Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

La folía canaria: posibles orígenes, peculiaridades en su forma en Canarias y análisis de sus características en la actualidad. (I)

Sábado, 15 de diciembre de 2007
Roberto Díaz Ramos
Publicado en el n.º 187

Dentro del folklore canario, la Folía es una de las tres danzas más importantes, junto con la Isa y la Malagueña, consideradas los “pilares” del folklore canario. En este sentido, y en el de su importancia dentro del contexto de la música popular de las islas, el guitarrista, compositor y estudioso de la Folía Canaria, Olímpiades García (2004), se refiere a la que se practica en las islas como el canto más arraigado del folklore de las Islas Canarias.

Foto Noticia La 'folía canaria': posibles orígenes, peculiaridades en su forma en Canarias y análisis de sus características en la actualidad. (I)

Desde el siglo XVI se popularizó en Europa una forma musical, consistente en melodía y bajo acompañante, sobre los que se efectuaban variaciones, que recibió el nombre de Folía (les Folies d’Espagne).

Se trata de una danza de origen portugués, como ha sido documentado por diversos autores (Sachs, 1937; Rey, 1978), que recibe su nombre de la locura con la que danzaban los participantes en su
Bailando folías. Imagen extraída de la base de datos del Archivo de Fotografía Histórica de la FEDAC.
baile (folie = locura; (...) le dieron el nombre de folía, (...) que vale vano, loco, sin seso (...), Covarrubias, 1611), y que se extendió por toda Europa a partir de los salones cultos castellanos, donde el baile fue refinado antes de ser exportado al resto de reinos (de ahí que la danza fuera conocida como Folías de España); y antes de llegar, como veremos, a las Islas Canarias donde, debido a la evolución que ha sufrido a lo largo del tiempo (es prácticamente irreconocible con respecto a la Folía histórica), al reducido número de documentación, y a la falta de rigor en ocasiones, se hace complicada la investigación sobre sus orígenes.

Dentro del folklore canario, la Folía es una de las tres danzas más importantes, junto con la Isa y la Malagueña, consideradas los “pilares” del folklore canario. En este sentido, y en el de su importancia dentro del contexto de la música popular canaria, el guitarrista, compositor y estudioso de la Folía canaria, Olímpiades García (2004), se refiere a la Folía que se practica en las islas como el canto más arraigado del folklore de las Islas Canarias.

El presente estudio de la Folía canaria no tratará en detalle la Folía histórica, ya que existe una gran cantidad de estudios al respecto, más o menos accesibles al lector en general, y que pueden ilustrar suficientemente a los interesados en aspectos más concretos. Por el contrario, la explicación se centrará en la forma de la música y la danza de la Folía en Canarias, el análisis de sus características, y sus posibles orígenes, intentando ofrecer una hipótesis fundamentada acerca de cuál pudo ser el origen real de nuestra Folía, y cuáles pudieron ser los motivos de su evolución.


La música y la danza de la Folía Canaria.

La música de la Folía canaria es de ritmo ternario (3/4), de paso lento y reposado. Existen variantes de Folía en todas las islas, e incluso pequeñas diferencias entre pueblos de una misma isla (por ejemplo, en Gran Canaria, se puede distinguir del resto las Folías Antiguas de Gáldar, una pequeña ciudad al noroeste de la isla), o entre diferentes intérpretes instrumentales o vocales; aunque, en ningún caso, estas mínimas diferencias impiden reconocer siempre un patrón único que es aprendido y conocido por todos los intérpretes y oyentes isleños. Parafraseando a John Blacking en su estudio de la música de los venda (1967), se podría decir que los intérpretes de Folía se sirven de sonidos que poseen en su memoria para crear en cada momento una versión “propia” de Folía que se ajusta a unos modelos únicos comunes a toda interpretación.

