Revista nº 796
ISSN 1885-6039

Diccionario de la Literatura en Canarias. Nota del autor.

Miércoles, 15 de Junio de 2011
Jorge Rodríguez Padrón
Publicado en el número 370

Podría repetir algo que dije en 1991, cuando concluí el primer ensayo para este Diccionario: afrontar la redacción de una obra de estas características es tarea que excede -con mucho- las posibilidades de un solo autor. Por más que sólo pretenda recopilar nombres, obras y otros aspectos de una parcela tan concreta -y reducida además- de la historia literaria. Por tanto, lo que mi trabajo haya podido ser, y sea ahora que vuelvo a las andadas, apenas irá más allá de una aproximación, de una mera tentativa de hacer un Diccionario de la Literatura en Canarias.

 

Reúno un material de uso (incompleto por demás: no pretendo ser exhaustivo ni erudito en extremo) que sirva a quienes se hallen interesados por la literatura escrita en las Islas Canarias, y por las actividades colaterales que la misma ha ido generando a lo largo de su historia. No hay el menor propósito aquí de establecer una valoración crítica, ni de los autores ni de las obras: quienes están, las que se citan, pretenden ser todos (al menos, de los que haya podido tener noticia); y se ordenan sin la menor intención jerárquica. Los escritores no figuran en el Diccionario a cuenta de su calidad (que cada uno responda de ello con sus publicaciones), sino porque han tenido una determinada trayectoria y cuentan con una bibliografía de cierta entidad. Sólo eso.

 

Con respecto a aquel primer ensayo, esta edición virtual no varía demasiado. Me ha servido, sin embargo, para corregir determinados errores de bulto que todavía me sonrojan: los había que eran simples erratas deslizadas por descuido; y fue inevitable, dada la manera -antediluviana, si tenemos en cuenta los nuevos métodos de composición de textos- de redactar el original y de corregir las pruebas de imprenta. Pero los había -e imperdonables- derivados de mi propia negligencia (y hasta desconocimiento, en ocasiones). Y otros -en fin- que se produjeron por no haber contrastado, con la suficiente atención, las fuentes de las cuales me serví para acopiar los datos. Aun con todo, y después de haber revisado cuidadosamente el texto, sé que seguirá habiendo lagunas (o errores, en algún caso) que han escapado a ese control. No lo digo para eludir responsabilidades, sino para asumirlas. También he tratado de poner al día (hasta donde he podido) las diferentes entradas; y he incorporado otras que, a lo largo de estos años, he ido acopiando con la esperanza de que pudieran tener sitio en alguna nueva edición.

 

Necesario será consignar, ahora, algunas cuestiones de procedimiento. El marco cronológico, por ejemplo: ya venía dado por la fecha de nacimiento de los autores; me ha parecido oportuno desplazarlo en esta edición digital -dado el tiempo transcurrido desde aquella primera- a 1980, de modo que la edad aproximada de treinta años nos ofrezca la posibilidad de dar cuenta de una trayectoria más o menos orientada de modo definitivo, y marcada por la presencia de una obra suficiente. Serán autores, claro, naturales de las Islas o que -aun nacidos fuera de ellas- hayan vivido y se hayan formado en Canarias, por lo cual su obra se ha sumado, desde su principio, al proceso seguido por la escritura literaria insular. No obstante, doy referencia también de ciertos escritores nacidos en el Archipiélago pero que, por diversas circunstancias, han vivido y escrito fuera de ellas, siempre y cuando hayan reconocido su nacencia insular como rasgo fundamental de su biografía o de sus referencias intelectuales. Se incluyen, por último, escritores que -nacidos fuera de Canarias, e incorporados a la vida insular cuando ya habían conformado su personalidad como tales- se han entregado al rescate y estudio de aspectos diversos de la historia y la literatura insulares, aunque no se hayan significado como creadores en el estricto sentido del término.

 

De sobra sé que este Diccionario mío es deudor de muchas otras obras similares, que lo anteceden en la edición y que -no me cabe la menor duda- lo superan en la seriedad de la investigación y en la calidad de su elaboración. Citaré, en primerísimo lugar, la obra magna de Agustín Millares Carlo, Bio-Bibliografía de Escritores Canarios. Tras ella, la Historia de la Literatura Canaria, de Joaquín Artiles e Ignacio Quintana; Historia Crítica de la Literatura Canaria, obra en marcha coordinada por Yolanda Arencibia y Rafael Fernández Hernández; Poetas Canarios de los siglos XIX y XX, de Sebastián Padrón Acosta; la inconclusa Historia de la Poesía Canaria, de Ángel Valbuena Prat. Diversas antologías, como Poesía de la segunda mitad del siglo XIX, de María Rosa Alonso; la también inconclusa Antología de la Poesía Canaria, de Domingo Pérez Minik;  Los Iriarte y Teatro Canario, de Rafael Fernández Hernández; Poesía Canaria 1939-1969 y Modernismo y Vanguardia, ambas de Lázaro Santana; Museo Atlántico, de Andrés Sánchez Robayna y Poesía Canaria 1940-1980, de Sebastián de la Nuez. Inestimables han sido las referencias tomadas de trabajos varios de los ya mencionados María Rosa Alonso (En Tenerife, una poetisa: Victorina Bridoux y Mazzini, La ciudad y sus habitantes, Las generaciones y cuatro estudios, entre otros) o Ángel Valbuena Prat, de Alejandro Cioranescu, de Juan Manuel Trujillo o Sebastián de la Nuez (“La generación de intelectuales canarios” y algunos otros muchos estudios); de Juan Rodríguez Doreste (“Las revistas de arte en Canarias” o Seres, sombras y sueños), o de José Domingo (“El movimiento literario de las Islas Canarias”). Igualmente útiles me han sido, entre otros, la Bio-bibliografía de sacerdotes canarios, de Matías Díaz Martín y el Diccionario biográfico canario-americano, de David W. Fernández.

 

Otros estudios y antologías, aun dentro de sus limitaciones (96 poetas de las Islas Canarias, de José Quintana S., por ejemplo) no han sido menos decisivos a la hora de acopiar materiales necesarios para mi pesquisa. “Apunte para un censo de los escritores de los litorales del Atlántico Sur”, que formaba parte del Mapa Literario de España, publicado en la desaparecida revista La Estafeta Literaria, es -con sus muchos errores  u omisiones- el antecedente más inmediato de este Diccionario, y punto de partida también para la elaboración de muchas de sus entradas. Diccionario que -lo dije también en 1991- quiere quedar abierto a la continuación por parte de quienes puedan completarlo de verdad: algo que cumple hacer a un equipo cualificado para ello, con los medios técnicos hoy imprescindibles para una tarea como ésta. Ojalá se consiga alguna vez. Sería el primero en felicitarme por ello; pues ése -el de mover a completarlo- ha sido mi propósito primero al tomar la decisión de publicar de nuevo este trabajo.

 

En el capítulo de agradecimientos, los nombres de María Rosa Alonso (paciencia y generosidad sin límites); de Manuel González Sosa (ayuda puntual para muchos datos anecdóticos o bibliográficos); del profesor y escritor Juan Manuel García Ramos que, en su etapa de Viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, fue el “culpable” de que yo me atreviera a correr esta aventura. Vuelvo ahora a tropezar en aquella misma piedra por la amistad que me une a José Miguel Perera, y por simpatía hacia cuantos hacen realidad este singular proyecto que es BienMeSabe.org.   

 

 

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