Revista nº 906
ISSN 1885-6039

Juan, Cristóbal, Pepe y Camilo, herreros (III): mi tío Pepe.

Domingo, 11 de Enero de 2009
Juan Eugenio García del Pino
Publicado en el número 243

Mi tío Pepe, Pepe El Herrero (1911), cómo se crecía en la forja: ¡Oh, aquello había que verlo! Los materiales se sacan de los sitios más dispares, raíles, chasis de camiones, ballestas… Todo el material es trabajable, unos cogen temple mejor que otros. Todos pasan de ser un cacho de hierro a ser algo útil: un cuchillo, un sacho, una barrena, un pico, un plantón, una poóna, un regatón, un lo que fuera.


Mi tío Pepe, Pepe El Herrero (1911-1989), cómo se crecía en la forja: ¡Oh, aquello había que verlo! Los materiales se sacan de los sitios más dispares, raíles, chasis de camiones, ballestas… Todo el material43 es trabajable, unos cogen temple mejor que otros44. Todos pasan de ser un cacho de hierro a ser algo útil: un cuchillo, un sacho, una barrena, un pico, un plantón45, una poóna46, un regatón, un lo que fuera. La forja de las piezas grandes es impresionante: se juntan los hombres, el fuego, el hierro, el humo, el yunque, el ruido, los martillos. El ambiente es oscuro y se ve con claridad el color del hierro cuando sale de la fragua de Pepe, hombre poderoso, fuerte, de brazos redondos, robustos, dirige con autoridad el proceso. Allí está
 Mi tío Pepe.
n mi tío Pepe, el Herrero; sus amigos Sendo47 y Pepe El Cortante48; algún voluntario más alguna vez ya que se aprovecha a todo hombre que esté en la herrería dispuesto a dar macho. Pepe, con la tenaza, saca de la fragua la pieza al rojo y la mantiene sobre el yunque. Todos los hombres están alrededor, cada uno con una mandarria, él con el martillo de mano marca el ritmo con un repiqueteo cantarino49 y los demás dan los tremendos martillazos con las mandarrias que pesan 4, 5 ó 6 kilos por riguroso orden, en su momento justo, con cadencia musical, perfecta. Oyes los jipíos que les salen del pecho por el esfuerzo y el atronador ruido de los martillos, el canto del yunque y el quejido de la pieza. El hierro al rojo ilumina a los hombres desde abajo, engrandeciéndolos, y cambia de forma a capricho del herrero que con la tenaza mueve la pieza para que los golpes, ciegos, den donde él quiere. Las chispas saltan disparadas de la pieza en todas las direcciones con grandes parábolas, como las hojas de una palmera de largos pílganos. Y del yunque a la fragua para caldearlo otra vez. Camilo pedalea sentado en una banqueta, el fuego ruge. Los hombres descansan, hablan, fuman, hasta que saca de nuevo la pieza de la fragua al yunque y sigue el proceso hasta acabar la pieza en bruto. Después, solo, con parsimonia da el toque del maestro. Todos nosotros mirando y él concentrado, preciso. El yunque canta alegre con los últimos golpes de su martillo de bola. Primoroso su trabajo de forja, un virtuoso. La creación de la forma nueva, la magia de la forja. Al terminar echa la pieza al suelo, al lado del yunque. Todos los herreros hacen lo mismo. De allí se coge más tarde, fría, con el color azulgris de la forja. Se termina a lima y se templa. Después se le da un calentón y con una brocha de pelos rizados, de usarla en las piezas calientes, se unta con un líquido negro que hay en una lata. Sale muchísimo humo de un olor raro, penetrante. La pieza queda de un color negro uniforme, apagado.50



Poónas y pooncilla para desmanillar, del taller de Ñoño



Regatones de Carlos, terminados por mí: lima, lija, bruñido, temple, pavón (FotoQuevedo)



Cuando yo era chico me hizo una raspadera51, allí, delante de mí y yo asombrado viendo cómo cambiaba de forma el hierro al rojo con sus martillazos. Era chica, para mi tamaño. Me duró poco, me la quitaron unos muchachos de Rojas en el Boquerón a los pocos días. Cuando se enteró no le hizo mucha gracia.



