Revista nº 909
ISSN 1885-6039

Dos libros sobre el médico originario de Teror Manuel Bethencourt del Río.

Miércoles, 26 de Noviembre de 2008
Antonio Henríquez Jiménez
Publicado en el número 237

Hace poco tiempo que han salido al mercado dos obras preparadas por el médico y político tinerfeño José Vicente González Bethencourt referidas al médico grancanario Manuel Bethencourt del Río, que desarrolló su vida profesional y política en la isla de Tenerife. Los libros los publica la editorial Idea, y se titulan: El médico de los pobres. Manuel Bethencourt del Río y Diario y cartas de la cárcel.


Apenas vi el anuncio de los libros, me interesé por ellos, pues desde hace tiempo tenía ansias de conocer cosas del que por la segunda decena del siglo XX aparecía en la prensa en noticias donde se encontraban Tomás Morales, Alonso Quesada y otros escritores de la época que son de mi interés.

Compro los libros, los leo, y me encuentro con la biografía de un médico político socialista que tuvo cargos en las instituciones tinerfeñas de la época, que fue represaliado al final de la guerra civil, y que, al contrario que muchos otros, ni se le hizo consejo de guerra, ni se le dio el último paseo; y que se le molestó por pertenecer a la Masonería, de la cual había sido expulsado en 1926, consiguiendo al fin que se le levantaran las acusaciones. Me he alegrado de saber muchísimas más cosas de Manuel Bethencourt del Río, pues un valor de nuestra tierra que tuvo una actividad interesante en una época y que las generaciones modernas desconocían por completo ha comenzado a salir a la luz.

Pero resulta que yo, un simple lector por motivos literarios, de la prensa y otras publicaciones de la época, tengo otras noticias del ahora médico político; que conozco a otro Betencourt del Río que por alguna razón se le ha escapado al autor de los dos libros que comento. Antes de la lectura de los dos libros de Idea, para mí, Manuel Bethencourt del Río era un médico escritor, como los había tantos en la época, y que era amigo de escritores.

En resumen, la impresión que me ha quedado de la lectura, además del desenterramiento de su figura, es de que se ha construido una biografía, mejor sería decir una hagiografía, del personaje con una sola dimensión. Como si sólo interesara desentrañar los hechos relevantes que pueden dar prez y gloria a la organización a la que pertenecía, y no la verdad entera (que nunca lo puede ser), o al menos más completa de una persona que tuvo relevancia en una época de nuestra historia.

No intento quitar el mérito a lo que se nos ha presentado, que es incuestionable. El diario que se nos presenta en el segundo título es conmovedor, además de tener una forma literaria interesante. El horror a que llegó la dictadura franquista con los que no opinaban como ella es manifiesto. Yo me hago la pregunta de si allí está todo el diario, o si se presenta espigado.

Para no perderme, iré siguiendo el orden del libro, y señalando algunos olvidos, o algunas afirmaciones, que suponemos se deban más a la rapidez de la redacción, que a una manipulación interesada. Esto último se nos hace a veces imposible de apartar de la mente al leer ciertas cosas. Empecemos.

En el primer apartado del libro (“Médico y deportista”), se nos presenta a una persona nacida de familia rica y emparentada con la nobleza por su matrimonio, cosa esta última totalmente falsa. Parece una captación del lector, para resaltar mejor su dedicación a la política de izquierdas. Pues la segunda parte de la afirmación de que casó con “María Rivero y del Castillo-Olivares, hermana de la condesa de la Vega Grande de Guadalupe” es falsa, ya que M.ª Teresa Rivero y del Castillo tendrá el título de “condesa” en 1940, cuando se casa con el conde de la Vega Grande. Ya van años desde 1912 a 1940. Por otra parte, se olvida el dato de quién era hija María Rivero; pues nada menos que del Relator de la Audiencia de Canarias y poeta (ya conocido entonces, aunque poco) don Domingo Rivero y González.

En un capítulo posterior, titulado “Médico y concejal en La Orotava”, se vuelven a repetir los mismos datos sobre su primera mujer.

A continuación se añade que era “primo de Rafael Guerra del Río, diputado a Cortes por Gran Canaria en la Restauración y la Segunda República”. No se dice que pertenecía al Partido Republicano Radical, y que en la Segunda República fue titular de más de un Ministerio. Creo que, al hablar de los desempeños políticos, siempre se suele indicar el cargo, o los cargos, más elevados, y el de Ministro de España lo es.

Más adelante, se insiste en su dedicación a los pobres, con fotografía del periódico donde se anuncia que se atiende “Gratis a los pobres de 3 a 4”. Estupenda acción que, al parecer, era la norma en varios médicos de la época y de después (en estos días se habla de otra doctora de Gran Canaria que era la doctora de los pobres, doña Carlota Quintana). Lo del horario de atención a los pobres (de 3 a 4) daría para comentar a más de uno.

Al hablar de la separación de su primera mujer, me parece que se da una visión unilateral, sólo favorable al personaje. No se habla de su “huida” a París con su amiga inglesa, ni de que se citó con su mujer en Londres para arreglar los problemas, y que la dejó abandonada, no acudiendo a la cita. En definitiva, una trampa bien ideada, para argüir abandono familiar. Tampoco se dice que la segunda mujer, la inglesa, era amiga íntima de la familia, vamos, del matrimonio. Y que parece ser que parte de las causas de las desavenencias era el no poder tener hijos. De hecho él no los tuvo con la segunda mujer, sino que adoptó al hijo de ésta. Hubiera sido interesante dar la fecha de este segundo matrimonio. Tampoco se explica uno el porqué de enterrarlo en una fosa común.

