Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

23 años sin Alberto-José

Domingo, 1 de julio de 2007
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el n.º 163

Autodidacta en su formación artística, en sus obras - ceñidas a los cánones académicos- cultivó el retrato, los bodegones, la pintura religiosa, las marinas, etc. Era un apasionado de la historia de La Palma y un minucioso investigador de nuestro pasado, de las fiestas populares y las tradiciones. Unos completos trabajos que han sabido potenciar y difundir de manera ejemplar los valores culturales de su Isla. Unas publicaciones que, en su mayoría, vieron la luz en la prensa provincial, para el deleite de todos los ciudadanos y no sólo de una minoría intelectual.

Foto Noticia 23 años sin Alberto-José

En la vida ocurren casos que nos parecerán siempre que no podían haber sucedido sin haber alguna ley ni razonamiento explicable. Sólo son factores espirituales los que nos hacen pensar así y es esto lo que nos ha sucedido a los que en vida conocimos a Alberto José Fernández. Nos parecía que no podía desaparecer de esta vida terrena. En el carácter de Alberto-José concurría el artista, el conversador ameno, el que distraía a los que íbamos a acompañarle en el lecho del que nunca se levantaría...”
Manuel Poggio y Sánchez

Nacido en Santa Cruz de La Palma el 22 de julio de 1928, fue hijo de Maximiano Fernández de Armas y de Juana García Fernández. Un polifacético artista que sintió desde su niñez una señalada inclinación hacia la pintura y el dibujo.

Su juventud estuvo muy marcada por el entorno familiar. Las enseñanzas de don Felipe Felipe Afonso tuvieron amplia repercusión en la personalidad artística de Alberto-José. Así, éstas se reflejaron bien temprano en el uso magistral del dibujo y, como dijera Garrido Abolafia, “en un sentido innato de la proporción y de la estética, así como un amor, vocación vital a la postre, por el Arte en todas sus manifestaciones”.

Autodidacta en su formación artística, en sus obras - ceñidas a los cánones académicos- cultivó el retrato, los bodegones, la pintura religiosa, las marinas, etc. Era un apasionado de la historia de La Palma y un minucioso investigador de nuestro pasado, de las fiestas populares y las tradiciones. Unos completos trabajos que han sabido potenciar y difundir de manera ejemplar los valores culturales de su Isla. Unas publicaciones que, en su mayoría, vieron la luz en la prensa provincial, para el deleite de todos los ciudadanos y no sólo de una minoría intelectual. Entre ellas predominó su buen quehacer en el tema artístico-religioso. Muchas horas de investigación que era difundida con gran asiduidad en la prensa, muchas veces conjuntamente con su primo Jaime Pérez García (éste, cronista oficial de la ciudad, dedicó a su memoria una de sus obras: la “Calle Trasera de Santa Cruz de La Palma”). Constituye un estudio de inevitable referencia para el conocimiento e interés del patrimonio histórico artístico de La Palma. Sería preciso y necesario que todo este trabajo fuese recopilado en un mismo libro.

Su tarea ordenadora de sistematización documental, su rigor al tratar las fuentes, su prudencia interpretativa, así como sus aportaciones históricas marcan un antes y un después en la historiografía insular”.
Fernando Gabriel Martín Rodríguez

Artículos publicados en la prensa periódica fueron, por ejemplo:

«La Esclavitud y Hermandad del Santísimo Rosario. Fiesta de la Naval»
«Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma»
«El Señor de la Portería»
«Semana Santa en Los Llanos de Aridane»
«Historia de Las Nieves»
«Semana Santa en la Villa de San Andrés y Sauces y otras noticias histórico-religiosas»
«Apuntes históricos: San Sebastián»
«Notas históricas de La Palma: San Telmo»
«Santa Lucía (Puntallana), su historia y festividad»
«Ermita de Nuestra Señora del Carmen»
«Historia de Breña Baja»

