno para la urdimbre y el otro para la tela; dos, tres o cuatro lizos o perchadas y batán colgante (caja del peine). Los lizos se amarran directamente a los pedales, "primideras", sin ningún tipo de levas ni contramarchas1.

 

Las piezas fundamentales que componen un telar canario, según descripción del mismo autor, son los pilares, o pies; las mesas sobre las que se apoyan los plegadores; los propios plegadores -que son unos cilindros de madera en los que se enrolla la urdimbre y la tela-; el batán, o caja del peine; los peines, entre los que se fijan los hilos de la urdimbre; los pedales y los lizos, hechos con hilo de cáñamo. Las piezas complementarías son la espaldilla, para guiar los hilos a la hora de urdir; la urdidera de marco; la novelera, donde se depositan los novillos; el rastrillo para guiar los hilos al sentar la urdimbre en el plegador; la devanadera para las madejas; la redilla para llenar las canillas; y la lanzadera, pieza de madera en forma de barca en la que se adaptan las cañuelas con el hilo de tejer. Todo un ejemplo de tecnología popular, puesta al servicio de la belleza y la practicidad cotidianas.

 

Según la tejedora Estanislaa García, el proceso para sentar o preparar un telar canario consiste en llenar los ovillos con la lana, meterlos en la fileta, pasarlos por debajo del rastrillo (suele haber de 300 a 500 hilos) y dejarlos tensados en el órgano (el plegador). Después se enhebran los cuatro lizos que generalmente se utilizan, y se va pasando cada hilo por las mallas. Luego, una vez enlizado, se peina y se van pisando los pedales.

 

Estanislaa tiene instalados en su taller dos telares: uno de maquineta de contra marcha, es más industrial, el tejido no queda igual, y uno tradicional canario al que ha introducido un plegador de tipo más industrial, porque está sola y para sentar la urdimbre de forma clásica son necesarias tres personas. Estas innovaciones han sido adoptadas por casi todos los tejedores que, como Luis Alberto Mora, de Igueste de Candelaria, opinan que facilitan su labor. Luis Alberto explica que la diferencia entre un telar de tipo tradicional y otro más evolucionado de maquineta, consiste en el sistema de lizos y pedales. El tradicional se trabaja con cuatro lizos y cuatro pedales, mientras que el otro puede incorporar hasta 16 lizos y sólo lleva un pedal. El juego de lizos va programado, lo que evita equivocarse con los hilos. Lo mismo que Estanislaa, Mora asegura haber sustituido el órgano tradicional por un tambor para tensar de manera directa.

 

 

 

La última tejedora tradicional

 

Estanislaa García, de Tegueste, al noroeste de la isla, es una auténtica abanderada del telar. Gracias a sus esfuerzos y al de otros tejedores por recuperar las formas y materias primas del traje canario, este arte ha cobrado un brillo perdido hace tiempo. El telar lo he aprendido de grande. Siempre me gustó la artesanía; dicen que mis antepasados se dedicaron a tejer, pero yo nunca lo vi. Me traje los órganos (plegadores) de casa de mi abuelo, explica. Tani -como la llaman habitualmente- es una mujer de habla dulce y pausada; puede que la única tejedora tradicional actualmente reconocida, en un mundo que en el pasado perteneció a las mujeres, pero hoy ha quedado relegado en Tenerife casi por completo al universo masculino. Se nota que no ha sido mera espectadora de la vida y que ha dado rienda suelta a su curiosidad natural: Estaba en el grupo folklórico de Tegueste y había que diseñar los trajes, así que al final me dediqué por entero. Yo bailaba y enseñaba, estaba al frente. Lo mismo que en el caso del sastre Manolo Acosta, se preocupó de rescatar la indumentaria tradicional a raíz de su pertenencia a un grupo musical.

 

En el rostro cálido y moreno de esta mujer que ronda la cincuentena se adivina un amor especial a la vida. Alta y robusta, se mueve a sus anchas en una casa amplia invadida por telas, hilos, canillas y paños de lana. El taller lo acabé montando en el comedor, porque si no daba muy mala imagen al entrar, comenta. A través del ventanal se divisa un paisaje jugoso y humanizado, salpicado de cultivos y de casas blancas con formas cúbicas. Al fondo, se adivina el mar envuelto en brumas atlánticas.

