Revista nº 784
ISSN 1885-6039

50 años de la tragedia del Llanito (1957-2007).

Martes, 16 de Enero de 2007
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el número 140

Los aluviones de los cauces canarios reproducen rasgos propios de los habituales en zonas áridas y abruptas, caracterizados por lo repentino de su presentación y el ímpetu de sus aguas. Adquieren éstas toda la velocidad y potencia de arrastre que les confieren las fuertes pendientes de laderas y barrancos. Así pues, en la isla, el mayor problema de las crecidas de cauces no radica tanto en los peligros de anegamiento como en la capacidad destructiva de los frentes de avenida (en Canarias, la mayoría de las víctimas de las riadas perecen al ser destruidas y arrastradas las casas en que se acogen).



El 16 de enero de 1957 ocurrió la mayor catástrofe natural del siglo en Breña Alta, el tremendo aluvión de agua, barro, piedras y troncos… (Pérez Hernández, 2002).

La triste Breña aquel día
Verla pena daba ya
Era una calamidad
De tristeza y agonía.
Por donde quiera se veía
El conducir un herido
Tantos “ayes” y gemidos
Tanto dolor, tanto asombro
Buscando entre los escombros
A varios seres queridos… 


(Nicolás Gómez Hernández).


Riadas en Canarias.
 
 Aspecto de la Carretera General.

Los aluviones de los cauces canarios reproducen rasgos propios de los habituales en zonas áridas y abruptas, caracterizados por lo repentino de su presentación y el ímpetu de sus aguas. Adquieren éstas toda la velocidad y potencia de arrastre que les confieren las fuertes pendientes de laderas y barrancos. Así pues, en la isla, el mayor problema de las crecidas de cauces no radica tanto en los peligros de anegamiento como en la capacidad destructiva de los frentes de avenida (en Canarias, la mayoría de las víctimas de las riadas perecen al ser destruidas y arrastradas las casas en que se acogen).

Las características de la red hidrográfica de La Palma -la isla más alta del mundo en comparación con su superficie- son los propios de su juventud geomorfológica: laderas muy escarpadas y cauces de fuertes pendientes y ocupando el fondo de barrancos profundos y encajados. Casi nunca forman ramblas amplias, incluso en los tramos de su desembocadura, con lo que sus márgenes no ofrecen por lo común demasiados atractivos para el asentamiento de la población. Tampoco alcanza ésta, por otro lado, una densidad tal como para que exista una fuerte propensión a colonizar terrenos bajo la amenaza de las riadas.

De modo que, en principio, no cabe pensar que las inundaciones representen la mayor amenaza que se cierne sobre la isla y la seguridad de sus habitantes. Pese a lo que no dejan de constituir un riesgo que, de tarde en tarde, se hace realidad con caracteres catastróficos. Así lo dejan ver los datos disponibles con respecto a pasados desastres. Por lo que se sabe, el mayor de este siglo -el único con tanta cantidad de víctimas mortales en la Isla-, y probablemente de toda su historia, se produjo el 16 de enero de 1957, cuando un temporal, que la afectó en casi su totalidad (en Los Sauces llegaron a recogerse más de 500 l/m2 en 48 horas), dio ocasión al desbordamiento de varios cauces y, en especial, al de los barrancos de Aguacencio y Amargavinos, en Las Breñas, cuya riada, de más de 100 metros de ancho, arrasó varias viviendas y se cobró la vida de 32 personas. (Boletín Oficial de Canarias)

Todo el mundo se temblaba
viendo tanta agua correr.
Nadie lo podía creer
Que tantas almas llevara.
Más tarde cuando aclaraba,
que se reunía la gente,
yo esto lo tengo presente
cuando empezó en Media Luna
siguió por los Montes de Luna
Las Manchas y Fuencaliente. 


(Emiliana Pestana)

 
 Puente del Llanito destrozado.

Puede considerarse lo insólito de este aluvión (de cuyas circunstancias hidrológicas no hay, que se sepa, estudios) por lo mucho que pesa la cifra de sus víctimas en el total del medio centenar corto de muertes que a lo largo del siglo XX han ocasionado las riadas en el conjunto de las cuatro islas occidentales del Archipiélago.

