Revista nº 792
ISSN 1885-6039

El cultivo del lino.

Viernes, 27 de Agosto de 2010
Guía de Artesanía Tenerife
Publicado en el número 328

El lino era también conocido por las numerosas propiedades que se le atribuían; entre ellas, la de proporcionar tinta negra para la seda, aceite para pintura, pasta para vidrieras y muchos productos más.

 

El lino (Linum usitatissimum) se cultivó en Tenerife. Introducido algo más tarde que la lana, según afirma el especialista Juan de la Cruz en Textiles e indumentarias de Tenerife, se trata de una de las fibras más antiguas conocidas, utilizada en Egipto, Asiría y Mesopotamia. Los lienzos egipcios alcanzaron una perfección inusitada y se empleaban en la indumentaria de las castas sacerdotales y en los ceremoniales fúnebres. Se llegaron a exportar a India, Persia y hasta Grecia y Roma, creando a su costa una importante vía de comunicación entre los pueblos antiguos. Así Plinio el Viejo escribió: Una maravilla que me llama la atención es que esta planta (el lino) que aproxima a Egipto, Grecia y Roma, sirviendo para establecer comunicaciones entre las diferentes partes del mundo, sea producida por una semilla tan pequeña...1

 

El lino es un cultivo que necesita de cierta humedad, por lo que la zona Norte, en especial algunos municipios como La Orotava y Santa Úrsula, se benefició de él. El siglo XVIII conoció un gran auge textil, surgiendo varias manufacturas de paños de lino en La Laguna y en Santa Cruz de Tenerife. Su proceso y cultivo fue regulado por las ordenanzas. En el Título XIII de las anteriormente citadas se dan directrices para el enriado, que ha de ser en agua dulce y limpia, en lugar no prohibido por las ordenanzas. Se detallan los sitios donde no se podía efectuar esta técnica, que consiste en poner en remojo durante un tiempo la fibra para separarla del resto, y que, al parecer, resulta tóxica para el ganado. También se especifica que lo espaden, rastrillen e hilen parejo, para que el lienzo salga todo igual2.

 

Al enriado y posterior tejido del lino seguía otro proceso: el abatanado, o bataneado de los lienzos. Se golpeaban para ablandarlos mediante un ingenio de madera, el batán, provisto de una rueda impulsada por medio de una corriente hidráulica que ponía en movimiento unos grandes mazos, también de madera, que batían con fuerza el tejido expuesto sobre un pilón.

 

El lino era también conocido por las numerosas propiedades que se le atribuían; entre ellas, la de proporcionar tinta negra para la seda, aceite para pintura, pasta para vidrieras y muchos productos más.

 

Pero a comienzos del siglo XIX la industria que se generó en torno al lino descendió considerablemente, debido a la importación de tejidos manufacturados que procedían en especial de los Países Bajos, y resultaban mucho más competitivos. Su cultivo se sustituyó por el del millo, o maíz, y el de las papas, necesarios para abastecer a una población cada vez mayor, al tiempo que se incrementó la producción de algodón, introducido en la isla durante el siglo XVIII. Hubo un tejedor muy popular en Taganana, Lorenzo Rojas, que aún en pleno siglo XX se dedicaba a confeccionar su propia vestimenta, toda de lino, ocupándose él mismo del proceso completo: cultivo de la planta, enriado, hilado, abatanado y hasta cosido. Todo un personaje de rango mítico, cuya vida y costumbres merecen pasar a engrosar la memoria histórica de aquella localidad.

 

Con lino se tejían antiguamente las prendas interiores de hombres y mujeres, mientras que la seda, cultivada en la franja norte de Tenerife, se empleaba, por lo elevado de su costo, para las prendas de gala o, para decirlo en términos actuales, para ropa de vestir.

 

 

Dibujo de enaguas en el traje de diario

de la mujer de Tenerife en los siglos XVIII y XIX.

La del fondo es de lino

 

 

Notas

 

1. En El lino y los batanes: recuerdos de la historia de Tenerife, “La prensa del domingo”, El Día, Santa Cruz de Tenerife, 1989, pp. 20-25.

2. En Textiles e indumentarias de Tenerife, de la Cruz Rodríguez, J., Cabildo de Tenerife y varios ed., Santa Cruz de Tenerife, 1995, p. 6.

 

 

Artículo extraído del libro Guía de Artesanía Tenerife, publicado por la D. Gral. de Industria del Gobierno de Canarias con la colaboración de Inés Eléxpuru, Juan Carlos Martínez Zafra y María Victoria Hernández.

 

 

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