Revista n.º 1044 / ISSN 1885-6039

La Isla de los Bordados.

Sábado, 10 de octubre de 2009
BinterCanarias (nº 59)
Publicado en el n.º 282

Tela, bastidor, aguja e hilo. Es lo único que hace falta. Eso y la destreza de unas manos expertas. El bordado está presente en todo el archipiélago, pero hay una isla en la que se convirtió en seña de identidad. No hay duda de que La Palma es la Isla del Bordado.

Detalle de un bordado palmero con el motivo de una flor.

 

 

Utensilios para la labor artesanal del bordado.

 

   

El establecimiento de comerciantes europeos hizo de La Palma la isla del Archipiélago más culta y abierta a todo tipo de influencias. Toda la cultura palmera manifestó esta huella, pero la influencia también llegó a los sectores más humildes, a la artesanía, a la confección de vestimenta tradicional y a su ornamentación. El borde, como conocen popularmente los palmeros al bordado, es un ejemplo de ello.

 

Los trajes típicos no fueron las únicas prendas que recibían estas pequeñas joyas de la precisión artesana. Manteles, ornamentos sacros, ajuares... Y es que el borde ha significado una importante fuente de ingresos para las familias más humildes y actualmente es el sector artesano más productivo. La Península Ibérica y Gran Bretaña son dos de los principales receptores de bordados palmeros aún hoy.

  

 

Las bordadoras.

 

En 1945, según señalaba en su momento el estudioso palmero Félix Poggio, más de 20.000 mujeres (de una población total en la isla de unos 60.000 mil habitantes) se dedicaban a esta labor, aunque no puede decirse, ni mucho menos, que fueran bordadoras profesionales, porque del borde exclusivamente nunca se ha podido vivir. El bordado, más que ninguna otra labor artesanal, es un oficio cotidiano, realizado en los huecos que dejan las tareas diarias de la casa.

 

El Cabido de La Palma, intentando preservar una de estas tradiciones artesanas más identificativas de la Isla, creó en los años 90 un fondo documental de bordados. En él, se conservan los patrones de bordados que han existido en la historia de la actividad artesana. También, se han llevado a cabo jornadas de reciclaje, intercambio de experiencias entre diferentes bordadoras que ha permitido recuperar algunas técnicas que se habían abandonado.

 

 

Tipos.

 

Tres tipos de punto (el rechi, el realce y el punto perdido) hay que destacar en el bordado palmero, cuyos motivos más frecuentes son los paisajes y las flores. Hay muchos más, como el punto atrás, de ladrillo, de trigo, de nudo, presilla, de espiga, etc. El punto más peculiar es el richelieu -conocido como rechi-, que se realiza sobre tela blanca o beige, caracterizándose por sus presillas unidas entre sí por otra presilla en el aire que, una vez recortada la pieza, le proporciona una elegancia inconfundible, propia de las cortes europeas del Barroco.

 

En el realce se bordan motivos en relieve, con puntos derechos u oblicuos perpendiculares a los puntos de relleno; se emplean en el bordado de flores, hojas e iniciales. Los hilos usados son de colores y matizados.

 

El punto perdido se hace a base de puntadas superpuestas que producen distintos matizados por la intensidad de los colores del hilo. Los motivos suelen ser florales.

 

 

 

El proceso.

 

Es importante elegir el bastidor adecuado para la pieza que se va a realizar. También es importante la preparación de los hilos, ya que es indispensable no usar hebras muy largas, y tampoco tensar mucho el hilo cuando se está bordando. Tras montar la tela en el bastidor y tener preparados los hilos, se comienza la labor de bordado en sí. Se suele empezar dibujando sobre el papel el motivo ornamental elegido. Después, se corta la tela según el tamaño de la pieza que se va a bordar y se estampa. Estos tres primeros pasos los realzan las artesanas en la faceta más tradicional o la gente que encarga el bordado, y distribuye el material entre las bordadoras en la faceta más “industrializada” de la labor.

 

 

Fotos: Fernando García

 

 

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