Quiero manifestar mi preocupación porque se siguen ocupando los cauces de los barrancos de Aduares y Aguacencio con nuevas construcciones. La tentación de ocupar los espacios es grande, pero los peligros son también grandes. Hemos referenciado cuatro grandes riadas históricas con funestas consecuencias. Si hay más viviendas en los cauces, una quinta riada traerá más víctimas. ¡No desafiemos a la Naturaleza, cuyas fuerzas son superiores a las nuestras! (Alfredo Mederos, Universidad de La Laguna, 2005).


Algunos ejemplos de aluviones históricos en La Palma.

El hecho de poseer un suelo joven y permeable en la zona de la Cumbre Vieja -lugar de las erupciones más recientes en la historia palmera- hace que los barrancos existentes en la comarca este no destaquen por su profundidad, todo lo contrario que ocurre hacia el norte de La Palma. El nivel de infiltración de las aguas de lluvia es alto y son escasas, por lo tanto, las aguas de escorrentía. Con todo, estos aguaceros tan intensos han hecho correr considerablemente los barrancos e incluso se han llegado a producir grandes avenidas que han acabado en catástrofe.
 
 Puente sobre el Barranco de Aguasencio.

Entre otros grandes desbordamientos y riadas, se recuerda la imponente avenida del barranco de Las Nieves que puso en peligro la primera ermita de Santa Catalina de Alejandría -advocación que dio nombre al Castillo Real- y que se hallaba construida en las cercanías del cauce. Le hizo grandes destrozos como también a todo el barrio. Ocurrió el 25 de noviembre (onomástica de la Santa de Alejandría) de 1611. Por ello se recuerda como temporal de Santa Catalina.

El 23 de noviembre de 1649 una fuerte crecida del barranco del Socorro se llevó la antigua ermita de la Virgen de dicha advocación construida en Breña Alta y también el primer castillo del fuerte de Bajamar. La siguiente edificación fue bendecida en 1695 y, a causa de otra riada en 1700, sus paredes amenazaban ruina. La imagen mariana fue rescatada milagrosamente. El oratorio pasó a fabricarse en 1706 al otro lado del barranco, en el término municipal de Breña Baja, donde hoy aún se halla. Una cruz y una lápida recuerdan el suceso.

El pueblo de Tazacorte sufrió grandes destrozos por la gran avenida el barranco de “Tenisque”, así como los ingenios azucareros y su ermita, el día 12 de diciembre de 1744.

El cronista oficial de la Isla y alcalde constitucional de su capital, don Juan B. Lorenzo Rodríguez, narraba cómo el día 9 de octubre de 1783 hubo un terrible huracán de viento y agua en esta ciudad que los barrancos salieron de madre, especialmente el de Las Nieves, que habiendo desbordado en la Cueva de La Virgen, entró por el Llano de la Cruz y corrió por las calles del Tanque y Molinos… En esa ocasión murió, entre otros, un vecino que desde un muro sobre el que se hallaba fue arrastrado hasta el mar y fue identificado más tarde por un botón de oro de su camisa. En otra crónica sobre la misma catástrofe se lee: Entre once y una del día, corre impetuosamente el barranco de Las Nieves, entrándose por las calles del Tanque y Molinos, derriba siete casas, arrastra dos hombres y una niña y se lleva la Cruz del Tercero en la Alameda, que había sido colocada allí por el Conquistador D. Alonzo Fernández de Lugo

 
Resto del puente sobre el Barranco de Aduares.

El mencionado cronista también narraba otra riada. Ésta ocurrió el 8 de diciembre de 1841: (…) al obscurecer, principió un fuerte temporal de truenos, viento y aguas muy continuado, y no cesó hasta las 3 de la mañana. En aquella noche corrieron mucho los barrancos (…), tanto que hallándose reunidos en una casa inmediata acogidas del temporal 14 personas, de las que perecieron diez, que lo fueron Josefa Martín Santos y tres hijos (…) Corrieron mucho los barrancos de Aduares, Melchora y Aguasencio… Era la tercera gran riada de consecuencias trágicas, citada por los historiadores.

