Revista nº 916
ISSN 1885-6039

Algunas fotos inéditas de los últimos meses de la vida de Fachico Rojas.

Martes, 23 de Noviembre de 2010
Carlos Martínez Martín
Publicado en el número 341

La puesta en marcha del primer concurso de fotografía en memoria del gran fotógrafo canario nos está dando múltiples sorpresas agradables. Hace meses recibíamos las imágenes de una antigua amiga de Fachico, y ahora este joven fotógrafo de Lanzarote nos acerca el testimonio escrito y visual de su encuentro con el artista en Agaete meses antes de su fallecimiento.

 

 

En septiembre del 2006 estaba estudiando fotografía en la Escuela de Arte en Arrecife (Lanzarote); en el salón de actos la Asociación Nacional de Informadores Gráficos y de Prensa y Televisión homenajeaba a un Francisco Rojas Fariña. Inauguraron una exposición con sus fotos. Al principio me decepcionaron un poco, eran fotos grises, sencillas, como desencuadradas; pero después, viéndolas en su conjunto de gentes y lugares, me transmitieron algo especial, algo bueno, una generosidad del autor para con la gente a la que llevaba décadas inmortalizando.


Al mes siguiente tuvimos un problema familiar grave y para tratar de olvidarlo fuimos a Gran Canaria mi mujer y yo. Mi hermano, que temporalmente trabajaba en Mogán, quiso que nos distrajésemos y nos llevó a dar una vuelta por la isla. Al pasar por Agaete quiso ver qué había pasado con el Dedo de Dios, roto por el Delta. Bajamos del coche, hice una foto en la que al fondo del muelle, al lado de una grúa olvidada, había un hombre también haciendo fotos. Reconocí a don Francisco.


Al pasar a mi lado le saludé; le dije que le había visto en Lanzarote. Él se quedó pensativo y me dijo que si el destino había querido que nos conociéramos sería por algo. Nos presentó a su mujer y nos llevó a su casa. Un café reconfortó nuestros cuerpos y sus palabras, como las del cura de mi pueblo cuando yo era pequeño, reconfortaron nuestra alma. Durante horas de amigable charla nos contó anécdotas de su vida, nos enseñó su casa, su familia, sus fotos... su vida. Durante aquella tarde nos olvidamos de nuestro problema y recargamos nuestras ganas de vivir. Aquel encuentro se me quedó grabado; entendí de dónde venía aquella generosidad que se desprendía de sus fotografías.


Me gustó vuestro concurso en recuerdo de don Francisco y me gustaría que estas fotos sacadas poco antes de su muerte os pudieran servir de recuerdo y homenaje.

 

 

 

 

 

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