Revista nº 892
ISSN 1885-6039

Del juego mediático al game over político.

Domingo, 11 de Mayo de 2008
Rafael Hierro Rivero
Publicado en el número 208

Podremos estar de acuerdo en que Canarias no es un buen ejemplo de cohabitación. Tampoco en eso se diferencia mucho de otros lugares con preeminencia del sistema trabajo-consumo. El espacio común de coexistencia nos viene determinado, de un lado por lo mercantil y del otro por el exceso de protagonismo del juego político y/o mediático. No nos basta, nunca ha sido así, con asomarnos a nuestras orillas para descansar el espíritu y la vista, aún siempre y cuando nuestras miradas se concentren en el horizonte y no se distraigan con la catástrofe urbanística y otras desgracias no sobrevenidas que asfixian literalmente nuestras costas.


Las calculadas campañas de imagen, provenientes tanto del ámbito político como del siempre incipiente y voraz mercadeo, azoran nuestras esperanzas de progreso social y cultural. El estilo de vida que nos quieren vender, de acuerdo a sus planes de expansión, no es más que un tupido mallazo que constriñe y deseca nuestro tiempo de vida, nuestro momento creativo.

Podremos estar de acuerdo en que Canarias no es un buen ejemplo de cohabitación. Tampoco en eso se diferencia mucho de otros lugares con preeminencia del sistema trabajo-consumo. El espacio común de coexistencia nos viene determinado, de un lado por lo mercantil y del otro por el exceso de protagonismo del juego político y/o mediático. No nos basta, nunca ha sido así, con asomarnos a nuestras orillas para descansar el espíritu y la vista, aún siempre y cuando nuestras miradas se concentren en el horizonte y no se distraigan con la catástrofe urbanística y otras desgracias no sobrevenidas que asfixian literalmente nuestras costas.

Es cierto que algunos hemos tratado de mantener la ilusión de progreso lejos de los metros cuadrados de administración pública, de la melaza burocrática, del desierto de cemento y de la revolución de las hipotecas. Pero ¿por qué somos tan receptivos a las propuestas seudo liberadoras provenientes de un precario más allá de promesas publicitarias? Un mañana construido por el poder que nos abandona, muy a propósito en la cartografía urbana, y nos olvida como agentes sociales capaces de generar la restitución vital de los objetos de arte, especialmente de aquellos que no significan ornato, como es el caso de la escultura Emersión Atlántica del artista dominicano Marcos Lora-Read, patrimonio contemporáneo abandonado por la corporación cabildicia, que yace hace más de un año pudriéndose junto al mar en un solar propiedad del Cabildo de Gran Canaria. Como es el caso de los Encuentros Internacionales de Arte Contemporáneo de Osorio, inexplicablemente barridos por la escoba neoliberal del ex presidente Soria y su consejero Rosales. Como es el no menos triste suceso del Centro Insular de Cultura, convertido hoy en aparcamiento para funcionarios. Como es el cierre del Teatro Guiniguada, injustamente hurtado a la sociedad canaria desde la voracidad e incompetencia políticas, como son las múltiples componendas que conforma la, tantas veces mencionada, relatio delictorum de una falsa reconciliación con el mundo artístico y la propia ciudadanía.

Siempre desde esa cada vez más extraña otra cara de la sociedad canaria, comienzan a entrar en el juego político las bienales, que aún no sabemos si serán de la decoración urbana, si del desarrollismo a ultranza o de temáticas naturalistas y líricas de fin del mundo. Haciéndonos sentir como inadaptados personajes de nuestro propio tiempo vital, se nos ubica como meros espectadores de una especie de vídeo juego, del que únicamente podremos esperar el oportuno game over.


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