El arte llenaba su vida. El Museo de Arte Sacro anexo al Real Santuario de Las Nieves fue una de sus obras predilectas que fue especialmente valorada. Trazó su fachada (a tamaño natural), las vitrinas expositivas, la cubierta… Lamentablemente aún no está abierto al público. Poggio nos decía en la prensa local que había volcado en él su arte y la fe del corazón. Otra de sus obras maestras fue la fachada de la sede de la Sociedad “La Cosmológica en la trasera de la Parroquia Matriz de El Salvador. Para ella adoptó la composición y los elementos definitorios de la arquitectura tradicional palmera. Pudo verla terminada y “no se puede pedir más armonía dentro del estilo canario”. No pudo admirar, sin embargo, la magnífica restauración (bajo su dirección) del Palacio Salazar de la Calle Real, ni tampoco el Museo Insular en el recinto del extinto convento “Real de La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora” - antiguo cenobio franciscano que pronto cumplirá 500 años de existencia- , ambas obras destinadas a fines culturales. No pudo cumplir otro sueño, esta vez en el edificio noble de la Plaza de España donde se alberga el Centro Asociado a la UNED.

Eran conocidas las tertulias vespertinas y nocturnas en su casa de la Calle Trasera de la ciudad. Como todo buen anfitrión, gustaba agasajar a sus invitados con comidas y azucarados postres palmeros. Según sus allegados y contertulios, era altamente valorada su conversación, llena de tino y sabiduría. En estas reuniones, según Galante Gómez, “se hablaba de todo se discutía por todo y se sentía por todo”. De pícara y vivaz mirada, dialéctico y embrollador con la palabra, nuestro culto y hospitalario vecino era un gran dominador de la palabra, divertido y humorista, sagaz para entresacar, hábil para eludir y buen cultivador de la ironía. Era anfitrión de todos los historiadores del arte que venían a La Palma en busca de conocimientos, información, etc. Era el referente para cualquier tema palmero y hacía que su pasión se consolidara en todos y cada uno de sus invitados.

Esa gran casa está llena de palabras, de presencias, de momentos imborrables. Las conversaciones podían durar hasta que el sol aparecía por el horizonte, que veíamos por las ventanas que dan al mar. Era el reino de la palabra, de la comunicación plena, y en los momentos donde tocábamos el resorte de la nostalgia surgían sus recuerdos de juventud o de su madre…”
Fernando G. Martín Rguez.

Precisamente este profesor que firma el párrafo fue guiado por todas las ermitas e iglesias de La Palma así como por las colecciones de arte privadas de mano de Alberto-José de quien aprendió y disfrutó muchísimo. Así era nuestro investigador, frenético, incansable, que amaba enseñar las entrañas de su Isla y sus tesoros. Esta generosidad fue compartida por numerosos universitarios que se desplazaban a La Palma: “Alberto José fue el puente de unión entre la Universidad de La Laguna y sus jóvenes investigadores”. Su relación con dicha entidad era muy estrecha y ayudaba a estos estudiosos mediante brillantes orientaciones y documentación inédita. Ya no se concebía un viaje a La Palma sin contar con él. Esta misma entrega la tuvo años más tarde con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (entonces politécnica), especialmente con la Escuela de Arquitectura y de la Historia del Arte.

En cuanto a su obra pictórica, se aprecia una preferencia por el trazo firme y lineal resuelto por medio de composiciones bien equilibradas. Después de sus pequeñas primeras obras como un exquisito paisaje marino de Garafía, Alberto-José probó con el género del retrato. Galante nos informaba de que “son óleos con fondos de colores neutros, acentuando de esta manera el protagonismo de los homenajeados, todo ello en la tradición del retrato clásico del siglo XIX”. El mismo profesor nos relacionaba en un artículo cómo destacaba en este capítulo los retratos de sus bisabuelos o el de su prima María de los Ángeles Pérez García. Entre los bodegones y naturalezas muertas, el artista sintió una especial predilección por una delicada rosa blanca en un vaso sencillo que regaló a su sobrina política un día de su onomástica. También para su primo - el decano de los cronistas oficiales de Canarias- don Jaime Pérez García, realizó el cuadro más grande dentro de esta temática: bodegón con jarrón, concha y caracol. Otra de sus grandes obras es el enorme óleo cuyo tema es el combate de dos galeones en un embravecido mar que se custodia en la Casa Cabrera. También pintó un cuadro de los Reyes Católicos que fue robado de una exposición que tenía lugar en el Museo Naval (Barco de la Virgen).