Siete años más tarde, concretamente el 18 de noviembre de 1848, otro huracán de viento y agua hace correr impetuosamente los barrancos, el de Dolores se llevó el puente de la calle Tracera y se entró pr. dicha calle…

La noche del 3 de noviembre de 1874 se desató un temporal de lluvia y viento que se mantuvo hasta el siguiente día y supuso una amenaza seria, por la abundancia e impetuosidad de las aguas, para parte de los vecinos de Villa de Mazo. Cinco años después, otra tormenta, desarrollada entre el 23 y el 26 de noviembre de 1879 vuelve a causar cuantiosos daños, especialmente en los sembrados, y en enero de 1884, el alcalde don Alonso Pérez Díaz se dirige a la corporación que presidía en los siguientes términos: que el día nueve del corriente por la noche descargó en esta población recorriendo gran parte de este término municipal una violenta tempestad, cuyas extraordinarias lluvias torrenciales y copiosas como no hay noticia entre estos habitantes se hubiese sufrido en tiempo alguno invadieron impetuosamente heredades y caminos, destruyendo los torrentes y barrancos desbordados (…). Afortunadamente no ha habido que lamentar desgracias personales, pero sí considerables prejuicios que todavía no pueden exactamente apreciarse en toda su importancia, pues puede decirse que muchas propiedades rurales de las mejores cultivadas de la Villa han desaparecido por completo y otras han sufrido daños considerables (…).

 
Margen derecha del Barranco de Aduares.

Toda la virulencia propia de esta agua torrencial se vio a menudo agravada por los taponamientos y desvíos que sufrían los cauces naturales por los que debían discurrir las mismas y que realizaban algunos vecinos atendiendo sólo a sus propios intereses, perjudicando los ajenos y públicos.

Se recuerda también otro temporal en 1902, que también causó pérdidas humanas, año en el que tuvo lugar un episodio fuera de lo común, como es el encallamiento de una ballena en las costas de Tigalate.

En mil novecientos dos
Cuando encalló la ballena
Anunciándonos la pena
De aquel año tan atroz.
En él nos recuerda Dios
Nuestras culpas cometidas
Y las penas merecidas
Y el castigo nos mostró
Pero siempre nos libró
Agradezcamos la vida. 


(Úrsula Pérez, 12 de noviembre de 1902).


Existen ciertos elementos de la geografía palmera que fueron determinantes en la magnitud de la tragedia que nos ocupa. Son, por ejemplo, la particular configuración de la cuenca del barranco de Aduares, y la conjunción de los bruscos cambios de pendiente en el cauce de barrancos poco profundos, con zonas habitadas. Don Gustavo Pestana Pérez, en un análisis de la influencia de los factores geográficos en ese temporal, también nos indica que, además de estas circunstancias, están aún poco estudiadas, lo que hace de la Isla de La Palma un campo del máximo interés en el estudio de los riesgos naturales en Canarias


Leyenda del Príncipe Aguacencio.

 
Destrozos en San Antonio.

En la leyenda del príncipe ahuarita Aguacencio o Agasencio -que vivió en aquella zona y le dio nombre por haber perecido en una terrible avenida del barranco muy poco anterior a la conquista de La Palma- se leen los siguientes párrafos que fueron recopilados por el magistral palmero don Félix Duarte: (…) en una espléndida tarde de la estación invernal, los príncipes de Tedote (Santa Cruz de La Palma) Tinisuaga, Agacencie y Bentacaise, quieren hacer una gira a la fuente de los Aduares, que yace en unos de los sitios más altos del cantón y, acompañados de sus novias y de numeroso séquito, emprenden la marcha (…). Por el quebrado territorio ascienden con destreza admirable. Por algo saben manejar las lanzas con el ímpetu de los años mozos. Reina una calma magnífica, pero observan en el sur, aterradora oscuridad. De pronto sienten el retumbar de un trueno al que suceden otros y los rayos de la tempestad que se aproxima. Intentan huir hacia sus guaridas, y en el descenso de la cumbre son sorprendidos por un agua torrencial que se precipita por el cauce del barranco que les servía de ruta, arrollándoles en su empuje hacia su litoral. Solamente se salva Bentacaise, por haber logrado alcanzar un árbol, pero queda con una pierna fracturada (…) desde entonces dicho barranco recibe el nombre de Agacencie que era el menor de los tres hermanos (…).