En el capítulo segundo (“Fundador del PSOE en Tenerife”), sólo se le dedican siete renglones a la actividad anterior a la fundación del Partido Socialista en Tenerife, en 1917. Más adelante (“Médico y concejal en La Orotava”), se hablará algo más sobre parte de su actividad anterior a la fundación del PSOE en Tenerife, como político republicano radical.

No se habla de su actividad periodística, incluso con pseudónimo; de sus crónicas enviadas a la prensa tinerfeña durante el largo viaje a Europa al acabar su carrera, ni de su actividad como publicista de las causas de la primera guerra mundial en, según mi conocimiento, su único libro (que era por lo que yo casi sólo lo conocía, además de las polémicas que le suscitaban sus enemigos políticos y de su amistad con los escritores de la época, como afirmé más arriba), el titulado Orígenes de la guerra europea de 1914 (Tenerife, Imprenta Orotava, 1915).

Este libro era publicitado en casi toda la prensa de las islas (y también en la señera revista madrileña España. Semanario de la vida nacional, que comenzó José Ortega y Gasset, Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramón Pérez de Ayala, Luis de Zulueta, Eugenio d’Ors, etc, y donde escribió Bethencourt del Río sobre la higiene en La Orotava), y fue reseñado laudatoriamente.

Sus amistades en Las Palmas se pueden rastrear en el homenaje que se le hizo en la ciudad con motivo de la publicación del libro, en el cual el poeta y médico Tomás Morales recitó algún poema, y estuvo rodeado de los elementos aliadófilos de la ciudad (entre ellos se encontraba, por ejemplo, Alonso Quesada). La censura gubernamental de los periódicos nos impide conocer cuáles fueron sus palabras en la ocación y el título (o títulos) del poema de Tomás Morales. De una conferencia que pronunció en La Orotava un año antes, se decía que era “claro en la expresión, atinado en el concepto, mordaz en el fondo”, un auténtico come-curas.

Con respecto a su salida exitosa de los problemas de cárcel en la guerra civil y la acusación de masón posterior, no se habla de la ayuda determinante del marido de una hermana de su primera mujer, que había sido militar de alta graduación y compañero y amigo de Franco en África, y ejercía de abogado después de la guerra.

Una última apreciación resulta de la lectura de la prensa de la época. Parece ser que, durante su juventud, la familia ya residía en La Orotava. Las vacaciones de sus estudios universitarios las pasaba en aquella ciudad.

Cuando se habla de su estancia en Madrid para resolver las acusaciones de pertenecer a la Masonería, se debería explicar que el “Manolo” citado en la p. 138, marido de la “Conchita” citada en el mismo lugar, “el abogado procurador Manuel Cordón de Roa”, es el cuñado de Manuel Bethencourt del Río; en fin, que en este viaje a Madrid reside en casa de su hermana.

Todo lo demás de los dos libros me parece interesantísimo, como ya dije. Son estremecedores los relatos de lo que pasaba en las cárceles de la dictadura. El apartado fotográfico es valiosísimo en los dos libros, tanto de personas como de documentos.

Los partidos políticos y los sindicatos deberían animar a sus afiliados, ya que no lo hace la Universidad, a investigar sobre muchos personajes de nuestro pasado que ejercieron interesantes actividades en sus entornos que aún permanecen silenciadas. Yo apunto el nombre de un batallador periodista concomitante en el tiempo con Manuel Bethencourt del Río, aunque un poco mayor que él. Se trata de José Cabrera Díaz. A lo mejor ya hay escritos sobre su actividad que yo no he alcanzado a ver.


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Comentarios
Miércoles, 26 de Noviembre de 2008 a las 17:45 pm - José Vicente González Bethencourt

#01 Deseo agradecer a Don Antonio Henríquez Jiménez los comentarios críticos muy interesantes sobre los dos libros dedicados a una personalidad excepcional de la vida política, social, médica y cultural de Canarias, Manuel Bethencourt del Río, un personaje singular que descubrí casualmente en una visita oficial que hice al Archivo de la Guerra Civil de Salamanca como senador con objeto de lograr para Canarias un Convenio a través del Ministerio de Cultura, que se consiguió, por cierto. Con ese motivo, casualmente tuve acceso al expediente que se le hizo a Bethencourt del Río por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, y a partir de ahí, una concienzuda y rigurosa investigación dio como resultado los dos libros citados.

Unos libros que, efectivamente, no abordan todos los detalles de la vida del personaje porque, simplemente, no he tenido acceso a toda la información sobre él ni he podido documentarme al cien por cien, aunque estoy en ello, lo cual no me está resultando nada fácil. Efectivamente, la semana pasada pude dedicar unos días en Gran Canaria a investigar más detalles de su vida, y gracias a algunos familiares, entre ellos a la exquisita amabilidad de Don Juan Gómez-Pamo, ya poseo su libro dedicado a la primera guerra europea, además de un material documental valiosísimo, del que espero muy pronto que vea la luz. Mucho le agradecería, Don Antonio, que me ayudara en esta labor, por lo que le ruego se ponga en contacto conmigo. Atentamente la saluda, José Vicente González Bethencourt.

jvicentegbethencourt@yahoo.es