Revista nº 877
ISSN 1885-6039

Ni el tricontinental, ni el cosmopolita, ni el mestizo que dicen.

Miércoles, 23 de Marzo de 2005
José Miguel Perera
Publicado en el número 45

Hablar de la tricontinentalidad de las islas ha supuesto no querer hablar de cómo ha sido nuestra manera de ser, de cómo está siendo ni de cómo se quiere que sea. Por tanto: no se miran de frente los problemas.



Entiéndase bien: me opongo a esta constante perorata que reza que los canarios somos, y sólo somos, "tricontinentales" y (sólo somos) "mestizos".

 

O sea, que es nuestra gran valía (o así nos cansan hasta indefinirnos) la fragmentación. ¿Pero qué significa realmente este rótulo para con los canarios?

 

¿Y por qué lo digo? Porque, reiteradamente, los que pronuncian esto lo lanzan para evitar una reflexión más complicada y compleja. Es muy fácil decir que poseo de todo un poco, a la vez que estoy mirando a otro lado. Es muy fácil sentenciar que Canarias es mestiza… ¿Y ya está?

 

Para muchos, creer esto ha supuesto no entrar en discusiones en torno a la identidad/es de estas islas que (por qué negarlo) rozan también cuestiones de tipo cultural-político-estructural-social.

 

Y lo que cuestiono, y niego, y señalo, es este planteamiento barato del mestizaje: el que no desea entrar en pormenores sino que, cansando hasta la pesadez, logra por quedarse vacío de contenido; o lo que es peor: lucha por introducirnos un significado convertido en un prejuicio que parece que ya es Verdad Absoluta (así, con mayúscula).

 

Esos que creen que Canarias ha sido, y sigue siendo, simplemente, un sitio de paso; un escalón para otras consecuciones: es decir, la misma idea del historiador cuando comenta que la conquista de Canarias fue el ensayo para la conquista de América; la misma mente de los lingüistas que afirman que nuestro dialecto es una simbiosis de América y la Península; o la de la mayoría de los críticos literarios que adscriben nuestras creaciones literarias a la literatura castellana o (hay algún caso) a la compleja y variada literatura hispanoamericana.

 

Y no es que sea incierto nuestro particular contacto histórico con muchos pueblos; lo que pasa es que se convierte en mentira cuando se repite sin cesar, sin pensar lo que se dice: sino meramente como una muletilla para salir del paso, a propósito de la manera de ser de los canarios.

 

Claro, y entonces surge la inmigración africana y latinoamericana en nuestros días, y resulta que hay muchos canarios que actúan con una intolerancia a más no poder… ¿En qué quedamos? ¿No éramos mestizos, abiertos a todo el mundo…?

 

¿Ven cómo el problema de la identidad es mucho más complejo que ese escaparate teórico que nos repiten y del que nosotros, también, sin pensarlo, presumimos?

 

¿Es que alguien cree que existen en el mundo culturas puras? ¿Alguna cultura que no haya tenido relación con pueblo alguno? Todos los pueblos son, en este sentido, mestizos. ¿Y quién dice hasta la saciedad de otras culturas, como aquí hacemos vomitivamente: "son muy mestizas", "bicontinetales", "policontinentales"…? ¿No les parece casi de risa?

 

No se dice porque se sobreentiende. Pasa como a cualquier persona: se ha criado no consigo misma, sino con otras (muchas o pocas) a su alrededor.

 

Ven el porqué de mis sospechas. En realidad -repito-, y por lo general (no todo el que opina del mestizaje en Canarias, o sobre Canarias, tiene la visión que yo pongo en cuestión), hablar de la "tricontinentalidad" de las islas ha supuesto no querer hablar de cómo ha sido nuestra manera de ser, de cómo está siendo ni de cómo se quiere que sea. Por tanto: no se miran de frente los problemas.

 

Amigo lector, ¿cómo te sentirías si un día gritas irracionalmente a un vecino (o él te grita a ti, y bajas la cabeza), y otro vecino opinara: "es que él es así porque su padre no sé qué, y su abuelo no sé qué, y mira que su madre…"? Por mucho que existan explicaciones en relación con ello, ¿vamos a ir a resolver el problema concreto con el padre, el abuelo y sus amigos de infancia?

 

¿Qué pasa con lo que yo estoy siendo en este momento, por mucho que en mí hayan influido otras personas? ¿Es que "yo no soy"?

 

He aquí la gran cuestión. Y he allí (donde señalo) la gran mentira cotidiana que pone el centro del problema en la dispersión del mismo. ¿O no? Ya me dirán.

 

 

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Comentarios
Domingo, 27 de Marzo de 2005 a las 12:48 pm - José Miguel Perera

#02 Querido José Luis,

gracias a usted por haber dedicado su tiempo a leer este texto y esta página. Y feliz yo porque lo que comento haga hecho pensar, que es de lo que se trata. Estar de acuedo o no, es otro asunto. Aunque también es grato saber que compartimos perspectivas con respecto a este tema.

Mucha salud.

Sábado, 26 de Marzo de 2005 a las 09:06 am - José Luis Rodríguez.

#01 SR. Perera me ha encantado su reflexión. por que creo que to mismo he utilizado o me he escondido en esa especie de muletilla, que aún siendo cierta, es como esa nube que a veces no nos deja ver el cielo, la realidad de Canarias en este caso, cosa que por otro lado se plasma tan brillantemente en esta página.

Mi más sincera felicitación,por quitarme la venda de los ojos, o más bien por ayudar a reflexionar sobre nosotros mismos y la realidad social en que vivimos.

Felicidades a esta magnífica revista.