La catástrofe del Llanito.

Fue tan triste el despertar
y tan grande la tragedia
que desde entonces está
llorando la Isla entera…
Muy mal heridos quedaron
de tan desigual reyerta,
y tras duros sufrimientos
sucumbe la madre buena.
Ya llora en la soledad
el exquisito poeta,
¡que por salvar a la madre
él su propia vida diera!


(Llora la Isla
. Gumersindo Galván de Las Casas, 1957).

En el Diario de Avisos del 17 de enero de 1957, se lee entre sus titulares: El temporal. Se desborda el barranco de Aduares de Breña Alta. Hay 5 personas muertas, 23 desaparecidos y más de 19 casas derruidas.

La noche del 15 al 16 de enero fue más oscura que nunca. ¿Presentimiento o realidad? Es sintomática la observación que hicieron algunos, de que aquella noche los gallos no cantaron con el ímpetu vanidoso que frecuentaban. Al contrario, enmudecieron totalmente. Estaban tristes, ¿será que los animales penetran y escrutan mejor que nosotros en los secretos y designios de la naturaleza? Nadie lo sabe; pero es evidente que algo presentían. Y por desgracia nada bueno, según manifestaban en sus actos. Mas lo cierto es que aquella noche no cesó de llover; cada vez más fuerte. Y cuando el día aclaró, una espesísima neblina gris-negruzca, impedía ver más allá de diez metros. El agua caía, no en gotas, ni chorros, sino como si la vaciasen en baldes. Las consecuencias de esto -claro está- no pasaron desapercibidas para algunos de los que observaban (…) (Diario La Tarde, 31 de enero de 1957).

Pérez Hernández, en su artículo publicado en la revista de la UNED, nos informaba de que el 16 de enero de 1957 ocurrió la mayor catástrofe natural del siglo en Breña Alta, que dejó en un segundo plano los importantes daños causados por los vientos huracanados de 1956. Un frente de bajas presiones, que recorrió el Archipiélago de noroeste a sureste, descargó una fuerte tromba de agua sobre la Cumbre Vieja durante varias horas, origen del tremendo aluvión de agua, barro, piedras y troncos que discurrió en la madrugada de aquel día por los barrancos desbordados de Amargavinos, Aduares y Aguasencio (…).

 
Desolador aspecto de San Antonio.

El periódico palmero Diario de Avisos continuaba informando de que, a mediados del día 15 de ese mes y año, se habían iniciado fuertes lluvias en toda la Isla, principalmente sobre las cumbres de las Breñas. En la madrugada del día 16 arreció el temporal pero ya las aguas se salían de los barrancos. En el barrio de Los Llanitos, Breña Alta, continuando por Breña Baja, se llevaba cuanto encontraba a su paso. Entre ambas Breñas ya se contabilizaban 12 muertos (entre ellas, la madre del mencionado poeta palmero Félix Duarte), 14 desaparecidos, varios heridos, 240 evacuados, 49 casas derruidas, los cultivos, huertas, ganados, arboleda, son arrasados.

Juan Jerónimo, Pancha y su hijo Julio contemplaban desde las ventanas de su antigua casa que el barranco corría con un caudal muy superior a otras veces, cada vez más alarmante, y en eso observaron cómo la casa se desplomaba encima de ellos abatida por las aguas y los dejaba entullados. Eran como las siete de la mañana cuando los grandes árboles que las aguas arrastraban habían taponado el puente de El Llanito, reventando el agua por encima, y parte de las aguas siguió la dirección de la carretera embistiendo primero la casa de Urbano García (…). Las aguas del barranco alcanzaron tan alto nivel que atravesaron también el segundo piso de la casa de Urbano, llevándose muebles y pertenencias (el piano apareció mucho más abajo en la represa de Rebato). (Alfredo Mederos, 2005).

