Revista nº 893
ISSN 1885-6039

Día de las Letras Canarias: un año después.

Miércoles, 21 de Febrero de 2007
José Miguel Perera
Publicado en el número 145

Dicho esto, evidentemente el conformismo y la suave caricia de la autocomplacencia son contrarios a la lucha, es decir, al presente que trabaja constantemente porque quiere otro futuro diferente. Y nos queda mucho por hacer, muchísimo. Estamos, todavía, empezando a reconocer lo que diferentes escritores (precisamente) han dicho y redicho a lo largo de la historia de nuestra escritura: Viera y Clavijo, Graciliano Afonso, Antonio Domínguez o Juan Manuel Trujillo, entre otros, han de convertirse, para la perspectiva que añoramos, en familiares que, llegado el momento de presente, son reconocidos por sus hijos, nietos y bisnietos. Para que la cosa sea (más) creíble, el discurso de la institución ha de asumir, públicamente, la herencia de todos ellos, de ese pasado escritural que aguarda, pacientemente, la noticia que los nombre.



Tal día como hoy, 21 de febrero, hace ya un año, se celebraba por primera vez, institucionalmente, el Día de las Letras Canarias. Llamábamos la atención sobre dicho asunto en un texto que circuló por diferentes medios digitales canarios. Allí mismo lanzábamos la sospecha de que tal Día, si importante era, tenía que ser porque el espíritu que se sobreentendía de él (la importancia del libro canario y sus variados agentes) habría de ejercerse durante todo el año, y no sólo como propaganda más o menos interesada, y momentánea, sin un horizonte que prometiera buen futuro en relación a nuestras letras.

Hemos sido testigos de la trayectoria de la Dirección General del Libro a lo largo de estos 365 días y, al contrario de la actitud que solemos tener, quisiera depositar un voto de confianza en quienes la coordinan. Creo que no hay duda de las acciones positivas que se están llevando a cabo para poner en el lugar que corresponde a las letras canarias, es decir, a su literatura y su cultura en general. Sobre todo, desde una doble vía: la externa y, más que nada, la interna, donde el poco a poco insistente de campañas y otros menesteres puede llegar, a la larga, a hacer ver cuál es el ofrecimiento y las reflexiones que nuestros escritores han hecho y están haciendo.

Dicho esto, evidentemente el conformismo y la suave caricia de la autocomplacencia son contrarios a la lucha, es decir, al presente que trabaja constantemente porque quiere otro futuro diferente. Y nos queda mucho por hacer, muchísimo. Estamos, todavía, empezando a reconocer lo que diferentes escritores (precisamente) han dicho y redicho a lo largo de la historia de nuestra escritura: Viera y Clavijo, Graciliano Afonso, Antonio Domínguez o Juan Manuel Trujillo, entre otros, han de convertirse, para la perspectiva que añoramos, en familiares que, llegado el momento de presente, son reconocidos por sus hijos, nietos y bisnietos. Para que la cosa sea (más) creíble, el discurso de la institución ha de asumir, públicamente, la herencia de todos ellos, de ese pasado escritural que aguarda, pacientemente, la noticia que los nombre.

Buen comienzo el de recordar a Cairasco de Figueroa y Antonio de Viana en este año, sobre todo si pensamos, más allá de cualquier origen o principio, que sus discursos a finales del siglo XVI y principios de XVII son enormemente significativos para el pasado, presente y futuro de Canarias, amén de sus valías literarias que, por cierto, van unidas en un todo como discurso que propone. Todo perfecto, en este sentido. Tan y tan perfecto que resulta asombroso leer una nota de prensa del Gobierno de Canarias hablando en los términos en que habla, por ejemplo, sobre Cairasco de Figueroa. Evidentemente, lo hace desde una perspectiva nada usual, muy impropia de la institución, sea política o universitaria.

Claro que, desde este punto de vista, volvemos a lo que algunos venimos diciendo desde hace ya casi una década, o desde hace ya siglo y medio por otros: ¿dónde está la obra completa de Cairasco de Figueroa para los canarios? Sé que para muchos esto será una pesadez, pero si se vuelve a insistir en ello es que otra vez toca recordarlo. Si nos acordamos del autor, como en este día se propone, ¿no resulta sospechoso que moleste poner encima de la mesa de nuevo que su Templo Militante, su gran obra, no se ha vuelto a publicar por completo desde su primera edición en los siglos XVI-XVII?

Somos conscientes de los dineros que supondrá invertir en ello, pero es que ahora es el momento (además, iluso aquel que no le quepa en la cabeza, al menos, una edición digital o en CD). Si realmente queremos dar a conocer y reconocer, hagamos ver de esta manera, dando la voz secularmente silenciada a este poeta, mucho más importante por su discurso que por ser el primero conocido de nuestra literatura.