Sacho y raspadera, del taller de Ñoño



Su pasión eran los animales, todos. Los de utilidad y los deportivos. Vi preparar gallos de pelea: cortarles la cresta, ponerles espolones; cortar las orejas a los perros que andaban por allí. ¡Qué perro el presa de Sendo! Fati, una leyenda; un perro grande, juguetón, noble, fiero. Yo lo conocí en la herrería de la plaza, jugaba con él.

Me dice Clemente Reyes: Te voy a contar la historia de Fati como me la contaron a mí, mi abuelo, Panchito Saavedra y Luis Barrera. Mi abuelo, Juan Santana Flores, fue durante toda su vida el encargado de Los Romero. Él atendía a los perros de presa que tenían para guarda en su finca de Los Llanitos. Mi madre, Ángela, y mi tío Milán, de jóvenes jugaban con ellos. Entre ellos, Gilda, una preciosa perra de presa de color bayo, la preferida de la familia. Mi madre me cuenta que con los latigazos de la cola desplazaba a una persona52. De Gilda tuvieron varias camadas. Mi abuelo recordaba vagamente las referencias de los perros con los que la cruzaron. Citaba un perro de presa de la Casa Bacom53 y un boxer de pura raza que alguien trajo a Gáldar. De los muchos cachorros uno fue Fati. Creció de una forma colosal. Varios peleadores se interesaron por él. Fue a parar a manos de D. Juan Aguiar y de ellas a Rosendo. Me cuenta Panchito Saavedra, eterno oponente de Fati con su perro Nerón, que el perro andaba suelto noblemente sin que nadie tuviera problemas con él. Jugaba con los niños, le hacían perrerías y se montaban en su lomo sin que el perro se molestase lo más mínimo. ¡Qué nobleza la de aquel animal! Me contaba que Sendo no tenía ni idea de perros ni de peleas. Decía que su asesor era un herrero de Guía. Fati peleó con muchos perros. Los arrollaba sin problemas. Fue tan grande su aureola que todos los peleadores querían medirse con él.



Fati y Nerón en el estadio de Barrial (Propietario de la foto: Clemente Reyes)



Mi primo Paco vio esta pelea. Dice que fue la última que vio de Fati. Que Nerón era un perro poderoso, pero: ¿Quién podía con el de Sendo, un perro de más de 70 kilos? Dice que después de estar los perros ya un rato, Nerón se dejo caer al suelo, como una persona, como diciendo: si quieres mátame, haz lo que quieras, yo no puedo más. Y que Fati lo movía con la pata y lo olía sin saber qué pasaba y el otro perro quieto, renunciando. Dice que fue la última pelea que vio; que se le acabaron los rivales a Fati y la cosa perdió interés.

Sigue diciendo Clemente Reyes: Mi amigo Luis Barreras, veterano peleador de Las Palmas ya fallecido, lo enfrentó a su perro Ligero, muy inferior en talla y peso. Para evitar el tremendo cabe de Fati, que pocos perros aguantaban ya que siempre caían debajo y desde esa posición era casi imposible que pudieran levantarse, colocó al suyo en un alto del terreno, a escasa distancia, de modo que la pendiente favoreciera al más bajo y que el espacio no diera la ventaja al más pesado. No sirvió de nada, al primer choque puso a Ligero debajo. No lo dejó levantarse en toda la pelea. Al final celebraron una gran fiesta, con mucha gente, se sirvió ron y huevos duros. Luis recuerda a Rosendo como un hombre de dinero.

Me cuenta mi primo Paco, con la pasión y devoción que luce cuando habla de ese perro que parte del entrenamiento era correr detrás del caballo de Jacinto Quesada, el de Matas Blancas, que Sendo y Pepe se tiraban una goma y que el perro saltando en medio sin descanso intentaba cogerla; que él vio todas las peleas de Fati; que era el campeón de la isla; que no hubo perro que lo pusiera en el suelo con las patas para arriba; que Pancho y Víctor Saavedra andaban buscando por toda la isla perros que echarle.

Me contó, y la rabia le salía por la boca cuando lo dijo, que en una ocasión unos señores de Las Palmas trajeron a Las Tres Cruces, o a Montaña Alta, o no se acuerda a dónde, un perro que peleaba de cabe; que el dueño lo soltó cuando estaba a diez metros y que ese perro vino corriendo, que Fati le fue. Que el otro le dio un cabe y le rompió un colmillo y algo más. Que como no consiguió tirarlo con el empellón empezó a correr, huyendo entre los escobones y Fati detrás de él, como borracho; sigue contando que su dueño lo cogió, lo ató y se lo llevó, callado, por cómo lo dice.



