Revista nº 906
ISSN 1885-6039

Juan, Cristóbal, Pepe y Camilo, herreros (II).

Jueves, 31 de Julio de 2008
Juan Eugenio García del Pino.
Publicado en el número 220

La primera herrería que conocí estuvo en el lugar que hoy ocupa el ayuntamiento que entonces sólo tenía edificada la planta baja, la que da a la calle Dolores de Sosa, la carnicería. Cruzando la Plaza Chica por delante del bar de Isidrito te encontrabas La Herrería de Plaza. La fachada era de sillería de piedra color cobrizo, con una puerta y una ventana. Al entrar, en el suelo irregular, en medio, a cielo visto, la piedra de agua. Cerca, alguna cabra atada de una pata que podía topar, a la derecha corrales, conejeras y gallineros.


Cristóbal, José y Camilo, trabajaron juntos en la herrería, en pocas ocasiones fueron a otras. Mi padre me habló de la herrería de Fontanales en tiempos de la guerra; otra vez que fueron dos hombres a Las Nieves a otra forja, él otro hermano y Luisa su hermana pequeña para atenderlos; poco tiempo con su primo Mastro Juan Pina; otra vez con Mastro Vicente Batista.

La primera herrería que conocí estuvo en el lugar que hoy ocupa el ayuntamiento que entonces sólo tenía edificada la planta baja, la que da a la calle Dolores de Sosa, la carnicería. Cruzando la Plaza Chica por delante del bar de Isidrito te encontrabas La Herrería de Plaza. La fachada era de sillería de piedra color cobrizo, con una puerta y una ventana. Al entrar, en el suelo irregular, en medio, a cielo visto, la piedra de agua. Cerca, alguna cabra atada de una pata que podía topar, a la derecha corrales, conejeras y gallineros. A la izquierda un vano en el muro de cantos, sin jambas ni dintel, que daba al cuarto que ocupaba la otra parte de la fachada: la herrería. Junto a la puerta que daba a la calle, bajo la ventana, el banco de trabajo de mi padre. Detrás, en la esquina estaba la fragua. Pegado a ella el medio barril de agua. Me gustaba meter la mano hasta el fondo y sacar los posos de escoria. El yunque a su lado, en medio. Alrededor de él, en el suelo, martillos de pena, de bola, mandarrias, machos. Herramientas para agujerar y cortar hierros candentes, tufo, tufidera; tajador, tajadera, trincadera... todo mezclado en el suelo con
polvo de escoria de hierro, de limallas y de hollín mezclado con la tierra fina y negra.


 La Herrería de Ñoño. La fragua, el yunque, el agua, los martillos, las tenazas...


   
Martillos: depena, debola, mandarria, macho.Tufo, tufidera, tajadera, trincadera, puntero.Abrigador, tetón, compás. 


Había otro yunque al fondo. En la otra esquina cerca de la ventana estaba colgado en la pared el armario con la herramienta de mi padre. El suelo negro se oscurecía más al fondo donde de unos palos apoyados en la esquina colgaban jirones de saco que medio tapaban los tesoros, latas con material para soldar, peines de balas de fusil, tierra refractaria para los moldes, matrices… cosas. En las paredes colgados de clavos había plantillas, verguillas, cartones con anotaciones de medidas, latas, soldadores... El techo era de planchas de zinc mantenidas por maderos de los que colgaban garabatos con sebos y cuajos con colgajos de tizne. Lindaba con lo que sería el piso bajo del ayuntamiento, una gran extensión de cemento donde estaban los perros, allí conocí a Fati. En el descansillo de la escalera que comunica el bajo y la planta que da a la Calle Dolores de Sosa vi criar a una perra que me dejó acercarme a jugar con sus cachorros.

Cuando se siguió con la construcción del Ayuntamiento, los herreros se fueron a un solar que les cedieron en el barranco y allí construyeron la nueva herrería, La Herrería del Barranco, que estuvo hasta ayer. No he vuelto a ver trabajar a tanta gente de gracia. Venían de muchos sitios, traían materiales. La gente del pueblo, de Anzo, de La Montaña o La Vega que pasaba por allí tenía un rato para ayudar y una palabra. La escalera34 que fabricaron llega justo a la puerta de entrada. Cuando la bajas te encuentras la herrería de frente, la puerta a la izquierda pegada al muro, a la derecha un gran ventanal que ilumina el banco de mi padre. Entras, a la derecha frente a la ventana el banco de mi padre, la luz era suya, toda su herramienta en el mismo armarito que está colgado en la pared. A la izquierda sobre un pilar adosado, el taladro; detrás, enfrente, la fragua; y a su lado el medio barril de agua; en medio el yunque. Al fondo debajo el cuarto colgante de listones y chapas que se hizo Pepe hay otra fragua y otro yunque.

 
Tenazas: Tuerta, plana, de cañón. 
Carlos mantiene la tenaza de cañón para que veamos la mordaza.