Mención aparte en este capítulo merece destacar su producción religiosa, como reproducciones de la Virgen de Las Nieves y de la Inmaculada Concepción. La primera –“vera efigie”- es considerada la más importante obra de este apartado. Un excelente óleo donde destacan con gran precisión de detalles las telas y joyas que la arropan. Dedicó el trabajo a su abuela Enriqueta Fernández González de García Massieu. En la rúbrica aparece también la fecha: 3-5-1955. Así mismo, es obra suya el retrato del obispo García Jiménez – fundador de la Bajada de la Virgen en 1676 – en cuyo cuadro incorporó una imagen de la “Morenita” y de San Miguel (inspirado en el arcángel barroco de Breña Baja).

Su labor abarcaba muchos ámbitos del arte y la cultura. También logró diseñar con gran destreza y habilidad numerosos dibujos de calados en mantelerías, muebles, joyas, platería, etc. Ayudado por su gran amigo Felipe Henríquez Brito, dibujo juegos de cama, encajes de mantelería, juegos de té… Unos ornamentos a base de motivos florales, vegetales y geométricos. Un modelo que fue ampliamente difundido fue el conocido como María la de todos. Al igual que todos los demás “cisnados”, éste cambiaba de calidad según la tela, la bordadora, el hilo, etc. porque las mantelerías se hicieron muchas veces. Recordemos que también llegó a ser el director del taller de costura de diferentes Bajadas de la Virgen.

En cuanto al diseño de muebles, su actividad creadora parecía no tener fin. Fue muy admirado el espléndido conjunto que diseñó para la familia Lugo Castillo- Olivares en Buenavista (dos consolas, una mesa comedor de estructura elíptica y un aparador) así como la vitrina que tenía en su vivienda. Su estilo llegó a denominarlo como “barroco francés”, inspirado –tal vez - por las revistas gráficas que a menudo consultaba.

Obra suya también fue un numeroso catálogo de diseños de metales preciosos, como gargantillas y broches. Un ejemplo fue la reproducción del escudo del Tenisca en oro y perlas colgantes que el club deportivo donó a su Patrona, la Virgen de Las Nieves. También obra suya fue el diseño de la excepcional peana de plata repujada de la custodia procesional del Corpus de El Salvador.

Realizó numerosos diseños para conmemorar diversos actos de la Bajada de la Virgen. Por ejemplo, el vestuario para el Minué – tanto masculino como femenino-, o la caseta y los atuendos de los Enanos cantantes de la Loa a la Virgen, antes de su mágica transformación. Se pudieron contemplar en la exposición que tuvo lugar en el Palacio Salazar de Santa Cruz de La Palma entre el 13 y el 30 de septiembre de 2004. Fue organizada por la Sociedad de Estudios Generales de la Isla de La Palma para homenajear al polifacético artista cuando se cumplían veinte años de su fallecimiento. Allí se expusieron los miriñaques de las damas y las casacas de los caballeros, ejecutados en finas telas cuajadas de lentejuelas. Otro de sus diseños fue el escudo de la ciudad que aún hoy en día se siguen colocando en las puertas delanteras de los taxis.

Participaba directa o indirectamente en todas las fiestas de la ciudad y también de la Isla. Amaba los villancicos de “los divinos” de la capital y el “nacimiento” de Las Nieves ante el altar mayor. La Semana Santa era también muy especial en su vida y participaba en todas las procesiones. Cuando alguna de ellas pasaba bajo su casa de la Calle Trasera, siempre se le veía en su ventana. Era casi una pieza más de la estampa que no podía faltar. También en las Fiestas de Las Nieves, de la Concepción del Risco, del Señor de El Planto, de La Encarnación y de La Luz y San Telmo de la capital, San Pedro de Breña Alta, Santa Ana de Breña Baja, el Corpus de Villa de Mazo, El Sagrado Corazón de El Paso, y así un largo etcétera. Su presencia en todos los festejos hacía que se empapara de esa magia que luego transmitía tan bien, tanto en forma escrita como verbalmente en sus lecciones magistrales. Disfrutaba con los polvos de talco en “los Indianos” cada lunes de Carnaval… era un amante y gran apasionado de las fiestas palmeras. Sobre todo, de su Bajada de la Virgen, manifestación festiva por excelencia en La Palma. Cantaba, y con “muy buen oído”, las letras de los “Carros Alegóricos y Triunfales”, de la “Loa” a la Virgen, de los “Enanos”…

