Revista nº 802
ISSN 1885-6039

De la Plaza de Abajo a la Plaza Grande. Notas y apuntes de un espacio singular (II).

Sábado, 05 de Enero de 2008
Sergio Aguiar Castellano y Javier Estévez Domínguez
Publicado en el número 190

Poco cambió la fisonomía o paisaje interior de la Plaza desde la reforma llevada a cabo en 1926 hasta diciembre de 1999. Durante este periodo la vegetación arbórea fue desarrollándose y formando un magnífico espacio de sombra permanente, cubierto noche y día por una voluminosa bóveda vegetal creada por las ramas entrelazadas de los laureles.


Esta segunda parte es continuación de este texto.


La Plaza y la música.

Desde las piazze italianas, a las campi venecianas, pasando por las Plazas Mayores españolas, las plazas, y en concreto por ser nuestro tema de estudio, la Plaza Grande (con sus diferentes denominaciones históricas), ha sido un escenario magnífico para acoger actuaciones musicales y culturales de diversa naturaleza. La Plaza ha constituido un lugar emblemático y significativo para la concentración y proyección de muchas bandas y agrupaciones folclóricas a lo largo de su historia.

Para acoger estas actuaciones se han creado diversos equipamientos a lo largo de su historia. Sin embargo, las primeras noticias que se tienen de preparativos para diferentes actuaciones musicales relatan que el Ayuntamiento pagó al carpintero guiense José Hernández Rita 231,68 pesetas por valor de un tabladillo o kiosco para las tocatas de la banda de música en la Plaza de la Constitución, el cual acordó el Ayuntamiento se hiciese en sesión de 5 de agosto de 1891. Y a José Antonio Medina Gordillo 31,50 pesetas por hacer varias piezas de hierro para el tabladillo.

En 1906 el ayuntamiento paga a Salustiano Álamo Martín un día de jornal desarmando el tabladillo en que ha tocado la banda de música durante la temporada de este año en la Plaza de la Constitución.

El 26 de julio de 1926 Pedro Tomás Pérez Torrent solicita autorización para construir un kiosco junto a la Plaza Miguel Primo de Rivera, con el dinero sobrante de la inscripción pública que se había realizado para la compra de instrumentos musicales para la Banda Municipal, y que ascendía a la cantidad de 1381,10 pesetas.


























Este kiosco fue un referente visual y un hito del paisaje de la Plaza desde su creación en 1926 hasta su destrucción final en la década de los años sesenta del siglo XX.



La limpieza y el mantenimiento.

Indudablemente, la limpieza y el mantenimiento de la plaza y sus jardines ha sido una inquietud constante en el ayuntamiento. Sin embargo, pocas veces se encuentran datos que permitan conocer el nombre de la persona encargada para estas tareas y los gastos que ello conlleva.

De los pocos datos que hemos obtenido al respecto, los libros de contabilidad reflejan un gasto de 19,50 pesetas pagados a María del Pino Molina por barrido de la Plaza de la Constitución en los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1907.

El 14 de agosto de 1925 el pleno de la corporación municipal y a propuesta de la alcaldía teniendo en consideración que es conveniente el nombramiento de una persona que se encargue del cuidado y conservación de las plantas que existen en la Plaza de la Constitución, y creyendo que el nombramiento debe recaer en una mujer, propone sea nombrada para ello a Dolores Zamora Ojeda.







◄ Detalle de un informe realizado por Tomás Bautista Reina, encargado del mantenimiento de la plaza y sus jardines durante muchos años.













El paisaje interior.


Poco cambió la fisonomía o paisaje interior de la Plaza desde la reforma llevada a cabo en 1926 hasta diciembre de 1999. Durante este periodo la vegetación arbórea fue desarrollándose y formando un magnífico espacio de sombra permanente, cubierto noche y día por una voluminosa bóveda vegetal creada por las ramas entrelazadas de los laureles.

El espacio ajardinado se enriqueció con la plantación de especies de notable interés ornamental, destacando entre el amplio espectro de especies cultivadas a la sombra de los laureles las dos palmeras de abanico (Livistona chinensis) ya plantadas en 1930, el pándano (Pandanus utilis) y las desaparecidas hiedras (Hedera helix) que trepaban vehementemente por los troncos de los laureles, y la palmera washingtoniana (Washingontia robusta), frente a la casa de los Reina, y la datilera, ambas ausentes hoy en día, que cimbreaba en la esquina que culmina en la Plazoleta de San José.





Livistona chinensis
(Jacq.) R.Br.ex Mart.

Familia: Arecaceae (Palmae).
Sinónimos: Latania chinensis Jacq., Latania borbonica Hort. non Lam.
Nombre común: Palmera de abanico china.
Lugar de origen: Japón, islas Ryukyu y Taiwan.
Etimología: Livistona, en honor de Patrick Murray, barón de Livingston. Chinensis = alude a su prodencia de China o zonas adyacentes.
Descripción: Palmera con tronco más o menos liso y algo anillado cerca de la corona que puede alcanzar 5-9 m de altura y unos 20-30 cm de diámetro, ensanchándose gradualmente hacia la base.










► La palmera, tras Miguel Santiago y unos amigos. Foto de 1930 del álbum de Miguel Santiago.











