Revista nº 847
ISSN 1885-6039

El audiovisual como atractiva vía de transmisión de la historia de Canarias.

Domingo, 13 de Diciembre de 2009
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 291

El realizador canario Francis Quintana es el director del documental de cincuenta minutos, producido por el Cabildo grancanario, 18 en 16. Memorias de un cementerio, un trabajo que documenta las prospecciones arqueológicas que se llevaron a cabo en una finca agrícola privada de Gáldar en la que aparecieron importantes restos óseos, sin dejar de aportar claves sobre el complejo lugar social que la muerte ocupaba en la Gran Canaria anterior a la conquista española. En esta entrevista Quintana reflexiona sobre el espíritu y la finalidad de su documental, enmarcado en la campaña de difusión del Patrimonio Histórico Es todo tuyo emprendida por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria.

 

 

¿Desde qué perspectiva afronta este documental el abordaje del asunto de la muerte y el enterramiento en los antiguos canarios?

Estudiando. Cuando tienes nociones mínimas sobre el tema del documental, estudiar es la única manera con la que se puede encontrar alguna perspectiva. Estudiar te ayuda a discernir, a evolucionar personalmente y a entender lo cercano y presente que están ciertos temas que parecen lejanos. Lo que tienes ante ti son piezas de un puzzle compuestas de imágenes, sonidos y contenidos que tienes que ir armando para encontrar la imagen, la historia que te ayude a contar los secretos que guarda un cementerio. No me gusta limitarme a enumerar los datos históricos y contenidos de un informe. Busco contar una historia, y me suele costar mucho esfuerzo.

 

 

El carácter divulgativo del trabajo, según parece, no te ha impedido explotar una serie de claves estéticas visuales más cercanas a lo creativo. Me imagino que esta posibilidad es reconfortante para un videocreador como tú.

No soy un videocreador. En este caso, el director del documental se convierte en la herramienta de los científicos para transcribir al lenguaje audiovisual las novedades que sobre el mundo funerario de los antiguos canarios se está trabajando en estos últimos años. Lo que intento es aplicar la técnica e información que tengo sobre el lenguaje narrativo, a una estructura que sea capaz de transmitir contenidos y emociones. No pierdo el referente de los objetivos de un documental de divulgación del patrimonio, otra cosa es cómo afrontamos ese esfuerzo. La divulgación no debe caminar al margen del rigor científico ni convertirse en un tostón. Lo que imagino que tú llamas creativo es lo que yo considero fórmulas audiovisuales para acercarnos al tema de la muerte en general. No tengo obra propia y quizás por eso me dejo algo personal en los trabajos, pero lo hago pensando en mí como espectador.

 

 

Desde una visión íntima o personal, ¿qué has aprendido con esta nueva incursión documental?

La muerte es un contenido universal y atemporal, y en ese sentido tengo suerte de haberme enfrentado a este reto. Para mí ha sido un honor tener la posibilidad de hacer visible el trabajo silencioso que hacen los científicos de la historia, de la arqueología y la bioantropología. Gracias a la difusión de su trabajo tendremos la posibilidad de entender, al menos un poco, la diversidad de nuestros orígenes, de cómo evolucionan nuestras creencias, y de los procesos que han afectado a nuestra calidad de vida y a nuestra calidad de muerte a lo largo de la historia. Esto no te soluciona la vida, pero sí que te ofrece una perspectiva diferente para mirar.

 

 

¿En qué sentido puede este trabajo documental divulgar la cultura ancestral de los antiguos canarios a las nuevas generaciones?

Una, mostrando cómo los restos arqueológicos de un antiguo cementerio de Gáldar, son capaces de revelarnos claves de cómo se vivía y moría en aquella sociedad. Es decir, el mundo de su muerte nos permite reconocer aspectos de la vida que afectaron a aquella cultura. La otra forma es acentuando la huella humana, aún perceptible en los restos óseos, y esto nos genera a los vivos un sentimiento de ausencia, como dice Graciela Iturbide.

Se suele entender el patrimonio en pasado, como algo que se usó, se vio, se saboreó, se sintió. De alguna manera el uso de este tiempo verbal no nos ayuda a percibir el patrimonio como algo necesario e imprescindible para evolucionar como cultura, o sencillamente como seres humanos. Me resulta interesante contrastar los vínculos que puedan existir entre aquella muerte y cómo nos enfrentamos en el siglo XXI a la nuestra. Me interesa la idea de percibir nuestro patrimonio como algo presente y no en pasado, como algo que nos sigue afectando. No sólo se morían ellos, también nos morimos nosotros. En la medida que nos enfrentamos a nuestra muerte entendemos la vida de los demás. Percibiendo lo efímero de nuestro paso por la tierra, estamos más dispuestos a entender la existencia de una sociedad desaparecida, el esfuerzo que hicieron aquellos seres humanos para subsistir en unas condiciones de vida que no tienen nada que ver a las actuales.

 

 

A tu juicio cuál, ¿es el valor de 18 en 16?

No sé si tiene este valor, pero sí me gustaría que como documento audiovisual fuese un punto de partida. Como dice Javier Velasco, que sirva para hacernos más preguntas que las respuestas que por el momento somos capaces de dar sobre la historia de los antiguos canarios. La curiosidad es lo que nos motivará para evolucionar, y me temo que la ciencia es la herramienta para ello.

 

 

¿Cuál será el recorrido que le aguarda ahora a este trabajo?

Espero que su recorrido sea el de los medios de difusión masivos, la televisión, Internet… e imagino que una pequeña edición para estanterías. Sé que así se ha considerado por la Unidad de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria. Mi opinión es que el éxito de su recorrido dependerá, como todo en esto de la guerra de estímulos relacionada con la comunicación, de su promoción. Si no te promocionas es probable que nadie te visite aunque estés colgado gratuitamente en Internet, y por tanto el objetivo de difusión se difumina.

 

 

¿Cuándo te propusieron este trabajo tuviste algún tipo de reparo inicialmente?

Mi único reparo es que no se considere el coste económico que este esfuerzo requiere.

 

 

¿Crees que el formato documental ha sido poco explotado en Canarias como recurso para explicar asuntos de interés relacionados con la Cultura de las Islas?

Como método de difusión patrimonial es una evidencia que no ha sido utilizado. No hacemos incursiones audiovisuales en nuestro pasado histórico, sean de carácter documental o de ficción. Y si así fuere, quedan durmiendo el sueño de los justos. Es una realidad que los gestores de los medios de comunicación masivos prefieren la mal llamada tele realidad. Sinceramente, creo que son compatibles la programación supuestamente demandada de entretenimiento y la programación cultural. Fíjate si el audiovisual es importante, que en el inconsciente colectivo de gran parte de la población canaria existen nociones sobre la historia del siglo XIX de Estados Unidos. Sabemos cómo vivía el vaquero del lejano oeste o conocemos costumbres de indios americanos. Sin embargo, no tenemos ni idea de la crisis de la cochinilla o cuándo se descubrió por primera vez la Cueva Pintada de los antiguos canarios.

 

 

¿En qué nuevo proyecto trabajas tras la conclusión de este documental?

Tibicena, Gabinete de Estudios Patrimoniales, me ha propuesto hacer una incursión documental sobre una parte de la historia del inicio de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a raíz del trabajo arqueológico que emprenderán en los solares de la catedral de Las Palmas de Gran Canaria.

 

 

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