Revista n.º 1048 / ISSN 1885-6039

La Historia del Pueblo Guanche. Juan Bethencourt Alfonso.

Domingo, 4 de enero de 2009
Irma Mora
Publicado en el n.º 242

Como ya adelantamos anteriormente, lo que marca la diferencia de Juan Bethencourt Alfonso frente a otros antiguos y actuales estudiosos e historiadores es su empleo y revalorización de la tradición oral. Nuestro investigador nació y se crió en un pueblo de Canarias de finales de siglo XIX, donde la oralidad jugaba un papel fundamental en la transmisión del conocimiento y, por supuesto, de la Historia. El estudioso entiende la oralidad como algo propio y fundamental de su sociedad. Se podría decir que Juan Bethencourt Alfonso es un investigador que nace del pueblo y escribe de y para su pueblo. A pesar de su posición acomodada y de estar inmerso en las corrientes de pensamiento científico europeas, Juan Bethencourt Alfonso escribe desde dentro de la sociedad a la que pertenece, dando el respeto que merece a la memoria del campesinado canario.

Portada de La Historia del Pueblo Guanche, de Bethencourt Alfonso.


La boca del anciano huele mal, pero dice cosas buenas y saludables

Proverbio burkinés


A pesar de su importancia para el conocimiento de la historia de nuestro pueblo, la obra de Juan Bethencourt Alfonso no ha recibido la valoración que merece. Juan Bethencourt Alfonso fue un médico de ideas liberales nacido en 1847 en San Miguel de Abona (Tenerife) en el seno de una familia acomodada. Dada su condición económica, nuestro autor estudió el bachillerato en el único centro del archipiélago, el Instituto de Canarias -actual Instituto Cabrera Pinto- y Medicina en la Universidad de Madrid.

La inquietud de este hombre se plasmó en su polifacética vida. Juan Bethencourt Alfonso se adentra en el mundo de la política por sus ideas liberales. Sin embargo, al cabo de poco tiempo la abandona desilusionado, lanzando duras críticas al sistema caciquil imperante en Canarias.

Estas ansias de conocimiento llevan al médico a especializarse en la Historia Natural y la Antropología bajo la perspectiva del darwinismo. Dentro de esta línea de investigación, el tinerfeño publicó Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte, Materiales para el Folklore Canario y La Historia del Pueblo Guanche.

Aunque en 1978 el Cabildo de Tenerife publicó su primera obra, los intentos por editar La Historia del Pueblo Guanche fueron siempre infructuosos. Su obra cumbre fue -y aun hoy en día sigue siendo- polémica por resaltar la pervivencia cultural y humana del pueblo guanche y por su apoyatura en la tradición oral.

A pesar de su relativa antigüedad, Juan Bethencourt Alfonso emplea un método científico y directo que ya quisieran para sí muchos investigadores actuales. Aunque nuestro historiador destaca por el uso de las fuentes orales, Bethencourt también se remite al documento escrito. Son numerosos los archivos que el estudioso visitó y muchos de ellos han desaparecido por causa de devastadores incendios. Además de la fuente escrita, el activo investigador promovió cuantiosas excavaciones arqueológicas, realizó un meticuloso inventario del desaparecido Museo Casilda (Tacoronte) y fundó el Museo del Gabinete Científico (origen del actual Museo de la Naturaleza y el Hombre).

Como ya adelantamos anteriormente, lo que marca la diferencia de Juan Bethencourt Alfonso frente a otros antiguos y actuales estudiosos e historiadores es su empleo y revalorización de la tradición oral. Nuestro investigador nació y se crió en un pueblo de Canarias de finales de siglo XIX, donde la oralidad jugaba un papel fundamental en la transmisión del conocimiento y, por supuesto, de la Historia. El estudioso entiende la oralidad como algo propio y fundamental de su sociedad. Se podría decir que Juan Bethencourt Alfonso es un investigador que nace del pueblo y escribe de y para su pueblo. A pesar de su posición acomodada y de estar inmerso en las corrientes de pensamiento científico europeas, Juan Bethencourt Alfonso escribe desde dentro de la sociedad a la que pertenece, dando el respeto que merece a la memoria del campesinado canario.

Por otro lado, el sanmiguelero rompe con la tradición romántica representada por el “buen salvaje” de José Viera y Clavijo. El sentido crítico de Juan Bethencourt Alfonso se plasma en su visión de los guanches como seres humanos normales con sus vicios y virtudes, no como una “raza” inocente desconocedora del mal. Esta visión de los guanches quizás se deba a la identificación histórica de Bethencourt con el pueblo guanche.


La historiografía canaria y la tradición oral.

Tradicionalmente, la historiografía canaria desecha la tradición oral como fuente para el conocimiento de la historia. La historiografía actual niega la cientificidad de la oralidad, otorgándole esta cualidad exclusivamente a las fuentes escritas y arqueológicas. Sin lugar a dudas, estamos ante un patrón de estudio eurocentrista más propio del rancio pensamiento colonialista que de la ciencia moderna.

