Revista nº 761
ISSN 1885-6039

Francisco Brito Báez. In memoriam.

Domingo, 05 de Octubre de 2008
Lothar Siemens Hernández
Publicado en el número 229

Este gran trabajador de la Cultura apenas mereció en vida el reconocimiento al que se hizo acreedor. Componía para sí mismo, aunque sus obras llegaron a circular no sólo en la isla, sino también en la Península y en diversos países de Europa. Pero siempre le rodeó un silencio injusto. No obstante, fueron sus muchos discípulos, muchísimos, los que apreciaron su calidad humana y profesional y nunca le abandonaron.


El fallecimiento del músico Francisco Brito (Arucas, 1943 – Las Palmas de GC, 2008), tras unos meses de inesperada y fatal enfermedad, nos deja huérfanos de una de las personalidades más queridas y cercanas de nuestro entorno intelectual. De humilde origen, fue el paradigma de compositor vocacional formado contra viento y marea en los momentos más difíciles, movido por un entusiasmo y trabajo constantes que le llevaron a alcanzar metas verdaderamente notables. Discípulo de los maestros de la Banda Militar de Las Palmas José Moya y José María Rey, se nos reveló desde temprano no sólo como un prolífico compositor, sino también como un eficaz pedagogo capaz de despertar con éxito vocaciones firmes en muchos discípulos que son hoy una realidad incontestable. Al mismo tiempo, como fundador y maestro de la Coral Franbac, desarrolló una meritísima labor social en pro de la música, haciendo que accedieran a este arte un sinfín de personas de la más diversa extracción popular. Desarrolló sus tareas en numerosas localidades de Gran Canaria y de Las Palmas, especialmente en Guanarteme, en Schamann, en Vecindario…

Este gran trabajador de la Cultura apenas mereció en vida el reconocimiento al que se hizo acreedor. Componía para sí mismo, aunque sus obras llegaron a circular no sólo en la isla, sino también en la Península y en diversos países de Europa. Pero siempre le rodeó un silencio injusto. No obstante, fueron sus muchos discípulos, muchísimos, los que apreciaron su calidad humana y profesional y nunca le abandonaron.

Fue miembro fundador de Promuscán en 1999, integrándose en una etapa en su directiva para ayudar en lo que sea, como él decía. El proyecto discográfico RALS que editan El Museo Canario y Cosimte prestó atención a su obra creativa, e incluso en este mismo año editó un CD monográfico de su música de cámara que patrocinó Destilerías Arehucas, de cuyo actual Presidente fue otrora Brito maestro de piano y de composición.

Francisco Brito fue en el curso 2007-2008 subdirector en Las Palmas del Conservatorio Superior de Música de Canarias, en cuya tarea puso de manifiesto sus magníficas dotes de gestor, ganándose el consenso de todos y dinamizando el centro. PROMUSCÁN, en su Junta General de enero pasado, le proclamó Socio de Honor, sin que en esos momentos se atisbara el problema de salud que un par de meses después se le manifestaría. Sí eran todos concientes de su gravedad cuando se organizó, en el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el acto público en el que se le entregó el diploma acreditativo de tal distinción. Allí se congregaron más de quinientos amigos y discípulos suyos, y tuvo el valor de hablar y darles las gracias. Inolvidable fue el discurso laudatorio de su excepcional alumna Laura Vega, Presidenta de Promuscán, que leyó y dijo conteniendo las lágrimas ante la emoción de todos.

De él nos queda su semilla: su magnífica prole, con hijos como Francisco, Pepe, Antonio y Carmen, que se superan en el quehacer musical y que pisan ya fuerte en nuestra historia creativa e interpretativa, y sus nietos y nietas. Su desconsolada esposa puede estar orgullosa de haber compartido con él esta gran herencia que nos dejan. También nos legó Brito esa pléyade de discípulos que tiñe toda nuestra geografía, con personalidades ya reconocidas que le avalan como mentor de excepción. Y, sobre todo, quedará entre nosotros su pensamiento musical, el cual se manifiesta en una obra de música creada abundante y muy variada: obras sinfónico-corales, orquestales, de banda, para coro, música de cámara…



Fragmento del cartel del acto de Promuscan en el Paraninfo de la ULPGC



En sus creaciones sonoras detectamos, como en ningún otro compositor de la segunda mitad del siglo XX, un reflejo muy personal de lo que han sido su vida y su ambiente: desde impresiones paisajísticas descriptivas hasta la hondura psicológica en el alma de personajes de todo tipo que han significado algo en su vida (para bien y para mal). Hay una buena carga de ironía en muchos de sus planteamientos. Pero sobre todo también poesía y sensibilidad, sin eludir el desencanto y la crítica ácida, todo un mundo de raíces muy personales y, desde luego, singulares. No le preocupó nunca al compositor el lenguaje musical como fin, sino como medio, porque su mundo interior y perceptivo poseía una especial fuerza muy sugestiva. En este sentido, la obra de Brito se erige, dentro del panorama del arte canario de nuestro tiempo, como un testimonio de corte neorrealista que no tiene émulos en su entorno, y que tampoco pretende emular a nadie, sino ser fiel a sí mismo. Sus propuestas comunican ideas, tienen interés, pese su tendencia a reflejar el tedio de la vida en constantes reiteraciones, y constituyen un mundo sonoro ante el que no podemos permanecer indiferentes: nos cautiva unas veces y, con sus insistencias acusadoras, es capaz también de inquietar ahondando en el alma de los oyentes.

No tuvo reconocimientos oficiales, porque nunca se ensalzó a sí mismo y siempre prefirió tomar los derroteros de la discreción. Pero sí tuvo a su lado a la humanidad cercana que le rodeaba, que supo calibrar su valía y su bonhomía y corresponder a su gran Humanidad. Descanse en paz el amigo, el maestro, el artista, y sepa que sus hijos y sus discípulos aprendieron bien la lección de su ejemplo: su tarea continúa, y su recuerdo perdura.


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Comentarios
Domingo, 21 de Diciembre de 2008 a las 13:13 pm - Lisardo Santana

#01 Sin duda alguna una gran pérdida en todos los sentidos, como persona, pedagogo y compositor. GRACIAS BRITO, por todos esos buenos momentos del buen hacer que manifestabas impartiendo clases y transmitiendo en todo momento buena armonía y una inolvidable sonrisa.