Sus exhibiciones musicales durante los Carnavales tenían unas connotaciones grandilocuentes y sus letras de contenido picaresco hacían las delicias de cuantos las oían, aunque a algunos no les hiciera mucha gracia dado que satirizaban con gran profusión la forma de vivir de la gente del municipio, pues de estas letras tan graciosas no se escaparon ni el cura, ni alcalde, ni el médico de entonces: todos eran maltratados cariñosamente en esos poemas con ritmo de vals, pasodoble, etc.
Otra de las facetas que adornaban a esta magnífica Rondalla era la excelente interpretación de nuestros aires más ancestrales -isas, folías, malagueñas, saltonas, polcas y mazurcas-. En el desarrollo de éstas acreditaban una gran sabiduría, donde destacaba la dulce y melodiosa voz de Dionisia Moreno Moreno, esposa de José González (conocido por José El Lindo) y madre del gran folklorista José González Moreno, al cual todos llamamos Pepe El Rubio, que todavía sigue en la brecha con su propia Rondalla en Lomo Blanco.
Al fallecimiento de Antonio Moreno Santiago, ocurrido en el año 1932, la citada Rondalla siguió su periplo y sus actuaciones fueron innumerables abarcando todo el noroeste grancanario. El óbito de su fundador y director durante muchos años trajo consigo la incorporación a la misma de diferentes personas ajenas a la Familia Moreno, lo que engrandeció aún más si cabe su elocuente caché. Entre esta nueva savia que se incorporó al grupo, había varios miembros de la Familia de los Clavellinas, de ahí que la agrupación que había sido patrimonio exclusivo de los Morenos pasara a llamarse la de los Morenos y Clavellino. Además, por esas fechas también recalaron en la misma algunos miembros de la familia de los poetas, especialmente el matrimonio formado por Andresito y Julianita, quienes tenían una tiendita en el Callejón del Molino.
Allá por el año 1942, cuando yo conocí a esta agrupación, se la conocía como la Rondalla de los Clavellinos y en la misma figuraban entre otros, los hermanos Moreno, donde destacaba Manuel (padre de Manolo Moreno Miranda y abuelo del entrañable amigo e intelectual Alejandro C. Moreno y Marrero) como excelente tocador del laúd y la bandurria; su sobrino Pepe El Rubio, Juan Guerra, padre e hijo, la magnífica cantadora Dionisia Moreno, ya citada, Matías El Liandro, Juan Pedro (conocido por El Temporales), Juan Díaz, de la familia de Los Guingos, como decíamos, Andresito y Julianita (de la conocida saga de los poetas) y algunos más que no recuerdo. Con motivo de un concurso que se celebró en el Teatro Cine Hespérides de Guía, propiciado por el Ayuntamiento y siendo alcalde Odón Máximo Guerra Galván, en el cual participaron además de la citada Rondalla, la Princesa Guayarmina y la de la Atalaya, la pieza obligada a interpretar en el mencionado concurso eran unos Cantos Canarios compuestos por Nicolás Hernández Cruz, maestro nacional e insigne músico residente en Guía pero oriundo de Agaete. El evento brilló desde el punto vista folklórico y musical con un nivel esplendoroso, las tres agrupaciones acreditaron una extraordinaria preparación y sus respectivas interpretaciones fueron acogidas por el público asistente con una clamorosa salva de aplausos (hay que decir, aunque no viene a cuento, que ganó la de La Atalaya).
La Rondalla de los Clavellinos realizó una magnífica interpretación de la magna obra del profesor Hernández Cruz y su cuerpo de baile -compuesto por gente relativamente mayor- lució gracias a su buen quehacer en el escenario, usando una vestimenta bastante rudimentaria con respecto a las fantasías nestorianas que se ven hoy, imprimiéndole al acto un elocuente sabor eminentemente canario, donde los bailadores todos lucían el tradicional cuchillo canario envainado en sus correspondientes fajines, el cachorro, pantalones rectos y chalecos negros, mientras que la camisa blanca como el alba la lucían perfectamente almidonada. Por su parte, las bailadoras usaban traje hasta el tobillo sin ningún aditamento especial, tocándose con un colorido pañuelo y un sombrero de pencas a modo y manera de las trabajadoras del campo.
Esta Rondalla, que desapareció para sonrojo y vergüenza de los guienses, marcó una época gloriosa dentro del desarrollo folklórico de nuestro pueblo y sus componentes pasaron a engrosar las filas de la A.F. Guayarmina primero y, posteriormente, a la A.F. Tirma Guiense, donde Manuel Moreno, Pepe El Rubio, Juan Guerra, Juan Ortiz, Juan Díaz y otros acreditaron su acrisolada experiencia musical y folklórica hasta que dicha formación desapareció a finales de los años 60.
Antonio Moreno Santiago (o lo que es lo mismo, Antoñito El Sacristán), fue un extraordinario músico y supo enseñar a todos sus hijos los vastos conocimientos musicales que le revestían y recordarle como se merece sería una honor para todos sus descendientes, algunos de los cuales son unos extraordinarios intérpretes de nuestra música, como así lo han acreditado, entre otros, sus nietos Pepe El Rubio, Manolo Moreno Miranda y su biznieto, Alejandro Moreno y Marrero, ya citados anteriormente.
Esta Rondalla nació a comienzos del siglo XX y durante muchos años exhibió con sabia maestría su extraordinario quehacer, pues fue muy alabada y estimada por cuantos la escucharon. El paso del tiempo ha borrado de la mente de los guienses la existencia de la misma, pero es el momento de que se conozca su singular periplo, el cual acrecentó el conocimiento de nuestro pueblo en toda la geografía isleña.
