Revista nº 761
ISSN 1885-6039

Santa Lucía. (I)

Sábado, 05 de Diciembre de 2009
Pedro Manuel Grimón González
Publicado en el número 290

Santa Lucía se constituye como municipio en 1815, y para ello se segregaron terrenos del interior de San Bartolomé de Tirajana. En la costa se le adjudican tierras que eran administradas por Agüimes, pero que no pertenecían a la Mitra, por estar al Sur del Barranco de Balos. En estos días se celebran las Fiestas Patronales del municipio del sur de Gran Canaria, uno de los núcleos poblacionales más atractivos, por su historia y presente, de nuestra geografía cultural.

 

 

El municipio de Santa Lucía tiene una superficie aproximada de 61,55 km2, ocupando el 3,95% del territorio insular de la isla de Gran Canaria. Se extiende desde la cumbre o medianías, hasta la costa. Su cota más alta es La Cruz del Socorro a 1700 m. de altitud, en el entorno de la Mesa de Las Vacas; aunque es hasta El Morisco, a 750 m., donde llegan los asentamientos poblacionales, encontrándose la capitalidad municipal a 680 m.


Linda al Norte por el cauce del Barranco de Balos con Agüimes; al Sur por el cauce del Barranco de Tirajana,con San Bartolomé de Tirajana; y al Noroeste con la cumbre de Tejeda.


Esta extensión determina la existencia de dos zonas definidas:

 

- La zona de cumbre, en la que se encuentra el núcleo poblacional histórico y la capitalidad, destacando un desarrollo rural, dedicado a la agricultura de subsistencia, encontrándose la mayor extensión de olivos de la isla. Al mismo tiempo, cada vez más se activa la atención al turismo rural. Esta zona se encuentra en el interior de La Caldera de Tirajana, la cual se fue formando por procesos de erosión, en una orografía conformada por materiales volcánicos, tanto antiguos como recientes, con pitones fonolíticos como el de Risco Blanco o el de la Fortaleza de Ansite, dejándonos un particular paisaje de relieve escarpado y profundo; y la existencia de suelos de capas impermeables intercaladas con coladas, dando lugar a movimientos de masas de tierra como el recordado de 1.956 en Rosiana.

 

 


- La zona de costa, con los núcleos más antiguos como Los Llanos de Sardina, Doctoral, Casa Santa y otros posteriores como El Cruce de Sardina, Vecindario, Balos, Casa Pastores, que se fueron creando a raíz del desarrollo de las plantaciones de tomate y su exportación, desde finales del siglo XIX, y que originó un desarrollo económico tal que ha generado un territorio urbano extenso, en el que se ha ido configurando un desarrollo muy importante en el sector servicios, en la hostelería y en el comercio. Y finalmente su litoral, con una longitud de 6,5 km, en el que se encuentra una serie de referentes en las desembocaduras de barrancos, como la Bahía de Formas, Punta Gaviota, la Bahía de Pozo Izquierdo y la Punta de Tenefé.

 

 

Orígenes históricos


Cuenta la leyenda que un día de primavera, unos pastores encontraron una Imagen Santa, en la zona conocida como El Río, entre el Puente y la Longuera, junto a una charca de limos, juncos, cañaverales, y debajo de una gran peña
(Santiago Cazorla León)

 


De la Ermita a la Parroquia


La Imagen encontrada era Santa Lucía. Hay referencias de protocolos indicando la existencia de una ermita en el siglo XVI.


En el año 1630, Santa Lucía fue llevada en rogativas a la iglesia de Tunte, por la falta de lluvia. Ya en esta época existía una curiosa forma de ofrecer las limosnas. Nos referimos al hecho histórico del Hato Cabrío: las limosnas que ofrecían los devotos eran en cabezas de ganado, llegando en 1654 a tener el mayordomo de la Santa a su cuidado unas cuarenta y siete cabras, acabando con el tiempo en el pleito del hato por la cantidad de cabras, y se decide vender el ganado e invertir en cosas necesarias para la ermita.


En este siglo XVII el obispo Cristóbal de la Cámara y Murga mandó hacer el libro de la ermita, aprobando las cuentas de fábrica, en el que constaba que los vecinos hacían sementeras todos los años para la Santa, que tenían nueve fanegas de trigo de renta, que habían comprado mil tejas y cahís y medio de cal para arreglar la ermita.