Tristes cifras -fueron peores, puesto que las definitivas arrojaron un balance total de 22 fallecidos en Breña Alta, 2 en Villa de Mazo (aunque también en la prensa se dijo que fueron 3 las víctimas) y 2 en Breña Baja- que nos dan una aproximada idea de la terrible tormenta que azotó esta zona. Un enorme volumen de agua recogido por la cantidad de afluentes que desembocaban en el citado barranco de Aduares, llegó a desbordar el mismo. Influyeron, con independencia de la gran cantidad de agua caída (temporales del Sur-Este que van rielando al Sur-Oeste de las borrascas del Atlántico), el estar los terrenos aún afectados por la semi impermeabilización impuesta por las cenizas del Volcán de San Juan, por los montes que por tal motivo se habían perdido, y por una fuerte presión de talas que se habían prodigado por esos años.

Si esto fue una maldición
Mis trémulos labios lanzan
Si vino como venganza
No puede tener perdón.
Ese maldito ciclón
Que devastó nuestra zona
Fueron veintidós personas
Las que perdieron la vida
De las que nadie se olvida
Con respecto a nuestra zona.
 

(Francisco Javier Pérez Santos).


Fue un auténtico aluvión de trágicas consecuencias cuya acción fue realmente devastadora y el panorama que quedó tras la catástrofe fue de verdadera desolación. Los barrancos se desbordaron como nunca y fueron arrastradas grandes cantidades de tierra. Otro barranco afectado fue el de San Blas en Villa de Mazo, que modificaría su cauce, y cuya nueva dirección llegó a constituir una grave amenaza para el casco urbano. El barrio de San Simón del mismo término municipal también fue uno de los más dañados. Otra zona castigada duramente por el temporal de 1957 fue el municipio de Breña Baja principalmente a lo largo del cauce del barranco de Amargavinos, y más en concreto a su paso por San José y San Antonio. También el aluvión provocó destrozos en Jedey, el Charco y las Manchas, en la vertiente oeste de la Cumbre Vieja.

Dio batalla campal
En Jedey, Mazo y las Breñas
Dejó en todas partes señas
De su intento criminal.
A muchos vino a arruinar
Que contemplarlo da pena
Con una fuerte cadena
A muchos dejó amarrados
Y a otros sepultados
Bajo piedras y arenas… 


(Nicolás Gómez Lorenzo).


El mismo periódico, decano de la prensa canaria, publicaba un artículo el 2 de febrero de 1957, firmado por don Esteban Pérez González, Presidente del Hogar Canario de Madrid y hermano de don Blas, entonces Ministro de la Gobernación. Este hijo de Villa de Mazo decía que la terrible tragedia posiblemente había hecho más daño que el mencionado volcán. Se leía: La tragedia de ruina y de muerte, está ahí, a la vista, en carne viva, con lágrimas y sangre. Y refiriéndose a las causas y medidas hacia el futuro añadía que, con motivo de las incorrecciones de los linderos de los montes, el pequeño desbarajuste, semillero de pleitos, contribuye a que la riqueza forestal prácticamente haya desaparecido o poco menos (…) donde falta un árbol, la erosión y las inundaciones son fatales. D. Agustín Fariña también añadía -en su obra sobre los senderos y caminos palmeros- que don Esteban insistía en la insularización de los montes (ya lo había intentado siendo Presidente del Cabildo de La Palma), con lo cual el lucro sería para la Isla que quedaría en la obligación de cuidar, repoblar, con una explotación racional pero al servicio de tal patrimonio forestal.

 
Cruz del recuerdo a las víctimas.