Esta foto es de una de esas andanzas en Los Arbejales. Corría el año 1957. Los mandó llamar Manolito para que fueran a una jincá54. Como siempre fueron en el coche de Pedro. Llevaron música para la fiesta. De izquierda a derecha: Pepe, Juan Aguiar, Juan Dávila, Sendo, Juan Payoyo; Ramón el de Baldomera, el del callejón, el dueño de ese perro, Pepe El Cortante, Pedro y mi primo Paco, el que me contó todas esas cosas de Fati.



Dice Manolo Moreno que le contó Pepe que cuando Fati ganaba una pelea, Sendo y él lo paseaban por las calles de Guía con condecoraciones y medallas. Carlos, mi sobrino, dice que Ñoño, su padre, mi primo, le contó que le había contado Mastro Juan, su padre, mi tío55, que cuando el perro perdió el colmillo, en los siguientes entrenamientos le educaban a morder por la parte que le quedaba la presa con ¡No! cuando mordía por donde le faltaba.

Viejas historias de Fati, un perro metido en la leyenda.

Pepe tenía cochinos en el barranco donde lo de Rafael Jiménez. Los alimentaba con fregaduras56 que le daban los Talaveras y más gente, no sé... Sí sé que cuando unos delincuentes desalmados mataron a los animalitos, a palos, le dieron a Pepe el golpe de gracia. Su hermano Cristóbal, mi padre, le hizo el cuchillo que usó durante toda su vida. Un día antes de morir mandó llamar a su amigo Pepe El Cortante y se lo regaló57. Antes había mandado a su sobrino Ñoño a ponerle hoja nueva.



Este es el cuchillo. Un magnífico cabo: a la pieza central no le caben más flores de tres pétalos, cada uno de un color distinto, enramadas, con muchos tallos, con hojas de plata; dos piezas más con flores de seis pétalos con variaciones en las combinaciones de color; seis dameros; cuatro finas piezas de rombos. La nueva hoja, bonita, está incólume. Su hijo Paco Sánchez es ahora su propietario



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43 Material, entre los herreros, es cualquier metal que se pueda trabajar.
44 Falsamente se piensa que el canto de un acero se debe a la calidad del material o a la dureza o elasticidad del temple.
45 Herramienta de agricultor con punta de acero y mango en L, se usa para hacer un hoyo en la tierra y plantar las semillas.
46 Herramienta de corte con mango del mismo material, larga, curva en la punta, con el filo por dentro, que se usa para cortar el
racimo y las hojas de la platanera.
47 Rosendo Mendoza Vega.
48 José Sánchez Espino.
49 Ese sonido de yunque que animó a un hijo del pueblo a la creación de la voz metálica.
50 Mi primo Paco, el segundo de los hijos de Juan, me dice que él y su hermano Chanche usaban este producto para pavonar algunas piezas. Dice que era espeso, que se licuaba con el calor de la fragua, que ellos le decían chapapote. Se vendía enlatado en ferreterías.
51 Sacho pequeño, dedicado a labores más precisas.
52 Quizá exageraba algo.
53 Debe de ser un almacén de empaquetado de plátanos de alguna casa británica.
(Notas 52 y 53, de Clemente Reyes).
54 Pelea amistosa que acaba en fiesta.
55 Gran aficionado que legó su ardor a su descendencia.
56 Sobras, desechos.
57 Paco Sánchez, su hijo, habla de las circunstancias del regalo, yo de la historia del cuchillo.



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Comentarios
Sábado, 07 de Marzo de 2009 a las 23:03 pm - hominternauta

#02 Sr. defensor: Hoy son prohibidas las peleas de perros, pero no es prohibido publicar fotos de las peleas que hubo antaño, como tampoco de otros hechos que ocurrían y ocurren aunque no nos gusten.

Martes, 13 de Enero de 2009 a las 15:16 pm - un defensor a ultanza de los animales

#01 quite esas fotos de perros peleandose estamos en el siglo XXI parece que no se ha enterado VD. parece mentira que sea de Guia de Gran Canaria, ya esta bien de violencia por favor, no haga gala de ese mal ni las personas ni los animales hayque enfrentarlos hombre ya esta bien