 

Mi abuela murió hace 31 años. Siempre vestía con trajes largos, todo bajo hasta el suelo; el refajo, rojo; la enagua, blanca; y luego la falda: negra, canela o azul, aunque ella siempre la llevaba negra por el luto. El caso es que nunca se le veía la puntilla por debajo. Yo pregunté, y me dijeron que era por ser una prenda muy personal. Antes, la tela se medía por varas, yo lo he calculado, y cada vara vendrá a medir unos 80 centímetros. Tani, que vive sola desde que murió su marido hace 13 años, pero me amaño, gracias a Dios, se recrea explicando y extendiendo sobre la mesa de su taller las partes que conforman el traje de mujer de Santa Cruz, en el que ella más trabaja. No se conforma con tejer; también confecciona y hasta borda, completando así el proceso. Sus piezas son pequeñas obras de arte. El traje de Santa Cruz lleva la falda de lana, la enagua, la camisa de lino o de batista y el justillo2 de fieltro o de terciopelo, pero sin borde (bordado). Algunas, continúa, llevaban pañuelo entre el chaleco y la blusa porque las mujeres canarias somos muy ahondantes, dice señalándose picarona el pecho. De calzado, llevan zapatos en las ciudades. En el campo usan lonas, lo que ustedes llaman alpargatas. El masculino es menos espectacular y menos variado, como suele suceder con toda la vestimenta tradicional. Del traje de hombre hay poca cosa rescatada. Lleva el calzoncillo de lino hasta media pierna y la camisa, que es de doble pechera, de hilo. El calzón va por encima de la rodilla y es de lana azul, negra o verde. El chaleco va rayado. Llevan sombrero de palma o de fieltro, unas polainas de punto con cinco agujas [también las teje ella] y un fajín. Los zapatos son de piel virada y a veces, con hebillas.

 

Estanislaa, a pesar de padecer una hernia discal que le impide estar sentada durante más de dos horas seguidas, enseña manualidades en un centro de discapacitados en Tacoronte, donde tiene dos telares a su disposición. Explica lo difícil que resulta a veces transmitir la técnica del tejido a algunos minusválidos psíquicos profundos, a quienes cuesta manejar los pedales, el peine y la lanzadera. Pero tampoco oculta el cariño y la satisfacción que le produce enseñar a sus niñas, pese a considerar que es un trabajo imposible de valorar.

 

Grandes tejidos a rayas de colores para las faldas y las capas rayadas, paños en rústicos en color crudo para mochilas tradicionales, traperas finas de algodón, fajines de dibujos delicados, y hasta telas de lana para confección de trajes de señora, forman el grueso de su producción. Una labor llena de mimo, con el sabor de lo auténtico y a precio más que asequible.

 

Tani se afana en la cocina preparando un cafetito; no tiene prisa por concluir la conversación ni dejar de revolver entre sus trapos. Con gesto casi ceremonial, tiende un mantel bordado sobre la mesa y se dispone a servir el café, acompañado de unas pastas, en un servicio de porcelana rescatado de algún rincón. Y es que, como ella bien dice, café de pie, pleitos a deber. En la vida, los buenos momentos hay que celebrarlos.

 

 

 

Nueva estirpe

 

Más conocido como Alberto a secas, Luis Alberto Mora Muñoz es uno de los tejedores más renombrados de Tenerife. Pertenece a la nueva estirpe de varones dedicados al oficio. Chileno de origen y afincado en la isla desde hace 22 años, apenas se le nota la procedencia salvo en alguna inflexión musical del habla y alguna expresión. Vive y trabaja en Igueste de Candelaria, al Sur. Rodeado de telas rayadas tejidas por él, ovillos, grandes madejas de lana, fajines a medio desembalar y varios telares, explica su condición de exiliado y no escatima a la hora de arremeter contra el régimen de Pinochet: Me vine en el 76 por la dictadura que teníamos allá. Aquello fue bárbaro, todo el país era una cárcel gigantesca. Me daba lo mismo ir adonde fuera con tal de salir. El oficio de tejedor lo arrastra desde antiguo: Toda la vida yo he trabajado tejiendo, desde los 18 años; llevo treinta y pico en telares. Cuando vine, trabajé tres años, primero en hostelería, y monté mi primer telar. Hoy casi no da abasto con los encargos que tiene.

 

Su especialidad es el tejido tradicional rayado para las faldas de los trajes tinerfeños, lo mismo que los fajines de hombre, tela para chalecos, pantalones y sobretodos. Vende en ferias y a grupos folklóricos. Los materiales que utiliza son la lana de oveja churra para las faldas -a las que presta una textura cálida y rústica- y el algodón o el lino para la parte trasera de los chalecos y los calzoncillos. Los fajines, una de las prendas más vendidas, van tejidos en ocasiones con lana sintética: resultan más económicos.

 

Como los demás tejedores dedicados a las prendas tradicionales, Alberto se ajusta con fidelidad a los patrones establecidos. En la cuestión folklórica no se admiten innovaciones. Intentamos trabajar en base a lo que está recogido. Nos hemos documentado a través de los libros de Teno y de Juan de la Cruz3. A veces te traen una foto antigua o un trozo de tejido, e intentamos reproducirlo.