No deja de ser paradójico cómo esta tragedia se convirtió en un acicate para el desarrollo de Las Breñas. La calamidad sufrida facilitó una importante inyección de dinero procedente de numerosas subvenciones estatales para construir viviendas protegidas para los damnificados, creación de grupos escolares, viviendas para los maestros, electrificación de Botazo y otros pagos, apertura y mejora de carreteras, etc.

La vivienda de don Miguel Leal de Paz (1885-1964), propietario de la hacienda y ermita de San Miguel del Llanito, había servido de improvisado refugio a los damnificados de aquella zona del barranco, muchos de ellos ya sin hogar. Su hacienda no fue ajena a los incalculables estragos causados por el temporal, y el propio don Miguel, con gran sacrificio personal, se vio obligado a levantar nuevos muros de piedra y rellenar las zanjas socavadas en el terreno.

Don Juan Hernández Morera, uno de los damnificados de la tragedia, escribía un extenso poema, en el que se refería a la hacienda de la siguiente manera:

¡Oh , Arcángel San Miguel,
vecino de la pradera
que fue un precioso vergel!
Oíste, bravo tropel,
súplicas, lamentos tristes,
y damnificado fuiste
en tus ricas propiedades,
y en nuestras libertades
yo creo que intercediste.



El pueblo palmero reaccionó con intensidad ante la magnitud de la tragedia, no sólo con incontables gestos de anónimo heroísmo salvando in extremis a muchos de los que estaban a punto de ser arrastrados por las aguas, sino ayudando a los damnificados y poniéndose manos a la obra para reparar los terribles daños causados.

El suceso afectó a La Palma entera, pero fue en los márgenes del barranco de Aduares de Breña Alta donde a la intensidad de la lluvia se unieron otra serie de desgraciadas coincidencias, que hicieron que el temporal desembocara en una de las mayores tragedias que ha sufrido la Isla en toda su historia. También Breña Baja, Villa de Mazo, Los Llanos de Aridane, El Paso y Fuencaliente de La Palma se vieron profundamente afectados por la magnitud de este desastre.

La Cruz del Llanito.

Muchos hoy sabrás lector
Viven llorando sus penas
Por dentro piedras y arenas
Cargan la cruz del dolor.
Muchas lágrimas de amor
Hoy por los muertos de enero
Que en paz descanse se fueron
Dios les dé la salvación
Yo en sus tumbas mi oración
Pongo como buen palmero. 

(Décimas del Temporal. Nicolás Gómez Lorenzo).


 
Casa de Don Eladio destrozada.

Más de una veintena de muertos, más de un centenar de personas sin hogar, e innumerables destrozos en las carreteras y campos de cultivo, fue el triste balance de un acontecimiento que, a pesar del tiempo transcurrido, aún se mantiene en la memoria de muchos palmeros que, o bien lo vivieron directamente, o bien lo recuerdan a través de las historias contadas y décimas recitadas por sus antepasados o vecinos.

Qué tristeza y qué agonía
Qué desastre fue, por cierto,
Ver rodar los seres muertos
Por la superficie fría.
Aquel miserable día
De lluvia sin resistencia
A los que hoy con paciencia
Sufren tan crudo dolor
Reciban de este cantor
Mi sentida condolencia.
 

(Simón Marichal Negrín).


Un sencillo monumento en El Llanito -el pago de las Breñas más castigado y donde vivían casi todas las víctimas mortales- recuerda a los fallecidos en dos lápidas de blanco mármol colocadas a ambos lados de una gran cruz de piedra que se alza en el puente sobre el barranco que mira al monte. Bajo ella, en una losa central ya casi no se lee la inscripción: A los que murieron en la trágica mañana del 16 de enero del año 1957.

Del más pequeño -de tan sólo tres años- a la mayor -de setenta y siete-, todos tienen cabida en el epitafio. No es extraño contemplar cómo vecinos y forasteros informados de la catástrofe se persignan y, en silencio, hacen un alto en el camino para recordarlos. He visto verter más de una lágrima.

(…) suspiros del alma arranco
En tan tristes desvaríos
Buscando los restos fríos
De una madre en el barranco (…).

