Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

Día de las Letras Canarias: un año después.

Miércoles, 21 de febrero de 2007
José Miguel Perera
Publicado en el n.º 145

Dicho esto, evidentemente el conformismo y la suave caricia de la autocomplacencia son contrarios a la lucha, es decir, al presente que trabaja constantemente porque quiere otro futuro diferente. Y nos queda mucho por hacer, muchísimo. Estamos, todavía, empezando a reconocer lo que diferentes escritores (precisamente) han dicho y redicho a lo largo de la historia de nuestra escritura: Viera y Clavijo, Graciliano Afonso, Antonio Domínguez o Juan Manuel Trujillo, entre otros, han de convertirse, para la perspectiva que añoramos, en familiares que, llegado el momento de presente, son reconocidos por sus hijos, nietos y bisnietos. Para que la cosa sea (más) creíble, el discurso de la institución ha de asumir, públicamente, la herencia de todos ellos, de ese pasado escritural que aguarda, pacientemente, la noticia que los nombre.

Busto de Cairasco de Figueroa que se encuentra en Plaza que lleva el mismo nombre, en Las Palmas de Gran Canaria.


Tal día como hoy, 21 de febrero, hace ya un año, se celebraba por primera vez, institucionalmente, el Día de las Letras Canarias. Llamábamos la atención sobre dicho asunto en un texto que circuló por diferentes medios digitales canarios. Allí mismo lanzábamos la sospecha de que tal Día, si importante era, tenía que ser porque el espíritu que se sobreentendía de él (la importancia del libro canario y sus variados agentes) habría de ejercerse durante todo el año, y no sólo como propaganda más o menos interesada, y momentánea, sin un horizonte que prometiera buen futuro en relación a nuestras letras.

Hemos sido testigos de la trayectoria de la Dirección General del Libro a lo largo de estos 365 días y, al contrario de la actitud que solemos tener, quisiera depositar un voto de confianza en quienes la coordinan. Creo que no hay duda de las acciones positivas que se están llevando a cabo para poner en el lugar que corresponde a las letras canarias, es decir, a su literatura y su cultura en general. Sobre todo, desde una doble vía: la externa y, más que nada, la interna, donde el poco a poco insistente de campañas y otros menesteres puede llegar, a la larga, a hacer ver cuál es el ofrecimiento y las reflexiones que nuestros escritores han hecho y están haciendo.

Dicho esto, evidentemente el conformismo y la suave caricia de la autocomplacencia son contrarios a la lucha, es decir, al presente que trabaja constantemente porque quiere otro futuro diferente. Y nos queda mucho por hacer, muchísimo. Estamos, todavía, empezando a reconocer lo que diferentes escritores (precisamente) han dicho y redicho a lo largo de la historia de nuestra escritura: Viera y Clavijo, Graciliano Afonso, Antonio Domínguez o Juan Manuel Trujillo, entre otros, han de convertirse, para la perspectiva que añoramos, en familiares que, llegado el momento de presente, son reconocidos por sus hijos, nietos y bisnietos. Para que la cosa sea (más) creíble, el discurso de la institución ha de asumir, públicamente, la herencia de todos ellos, de ese pasado escritural que aguarda, pacientemente, la noticia que los nombre.

Buen comienzo el de recordar a Cairasco de Figueroa y Antonio de Viana en este año, sobre todo si pensamos, más allá de cualquier origen o principio, que sus discursos a finales del siglo XVI y principios de XVII son enormemente significativos para el pasado, presente y futuro de Canarias, amén de sus valías literarias que, por cierto, van unidas en un todo como discurso que propone. Todo perfecto, en este sentido. Tan y tan perfecto que resulta asombroso leer una nota de prensa del Gobierno de Canarias hablando en los términos en que habla, por ejemplo, sobre Cairasco de Figueroa. Evidentemente, lo hace desde una perspectiva nada usual, muy impropia de la institución, sea política o universitaria.

Claro que, desde este punto de vista, volvemos a lo que algunos venimos diciendo desde hace ya casi una década, o desde hace ya siglo y medio por otros: ¿dónde está la obra completa de Cairasco de Figueroa para los canarios? Sé que para muchos esto será una pesadez, pero si se vuelve a insistir en ello es que otra vez toca recordarlo. Si nos acordamos del autor, como en este día se propone, ¿no resulta sospechoso que moleste poner encima de la mesa de nuevo que su Templo Militante, su gran obra, no se ha vuelto a publicar por completo desde su primera edición en los siglos XVI-XVII?

Somos conscientes de los dineros que supondrá invertir en ello, pero es que ahora es el momento (además, iluso aquel que no le quepa en la cabeza, al menos, una edición digital o en CD). Si realmente queremos dar a conocer y reconocer, hagamos ver de esta manera, dando la voz secularmente silenciada a este poeta, mucho más importante por su discurso que por ser el primero conocido de nuestra literatura.

Aún así, veo que algo hay moviéndose, hay que reconocerlo, como decía. Pero la inocencia no se hace presente cuando uno observa al ladito del ahora unas elecciones. Y no lo digo porque todas estas celebraciones sean pompa para votos sino porque, como casi siempre, las trayectorias están a merced de los nuevos que vengan. ¿Y si lo mandan todo al traste? Y no sólo eso: ¿y si siguen los mismos pero -es de esperar, según lo que se ha visto meses atrás- se cepillan los mandamases a quien es la cabeza visible de este ilusionante proyecto (ojalá) de futuro? Porque, por mucho que podamos felicitar a esta sección de nuestro Gobierno, de más está decir que los intereses generales de quien ejerce van por otro lado: ¿Canarias como perspectiva desde donde actúan? Pues será desde el moni-moni solamente.

Cuando estas premisas juegan a la hora de hablar del futuro de nuestra cultura, no queda más remedio que la sospecha. Porque la institución sólo puede dar sospechas. Cuanto más tiempo vaya al son de la clandestinidad, bienvenida sea. Sea un mes, seis o un año después. Pedir más ya forma parte de los deseos de todos aquellos que, en nuestro pasado y presente, no se conformaron ni conforman con migajas para sus vidas.


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