Revista n.º 1135 / ISSN 1885-6039

¿La expresión de los sentimientos se puede evaluar en un concurso? Sobre Parrandiando.

Jueves, 23 de octubre de 2008
Pedro Grimón
Publicado en el n.º 232

A propósito del nuevo programa anunciado de la TV Canaria, Parrandiando. Quiero manifestar mi posición en contra de la creación de un concurso donde se juzgue o evalúe la expresión del sentimiento, poniendo en entredicho los valores que la oralidad ha ido determinando en pensamientos y esencias de identidad.

Antonio Bordón, El Tarosao.


(Sobre el programa Parrandiando)


Nunca he estado a favor de aceptar cualquier ápice que pueda resentir la dignidad de la cultura popular, pues una cosa es un concurso de textos de coplas, para luego ser interpretadas, y otra evaluar las sensaciones que se desprenden desde la particularidad del alma.

De todas maneras, me parece fundamental partir de la premisa de que cada persona es libre para plantear lo que crea conveniente y de la manera que lo crea; es más, mis respetos a las personas que les tocó vivir una época dura y difícil socialmente como fue la dictadura, y afrontaron la defensa de las muestras musicales tradicionales en el marco de la Sección Femenina que les condicionaba ciertos valores, pero dieron la cara; y, por poner algún ejemplo, el mérito de personas como Aurorita Cruz o Manolito Sánchez en Ingenio.

O reconocer la labor de entrega y defensa por nuestra música que ha realizado a lo largo de su vida Alfredo Ayala.

Mi reconocimiento al estilo de interpretación de Patricia Muñoz como cantadora y su gran calidad humana, igualmente a su familia, su madre Mercedes, su hermana Alba, su hermano David: ojalá nuestra tierra nos permitiera más familias con estos valores de expresión de los distintos géneros folclóricos.

Pero ello no quita el manifestar mi posición en contra de la creación de un concurso donde se juzgue o evalúe la expresión del sentimiento, poniendo en entredicho los valores que la oralidad ha ido determinando en pensamientos y esencias de identidad.

De tal manera estoy en contra desde hace muchos años, hasta el punto que transcribo una carta que me publicó el Canarias 7, con motivo del concurso que convocó el Gobierno de Canarias, a raíz del fallecimiento de NANINO el día 6 de mayo de 1989 en el espacio “Tribuna Libre”, y que decía así:


 

SEÑORES DEL GOBIERNO RESPETEN EL FOLKLORE

Estimados gobernantes: no, por favor, no hagan esto así, la divulgación del folklore se hace de otra manera, o por lo menos así pienso yo.

No hay nada como querer acaparar todos los aspectos de la vida de un pueblo, muchas veces sin tener idea de lo que piensa dicho pueblo.

Cuando un amor te abandona,
y lo sientes con despecho,
no tiene ningún derecho,
porque el que quiere perdona,
y el amor guarda en el pecho.

(La cantaba Nanino)


Pienso que se debe ser humilde desde el poder y contar con los que llevan años trabajando estos aspectos de nuestra idiosincrasia.

Entiendo, que no se es serio convocando un concurso competitivo de Malagueñas, en homenaje a un hombre que entre su lucha por lo nuestro, rechazó los concursos, negándose incluso a presentarlos.

No aburras al infeliz,
aunque el dinero te sobre,
yo he visto a un rico vestir,
con los despojos de un pobre,
y en puerta en puerta pedir.

(Roque Morera)


Zapatero a tus zapatos. Señores gobernantes, dedíquense en este sentido a colaborar con medios e infraestructuras, para que los grupos puedan seguir investigando lo nuestro. Ya decía Nanino que vivíamos en una tierra donde nunca se acabaría de rescatar nuestros ancestros.

¿Cómo se puede recompensar la mejor interpretación de malagueñas?

Recompensar la manifestación de las raíces de un pueblo. Señores, es muy grave juzgar la expresión de los sentimientos de un pueblo.

El mirlo canta en el monte,
el capirote en la higuera,
el gorrión en los trigales,
y el canario donde él quiera.

(Popular)


Sigo sin entenderlo.

Cómo se puede cometer el error de disponer a través del 1º y 2º premio la competitividad de ese sentimiento que sale del alma, que el canario lleva dentro.