 
Barranco Amargavinos.


He copiado los nombres directamente de ambas losas, por lo que pido disculpas si cometo algún error. Prácticamente ya casi no se aprecian bien los caracteres por la erosión del viento y la lluvia. Muchos otros murieron más tarde a consecuencia de las heridas recibidas y sus nombres no se incluyen en las lápidas. La prensa de la época, por ejemplo, se hacía eco de la desaparición de Pedro Hernández Hernández.

En Villa de Mazo, el temporal causó las muertes de Nieves Paz Ríos (llamada Nieves Toledo) en Tirimaga, y de Cándida Rodríguez Alonso en Montes de Luna. En Breña Baja, las de Juana Pérez Crespo y Vicente Castillo González, madres respectivas del poeta y escritor Félix Duarte y el alcalde accidental de Breña Baja en aquel entonces, Antonio Lorenzo Cantillo. Es muy emotivo el poema que escribió Jesús Duarte, hermano de aquél, cuya madre doña Juana murió al día siguiente del temporal tras ser arrastrada por las aguas junto a su hijo Félix:

Madre
Junto al hogar estoy, donde meciste
Mi cuna con cariño
Y lo encontré tan solo viejo y triste
Que lloré como un niño.
En todo su contorno vi las huellas
Que el aluvión dejó.
Bajo la clara luz de las estrellas
¡y todo se acabó!
Por el dolor terrible y sin consuelo
Que torturó tu ser
¡cómo rodó tu cuerpo por el suelo
Que no volviste a ver!
Viejita ya, pensando que la muerte
No tardaría en llegar,
La corriente del gua, ¡ingrata Suerte!
Te arrastraba hacia el mar…


Sirva como pequeño homenaje hacia ellos y ellas.

No lloramos los perdidos
Intereses devastados
Lloramos los desgraciados
Seres que aquí han fallecido.
Este caso sucedido
Causa horror y causa asombro
Con triste dolor lo nombro
Causa que en el alma sello
Al saber que algunos de ellos
Duermen bajo los escombros… 

(Simeón Marichal Negrín).

LÁPIDA 1.

Herminio Mendoza Vargas 52 años.
Camila Cabrera Ramos 40.
Dionisio Mendoza Cabrera 18.
Mercedes Mendoza Cabrera 12.
Elvira Mendoza Cabrera 9.
Valeria Mendoza Cabrera 22.
Manuel Pérez Hernández 32.
Josefa Lorenzo Pérez 70.
Juan Rodríguez Herrera 76.
Leoncio Sánchez García 54.
Santiago Perdomo Ravelo 52.


LÁPIDA 2.

Salvador Rodríguez Álvarez 49.
Benigna Cruz Pérez 45.
Yolanda Rodríguez Cruz 11.
Salvador Rodríguez Cruz 7.
Terencio Rodríguez Cruz 3.
Zacarías García Pérez 57.
Juana Rodríguez Álvarez 58.
Manuel Cabrera Pérez 70.
Juana Concepción Morera 69.
Antonio Pérez Hernández 72.
Margarita Ramos Lorenzo 77. 


Algunos de los cadáveres pertenecientes a aquellos nombres nunca aparecieron.

Zacarías y Juana comprendieron que nada podían salvar. Intentaron huir. Miraron atrás con pavor; un escalofrío los cubrió de arriba abajo y los dejó medio petrificados: una oleada -de las primeras que bajaron- de varios metros de altura, negra, informe, retumbando agudos bramidos y se deslizaba hacia ellos arrastrando todo lo que se le interponía sin encontrar resistencia. Pasaron a formar parte de la riada furiosa, que los albergó en su seno. Primero notaron que un frío manto los envolvía; objetos fuertes y duros los azotaron sin que lo sintiesen mucho; algún recuerdo confuso; un breve sentimiento de esperanza; otros choques, quizá más violentos pero que sintieron más lejanos aún; y ya las ondas del pensamiento se fueron diluyendo más y más hasta penetrar en las oscuras puertas sin límites del infinito… (Diario La Tarde, 1957).