Recordemos que para la Bajada de 1945, los que gestaron la magnífica idea del “Minué” fueron, junto con Alberto-José, Argelio Pérez Algarrada, Álvaro Rguez. Fernández, Celestino Cabrera, Ezequiel Pastor Cuevas Cabrera y Celio Díaz. Encargaron al músico palmero Luis Cobiella Cuevas – primer Diputado del Común de Canarias - la composición la música y el texto de un ballet inspirado en los jardines palatinos de Versalles.

El profesor Galante también nos informa de que Alberto-José también se atrevió con diseños para utensilios de carácter industrial, como algunos faroles que aún existen en su vivienda: “estos son de estructura poligonal con láminas metálicas en forma de perillones torneados y guarnecidos entre hojas de acanto, cuyos cristales están adornados a base de óleos y motivos vegetales en vibrantes colores de tintes oros, azules y rojos”.

En el apartado de las restauraciones de obras históricas - que ejecutó con gran delicadeza, sin alterar contenidos o perjudicar a las piezas – es interesante reseñar las pinturas de óleos sobre lienzo, como el espléndido San Felipe Neri, actualmente colgado junto al retablo de la Milagrosa (en la nave colateral del Evangelio de El Salvador). O también los magníficos y antiguos exvotos marineros: el de la capilla del Rosario (iglesia de Sto. Domingo, el más antiguo de España) y los del Santuario de Las Nieves (entre ellos el segundo más antiguo del país); una Santa Elena (propiedad de los herederos de la familia Castillo Olivares y Sotomayor); un Santo Domingo y la Virgen del Rosario (colección propia); los Desposorios de La Virgen (Santuario de Las Nieves), un San Antonio (pintura sobre lienzo propiedad de don Felipe Henríquez Brito). Así mismo restauró esculturas, como la Virgen de La Salud (de la parroquia de Montserrat de Los Sauces, antiguamente del convento de La Piedad de San Andrés). Se considera esta última como la actuación más afortunada “en la que aplicó un esmerado estofado y recuperó la policromía original de la talla”.

Fue también el inspirador del Belén napolitano que inició en el mismo Santuario el actual rector y fue el autor del dibujo del precioso bordado en oro del dosel de la Patrona palmera – realizado en el monasterio del Císter de Breña Alta – sobre terciopelo encargado en París. Por cierto, vistió a la usanza hebrea a las más antiguas figuras del Nacimiento del Santuario, hasta entonces revestidas con los trajes típicos de La Palma.

Fue alma de varias exposiciones de arte sacro dentro y fuera de la ciudad. Muy recordada fue la del Congreso Eucarístico Arciprestal de Santa Cruz de La Palma, por ejemplo. También fue inspirador y gestor de diversas donaciones artísticas al Santuario Real hechas por instituciones, familias y particulares.

Entre estas restauraciones efectuadas con cariño y celo, por ejemplo, se recuerda la de la imagen de la Virgen de la Luz, patrona de la Villa de Garafía. En su taller – de puertas abiertas- el artista recibía la visita de numerosos curiosos que acudían a ver la talla con sus nuevos ropajes. Con un grupo de amigos y colaboradores, él mismo la llevó a la parroquia norteña para presentarla tras su actuación.

También restauró – aparte de numerosos abanicos antiguos - la decoración de la cubierta de la ermita de Las Angustias (concluida más tarde por Isabel Santos, restauradora del Cabildo Insular) y las tres hornacinas del altar mayor de la parroquial de Los Remedios, templos ubicados en Los Llanos de Aridane. Actuación suya en otra ermita, ahora en la capital, fue el diseño del nuevo campanario en piedra de la parroquia de Candelaria de Mirca, aprovechando su restauración.