En la música de las Folías intervienen tres factores instrumentales-vocales principalmente: (1) las púas (instrumentos de plectro como laúdes o bandurrias), que realizan el contrapunto melódico; (2) la guitarra y el timple (pequeño instrumento de cinco cuerdas de forma similar a la guitarra), cuya función es meramente armónica, marcando los acordes de la música (a modo de bajo continuo en el caso de la guitarra, que marca también los bajos de los acordes); y (3) la voz, que canta series de estrofas de cuatro versos consonantes.

Comienza la Folía con una introducción tocada por las púas, a modo de obstinato, cuya fórmula rítmica se repetirá prácticamente durante toda la Folía, sobre todo entre cada uno de los versos del solista. Las púas son, durante toda la Folía, acompañadas por las guitarras y los timples. A la introducción le sigue el canto de una estrofa de 4 versos consonantes por parte de un solista, que es acompañado por los instrumentos de púa, realizando un contrapunto con la melodía del canto, y asumiendo el protagonismo entre cada uno de los versos. Tras el canto de la estrofa, por último, el coro canta un estribillo, cuya letra puede ser igual durante toda la Folía o cambiar. Concluye la Folía con una parte instrumental que da final a la música, o la enlaza con la siguiente estrofa, dependiendo de si la música vaya a acabar o a continuar (por lo general, se ha “estandarizado” el canto de tres estrofas).


Fuente: SIEMENS, L., “La folía histórica y la folía popular canaria”, Revista de El Museo Canario, núms. 93-96, 1965, Año XXVI, pp. 38-39.


La Folía se interpreta, normalmente, en Re menor o La menor, modulando a modo mayor (Fa Mayor o Do Mayor, respectivamente), durante los versos primero y tercero de cada estrofa.

En la actualidad, viene siendo algo habitual, además, la tendencia de sustituir el canto del solista en la primera estrofa, por una melodía de timple, para intentar dar una cierta visión de virtuosismo en relación con este instrumento, en un momento en el que éste se ha hecho especialmente popular si cabe (teniendo en cuenta la popularidad con la que ha contado siempre). Por último existe la posibilidad de, en el estribillo que sigue a la estrofa, suprimir el canto del coro, ejecutando los instrumentos solos sus correspondientes melodías.

En lo que se refiere a la danza de la Folía canaria, cabe reseñar un pequeño cambio en la forma de bailarla. Si bien al principio se bailaba la Folía en parejas individuales, sobre todo en las fiestas, en la actualidad es frecuente ver, en las representaciones de algunas agrupaciones folklóricas, el baile en grupos de parejas (frecuentemente tres grupos de dos parejas1, que la bailan a la vez, y se entrecruzan entre ellas).

En la Folía canaria, bailan el galán y la dama separados, marcando con el castañeteo de los dedos índice y pulgar el primer y tercer tiempo de cada compás. Tras una reverencia inicial, el galán se acerca a la dama, que se aleja dando un paso hacia atrás y hacia un lado de manera que se aproxima al galán de la pareja contigua. Su pareja, igualmente, se arrima a la dama de la pareja vecina. A continuación, es al revés, la dama se acerca al varón. Finalmente, ambos se acercan cruzando los brazos en alto, sin tocarse, y, de una vuelta, cambian de pareja. En la última estrofa de la Folía todos los danzantes vuelven con su pareja inicial.

En el siglo XIX encontramos una descripción significativa sobre el baile de la Folía canaria, ofrecida por Domingo J. Navarro, en Recuerdos de un noventón (1895), una memoria escrita por el autor cuando tenía 92 años, en la que describe las costumbres de la ciudad de Las Palmas2 durante su juventud. En ella, se puede entrever lo poco que ha cambiado la forma de la danza de la Folía canaria (y en cierta manera la música, aunque no ofrece datos específicos). En el capítulo de esta obra dedicado a la Folía (pp. 91-95), Navarro nos dice lo siguiente:

Las folías canarias son reposadas, ceremoniosas y serias (...).
    Al empezar la música, siempre de guitarra, las damas sentadas, graves y silenciosas (...) esperan que avancen los donceles (...) reunidos á la puerta (...). Desde que suena la música se adelanta el galán y á una respetuosa distancia, con el sombrero en la mano hace una reverencia mirando la pareja que ha elegido y pronuncia delante de ella la voz ¡Aires! (...).
   