Diario La Tarde, 1957).

Bibliografía.

. Actas de Plenos. Ayuntamiento de Villa de Mazo. Sesiones: del 7.11.1874; del 30.11.1879 y del 13.01.1884.
. MEDEROS, Alfredo. «¡Huid, que viene el barranco!», Diario La Tarde, (31 de enero de 1957).
. Decreto 166/2001, de 30 de julio, por el que se aprueba el Plan Hidrológico Insular de La Palma, Conserjería de Obras Públicas, Vivienda y Aguas, Boletín Oficial de Canarias.
. DUARTE, Félix. Leyendas Canarias, Edirca, Las Palmas, 1981.
. LORENZO TENA, Antonio; RODRÍGUEZ LEAL, Nieves R. La ermita y la hacienda de San Miguel en Breña Alta. Apuntes de una vinculación histórica, Taravilla, Madrid, 1997.
. LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna-Santa Cruz de La Palma, t. I y II, 1975 y 1997.
. MARTÍN SÁNCHEZ, Miguel Angel. Miguel, el Arcángel de Dios en Canarias. Aspectos socioculturales y artísticos, Aula de Cultura del Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1991.
. PÉREZ CRUZ, Justo (coordinador). Las Décimas del Temporal de 1957, La Palma Punto y Aparte, Santa Cruz de Tenerife, 2005.
. PÉREZ HERNÁNDEZ, José Eduardo. «Cien años de la Villa de Breña Alta», Zoras, Revista del centro Asociado UNED La Palma, septiembre 2002.
. RODRÍGUEZ FARIÑA, Agustín. Los caminos de La Palma, Excmo. Cabildo de La Palma, Ediciones La Palma, Madrid, 1993.
. VELÁZQUEZ RAMOS, Cirilo. Historia General de Villa de Mazo, CCPC, Santa Cruz de Tenerife, 1999.

Comentarios
Lunes, 08 de Junio de 2015 a las 11:27 am - Reynaldo Binyamin Pérez

#06 Excelente el artículo y completo. A uno de nuestros compañeros de estudios, entonces, todo lo dábamos por muerto, cuando apareció vivo, contento. Su casa lo protegió como un milagro, aislada del torrente. Toda la atmósfera sombría de la clase de preparatoria se apagó.

Sábado, 16 de Enero de 2010 a las 09:41 am - breñusco

#05 Magnífico artículo. Hoy es un día de tristeza en las Breñas al acordarnos de esta tragedia. A punto ha estado de repetirse en Fuencaliente, afortunadamente aquí sólo ha habido que lamentar las pérdidas materiales. Gracias por estos buenos trabajos.

Miércoles, 23 de Julio de 2008 a las 21:34 pm - DANIEL DELGADO la LAGUNA TF.

#04 Yo nací un año despues, mi madre lo vivió.

Gracias por la información, por compartirla.

Sábado, 23 de Junio de 2007 a las 14:25 pm - Brenda - Tijarafe

#03 Muy bueno el artículo, estoy investigando sobre todo esto y quería saber si el 7 o el 13 de Enero de ese año 1957 pasó algo relevante relacionado con el asunto antes de producirse. Gracias

Martes, 16 de Enero de 2007 a las 14:33 pm - Marta Poggio S/C

#02 Fantásticamente bien hilado todo el relato. Todas mis felicitaciones al autor de este escrito por lo bien documentado que parece y lo bien relatado que está.

Martes, 16 de Enero de 2007 a las 11:04 am - Merche - Breña Alta

#01 Un acto muy emotivo tendrá lugar hoy a las 12:00 en el Puente del Llanito, al lado de la Cruz del Puente de Aduares, donde todos los sacerdotes de la Isla se unirán en una Misa para, junto a los cientos de personas que se esperan, rezar una plegaria en recuerdo de las víctimas, de tantas familias destrozadas y tantas historias desconocidas pero que aún en día, duelen en lo más profundo del alma. Gracias por acordarse de este día tan especial para mí. Abrazos