Por otro lado, esta baja estima hacia la oralidad se debe a que tradicionalmente la historiografía canaria no termina de asumir la continuidad y supervivencia del pueblo guanche tras la conquista. No importa la tradición oral, porque “nuestros antepasados nada tienen que ver con aquellos pueblos bárbaros y prehistóricos que habitaban en las islas antes de la llegada de los europeos y de su historia”. Muchos historiadores de nuestras islas optan por alejarse de su bagaje cultural canario -si lo hubiera-, para acercarse más a la postura del historiador europeo, ajeno a la realidad antropológica e histórica estudiada. Una muestra de este constante rechazo a lo canario es atribuir a cualquier costumbre o tradición popular un origen europeo, muchas veces sin citar datos fehacientes, sino por mera intuición o parecer del investigador.

En la única edición existente que hay de La Historia del Pueblo Guanche, nos llama poderosamente la atención la cantidad de anotaciones realizadas por el historiador actual Manuel A. Fariña González, muchas de ellas hechas a las notas de Juan Bethencourt Alfonso. Aunque se agradece la buena intención del historiador actual, muchas veces más que aclarar los contenidos de esta gran obra, las anotaciones desvían la atención del lector de los argumentos de Bethencourt Alfonso. Por otra parte, el profesor Manuel A. Fariña no parece valorar de igual manera el papel historiográfico de la tradición oral que Juan Bethencourt y Manuel J. Lorenzo Perera, este último prologuista del libro, además de historiador y etnólogo. En muchas de sus anotaciones, Manuel A. Fariña cuestiona excesivamente la veracidad de las fuentes orales de Bethencourt Alfonso por no tener la supuesta contundencia testimonial del documento escrito. Además, el profesor insiste en el término Prehistoria para denominar a la historia canaria anterior a la conquista castellana (inicios de la Edad Moderna europea), y en el desconocimiento de los guanches de ciertas tecnologías y saberes.

La investigación actual debe desechar ya de una vez esos prejuicios hacia nuestra historia, si es que pretende obtener conclusiones científicas y veraces. Es primordial revisar, desechar y cambiar algunos términos y conceptos: asumir que la “prehistoria” de Canarias como tal no existe, nuestra “prehistoria” es la del continente africano. La Historia precolonial de Canarias no puede seguir siendo estudiada fuera de su tiempo y espacio. De poco sirve conocer las evidencias arqueológicas y los documentos escritos, si no nos ayudamos de la oralidad y de la comparación etnográfica con el resto del ámbito cultural amazigh.

Los historiadores sabemos que para entender el pasado, cualquier fuente debe ser mirada con lupa, con sentido crítico. El documento escrito no tiene por qué ser mejor que la oralidad, porque como dijo Joseph Ki-Zerbo (historiador africanista de Burkina Faso) “bajo su aparente neutralidad objetiva, los documentos de archivo ocultan tantas mentiras por omisión y revisten el error de respetabilidad”.

El documento de archivo está escrito por el pensamiento del vencedor, por el europeo -o por el canario europeizado-. No obstante, en las sociedades ágrafas, como la canaria (no olvidemos que hasta hace poco sólo las élites sociales sabían leer y escribir) los conocimientos y la memoria se transmitían de padres a hijos de forma oral.


La Historia del Pueblo Guanche.

Centrándonos en La Historia de Pueblo Guanche, en el primer tomo dedicado a las características etnológicas, históricas y lingüísticas, los lectores podemos advertir las tendencias difusionistas de la investigación de finales del siglo XIX. El autor que ha estudiado la antropología y la arqueología de los antiguos canarios, y menor medida los aspectos lingüísticos, observa paralelismos con los pueblos bereberes del vecino continente (sobre todo con el achelhi en el plano lingüístico). Sin embargo, a su vez Bethencourt Alfonso relaciona el norte de África, incluido nuestro archipiélago, con los pueblos celtíberos de la Península Ibérica. Fruto del colonialismo español en el norte del continente africano, nació en esta época la idea de un antiguo imperio íbero-libio o Íbero-mauritano. Aunque en la actualidad, la investigación histórica defiende un origen autóctono para el pueblo íbero y para el bereber (amazigh), no deja de ser interesante la lectura de las teorías difusionistas para el estudio del pensamiento colonialista europeo.

El segundo tomo es quizás el más polémico, y para muchos, el más interesante de todos. En este libro se trata la etnografía y la organización socio-política del pueblo guanche (amazigh de Tenerife). En este apartado, es donde Bethencourt Alfonso se apoya más en la oralidad y en las numerosas evidencias arqueológicas por él estudiadas. En su manuscrito, Bethencourt acompaña sus explicaciones con detallados dibujos de los restos arqueológicos (momias e indumentaria de los guanches, etc.) , así como con mapas y planos (división política de Tenerife).

Finalmente, el tercer tomo, esta dedicado a la Conquista de las Islas Canarias. Bethencourt Alfonso nos ofrece principalmente una narración minuciosa de la invasión castellana de Tenerife, de las relaciones políticas entre los menceyatos -divisiones territoriales guanches- de la islas de las batallas entre conquistadores e isleños y de la posterior resistencia y pervivencia del pueblo guanche.

Para la desgracia de Juan Bethencourt Alfonso y del pueblo canario, nuestro historiador no fue ni es profeta en su tierra. Aunque Bethencourt murió en 1913, La Historia del Pueblo Guanche se acabó publicando en 1978, después de muchos esfuerzos y gracias a la ayuda económica del editor Francisco González Lemus. Durante ese largo periodo de tiempo los manuscritos de Juan Bethencourt Alfonso permanecieron ocultos al pueblo canario.


Irma Mora historiadora y militante de la Asociación Cultural Ossinissa.


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