 

No parece echar mucho en falta dar rienda suelta a su propia creatividad; alega que no tiene tiempo para investigar y está demasiado absorbido por lo que hace. Se muestra satisfecho porque tiene una alumna de 27 años muy aventajada: Yo la animo para que se quede con el telar.

 

 

 

Un tejedor inquieto

 

Completando la familia de tejedores masculinos, Tomás Hernández Negrín es un apasionado del telar. Desarrolla su trabajo en un amplio chalé en los alrededores de Candelaria, literalmente invadido por tejidos y lanas. El comedor ha dejado de existir como tal, para convertirse en taller y escaparate de su trabajo, lo mismo que el vestíbulo y el salón. Nada más entrar, un marcado olor a naftalina advierte que se está en territorio textil. Ocupan el espacio varios telares. Hay uno de aspecto muy arcaico que llama la atención. Tomás lo compró en Tarrasa (Barcelona), y tiene unos 37 ó 38 años; es pequeño y semimecánico. Le incorporó un menudo motor eléctrico y, debido a su tamaño, lo utiliza para confeccionar prendas de menos de 40 centímetros de ancho, como el fajín. Trabaja con cuatro lizos, y en ocasiones elabora en él fulares de seda importada, de hasta 960 hilos. Lo mismo que Alberto Mora, hace el urdido directo (con un tambor), y teje a veces con más de cuatro lizos.

 

Tomás es de origen gomero y se estableció durante una década en Venezuela. Allí hacía tejidos en maquinarias de punto, luego me vine a Tenerife y me puse a trabajar de cocinero durante 25 años. Un día vi tejiendo a una persona y aprendí un poquitín, y luego con un libro. Todo está en los libros. Como oficio, dedicado plenamente, llevo tres años; como hobby, unos 15.

 

Comenta que el hecho de ser hombre no ha suscitado especial resquemor en un mundo esencialmente femenino, aunque sí los métodos que emplea: Hay gente que me dice que soy semi-industrial y que no soy artesano porque las lanzaderas van de un lado a otro solas, dice con cierta ironía. No se limita a la producción de tejidos para los trajes tradicionales. Además, tiene piezas de su propia creación e investiga constantemente en nuevas técnicas, materiales y modelos personales. Soy inquieto. Sí te paras en una sola cosa no evolucionas. Hago fulares, tejidos y telas para trajes, en seda, lino y algodón. Luego está lo tradicional. Casi todo lo trabajo con materiales naturales, aunque últimamente también empleo fibras metálicas y lamés. Algunas de las telas para trajes llegan a alcanzar los 50 y 60 metros de longitud.

 

En la mesa de comedor se apilan libros sobre telares de todo el mundo, muestras de lanas y materiales de lo más exótico, que Tomás consigue mediante sus amigos o a través de sus propios viajes. Además de la tradicional lana de churra, usa lana merina para los trajes de Lanzarote y Fuerteventura. Para la urdimbre utiliza lana o lino, según el efecto deseado. En ocasiones especiales emplea también merina australiana -increíblemente suave y resistente- para la urdimbre, y merina española para la trama; todo un lujo.

 

 

Notas

1.- De la Cruz, J., op. cit., p. 48.

2.- Según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, justillo es una “prenda inferior sin mangas, que ciñe el cuerpo y no baja de la cintura”.

3.- Se refiere a La Vestimenta Tradicional en Gran Canaria, de José Antonio Pérez Cruz, editado en 1996 en Las Palmas de Gran Canaria por la Fundación para la Etnología y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC). El autor es más conocido en los ambientes especializados como Teno. Juan de la Cruz es el autor de Textiles e Indumentarias de Tenerife, editado por el Cabildo de Tenerife en Santa Cruz en 1995.

 

 

Artículo extraído del libro Guía de Artesanía Tenerife, publicado por la D. Gral. de Industria del Gobierno de Canarias con la colaboración de Inés Eléxpuru, Juan Carlos Martínez Zafra y María Victoria Hernández.

 

 

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Comentarios
Viernes, 28 de Septiembre de 2012 a las 10:55 am - Noemi

#03 Hola, sería posible poder contactar con algún tejedor para recibir clases. Muchas gracias.

Saludos

Sábado, 21 de Abril de 2012 a las 20:09 pm - Guillermo H Diaz

#02 Me gustaria tener informes sobre taracea ya que lo deceo aprender les quedo agradecido por la mayor información que me puedas hacer llegar vivo en Bogota Col. muchas gracias.

Martes, 06 de Septiembre de 2011 a las 20:49 pm - luis berne rubio

#01 he visitado vuestra pagina y me resulta muy interesante.

estoy terminando un telar jaqcuard semi automatico ahora necesito seda para tejer,(quiero tejer la fotografia de mi madre).

como info dire que llevo 5 años constuyendolo,solo me falta picar los

cartones y poner los hilos