Aún así, veo que algo hay moviéndose, hay que reconocerlo, como decía. Pero la inocencia no se hace presente cuando uno observa al ladito del ahora unas elecciones. Y no lo digo porque todas estas celebraciones sean pompa para votos sino porque, como casi siempre, las trayectorias están a merced de los nuevos que vengan. ¿Y si lo mandan todo al traste? Y no sólo eso: ¿y si siguen los mismos pero -es de esperar, según lo que se ha visto meses atrás- se cepillan los mandamases a quien es la cabeza visible de este ilusionante proyecto (ojalá) de futuro? Porque, por mucho que podamos felicitar a esta sección de nuestro Gobierno, de más está decir que los intereses generales de quien ejerce van por otro lado: ¿Canarias como perspectiva desde donde actúan? Pues será desde el moni-moni solamente.

Cuando estas premisas juegan a la hora de hablar del futuro de nuestra cultura, no queda más remedio que la sospecha. Porque la institución sólo puede dar sospechas. Cuanto más tiempo vaya al son de la clandestinidad, bienvenida sea. Sea un mes, seis o un año después. Pedir más ya forma parte de los deseos de todos aquellos que, en nuestro pasado y presente, no se conformaron ni conforman con migajas para sus vidas.


Comentarios
Jueves, 22 de Febrero de 2007 a las 17:04 pm - José Miguel Perera

#03 Gracias, Molinero y Bethencourt, por acompañar mis letras (canarias también).

Mlinero,toda la razón tienes. Encima tenemos una de las pocas facultades de traducción e interpretación del Estado, y la traducción literaria parece que nunca ha sido uno de sus objetivos primeros, ni del medio.

Y bueno, veremos a ver qué es lo que pasa en unos meses.

UN ABRAZO.

Jueves, 22 de Febrero de 2007 a las 15:18 pm - Bethencourt

#02 Comparto contigo, José Miguel, la opinión sobre la política que se está haciendo desde la Dirección General del Libro. Aquí, en Moscú, en su momento pedimos que nos enviaran para el Instituto Cervantes y para la Universidad Lingüística un lote de libros. Nos los hicieron llegar; y gracias a eso mis alumnos pueden disfrutar ahora, por ejemplo, de la Biblioteca Básica Canaria. Y lo que está bien hecho se reconoce y punto.

Con todo y con eso, es cierto que no sabemos qué pasará después de las elecciones. En Canarias es demasiado común que el cemento aplaste la letra. ¿Será ésta una excepción? ¿El comienzo de algo nuevo...? Quiero creer que sí... pero con los pies en la tierra, no sea que venga un gobierno marrano y lo eche todo por tierra.

Un abrazo,

B.

Miércoles, 21 de Febrero de 2007 a las 10:18 am - molinero

#01 Todo de acuerdo, amigo José Miguel, por mi parte quisiera añadir sino la mirada externa.

Las Canarias y sus culturas siempre dan la fuerte impresión de rondar el pozo del ensimismamiento en sus cosas y sueños (y pesadillas). El diálogo con el mundo (literario) exterior nunca ha tenido lugar de una manera continua. Ni con América.

Estos años parece que - por fin - las letras canarias se asoman al exterior. Estuvieron en la feria de las ferias de libros en Frankfurt, se asomaron a Marruecos, bien, que continuen no más, lo que me sigue pasmando es la casi total ausencia de buenas traducciones de autores canarios. Al inglés parece que hay unas cuantas, otras tantas al alemán, y eso con un mercado ambulante de unos 6.000.000 de turistas curiosos y potenciales lectores en estas lenguas por año delante de la mismisima puerta. ¿A qué están esperando? ¿A que aparezcan editoriales inglesas o alemanas y les ocupen el mercado?, hablando una vez en términos económicos.

Aquí en Alemania al menos existe una muy competente asociación de traductores (de la cual un servidor es miembro) por la cual es posible hallar a cualquier especialista en cualquier tema por traducir, no sólo literatura. Tiene un puesto en la Feria del Libro en Frankfurt donde informarse. Se le puede escribir perfectamente en cualquier lengua, por algo es una asociación de traductores. Es de suponer que en Inglaterra exista una asociación semejante, y en Holanda y en Suecia y en Francia y ... Hay que revolver un poquillo en el universal internet y saltan. Repito la pregunta: ¿A qué están esperando?

Hay que reconocer que una buena traducción es algo cara. Pero vale la pena. Hasta para novelitas policiacas para lectores ocasionales. Crean imagen, crean estampas colectivas con todas sus luces y sombras. (Observar el caso de Islandia p.e.)

He leido por ahí algunas noticias que el gobierno canario quería crear un sistema de apoyo a las traducciones. Ojalá sobreviva las elecciones porque es una buenisima idea, por muy tarde que llegue.