Revista nº 818
ISSN 1885-6039

Las varas del guayero

Miércoles, 06 de Mayo de 2009
Manuel J. Lorenzo Perera
Publicado en el número 260

Todas las personas que trabajan o han trabajado con ganado vacuno, conocen perfectamente la utilidad de las varas (es como el volante del coche o el manillar de la bicicleta), sin ellas no se puede conducir al ganado.



Para elaborar este artículo hemos contado con la sabia opinión de don Luis Hernández López, 66 años; don Domingo Marrero Torres, 58 años; don Pedro Molina Ramos, 44 años; doña Victoria Regalado del Rosario, 69 años; don Juan Antonio Rodríguez Martín, 76 años; don Cipriano Alejo Marrero Pérez, 48 años, y don Telesforo Rodríguez Pérez, 61 años.

Las varas
Existen dos clase de varas fundamentales: la de mano y la de rejada, cada una de ellas con un uso diferente.

Varas de mano
No se puede hablar de una misma medida en este tipo de varas, pues deben ser de la altura de la persona que la lleve: “que le llegue por la cabeza para no clavarse el aguijón”, y no suelen superar los dos centímetros de diámetro.

La variedad de colores corresponde, principalmente, al tipo de madera de la que esté elaborada.

Forma de hacerla
El palo que se vaya a utilizar siempre es mejor cortarlo en menguante: “pa que no se estalle”; en opinión de los guayeros, la mejor madera es la de membrillero por ser ligera y fuerte, aunque hay quienes opinan que es “por más lujo” porque su color, después de curada, es más atractivo: “esa es la que llevaban a las romerías, ferias... pa presumir porque pal trabajo usaban la de afollado o acebiño (...)”.

Existen otras maderas igualmente apreciadas para la realización de este tipo de vara, como las de almendrero, “cirgüelero”...

Una vez secas, limpias de nudos y enderezadas, se procede a su tratamiento: “si la vara no está derecha se prensa (...) se pone entre dos vigas de madera y se sujeta con una cadena pa que queda prensada, así se deja unos cuantos días y queda derecha”.

Cuando el palo tiene corteza, como es el caso del membrillero, el procedimiento es el siguiente: se quema pasándola por encima de una hoguera con el objeto de que la cáscara se despegue y, posteriormente, se procede a limpiarla pasándole un trozo de saco o cualquier otro tejido que evite quemarse las manos.

A continuación, se hace una mezcla a base de cal común y vinagre: “antiguamente se mezclaba la cal con orines de los animales o de personas”. La mezcla debe quedarse pastosa para poder untar la vara; así permanecerá durante dos o tres días, hasta que se seque. Pasado este proceso, se limpia con un trapo y se unta de aceite (de cualquier tipo). Con todo ello se consigue la maduración y color de la vara.

Otra modalidad usada para quitarle la cáscara era: “enterrándola en estiércol, pero bien ardiendo, porque si no, no la quema; la de cirgüelero y almendrero no se pela, se deja secar al sol pa que coja color y después dé el aceite”.

A continuación, se le coloca el casquillo, el aguijón y la zapata. El casquillo es el trozo de metal que cubre la punta de la vara: “antes se hacía con las balas de los mosquetones, las metíamos dentro de un botador y con un martillo se le iba dando la forma para encajarla a la vara. Todo era trabajo artesanal”. El aguijón, de acero, debe estar clavado a la madera, “ahora ya vienen hechos, pero se hacían con clavos de herreros, eran cuadrados, como los de herrar, porque eran más acerados; si se hace con un clavo dulce, cría (se puede infectar la herida) a la vaca si la pinchas”.

Una vez terminado este proceso se coloca la zapata, “un pedacito de goma, de rueda o alpargata, queda mejor calzado y es más bonita”.



Usos
Las varas de mano eran también conocidas como: “varas de carreta o de trillar” porque son sus usos más habituales.

Las vacas conocían la vara, mi padre la cogía en la mano y ellas salían caminando atrás del; si él la dejaba quieta en una pared o apoyada en el yugo, ellas se paraban; él no hacía sino coger la vara y caminar y las vacas trasponían atrás”.

Realmente son la guía del ganado, su uso está relacionado con “tocar a las vacas, no pincharlas”, aunque la sensibilidad del animal conoce si la vara lleva o no el aguijón: “si estaban trabajando y se le caía el aguijón, ellas se daban cuenta enseguida y costaba más pa trabajar con ellas”.

Vara rejada
Las varas utilizadas y el tratamiento de las mismas es exactamente igual al que hemos descrito para las de mano, pero son bastante más largas; su longitud supera los 2,50 metros, y el diámetro va de mayor a menor, de unos 4cm en el extremo donde se coloca la rejada, el inferior, de unos 2cm en el extremo del aguijón.



Se conoce con el nombre de rejada a la pala que lleva en el extremo más ancho: “antes la hacían los herreros, hoy se puede comprar hecha”.



Uso
Esta es la vara que se emplea para trabajar con las vacas en el campo; tiene una doble función: tocar las vacas con el aguijón y limpiar la reja del arado con la pala cuando ésta se embarra.

La forma de usarla es como nuestra la imagen, una mano va en la rabiza del arado y la otra lleva la vara cogida en las proximidades de la pala, para poder tocar a los animales con el aguijón.



Este artículo ha sido previamente publicado en el número 14 de la Revista El Baleo, editada por la Sociedad Cooperativa del Campo La Candelaria, en marzo de 2004.
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