En 1761, al encontrarse en precario estado, se decide construir una nueva en el Lugarejo; pero en 1787 ya estaba nuevamente deteriorada.


En 1813 el obispo Manuel Verdugo, tras el motín de los feligreses exigiendo párrocos por la cantidad de muertes que causan las epidemias de fiebres estacionales, crea nuevas parroquias, una de las cuales es Santa Lucía. La convicción nace de que tenía una iglesia y era una zona poblada.


El templo actual se gesta siendo cura de dicha parroquia D. José Domínguez. El arquitecto de la diócesis D. Tomás Arroyo hace los planos en marzo de 1900, la obra se comenzó en septiembre de 1905, y se bendice por el obispo Ángel Marquina el 16 de mayo de 1916.


A la Imagen de Santa Lucía se le hicieron unos arreglos en 1680, de la mano del pintor Juan Riva de Miranda; en 1733 se le hizo una corona de plata y la palma que lleva en su mano, también de plata, en 1764.


Destacamos el mural del altar central realizado por el pintor teldense D. José Arencibia Gil.


Santa Lucía se constituye como municipio en 1815, y para ello se segregaron terrenos del interior de San Bartolomé de Tirajana. En la costa se le adjudican tierras que eran administradas por Agüimes, pero que no pertenecían a la Mitra, por estar al Sur del Barranco de Balos.

 

 

La palmera canaria en su paisaje


Nuestra palmera canaria es uno de los elementos que definen gran parte de su paisaje, por su valor natural y ornamental, por su propia elegancia, siendo la protagonista y eje central que identifica el escudo del municipio de Santa Lucía, pues se refiere directamente a sus palmerales, además de ser el símbolo vegetal del archipiélago.

 

Palmeral del Valle

 


Estos palmerales cubren laderas y barrancos, y son de los más representativos en su hábitat silvestre, unido  esto a la permanente atención de repoblación en las zonas más llanas de la costa como Sardina, Casa Pastores, Doctoral, Vecindario, El Cruce, La Blanca, Los Llanos, Balos, La Orilla y Pozo Izquierdo.

 


Período aborigen


A las reservas que hoy perviven, podemos acercarnos a través de los textos históricos que nos relatan la presencia de la palmera en el desarrollo fundamental de los habitantes de la Cuenca de Tirajana, partiendo de los períodos aborígenes hasta hoy.

 

(...) tenían casas oficiales que las hacían de piedra seca, y eran tan pulidos, que hacían las paredes tan juntas…, por encima las cubrían con palos juntos, y encima tierra; y a veces estaban dos o tres casas juntas. Echaban una palma entera por madre… (Abreu Galindo)

 


Testimonios de la literatura viajera


Y la importante visión referencial que nos indica, en su visita a Santa Lucía de Tirajana, la escritora viajera inglesa Olivia Stone a finales del siglo XIX.


El camino era serpenteante y bajaba atravesando las casas pobres que habíamos visto desde el risco que se elevaba sobre ellas. Alcanzamos la parte baja del valle, cuyos lados son empinados y están cubiertos por una buena cantidad de arbustos y palmeras.
    Una mujer está fabricando esteras de palma junto a una casa cerca del agua, trenzando las tiras, con el dorado maíz extendido delante de la puerta secándose al sol.
    (…) Nos encontramos camino de Santa Lucía. El camino cruza ahora el curso del barranco…, sobre nuestras cabezas, se ven racimos dorados de dátiles, las hojas de las palmeras cortadas para permitir que el fruto se madure al sol... Los dátiles de color rojo dorado, dominados por algunos plumones verdes, parecen guirnaldas que coronan las altas y majestuosas palmeras.

 

 

El propio uso del lenguaje popular en la Cuenca de Tirajana


Las cestas pedreras hechas con pírganos o tallos de la hoja de la palmera, que se emplea en diversos menesteres, especialmente en la construcción para el desescombro y acarreo de piedras (Pancho Guerra)

 

Me parece interesante la visión de un visitante defensor y comprometido con el patrimonio natural, desde su acción creativa musical, hasta la implicación a favor del respeto y admiración del hecho natural.