La dama se levanta y colocándose a cierta distancia (...), baja sus modestos ojos, arquea sus brazos, y moviendo suavemente su talle, dá acompasados pasos adelante, atrás y á los lados, guardando siempre la misma distancia; si su compañero avanza, ella retrocede; pero si él se aleja, ella adelanta sus pasos en señal de reconciliación (...). Así empieza el baile, marcando el compás con un
 Imagen antigua de Las Palmas de G. C.
suave castañeteo que produce la pareja con sus dedos pulgar y medio de cada mano, hasta que se anima con la copla que en obsequio de la dama canta el mismo galán ú otro del concurso.

    Al terminar el canto, gira la pareja en semicírculo para seguir bailando en la parte opuesta. (...) Siguen bailando allí y se repite el canto y á su término, tornan ambos al sitio primitivo (...)
    Terminado el baile, hace el mancebo otra profunda reverencia y sombrero en mano sigue en pos de la dama hasta su asiento.


Efectivamente, vemos que la descripción que Domingo J. Navarro nos ofrece en este fragmento, no se aleja en exceso de la que se ha explicado aquí, lo que podría indicar que la Folía canaria ha podido variar poco, al menos, desde mediados del siglo XIX y, en cierto modo, su “solidez” dentro de las tradiciones canarias, al haberse mantenido así hasta la actualidad, de manera casi exclusivamente oral.


Contexto histórico de la llegada de la Folía a Canarias.


Como señala A. Pérez en su Síntesis de Historia Canaria, es bastante complicado hacer un recorrido por (...) la Historia de Canarias, señalando los elementos que caracterizan cada momento histórico. Dada esta complicación, no abordaré detalles exhaustivos, intentando dar, en la medida de lo posible, una visión “panorámica” de la conquista de Canarias y la aparición de las primeras sociedades isleñas.

Es necesario contextualizar la conquista del archipiélago canario dentro del ámbito de la búsqueda, por parte de los estados europeos en el siglo XV, de una expansión atlántica que favoreciera el encuentro de nuevas rutas y vías de comunicación con las Indias, rodeando el continente africano, para no pasar por los territorios dominados por los musulmanes. De esta manera, el Archipiélago será un importante punto estratégico y, además, ofrecerá otros recursos para los mercados europeos, como la orchilla y la barrilla, con las que se lograban colorantes naturales para la producción textil.


El proceso de conquista se desarrolló lentamente, extendiéndose a lo largo de casi todo el siglo XV (1402-1496), y realizándose en dos fases diferenciadas que condicionarían las formas de aprovechamiento económico y de dominación social y política de cada isla, según el modelo con el que hubiera sido conquistada, hasta bien entrado el siglo XIX.

La primera fase de conquista es la Conquista de Señorío (1402-1478), denominada de esta manera porque las islas conquistadas en este período (Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera, que fue conquistada en dos fases: primero, en época señorial, y luego, en época realenga, bajo dirección señorial3), fueron tomadas por señores europeos que, sometiéndose a los reyes de Castilla, emprendieron una empresa individual, que les permitiría obtener los derechos, hereditarios, de autoridad sobre los lugares sometidos.




La segunda fase es la Conquista de Realengo (1478-1496), en la que intervienen directamente los Reyes Católicos, que anexaron a la Corona las islas que faltaban por conquistar (Gran Canaria, La Palma y Tenerife), con la ayuda de la financiación de comerciantes y banqueros, a cambio de importantes beneficios económicos; y de los propios conquistadores, que se favorecerían del reparto de tierras, atendiendo a su jerarquía militar y política.