La pared que da al barranco tiene dos ventanas detrás de mi padre, dan luz, una a un tornillo de banco, otra más atrás. Para la salida de humos hay un ventanuco, arriba, encima de mi padre y otra ventana arriba al fondo. Las paredes y el techo son casi negros. A la derecha, en la pared del fondo, hay una puerta angosta que da a una escalera estrecha; se ensancha poco a poco según lo va permitiendo la inclinación de la pared de La Cloaca. A media escalera está la puerta del cuarto de Pepe. La escalera llega a la altura de la calle. Allí, según subes a la derecha, en el techo de La Cloaca estaban los animales. A la izquierda, en el techo de la herrería, a nivel de la calle, hay un merendero goloso al aire libre con plantas y umbría. Se lo hizo Pepe. Allí hacía meriendas con sus amigos. El edificio sigue, abandonado.

En La fragua es donde se manifiesta el poder del fuego. Todos los hierros se caldean allí. Es una bandeja de paredes verticales de un metro y medio por cada lado, más o menos. la bandeja y el armazón que la sostiene son de hierro. Una de sus paredes más alta que las otras tiene la salida del fuelle al hogar de ladrillo refractario. Todo el interior está lleno de hollín de carbón. En los bordes las formas caprichosas de las escorias
de carbón que se apartan del hogar. Al lado del hogar la herramienta de la fragua. Sobre el yunque un martillo de bola.


 La fragua de Ñoño, eléctrica de ventilador, con extracción de humos.


Vi construir el nuevo fuelle que se le puso a la fragua que se usaba en la herrería. Se construyó con dos planchas redondas de madera de más de un metro de diámetro, una en la base y la otra en la tapa. La lona que forma el cilindro, después de engrasada35 se clavó a las bases con unas tachas de cabeza ancha y plana.36 La madera de arriba va fija al armazón de hierro; a la de abajo, que cuelga por su peso y algún añadido, la hace subir un largo pedal.37 Para que el flujo de aire sea continuo y la fuerza de la llama uniforme hay que ser muy hábil dándole al pie, tiene su jeito.38 Tiene una válvula que evita el retorno del aire. Cuando se me ocurría follar no me dejaban seguir porque decían que la apagaba o que gastaba el carbón o esto y lo otro. No me dejaban. El pizco de tiempo que follaba el fuego al salir rugía.

Para soldar los hierros se usaba pasta.39 Un producto cuarteado, similar a una tableta de chocolate, los cuadrados de 1 cm o así y un grueso de no más de 1 mm de color pardonegro. Al partirla dejaba ver una finísima trama interior de hilos de metal blanco y brillante. Se calienta el hierro al rojo, se mete la pasta entre las dos las superficies de las piezas a soldar y, con la contundencia de los golpes del macho aplastando una pieza contra la otra, suelda el hierro. No me dejaban acercarme mucho a este material, debía de ser caro.

Me contó, mi primo Paco, que antes de usar esa pasta el sistema que utilizaban para soldar era a caldeo. En una esquina de la fragua hay polvo de teja machacada. Los hierros se caldean y cuando saltan chispas estrelladas y casi se funden por las puntas, se pasan por el polvo de teja que les limpia las escorias y de allí al yunque, donde los martillazos en los hierros superpuestos a medio fundir sueldan las dos piezas.

La soldadura con plata se hacía en la herrería directamente en la fragua. Los casquillos de los cuchillos son troncos de cono de distintos materiales y hay que soldar la apotema. Se deslíe bórax en agua en una tablita que ya tiene un relieve exterior circular de sedimento como resultado del mucho tiempo de uso en el movimiento que se hace para mezclarlo con una pluma de gallina, pelada, dejando barba sólo en la punta. Con ese mismo pincel se unta la disolución en las superficies a soldar. Con mucho cuidado se ponen encima unos trocitos de plata, nada. Ya, con esmero se sostiene con la tenaza encima del fuego, arriba, viéndolo. La pieza se ennegrece, después baja el color; desde que empieza a agrisarse ves correr la plata, brillante, fundida delante de tus ojos cubriendo el hueco. Lo enfrías en el agua. Le sigue afilar un palo y meterlo a presión. Se cortan los sobrantes con la sierra y se emparejan las bases con la lima. Solo falta caldear la espiga de una hoja vieja y perforar con ella la madera a fuego. ¡Cosa tan sencilla!

Para los casquillos se buscaban los cubiertos de alpaca que estaban cayendo en desuso y los 25 ctms de la II República,40 materiales que se conseguían por medio de un chatarrero de Gáldar.



También se soldaba con estaño. Los soldadores, grandes y pesados, se calentaban en la fragua.

Allí se fabricaron y repararon herramientas de todos los oficios. Todas las piezas tradicionales (4) y alguna más. Sobre todo no intervenían nunca la soldadura oxiacetilénica, ni la eléctrica, toda la transformación de los materiales se hacía en la fragua y en el yunque.