 

Barranco de Tirajana

 


La naturalidad de estos inmensos palmerales hacen que se queden grabados en la mente para siempre, son reflejos de la vida, con los contrastes de los riscos simulando monumentos colgantes enriquecidos con la sobriedad y esbeltez de la palmera canaria, posicionando la ausencia vital del entorno. Estamos ante la riqueza del palmeral asentado en laderas pétreas y soporte de barrancos, que induce a recorrerse con el valor de la cultura del respeto (Luis Morera)

 


Escudo del municipio


En sesión extraordinaria celebrada por el Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana, del 26 de septiembre de 1996, se propone entre otros asuntos:


- El Logotipo, como difusión de la imagen del municipio, imagen que se venía utilizando desde hacía algunos años y había sido aceptada por la población. Es la palmera y la pintadera.


- El Escudo. En la sesión extraordinaria celebrada el 27 de diciembre de 1996 se propone:

 

El Escudo Municipal es un catálogo de valores del Municipio, pero no todos pueden estar representados en él, aunque sí los más importantes y significativos, y creemos que en este aspecto se ha logrado este objetivo, por cuanto se contempla:


- La Tierra como elemento de trabajo y de producción.
- La Palmera como elemento identificativo de la zona alta por sus palmerales y además ya también de la zona de costa.
- La Pintadera como huella: es clara la simbología de nuestro pueblo canario.
- La Corona compuesta fundamentalmente por elementos de las pintaderas.

 

Incluso como circunstancial coincidencia de la propia historia, la Patrona del municipio es Santa Lucía, cuya imagen se representa portando en una mano la bandeja con los ojos y en la otra mano una palma (que desde el punto de vista religioso se denomina la del martirio).

 


Declaración Institucional sobre la Palmera. Ayuntamiento de Santa Lucía


En esta línea de defensa de La Palmera, ya el 26 de marzo de 2004, ante el estado de amenaza y vulnerabilidad tanto por la detección de plagas desplazadas por la importación de palmeras para el uso ornamental, como el bajo grado de regeneración natural, nos sitúa como consecuencia en un estancamiento y envejecimiento de la población vegetal. Así, se aprueba la Declaración por la que se solicita:


- Regulación de la importación de palmáceas, intensificando los controles fitosanitarios.
- Realizar un censo de diagnóstico en los palmerales urbanos y contar con un seguimiento.
- Que se establezcan áreas de seguridad y protección.
- Que en el marco de las prácticas culturales se prohíba el uso de espuelas para acceder a la copa, así como el cepillado de sus estípites.
- Que se apliquen medidas de repoblación forestal que velen por la persistencia de la especie.
- Que se regule la certificación y se incremente la producción de Palmera Canaria.
- Que se impulsen las acciones necesarias para mejorar la formación y seguridad laboral en torno a la gestión, así como para mejorar la socioeconomía de la población ligada a los palmerales silvestres, procurando a la vez la recuperación de los oficios tradicionales.

 

Esta declaración fue firmada por 21 municipios de la Comunidad Autónoma, por el Cabildo de Gran Canaria y por el Gobierno de Canarias.

 

 

Heredad de Aguas de Sardina


Al construirse la Mina del Barranco de Tirajana, en 1745 se acuerdan el reparto y uso de aguas la Heredad de Aldea Blanca y la Heredad de Sardina, dividiéndolas en caudales iguales en El Moral de Samarín. Los de Sardina se comprometían en un año a abonar su parte de los costes de la Mina, que ya había costeado D. Fernando Bruno del Castillo; pero este acuerdo no acabó con los históricos conflictos por la utilización de la poca agua existente, con desvíos y robos de dichas aguas.

 

Reloj de la Heredad de Sardina

 


En 1934 se constituye legalmente la Heredad y pasa a su propiedad gran parte de las fuentes de la cuenca del barranco. Se reconducen las aguas pertenecientes a Sardina hacia la zona del Albercón. Desde aquí parten:


- La Acequia Real que se dirige hacia la costa de Vecindario.
- La Acequia del Lomo o de La Orilla que se dirige hacia Doctoral y Casa Santa.
- La Acequia que pasa por El Estanco, que se dirige hacia las inmediaciones del Cruce de Sardina.
- La Acequia de Las Hoyas que se dirigía hacia La Hoya de la Negra.