La formación de las nuevas sociedades canarias, desde el momento en que finaliza la conquista, estará protagonizada por gentes de diversas procedencias (castellanos, andaluces, aragoneses, portugueses, genoveses, flamencos...), que llegan al Archipiélago atraídos por la posibilidad de progresar
económicamente con la explotación de las tierras de cultivo y los productos generados en las islas, y el comercio atlántico entre Europa y las Indias.

Los distintos grupos de población que participaron en estas primeras sociedades canarias se integraron rápidamente, y conformaron un entramado social peculiar, caracterizado por el mestizaje de los usos y las costumbres de cada lugar de procedencia. Esto, asimismo, se verá reflejado en las artes e, igualmente, en la música. Cada grupo social aportará a la nueva sociedad isleña los gustos propios de sus sitios de origen, lo que proporcionará un eclecticismo artístico peculiar, cuyo máximo exponente, en las artes plásticas, podríamos situarlo en la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria, de configuración e interior góticos (el primer edificio, de hecho, fue gótico, habiendo comenzado su construcción hacia 1504), claustro renacentista, portada principal neoclásica, fragmentos barrocos en la fachada Oeste... En la música, cualquier forma popular puede reflejar igualmente la fusión de las culturas que participaron de la formación de los primeros grupos sociales isleños. Este es el caso de la Folía, como veremos en adelante.

La explotación económica de los recursos generados en las islas, condicionó siempre, además, las estructuras sociales y las formas de vida y arte del archipiélago. El comercio de los diferentes productos generados en Canarias, en sus épocas de apogeo, podía dar el suficiente poder económico para generar un importante mecenazgo sobre las artes que producía una mayor riqueza cultural en las islas más favorecidas por el aprovechamiento de cada producto.

En el Antiguo Régimen, la sociedad canaria era bastante complicada, y tenía una división social determinada por el número de propiedades y la participación en el comercio canario. Los nobles y el clero ostentaban el mayor número de posesiones, tenían la más alta posición social, y ocupaban los cargos más importantes del gobierno insular. Los grandes comerciantes se enriquecían rápidamente, y entraban a formar parte de la nobleza mediante el matrimonio o la adquisición de títulos. Por debajo de estas clases sociales había una gran masa de pobreza que subsistía mediante una precaria economía de autosuficiencia, o del trabajo en las propiedades de los grandes terratenientes.

Hasta casi el siglo XIX, las sociedades canarias estarían determinadas por todas estas circunstancias. Igualmente, los continuos cambios económicos provocaban, en muchas ocasiones, el empobrecimiento de algunas familias ricas, que protagonizaban un cambio social que, a su vez, favorecía la llegada a las clases populares de algunas de las costumbres de las clases altas, que renovaban sus gustos con las nuevas tendencias llegadas en cada momento, tardíamente, desde fuera del archipiélago. Esto pudo haber influido, igualmente, en la popularización de la Folía canaria y otras formas que en la actualidad forman parte del patrimonio musical insular.

En este sentido, Lothar Siemens, en La música en Canarias: Síntesis de la música popular y culta desde la época aborigen hasta nuestros días (1977), vincula la popularización de la Folía canaria a un contexto histórico en el que los cambios económicos y sociales que tienen lugar en la España del siglo XVIII afectan a todas las estructuras sociales, y a las tradiciones y costumbres. Una serie de modas se extenderían y arraigarían desde entonces en las comunidades rurales, a causa del empobrecimiento de las clases más pudientes, y se posibilitaría la difusión de las danzas más importantes del folklore canario.


(Continuará...)

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1 GARCÍA RAMOS, O., Voces y frases de las Islas Canarias, Iltre. Ayto. de Santa Brígida, 1991.
2 Mientras la denominación actual de la ciudad es Las Palmas de Gran Canaria, en el momento en que Domingo J. Navarro escribe estas memorias, la denominación era Las Palmas.
3 SUÁREZ ACOSTA, J.J., y otros, Conquista y colonización de Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 1988.




Este artículo ha sido previamente publicado en el número 1 del volUmen 21 de la Revista Nassarre, en el año 2005.


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