En los primeros años de abandono entré en una ocasión, con asalto y escalo, para coger algo de lo que quedaba antes de que los amigos de lo ajeno acabaran de esquilmarla. Me llevé la piedra de agua41 en su burra, con su pedal de bisagra de cuero. Se la di a mis sobrinos, los hijos de Ñoño. Si su herramienta está, vive el hombre en el recuerdo.

Quedaba algún recorte de ese material que mi padre utilizó como plata. No tenía nada que ver. Una aleación de su tiempo. D. Bruno le regaló parte de los trozos que sobraron del arreglo de la araña central de la iglesia. Se cayó y D. Bruno quiso que la arreglara mi padre. Él le dijo que era una labor de especialista y que con sus medios no podía soldar los pedazos, pero D. Bruno insistió y mi padre la arregló con prisas, para que no trascendiera.

Había un juego de terrajas antiguo en su caja de madera, con las hembras graduables; acabas la rosca con la medida que quieras con ese paso. Eliges las franquías.42


 Un recorte de ese material.


La terraja grande: EVENTUS, a cada lado de la sujeción de los dados, una pajarita que mira a la izquierda, abajo: D.R.PATENTU. AUSEPATENTE, en el brazo derecho: Nº6.

Otra multiterraja fija, para doce medidas de roscas de poco calibre, pequeña, preciosa. La pequeña terraja fija con una serpiente y W.V.R.STOCKTER.


Un mechero de martillo que sería de mi padre o de mi tío Camilo. Ya sabe que mechero es: se acciona con una mano. Se empuña y la presión del dedo gordo dispara el muelle que levanta la caperuza solidaria a la rueda que gira y muerde la piedra; las chispas van directamente a la mecha que sale del depósito cilíndrico de gasolina; el tubo exterior con perforaciones verticales protege a la llama del viento; mientras más sopla, más grande es la llama. Un sistema precioso, funciona sin esfuerzo. En el culote del deposito se lee: IMCO TRIPEX, en letras grandes que bordean el círculo; en medio, horizontal, en dos líneas: PATENT MADE IN AUSTRIA, también en letras mayúsculas, pero más pequeñas.

Allí quedan las dos fraguas, los dos tornillos de banco y el taladro de mano en una bancada, sobre un pilar adosado a la pared.

Es un taladro muy bonito, primitivo, fabricado por los herreros, todo de hierro. Una manivela vertical que rota en la armadura. Arriba un volante que rosca en el armazón. Al hacerlo hace bajar el conjunto manivelapiña, por presión de dos superficies con rozamiento cóncavoconvexo. La manivela, por el otro extremo, apresa la broca con una piña, como de berbiquí. Se trabaja con la mano izquierda en el volante, girándolo para acercar la broca a la pieza y la derecha dándole a la manivela, que da el giro de corte en directo, sin multiplicadores. Los recuerdos son de detalles muy sueltos, de no ser así intentaría dibujarlo. Es una máquina sencilla, lindísima. De la broca si me acuerdo, era cómo la de este dibujo que le
he hecho al lado.


La broca del taladro, de forja.


Estas herrerías fueron el lugar de trabajo de mi padre y mis tíos. Pasaban mucho tiempo allí. Eran madrugadores. Parece que el yunque suena mejor por las mañanas. Trabajaban mientras durara la luz del día. Nunca vi un bombillo ni nada eléctrico en las herrerías; o sí, lo habría, pero no para trabajar con su luz. Hasta la piedra de amolar con la que mi padre terminaba las hojas de los cuchillos era manual, de manivela.


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34 La escalera que fabricaron los herreros fue paso obligado para generaciones de deportistas y estudiantes de la Residencia San Fernando, el Hogar Rural.
35 Con sebo del que colgaba de los garabatos de los maderos del techo de la herrería de la Plaza.
36
Salvador El Zapatero andaba por allí, algo me acuerdo de un pegamento de caucho antes de clavarla.
37 El pedal fue una modificación de la fragua para la nueva herrería. Cuando estaba en la plaza funcionaba con una palanca que se accionaba a mano. La mejora del pedal hace que pueda trabajar un hombre sólo con las dos manos.
38 Modo de hacer que da la experiencia, habilidad.
39 Mi primo Paco, 76 años, usó este producto, él lo llama pasta, y dice que es plata envuelta en bórax con alguna cementación.
40 Cuproníquel. (13)
41 El armazón, la burra donde va montada, dispone de un depósito de agua donde queda sumergida la parte inferior de la piedra para que trabaje mojada, el agua que arrastra en el giro moja la pieza impidiendo que se caliente.
42 Décimas de mm de diferencia que se dejan en los ajustes de piezas móviles para su mejor deslizamiento.



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Comentarios
Jueves, 12 de Febrero de 2009 a las 21:02 pm - jose

#02 hola me justaria si es pocible de con¡mo se construye un feye de fragua grasias un saludo jose

Viernes, 08 de Agosto de 2008 a las 07:48 am - Barbara

#01 Felicidades a Juan Eugenio por su estudio, muy revelador e informativo de una magnifica saga de herreros y cuchilleros.