 


La última asonada


A raíz de este hecho D. Tomás Sánchez, vecino de Santa Lucía casco, solicita la apertura de una mina. Los herederos de regantes de Sardina sospechan de la intención de desviar las aguas del cauce del barranco y el 7 de septiembre de 1934 se desplazaron unos trescientos labradores que, con picos y palas, destruyeron la obra que habían realizado.

 


Valores Patrimoniales


Ermita de Sardina


Aunque el cronista de Telde D. Pedro Hernández fija la fecha de inicio de la obra en 1699, basándose en la fundación de la capellanía por el militar, hijo de Agüimes, Luis Aguiar. Lo cierto es que se hizo en 1814, gracias a las limosnas reunidas por el vecino Antonio Ruano. Fue bendecida por D. José Urquía, siendo nombrado como mayordomo el propio Antonio Ruano. En 1882 la ermita sufre una reforma. En octubre de 1915 se le concedió la categoría de parroquia, siendo el primer párroco D. Policarpo Báez.

 


 


Bienes de Interés Cultural (BIC)


La Fortaleza de Ansite. Categoría Zona Arqueológica.


Este yacimiento arqueológico fue declarado Monumento Histórico Artístico desde 1953. El actual objetivo del Ayuntamiento y del Cabildo es el de rehabilitarlo y acondicionarlo para su uso como centro de interpretación.

 

 


Es un complejo arqueológico que contiene cuevas naturales y artificiales, utilizadas unas como hábitat y otras como enterramientos. En la parte superior de la estructura rocosa aún existen pinturas, grabados, silos y un almogarén.

 


Salinas de Tenefé. El 26 de Abril de 2005. Categoría Sitio Etnológico.


El complejo etnográfico de las Salinas de Tenefé se ubica en el municipio de Santa Lucía, en la llamada Punta del Tenefé (en el litoral de Pozo Izquierdo). En la actualidad son el ejemplo mejor conservado de salinas sobre barro en Gran Canaria. Se emplaza sobre un suelo de conglomerados y arenas fluviales, ocupando una superficie útil de 20.000 metros aproximadamente.

 

 


Fueron construidas a finales del siglo XVIII, siendo su objetivo la venta de sal a los barcos de pesca y al consumo insular. Originariamente, estas salinas disponían de tres molinos de viento que bombeaban el agua hasta la zona alta. Estos ingenios del viento sirvieron para que estas salinas se conocieran también como Las Salinas de los Tres Molinos.


Las Salinas de Tenefé han sido adquiridas por el Ayuntamiento de Santa Lucía, actual propietario, que las mantiene en explotación mediante un contrato de renta con el actual salinero. La propiedad pública de las salinas constituye una garantía para su conservación y mejora.


Son muchas las referencias históricas como la siguiente. En 1774 se construyó la Casa de La Sal en Juan Grande, lugar cercano a las Salinas de Tenefé, que pertenecía al Cabildo Catedral: era el sitio donde guardaban los diezmos que cobraban en sal.


Actualmente la producción de sal en las Salinas de Tenefé es de las más elevadas del Archipiélago.

 


Molino de aceite del Valle. El 12 de Junio 2007. Categoría Sitio Etnológico.

 

 


Situado en el casco de Santa Lucía, en el interior de un edificio de gran interés histórico y etnográfico, construcción rectangular de piedras ripiadas, barro y sillares de cantería, techumbre a dos aguas, de teja árabe sobre tilla, piso empedrado y puertas y ventanas de madera; siendo el mejor que se conserva de este tipo de ingeniería en la isla, en el que se ejercían actividades industriales de tipo tradicional, y en el que se conserva la pila, la noria movida por tracción animal, o en su caso por el hombre, cerones de palma, para las queseras de piedra y dos enormes prensas.


Es propiedad de D. Benjamín Sánchez Araña.

 

 

Grabados rupestres de la Era del Cardón. El 3 de Febrero de 2009. Categoría Zona Arqueológica.


Este espacio rupestre se encuentra en el margen izquierdo del Barranco del Inciencial, en el conocido Lomo de Las Casillas, localizado sobre una colada lávica. Están ubicados en el entorno de un conjunto de cuevas naturales y artificiales de filiación aborigen, y reutilizadas para encierro del ganado. Los grabados tienen factura aborigen con figuraciones antropomorfas y alfabéticas, con técnicas de incisión superficial.
 

 

 

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