Tiene publicado un libro titulado Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves (Everest, León ,1980) declarado de “interés turístico” por la Secretaría de Estado de Turismo, por resolución de 16 de marzo de 1981. En esta magnífica obra, Alberto-José plasmó su amor por la actividad investigadora. Fue presentado en 1980 en Santa Cruz de La Palma por su gran amigo y maestro, el también palmero don Juan Régulo Pérez. Fue fruto de muchas horas de estudio, de consulta de archivos y documentos históricos de gran valor. Ha sido un referente imprescindible para conocer a fondo el primer Santuario nombrado en Canarias. Un brillante y exhaustivo libro que ha recibido el elogio de propios y extraños a través de los años.

Como curiosidad, sirva decir que su – nuestra - amada Virgencita de Las Nieves sólo se le viste con el llamado “traje de duelo” -confeccionado en valioso terciopelo de seda morado bordado en hilos de oro fino con ornamentación floral de mediados del siglo XX - en establecidas ocasiones excepcionales: con motivo del fallecimiento del Jefe de Estado (sucedió con Francisco Franco), del Papa (ocurrió con Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II), del Obispo de la Diócesis, del Párroco del Santuario (Andrés de las Casas Guerra), del Capellán de Honor de la Virgen (Luis Van de Walle Carballo) y, como decisión extraordinaria, se revistió con motivo del fallecimiento de Alberto José , persona muy vinculada a la Virgen y al Santuario, con el que siempre mantuvo una estrecha colaboración. Recordemos que durante muchos años corrió a su cargo el aderezo de la Sagrada Imagen y con absoluto desinterés hizo multitud de diseños y asesoró en temas histórico-artísticos a los responsables del templo. Esto sucedía con los tres últimos párrocos: don Antonio Pérez Hernández (hasta 1958), don Andrés de las Casas Guerra (hasta 1970) y don Pedro M. Francisco de las Casas (hasta 1984). Como anécdota diremos que estos dos últimos sacerdotes – miembros de la misma familia –vivieron en la misma calle que Alberto-José, muy cerca de su casa. La frecuentaban para hacer encargos para el Santuario, para pedirle consejo sobre materias histórico-artísticas, para recrearse con su polifacética actividad cultural o, simplemente, para cultivar una respetuosa y sincera amistad.

Así mismo, fue un desinteresado colaborador de sucesivos párrocos de El Salvador en asuntos relacionados con la ornamentación del templo, los Monumentos del Jueves Santo y de la preparación de los tronos para las diversas procesiones. Ocurría esto desde la época del inolvidable don Félix Hernández Pérez.

Precisamente para él era una jornada muy especial e íntima el momento de la muda del traje de la “Morenita” y luego su enjoyado. Con gran calma, emoción y seriedad, el devoto maestro cambiaba las vestiduras de diario a las festivas. Esta ceremonia tenía lugar antes de la onomástica de la Virgen cada cinco de agosto, o en mayo en las Fiestas de Las Madres – fue su creador junto con el Santuario y los Coros y Danzas de La Palma-; y por supuesto antes de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen. Las ocho o nueve horas que tardaba Alberto-José en cambiarle los ropajes y en engarzar una a una todas las riquísimas joyas en el manto triangular, lejos de agotarle, esta lenta y solemne ceremonia lo sumía en un estado de emoción y felicidad tal que su rostro irradiaba algo especial. Así lo decían quienes tenían el privilegio de ser testigos del acto.

Entre otros muchos obsequios, muestra de su gran generosidad y altruismo, Alberto-José legó a la Virgen un espléndido rosario, un busto de Cristo Yacente (s. XVII), una Magdalena, el rostro de la Virgen de la Soledad, etc.

En 1975 Nuestra Señora de Las Nieves -con motivo de su Bajada Lustral- estrenó un pesado y precioso sillón de viaje (el actual) – una gran urna rematada por una corona real - tallado por Pedro Daranas Roque, dorado por Fernández Molina y diseñado por Alberto-José Fernández García. Fue autor también del templete de la Loa en la Bajada Lustral así como de la escenografía del Minué y del Carro Alegórico y Triunfal. Otras muestras de cómo su nombre quedará para siempre ligado a la “Negrita”.

