Revista nº 792
ISSN 1885-6039

Aprobación del libro genealógico del burro majorero.

Sábado, 22 de Septiembre de 2007
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 175

El consejero de Agricultura, Pesca y Ganadería del Cabildo de Fuerteventura, Antonio Mesa, subraya la importancia que tiene la aprobación de la Reglamentación Específica del Libro Genealógico de la Raza Asnal Majorera, realizada por el Gobierno de Canarias, y que publica el Boletín Oficial de Canarias. El consejero explicó que “es la culminación de un trabajo muy importante desarrollado gracias al impulso de especialistas y asociaciones de propietarios y estudiosos de estos animales, que han luchado para evitar que esta raza no desapareciera e ir avanzando poco a poco en su mejor definición e identificación. Además de su valor como patrimonio genético, el burro majorero fue vital durante siglos en la isla, no sólo en las tareas del campo, sino como medio de transporte, carga, etc. Se trata además de un animal muy adaptado a las características de la isla”.


La Orden del 10 de septiembre de 2007 por la que se aprueba la Reglamentación Específica del Libro Genealógico considera que:

El fomento de las razas autóctonas tiene como finalidad la salvaguarda y mejora del patrimonio genético que representan y el mantenimiento de la biodiversidad de nuestras especies animales; la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación está desarrollando un conjunto de actuaciones con el objetivo de conservar y fomentar las razas ganaderas autóctonas de Canarias.

El censo de la Raza Asnal Majorera, en otro tiempo importante, ha sufrido una fuerte regresión por las mismas causas que han afectado a los équidos de trabajo en general y a los asnos en particular: la mecanización del trabajo agrícola. En la actualidad esta Raza Asnal Majorera se conserva casi exclusivamente en la isla de Fuerteventura y en pequeña medida en la isla de Lanzarote, donde todavía se emplea en algunas labores agrícolas y como cabalgadura en ciertos sectores de la población que tienen hacia este asno un especial apego. Las cualidades específicas más destacadas de esta raza son la rusticidad y la adaptación al medio en el que se encuentra.

Se trata de una raza perfectamente adaptada a la orografía, al clima y a los recursos alimenticios de nuestras islas. Con el fomento de esta raza se avanza en las políticas comunitarias, que fomentan el desarrollo sostenible de las zonas rurales, y a la conservación y promoción de la biodiversidad.


Prototipo.

La Raza Asnal Majorera, descendiente del Equus asinus africanus, está emparentada directamente con las actuales poblaciones asnales del Norte de África.

Los individuos son de plástica brevilínea con tendencia mediolínea, formato elipométrico y perfil craneal subcóncavo. Su alzada oscila entre 100 y 120 cm a la cruz, con pesos comprendidos entre 125 y 175 kg. La apariencia es proporcionada y equilibrada, resultando en su conjunto muy armónicos, y aunque puedan parecer frágiles son animales muy rústicos, longevos y sobrios. Perfectamente adaptados a los suelos semidesérticos y volcánicos, se han integrado completamente al ecosistema de las islas. Vivaces, enérgicos y resistentes a las privaciones, han reportado, desde siempre, útiles servicios a la población isleña.


Características.

Cabeza: de tipo dolicocéfalo. Proporcionada con respecto al cuerpo. De frente alargada con perfil recto o ligeramente subconvexo. Cara alargada y no muy ancha, perfil nasal recto o ligeramente subcóncavo. Boca recogida, de labios delgados y finos. Orejas de tamaño mediano, rectas e inhiestas, que le confieren una gran expresividad. Cara interna de las orejas con cierta cantidad de pelo: el borde y el centro de la misma de color oscuro o del color de la capa y zona intermedia blanquecina. Ojos no muy grandes, pero proporcionados y muy expresivos. Arcada orbitaria ligeramente pronunciada.

Cuello: delgado, largo y recto. Crines cortas y enhiestas, de coloración generalmente oscura o del mismo color que la capa.

Tronco: son animales brevilíneos-mediolíneos. Dorso relativamente corto pero fuerte, recto y poco ensillado. Cruz ligeramente prominente. Pecho alto pero no muy ancho. Vientre poco voluminoso, más bien recto y poco recogido, más marcado en las hembras. Grupa algo derribada hacia los lados y ligeramente en ojiva, de tipo convexilíneo, es decir, algo más larga que ancha, sobre todo en los machos, guardando, no obstante, una gran armonía, las hembras muestran unas formas más suavizadas ligeramente angulosas. Cola de inserción baja, desprovista de cerdas en su nacimiento, pero finas y abundantes en su terminación, llegando normalmente hasta el corvejón.

Extremidades: finas, pero bien conformadas y de aspecto robusto. Fuertes tendones y aplomos correctos. Espaldas con tendencia a la verticalidad. Cascos estrechos y bien proporcionados.

Capa: las capas esenciales son la torda, en sus diversas gradaciones, pudiendo ir desde un gris claro hasta oscuro, siendo en todos modos muy dependiente de los factores ambientales incidentes: estado nutritivo, época del año, condiciones de manejo, etc., y la parda. Existen degradaciones del color en el vientre y cara interna de las extremidades, así como, en el hocico y zona orbital de los ojos ("puntos"). Son características la raya de mulo en la espalda, la banda crucial y las zebraduras de las patas.

Piel y pelo: la piel es del tipo hipermetabólico (fina y muy irrigada), dura y elástica. El pelo es generalmente corto, fino y suave al tacto.


Más información en http://www.burromajorero.blogspot.com/


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Comentarios
Domingo, 23 de Septiembre de 2007 a las 10:27 am - Francisco Suárez Moreno (Siso) La Aldea

#01 Sólo un recuerdo de niño

Hacia 1959-1960, cuando mi padre sorribó la finca de La Hoya y la puso en cultivo compró en Las Palmas un burro majorero, caneloso, fuerte y algo arisco, con la cruz en el lomo bien pronunciada y a ver quién era capaz de tocársela, distinto a los dóciles burros grises estilo platero que por aquel entonces había en el muladar de cualquier labrador. Nos causó una gran expectación aquel burro distinto pero la desilución de no podernos montar en él pues quizás no estaba domesticado. Nuestro medianero, José Pestana, con su sabiduría lo enseñó a obedecer como lo hizo con Leal, aquel perro policía que mi padre también se lo trajo de Las Palmas y que lo enseñó tan bien que era capaz de hacer cualquier mandando como el llevar la cesta con el almuerzo a más de un kilómetro a donde trabajaba su hijo Juanito y volver a casa con la misión cumplida.

Pero lo que iba a comentarles, lo del burro majorero, a propósito de esta noticia. Los conocíamos bien porque de vez en cuando venía un fila de burros y burras con sus burrillos guiados por unos majoreros vendedores de esta mercancía, venían del Norte y seguían para el Sur, dejando a lo lejos las polvareras y rebuznos fuertes y roncos. Solían hacer estos recorridos aquellos majoreros vendedores de burros que no conocían a los majoreros que vivían aquí en La Aldea en tiempo de zafras cosa rara para nosotros porque pensábamos que todos se conocían. Majoreros conocimos a tantos en aquellos años del boom del tomate, que venían a trabajar en los almacenes de empaquetado como a la familia de maestro Juan Roger aún de grata memoria en mi familia.

Saludos

La Aldea de San Nicolás a 23 de septiembre de 2007