Revista nº 910
ISSN 1885-6039

Nuestras papas de color: hoy, un motivo de preocupación.

Sábado, 19 de Mayo de 2007
Miguel Santos Benítez Gil
Publicado en el número 157

Las papas que desde antiguo nos acompañan, caracterizadas con ojos profundos, notables, relieve superficial con lomos y unos colores llamativos, plantas, generalmente, con muchos tallos, hojas pequeñas y flores lilas o azules con a rasgo blanco; llegaron en su mayor parte a nuestras Islas tras la colonización de América, desde los Andes. Las «otras papas» son las de consumo diario, las que vienen de fuera...


Las papas que desde antiguo nos acompañan, caracterizadas con ojos profundos, notables, relieve superficial con lomos y unos colores llamativos –a veces veteadas-, plantas, generalmente, con muchos tallos, hojas pequeñas y flores lilas o azules con a rasgo blanco; llegaron en su mayor parte a nuestras Islas tras la colonización de América, desde los Andes -sus orígenes-.

Son las papas que usamos para arrugar en las celebraciones y días señalados, aunque en el pasado, y aún ahora, en los campos donde se cultivan, la gente las usa para todo (guisar, freír, en potajes,...). Merece la pena comentar los nombres de estas variedades: Colorada, Terrenta, Negra, Azucena (blanca y negra), Bonita (Blanca, negra, colorada, llagada y de ojo de perdiz), Borralla, Mora, Andina Blanca, Venezolana, de María, Palmera (colorada y negra), Peluca (colorada y veteada),...

Las «otras papas» son las de consumo diario, las que vienen de fuera, la mayoría para consumir y otras como papas de semilla para cultivarlas aquí. Son de tamaño mayor, con la superficie lisa y de color blanco, blanco amarilloso o rojo. Sus plantas tienen pocos tallos, hojas anchas y flores blancas (azul en el caso de la Autodate). Los nombres más sonados de éstas y como se conocen, son las variedades: Blanca Redonda, Rosada, Out of Date (Autodate), King Edward (Chinegua), Caras, Spunta, Slaney...

Hemos sido un pueblo muy «papero», como pocos en el mundo. Las comemos todos los días y, junto con el gofio, han sido la base de la alimentación de los canarios. Las hemos cultivado con esmero, con variadas técnicas, según la isla, zona, época, secano o regadío y con herramientas distintas.

Las papas son un cultivo que hemos adaptado a nuestro medio, convirtiéndolas muchas veces en autóctonas -con características propias-. Esto ha propiciado que en cada zona -con sus particularidades climáticas- se haya cultivado la que mejor se adapta a ese medio. Así tenemos que en Anaga se localizan las papas Grasileñas (también llamadas en otros lugares como de Cha Juliana, Moras, Morunas, o de Juan Álvarez) y las Borrallas, Montañeras o Meloneras.

En la zona de Icod del Alto y La Guancha: las papas Bonitas, con sus variantes. En La Orotava, Los Realejos y Santa Úrsula; las Azucenas; en La Esperanza: coloradas, Terrentas y Negras. También se encuentran presentes en otras zonas, como El Palmar, Tacoronte, Fasnia,...

Esta gran diversidad de papas cultivadas, se va extinguiendo y apagando con la vida moderna y los nuevos hábitos de consumo. Sus formas resultan incómodas para la vida rápida, hay que cosecharlas en una época determinada, los precios son más elevados por sus rendimientos más bajos y el consumo se hace en días señalados, generalmente con “papas arrugadas” con conejo en salmorejo, pescado encebollado o algunas carnes con mojo algo picón.

Estas variedades tienen baja demanda a pesar de tener cada una de ellas unas características propias en textura, aroma, sabor, color. Se caracterizan por ser muy densas, con mucha masa (materia seca)... Son variedades excelentes, habiendo, dentro de éstas, categorías (Negra, Bonita, Azucena, Terrenta...). Y es, precisamente, en la productividad de las papas de color de semilla, donde queremos aportar unos apuntes para la reflexión.

En la actualidad se están produciendo papas de semilla, por cultivo de tejido en el laboratorio, de las variedades Negra, Colorada, Azucena y Bonita, a fin de obtener una semilla saneada, limpia de virus, con lo que las plantas van a tener un buen desarrollo, con hojas menos rizadas (más lisas) y dando una cosecha de papas un tanto mejor. Esto se viene haciendo desde hace varios años. Esta papa de semilla se vende con el mismo nombre que las que el agricultor obtiene de forma tradicional. Nuestro agricultor ha aprendido, a lo largo del tiempo, a cultivar y seleccionar su propia semilla, para que ésta le dé buenos rendimientos y garantizar el perpetuarlas a través de los cuatro siglos que llevan entre nosotros.

Dentro de esas técnicas de selección están: el cultivarlas en secano (adaptándolas y haciéndolas resistentes al medio), la eliminación de plantas enfermas dentro de el cultivo, cambiar éste de zona y de tipo de suelo (bien si se dispone de esos terrenos o bien mediante intercambio con otros agricultores) y la eliminación de papas (tubérculos) deformes, vaguinas y tiernas.

Con ello, y si el tiempo ayuda, los rendimientos son buenos, no teniendo nada que envidiar, en muchos casos, a las ya referidas (“papas de laboratorio”).

En la actualidad hay cierto descuido con estas técnicas tradicionales centenarias... no está bien que se vendan papas de semilla que no tengan la calidad suficiente, pues al no haber control es la confianza del vendedor, o el conocer al agricultor y sus cultivos, de los que nos fiamos.

¿Cuántas veces se pueden plantar, dando buena cosecha, las papas obtenidas en laboratorio?... La respuesta es unas cuatro; más allá de ahí, si las plantas se “enrizan”, se enferman y producen muy poco, no resisten el medio mucho tiempo. ¿Y luego? Hay que volver a comprarlas al laboratorio que las produce… y así de por vida, cada tres o cuatro años, si tenemos la suerte de que no dejen de producirlas, teniendo así el control de la venta de papas de semilla y provocándole al agricultor una total dependencia.

Así que en principio, los agricultores que van comprando esta semilla y la cultivan por producir más, cuando vendan parte de su cosecha como semilla a otros agricultores que no sepan de dónde proviene, se darán cuenta de que los cultivos de papas se “enrizan” y no producen… De esta forma, con el tiempo, estará más cerca el fin de nuestras queridas variedades de papas de color.

Pero… sabiendo las consecuencias de todo esto, ¿cómo es que los responsables del sector, y otros, cuyo deber se les supone, no han informado debidamente a los agricultores y no dicen y regulan nada, haciéndose cómplices?

Le propondríamos a estas empresas productoras de “Papas de Laboratorio” que hay mucho por hacer, pero de otro modo, y que, aparte de mantener este proceso, se identifiquen sus papas adecuadamente y se advierta de las consecuencias. También que produzcan sus semillas a partir de las tradicionales en el campo, seleccionando las mejores plantas a fin de servir mejor a nuestros agricultores y consumidores.

De esta forma, queremos plasmar nuestra preocupación por este tema, y por su repercusión en el sector agrario y esperamos que estas reflexiones puedan ser rebatidas.

Este artículo ha sido previamente publicado en el número 31 de la revista El Baleo, editada por la Sociedad Cooperativa del Campo La Candelaria.

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Comentarios
Domingo, 02 de Septiembre de 2007 a las 21:33 pm - homiaga

#01 Y las papas roter de anaga saben algo sobre ellas, pues yo las he comido y son riquisimas