Pandanus utilis Bory

Familia: Pandanaceae.
Nombre común: Pandano.
Lugar de origen: Madagascar.
Etimología: Pandanus, versión latinizada del nombre malayo pandan para una especie de este género. Utilis, del latín utilis-e, útil, por sus frutos y sus hojas con ciertas aplicaciones locales.
Descripción: Árbol perennifolio, dioico, de 3-7 m de altura en cultivo, con tronco recto, liso, con numerosas raíces fúlcreas en su base que le sirven de apoyo.










Dracaena fragrans
(L.) Ker-Gawl.

Familia: Agavaceae (antes Liliaceae).
Nombre común: Drácena, Palo de agua.
Lugar de origen: Guinea, Nigeria y otras zonas de África tropical.
Etimología: Dracaena, del griego drakaina = dragón o serpiente hembra, haciendo referencia a la savia rojiza a la manera de "sangre de dragón”. Fragrans, llamada así por las flores de intenso aroma que aparecen en los ejemplares adultos.
Descripción: Tiene hojas largas y anchas, con la punta aguda. El ejemplar plantado en la plaza es el cultivar Knerkii, de hojas verde lustrosas.




OTRAS PLANTAS DE INTERÉS.


Philodendron selloa
Filodendro



Colocasia esculenta
Ñamera



Ligularia tussilaginea
Capa de la Reina




▲ Interior de la Plaza Grande hacia 1960. Es notable la presencia de hiedras en los troncos y de la palmera washingtoniana en el margen izquierdo de la imagen.






► Imagen exterior de la plaza sobre 1970. La increíble bóveda vegetal sobresalía notablemente del conjunto edificado, creando un espacio sombreado y fresco.





La destrucción.

En diciembre de 1999, lamentablemente, se taló la totalidad de los árboles de la plaza. Lo que pretendía ser una poda de rejuvenecimiento, llevada a cabo con buenas intenciones pero con nulo conocimiento, debilitó considerablemente todos los ejemplares. Ocho años después, el resultado es una débil producción foliar de los ejemplares, con una ruptura brutal del porte equilibrado de los laureles y de la higuera australiana, ejemplares que durante más de 100 años apenas habían recibido las necesarias podas de limpieza, lo que permitió, hasta el momento de la aciaga actuación, contar con unos ejemplares vigorosos, sanos y sublimes tanto en su arquitectura interna como en la producción de sombra, fin para que el que originalmente fueron plantados.


▲ Imagen aérea de la plaza tomada en diciembre de 2000, un año después de la tala. Nótese el aspecto de solana de la plaza por la ausencia de la bóveda vegetal.



▲ ▼ La misma perspectiva de la plaza. La superior en 1926, tomada del álbum de Miguel Santiago publicada en la revista digital Guía de Gran Canaria. La inferior, en noviembre de 2007. Las diferencias paisajísticas son, desgraciadamente, evidentes a pesar de ser los mismos ejemplares arbóreos.



Últimas reformas.

El espacio donde se ubicaba el tabladillo, tras su derrumbe, fue destinado a acoger una sencilla edificación de una sola planta destinada, entre otros usos, a biblioteca pública municipal y su forjado se empleó como plaza improvisada para juegos infantiles y para albergar los conciertos que por esa época aún ejecutaba la Banda de Música Municipal. Sin embargo, este espacio, siempre considerado como parte de la plaza objeto de nuestro estudio, volvió, en el año 1992 a sufrir otra modificación considerable, al tirarse el sencillo inmueble y sustituirlo por una plaza de cota inferior que si bien permitió el lucimiento íntegro de la fachada y balcón de la Casa de los Quintana, la denominación escogida para este espacio público sigue siendo rechazada por la práctica totalidad de los guienses: Plaza Anatoly Karpov.


▲ Foto de la Banda Municipal teniendo aún como director a Alberto Dávila.

En la década de los setenta, siendo alcalde Ignacio Arencibia se acometió la última reforma de la entonces denominada Plaza del General Franco. La calle que une la Plazoleta de San José con Marqués del Muni tuvo que ensancharse, con el irremediable retranqueo de la plaza, debido a las necesidades de mayor espacio que exigían los nuevos medios de transporte (guaguas fundamentalmente) al ser muy complicado y dificultoso el giro de la Calle Médico Estévez hacia Marqués del Muni. Aún hoy en día es posible recontruir el perímetro de la plaza por ese lado, de naciente, ya que al retranquearse unos dos metros y ponerse nuevo adoquín, éste se diferencia sutilmente del antiguo. Debido a este retranqueo desapareció la palmera datilera plantada con las obras de 1926 y que durante casi cincuenta años embelleció con su figura altiva uno de los rincones más singulares del recinto.


▲ Imagen de la calle antes de ampliarse y del irremediable retranqueo de la acera y plaza. La palmera datilera donde siempre estuvo: en la esquina con la Plazoleta de San José.









Fuentes:

D. Pedro González Sosa en su obra: Guía de Gran Canaria: primero Villa, después ciudad. (1997).
Museo Canario.
Archivo Municipal.


Fotos:

Museo Canario: Revista Canarias Turista.
Francisco Rivero.
FEDAC.


Agradecimientos sinceros a:

Agusto Álamo Suárez.
Juan Guerra Aguiar.


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