Revista nº 859
ISSN 1885-6039

La palmera

Domingo, 26 de Agosto de 2007
Aguayro
Publicado en el número 171

La palmera es un símbolo de vida en tierras yermas, aparentemente inhóspitas, en las que se erigen con su particular garbo. Canarias está plagada de palmerales, muchos de los cuales han desaparecido como consecuencia del crecimiento urbanístico desmedido o por la acción del fuego destructivo. Sirva este breve artículo como un homenaje más a la palmera.


La palmera datilera es una planta que une a su belleza su utilidad. Cuando se entra en un bosque de estos árboles y se mira hacia arriba, se hace patente la diferencia entre la arquitectura egipcia y la clásica. El efecto es el mismo que al penetrar en la gran sala de las columnas, cerca de Luxar. No cabe duda de que los numerosos troncos terminados en penachos de hojas inspiraron a los arquitectos de Karnak y de otros templos.

La palmera produce frutos durante doscientos años, y a partir de los siete. Le place un clima seco y cálido, mientras sus raíces alcancen el agua, y no requiere cuidado alguno. Pero durante los primeros cinco años necesita riego. Un solo árbol produce ocho o diez racimos de dátiles. Los dátiles constituyen un alimento excelente, no sólo agradable, sino también sano y nutritivo. Los huesos se muelen a veces para alimento de los camellos. Con la savia fermentada puede hacerse vino de palma, pero es un procedimiento costoso y perjudicial para los árboles.

Las hojas de la palmera, cuando son jóvenes, son enteras, pero luego se van partiendo desde el nervio principal, y acaban por estar formadas de colgajos con los que nada puede el viento. Los habitantes de muchas partes del Globo dependen de la palmera para su alimento, habitación y vestido. Los frutos de la palmera datilera y los del cocotero son alimenticios.


Con la fibra de palma se tejen sombreros, esterillas, cestos y ropas, y en los países tropicales las casas se hacen a menudo con las grandes hojas de la palmera. Una especie de este árbol nos proporciona el sagú, fécula que se obtiene a partir de la raíz. Entre otros productos de la palmera se puede citar también el aceite de palma, usado en la fabricación de jabón y margarina.

Existen más de mil quinientas especies de palmeras. La mayoría de ellas se encuentra en los trópicos pero también en países templados.

Este artículo ha sido previamente publicado en el número 16 de la Revista Aguayro, editada por la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria en junio de 1971,
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Comentarios
Martes, 11 de Agosto de 2009 a las 22:27 pm - Firguense

#02 Un año después del comentario anterior llegó la tala. La Justicia que no la ley se aplicó en el \"buen\" entender de una jueza para la que, sin entrar en valorar los temas personales o familiares, prevalece un supuesto derecho privado ante la bien común y la necesidad de protección. Si me cargo la cuatro palmeras y el drago que tengo en mi terreno quiero que me juzgue la misma jueza con la misma vara de medir.

Domingo, 26 de Agosto de 2007 a las 19:43 pm - palmericidios

#01 En la isla de Gran Canaria desaparecen diariamente un promedio de ochenta palmeras canarias, entre incendios, talas, malos transplantes y falta de riego. Hace unos meses se trasplantaron varios ejemplares desde la zona del Pambaso, a unas decenas de metros. Una de ellas era más que centenaria. Le cortaron las ramas y dejaron un penacho de ramas prensadas con cintas, posiblemente a la espera de que pegara. Asombrosamente, la palmera pegó, pero está estrangulada, pues no le quitan las cintas. Está reventando por las lados del cogollo y posiblemente muera si no le quitan la mordaza. Bajando por la autovia del centro se puede ver mirando a la izquierda, a la altura del rectorado. En esta zona habían inmensos palmerales que han sido arrasados. Dos palmeras malviven en el mismo sitio sujetas a un antiguo muro de una finca desaparecida. Tienen más de doscientos años. Hay una leyenda que las llaman palmeras de los muertos, ya que a la vera de sus troncos amontonaban los cadaveres de la epidemia de colera en 1.851. También se ven frente el rectorado. Mueren de sed en una larga agonia. A esto se une la posible tala de más de cincuenta palmeras en Firgas por una estupida sentencia judicial. Mientras en Los Estados Unidos se pagan millones por un ejemplar y tienen un altisimo grado de protección, con grandes multas y penas de carcel por matarlas, en Gran Canaria y más en su capital, que debe su nombre a esta planta endémica, la desprecian y llevan camino de la extinción. ¿Quién es más peligroso, el picudo rojo o todos estos depredadores políticos que deben protegerla? Hay una asociación en defensa de la palmera canaria TAMARA, liderada por el señor Jesus Gomez, que son los peores enemigos de la palmera, pues solo se les ve cuando quieren hacerse una foto y salir en medios de difusión, pero para proteger a este símbolo de Canarias, nanay de nanay. Los partidos ecologistas otro tanto, son buenos para nada por lo inútiles. En fin, requiem por la pheni canariensis