Que Dios me guarde una cría, de la idea expresada así, y que coja confesados a sus jurados, a esos señores jueces de la espontaneidad popular, que ha sido la vía que ha mantenido nuestra cultura musical tradicional. Quién va a ser el osado y atrevido histórico que juzgue y compare las malagueñas de Mary Carmen Mulet con Calaya, o la expresión de Dacio Ferrera o Ico Arrocha.

No le falten el respeto, no enfrenten a cantadores y copleros.

El cantar se hace con ganas,
el llorar con sentimiento,
el amor por un amigo,
es lo que se lleva dentro,
y es lo que sale del alma.

(Popular)


Abogo por una total repulsa de este tipo de manifestaciones propias de lo que algunos llaman “profundizar nuestra identidad cultural”.

Pensaba que se iban a realizar festivales de malagueñas por todas las islas y utilizar el dinero de los premios, para que fuesen administrados por la necesaria Fundación Fernando Díaz Cutillas.

Ya me queda despedirme, pidiéndole a los canarios, que de alguna forma éramos amigos de Nanino, el no participar en esta propuesta de enfrentamiento de nuestra identidad, nuestra canariedad.

Hagamos lo que estoy seguro que hubiese hecho Nanino.

No leer el Boletín Oficial de Canarias del 17 de abril de 1989.




NOTA: Por suerte para Canarias, el concurso se celebró sólo una vez.


No podemos fomentar desde lo público, ni siquiera desde lo privado, la opción de confrontar, poner en competitividad los sentimientos con los que se ofrecen los géneros musicales que configuran nuestra música tradicional, la cual ha desarrollado un proceso de adaptación a nuestra forma de ser, de estar en el mundo rural, pastoril, marinero, de cuyo resultante se vierte el esencial mestizaje que nos ha enriquecido, marcando perfiles de identidad y colocándonos ante un camino de responsabilidad y respeto que nos ha permitido avanzar con dignidad, y que se refleja perfectamente en este pensamiento: La verdadera novedad perdurable es aquella que retoma todos los hilos de la tradición y teje con ellos un lienzo, que la tradición no podía tejer (Fernando Pessoa).

Todo el patrimonio cultural, como en este caso las parrandas, se debe difundir a través del buen uso de las variables que nos permiten los medios de comunicación. Crear un vehículo de entrega de ese mensaje para el disfrute del resto de la ciudadanía, con las claves que definen nuestra cultura popular y facilite universalizar nuestra existencia, ya que nuestra cultura popular no se merece que se le atienda a golpes de sorpresa. Que los medios de comunicación no sigan actuando en función de la cantidad de las audiencias, sino más bien deben estar preocupados por ofrecer la calidad del documento en base a su contenido: construyamos esta bendita tierra sobre lo auténtico, dejemos de una vez lo espectacular.


Dominguito Segura, El Aldeano.
Dominguito Segura



Entre todos debemos adquirir el compromiso que sustente la proyección de la cultura que poseemos, esa gran riqueza que se ha ido estableciendo a lo largo de los siglos, generando las particularidades que hoy nos definen como una de las Comunidades con más géneros folklóricos que perviven en activo.

La cultura popular es una parte fundamental de la vida que nos han legado nuestros antecesores como herencia, con la convicción de que se continúe actuando en base a valores necesarios, que se vayan transmitiendo, como elementos de comprensión de los conceptos que soportan la referencia de la identidad. Por tanto, estamos hablando de patrimonio profundo, espiritual, se tenga un vínculo individual o grupal, sea tangible o intangible.

¿Cómo se nos ocurre poner a prueba y juzgar las vivencias de una comunidad, que nos han llegado por el camino de la oralidad?

Ya hay algunas nuevas parrandas que se nos proponen con variadas técnicas de armonía musical, lo que genera la perdida de intimidad ambiental necesaria para compartir el profundo sentimiento de las sensaciones personales que aún perviven en las tesituras populares, como soporte de las reminiscencias de los cantos populares, de las tonadas arraigadas a esas cadencias de una sociedad sensible. Donde aquellas parrandas se configuraban en su entorno natural, siendo portadores de la conocida Cultura de Barrancos, gentes curtidas por el sentir de sus vidas, marcadas en el acontecer del tiempo, portadores de una forma de interpretar la música que amenizaron bailes y fiestas. No son virtuosos pero llevan consigo el valor de sus memorias, no tratan sólo de tocar y cantar, sino comunicar con orgullo y respeto lo que les legaron sus generaciones anteriores, con estilos que permanecen fieles a la magia que imprime la parranda.

Que se haga “parrandiando"
con las parrandas
pero no concursando
con las parrandas.


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