Revista nº 893
ISSN 1885-6039

Para salir de la amnesia. (I)

Viernes, 27 de Mayo de 2011
Yeray Barroso
Publicado en el número 367

En estos días se celebran, en todos los puntos de Canarias, cientos de actos por el Día de Canarias. Unos más sinceros y otros de cara a la galería. Por ello, durante tres días ofrecemos esta serie de artículos que nos ayudarán a pensar qué siginifica Canarias, cuáles son nuestras miserias y cuáles nuestras alegrías.

 

Ayer me encontré con un viejo amigo y tuve una de esas largas conversaciones de reencuentros. Allí cupo hablar de todo, de la familia, de la vida, del amor, de los amigos del pasado; de todo. Sin embargo, hubo un tema que me resultó interesante. Todo cambió en esa conversación cuando mi amigo me recordó las interesantes palabras de Pierre Vilar, historiador francés del siglo pasado y principios del siglo presente. Estas palabras dejaban a las claras la realidad canaria, aunque en ese momento él se refería a otro tema: una humanidad -global o parcial- que no tuviera ninguna conciencia de su pasado sería tan anormal como un individuo amnésico.

 

A raíz de esas palabras que me recordara del ilustre francés, solo quedó preguntarme si los canarios no éramos un poquito amnésicos, si ese pasado de los canarios no ha quedado emborronado -y cada día más- con el paso de la historia y los poderes. No resulta casualidad que no se estudie la historia de nuestra tierra en los centros educativos, sino a un nivel de Primaria, pues una persona titulada en Bachillerato no sólo tiene una conciencia histórica nula de su tierra canaria, sino que, además, esa persona -sin ser producto de la casualidad- tampoco tiene ninguna conciencia geográfica ni literaria de su tierra. Tampoco tiene conciencia a la hora de señalar artistas o pensadores comprometidos e importantes dentro del marco archipielágico o, incluso, algunos que han sido halagados en el extranjero.

 

Entonces, viendo esa cita del francés Pierre Vilar, me queda claro la pasividad del canario ante los atropellos histórico-culturales que ha sufrido. En esta tierra se puede destrozar una montaña con historia -como ocurre con Tindaya- que no pasará nada, pues la conciencia histórica, el conocimiento de la historia es prácticamente inexistente como para conocer esos vestigios que han dejado los antepasados. Por ello, se hace impensable el hecho de defender su permanencia en la tierra para que puedan ser estudiados y mimados.

 

Cuando, al cabo de un rato, le narré todo mi pensamiento a mi compañero, no pudo más que asentirme: es cierto, en cualquier otro lugar encuentran una reliquia del pasado y se mima, aquí por el contrario resulta casi indiferente.

 

Y es que, aunque en este aspecto se haya avanzado en las Islas, se sigue pisoteando, y de forma muy grave, todas las muestras vivas que quedan de un pasado. Se sigue pisoteando lo único que queda vivo de nuestras raíces, es decir, el presente de nuestro pasado. Es necesario volver a recalcar el hecho de Tindaya, donde queda vivo uno de los yacimientos más importantes de podomorfos casi del mundo y una de las muestras más interesantes para estudio de los mismos en las Islas. Y no solo eso, sino la infinitud de cuevas que hoy se encuentran escondidas y abandonadas en barrancos, pues el desconocimiento histórico del canario lo hace pasivo ante tanta inoperancia, pues lo que se ignora no se puede defender.

 

Ante esto solo queda claro que la recuperación del pueblo canario solo puede partir desde un conocimiento de lo que es y lo que será, de lo que fue para saber lo que es y lo que será, porque no todo queda en los vestigios más antiguos, sino en la historia contemporánea. Un canario desconoce incluso lo que ocurría por estas tierras en 1700 ó 1800 y así sucesivamente, pues se le ha alienado totalmente, se le ha emborronado su estancia en la tierra con el desconocimiento total de su historia.

 

El ejemplo más claro lo tenemos cuando a un canario le preguntas sobre las luchas obreras de los años 70 -¡del pasado siglo!-, que las desconoce, o de un literato del siglo XX, como podría ser Pedro Lezcano, Tomás Morales, Arozarena, María Rosa Alonso, que aún hoy sigue entre nosotros, u otros tantos. También quedaría a las claras esa amnesia en el marco geográfico, pues nadie, absolutamente nadie sabría responder que Tenerife tiene 31 municipios o que la isla de La Palma tiene 14.

 

Ante esto, queda claro el desconocimiento, la amnesia y, en consecuencia, la alienación histórico-cultural del canario.

 

 

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Comentarios
Viernes, 27 de Mayo de 2011 a las 09:08 am - Brito

#01 Excelente artículo, felicito al autor por compartir su reflexión. Los que quieran leer más, como yo, que ya estoy esperando ver cómo continúa Yeray Barroso la segunda parte, pueden mientras comparar este texto con el capítulo "La cultura del ocultamiento", del libro "Entender Canarias", de José A. Alemán.