Amaba también la música y la primavera. López García nos decía que nuestro artista era “la persona que la sociedad necesita para que el arte no muera”. Le gustaba admirar la naturaleza de La Palma – su gran pasión- y se recreaba e inspiraba viendo la tierra vestida de verde y engalanada de flores. Quedaba extasiado al oír ópera en el Teatro Circo de Marte o en el Guimerá, o en cualquier otro lugar dentro y fuera de su querida Isla, y también a las orquestas procedentes de lejanas y grandes ciudades. Dotado de gran oído musical, tenía una cálida voz con la que muchas veces interpretaba arias de ópera o motetes del Padre Díaz mientras pintaba, restauraba o diseñaba.

Alberto-José fue un auténtico dinamizador de la actividad cultural, desarrollando una intensa labor en la creación artística y en la investigación científica. Disfrutaba con la belleza y ésta lo inspiraba. Francisco Galante escribía que “perteneció a una cultura en extinción en la que se valoraba la ilusión por descubrir nuevos mundos, la transparencia y la honestidad por el trabajo bien hecho y, sobre todo, la generosidad y el sentido inmutable y permanente de la amistad.”

López García también nos informaba de que a este cordial humanista le preocupaba constantemente el acontecer insular. Recuerda en su artículo cómo se disgustaba ver el estado de abandono del Castillo Real de Santa Catalina, El Castillete. Defendía esta fortaleza con entusiasmo, especialmente por su vínculo a la figura de Anselmo Pérez de Brito, a la que tanto admiraba. Tampoco le gustó que le pusieran el nombre de Benahoare a la actual Urbanización capitalina. Comentaba que era un nombre demasiado importante para un grupo de Viviendas.

Lo más que quería Alberto-José – persona efusiva, generosa, hospitalaria, honesta y transparente- era a su Isla de La Palma. Nunca viajó por el extranjero, aunque sí estuvo en la Península y en el resto de Canarias. Sobre este punto, Poggio terminaba su artículo sobre el maestro diciendo que “por encima de todo para él estaba residir en su querida isla natal, investigando su historia de la que tanto dejó escrita. Dentro y fuera de la isla ensalzaba sus bellezas naturales, su historia y sus costumbres”.

Alberto-José – pintor, restaurador, escritor, investigador, poeta, diseñador, decorador- falleció en Santa Cruz de Tenerife el 22 de abril de 1984.

El Pleno de la Corporación de Santa Cruz de La Palma, en sesión celebrada el día 11 de marzo de 1996, acordó aprobar inicialmente el Proyecto de Urbanización denominado calle Alberto- José Fernández García, a espaldas del que fue solar del Parque de Recreo, el antiguo cine de la Plaza de la Alameda, hoy ocupado por un gran edificio en las cercanías del Barco de la Virgen.

Un gran hombre y un gran artista merecedor del Premio Canarias a título póstumo y también de una calle, no de un callejón.

Era él quien distraía a sus familiares y amigos dentro de su enfermedad. La sátira fina del terruño y de la familia, con su buen humor que jamás perdió, nos hacía olvidar su enfermedad y aún viéndole muerto el Domingo de Resurrección su semblante era para meditar que en ese día tan propicio había nacido a la vida eterna. Se notaba en él un semblante de paz y tranquilidad”.

Manuel Poggio y Sánchez


BIBLIOGRAFÍA

Exposición in memoriam. Alberto José Fernández García (1928-1984), Santa Cruz de La Palma: CajaCanarias, Sociedad de Estudios Generales de la Isla de La Palma, 2004:
  • GALANTE GÓMEZ, Francisco. «Alberto José Fernández García, el vivo testimonio de una cultura extinguida»
  • GARRIDO ABOLAFIA, Manuel. «Prólogo»
  • LÓPEZ GARCÍA, Juan Sebastián. «El imaginario de una isla. Alberto José Fernández García: semblanza de La Palma (Canarias)»
  • MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando Gabriel. «Evocación del artista y amigo»
PÉREZ GARCÍA, Jaime. Fastos Biográficos de La Palma, CajaCanarias, La Laguna, 1985
POGGIO, Manuel. «Alberto-José, en La Palma para siempre», El Día, (1 de mayo de 1984).

Mi agradecimiento especial a don Pedro Rodríguez Castaños, don Felipe Henríquez Brito, don Manuel Poggio Capote, don Fernando Leopold Prats y a don Pedro M. Francisco de Las Casas.
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