Revista nº 801
ISSN 1885-6039

La industria lanera.

Viernes, 16 de Julio de 2010
Guía de Artesanía Tenerife
Publicado en el número 322

La industria textil de la lana, la seda y el lino tuvo gran importancia en la economía de las Islas. Y, sobre todo, en la vida cotidiana de tantas familias humildes que en ella encontraban una ayuda material y un hueco de esparcimiento. Una manera de evadirse entre urdimbres prietas y tramas fantasiosas, evitando la monotonía de una existencia salpicada de vicisitudes.

 

En tiempos prehispánicos los aborígenes no hacían uso de lana para vestirse; con la Conquista, pronto surgió en Tenerife una industria textil destinada a cubrir tan elemental necesidad. Los colonos introdujeron un ganado ovino cuyas características raciales se desconocen y del que, al mezclarse con el existente anteriormente, resultó una cabaña autóctona de rasgos propios capaz de proveer de distintos productos a la población. Así lo afirma el clérigo e historiador del siglo XVIII José Viera y Clavíjo en su Historia General de las Islas Canarias: (...) Junto con su compañera la oveja pueden remediar nuestras primeras necesidades con su carne, su leche, su sebo, su lana, sus pieles, y aún con su estiércol (...)1.

 

Con la necesidad de vestir a colonos y naturales, que tuvieron que adaptarse a los nuevos dictados de la civilización, se importaron las técnicas europeas para el hilado y el tejido de la lana. En el Título XIII de las Ordenanzas de Tenerife, que datan de 1540 y regulan todo lo relacionado con los procesos que intervienen en la creación de paños de lana, aparecen las primeras referencias históricas que se tienen de este oficio. Juan Ramón Núñez Pestaño, en Las manufacturas textiles en Tenerife, menciona la creación en 1785 de una institución de carácter benéfico para militares impedidos, auspiciada por el marqués de Braciforte en el hospicio de San Carlos, de Santa Cruz. Los hospicianos se dedicaban al hilado y tejido de distintos materiales (...) y de todas las edades desde niños hasta viejos, en labores de hilo, seda, y lana de que se visten alimentan y embarcan para nuestra América (...)2.

 

 

La industria textil prosperaba abasteciendo a la población y destinándose incluso al comercio, como lo testimonian las Crónicas. Ello perduró hasta finales del siglo XVIII. Por entonces, se concentraba en el Norte de la isla la mayor parte de los telares llamados de cordón, para la confección de paños de lana. Mientras, el Sur producía gran cantidad de lana, en especial Candelaria, Guía, Arico, Adeje y Santiago del Teide, pese a prevalecer el ganado caprino debido a la aridez de la zona y la escasez de pastos en época de sequía. La lana servía de base para la confección de mantas, capas, fajines y polainas. Sólo a mediados del siglo XX dejó de producirse, importándose por entero de la Península.

 

Esta es la versión que la tejedora de Tegueste Estanislaa (así, con dos aes) García da acerca de la desaparición de la lana en el valle de La Orotava: Pregunté, y me dijeron que en La Orotava hacía mucho frío. Había una señora de la familia de los Monteverde que trajo una tela de lana muy gruesa de Madeira para la falda y los capones. La gente, con la envidia, quiso imitarla y trajo tela industrial de la Península. Las materias primas se fueron perdiendo. Esto me lo contaron unas señoras que ahora están muertas, hace 20 años. Sin embargo, gracias a la labor de esta tejedora y de otros como Luis Alberto Mora y Tomás Hernández, se ha recuperado una tradición textil que los desastres de la Guerra Civil y la invasión de tejidos made in Taiwan, de los años cincuenta, estuvieron a punto de enterrar.

 

 

La lana utilizada habitualmente para los paños tradicionales es de oveja churra. A decir de Tomás Hernández, que trabaja en una urbanización de Candelaria, tanto en Fuerteventura como en Lanzarote, a diferencia de Tenerife, la lana empleada tradicionalmente es de oveja merina, más suave y esponjosa. El proceso del esquilado y el hilado, hoy desaparecido junto con la producción lanera, comenzaba de mayo a junio con la pela de las ovejas. Se introducía a continuación la lana en agua caliente con un poco de jabón para blanquearla. Después, se procedía al escarmenado o carmenado, que consistía en separar los mechones con el fin de abrirla y conseguir una textura apropiada para su hilado; también se cardaba con una carda rudimentaria de madera y púas metálicas que todavía se siguen utilizando en El Hierro. Seguidamente, el hilado se hacía con un huso en forma de varilla cónica de madera y una rueca. Una de las chicas de la casa estaba hilando. Bajo su brazo izquierdo sostenía la rueca (...) y, con la mano derecha, sostenía, entre el pulgar y el índice, la punta del huso, una pieza de madera pesada, de forma alargada y con un borde protuberante en la parte inferior. (...) Viendo que me interesaba el proceso, nos llevó a un cobertizo adyacente y nos mostró una máquina de tejer muy tosca, evidentemente toda de fabricación casera3. Esta es la descripción que hace la viajera británica del siglo XIX Olivia M. Stone de una tejedora que encontró en San Juan de La Rambla en plena faena.

 

 

 

Notas

 

1. Viera y Clavijo, J., Historia General de las Islas Canarias, Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1982, p. 64.
2. En Las manufacturas textiles en Tenerife, Núñez Pestano, J. R., Universidad de La Laguna, La Laguna, 1984, p. 90.
3. Stone, O. M., Tenerife y sus seis satélites, vol. 1, trad. Amador, J. S., Ed. del Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1955, pp. 468-469.

 

 

Artículo y fotos extraídos del libro Guía de Artesanía Tenerife, publicado por la D. Gral. de Industria del Gobierno de Canarias con la colaboración de Inés Eléxpuru, Juan Carlos Martínez Zafra y María Victoria Hernández.

 

 

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