Revista n.º 1044 / ISSN 1885-6039

Las Romerías: ¿tradición inventada, nuevo espectáculo de masas o qué...? (I)

Lunes, 3 de octubre de 2011
Francisco Suárez Moreno (Cronista Oficial de La Aldea de San Nicolás)
Publicado en el n.º 386

Las denominadas hoy romerías-ofrendas a vírgenes y santos patrones han tenido en este septiembre una destacada presencia en nuestros periódicos, reflejo de su consolidación como número festivo de masas en casi todas nuestras fiestas.

Una foto de Alan Wanson de la Romería del Pino de 2007 en Teror.

 

A simple vista esto parece una paradoja puesto que, en los tiempos que corren, se incrementa tanto el laicismo como la crítica al integrismo religioso, venga de donde venga. Además, la propia jerarquía católica lamenta la falta de vocaciones y la merma entre sus fieles del cumplimiento de aquellos siete Sacramentos y cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia que de carretilla memorizábamos los escolares de los años cincuenta.

 

Recuerdo de niño la memorización de aquel quinto mandamiento que en el Catecismo rezaba pagar los diezmos y primicias a la Iglesia de Dios, de lo que nada sabíamos porque nada nos explicaban ni madres, ni curas, ni maestros… Y ya ven cómo sin ser un mandamiento obligatorio hoy, en nuestras fiestas la Ofrenda de las romerías y la Romería con sus ofrendas en toda su dimensión es algo asumido por masas enfervorecidas con el "tipismo”,  la "tradición” y la “religiosidad”.

 

¿No son tradiciones estas romerías-ofrendas? ¿Son tradiciones inventadas?  ¿Qué son y qué representan? Lo cierto es que estamos ante un debate sobre muchos conceptos que rodean este nuevo fenómeno festivo, e incluso sobre el significado de lo que hoy entendemos por tradición al referirnos al amplio patrimonio cultural intangible heredado de formas de vida del ayer.

 

 

I

Las romerías desbordan su cauce normal de organización

 

Las noticias que estos días se dan en la prensa de nuestras romerías, actos de masas con barniz religioso pero de organización civil, pudieran arrojar alguna luz al debate sobre la actual esencia de este tipo de evento.

 

El 14 de septiembre, el periódico La Provincia-Diario de Las Palmas, en una nota sobre el trágico suceso ocurrido en una romería de la isla de Fuerteventura, firmada por Antonio Cabrera, dice que los ayuntamientos majoreros no disponen de una ordenanza municipal que regule la participación en las romerías, especialmente en el control sobre el estado de las carrozas. Después del trágico atropello múltiple durante la celebración de la romería del Pino en Majanicho, donde falleció uno de los romeros y cuatros resultaron heridos, uno de ellos continúa en estado crítico, se ha abierto un debate sobre la necesidad de contar con un exhaustivo control de los carromatos y de las medidas de seguridad. Las romerías han proliferado en la mayor parte de las fiestas insulares, incluso en aquellos pueblos donde no existía tradición… En esta misma nota informativa se indica que las romerías se han extendido como número festivo de casi todas las fiestas patronales de municipios, de localidades y de barrios pequeños de nuestra geografía.

 

Es de común acuerdo que los romeros de cada uno de estos eventos desbordan lo organizado, lo que ha obligado a algunos Ayuntamientos y Parroquias a sacar este número de los días principales de cada Fiesta Patronal. Un ejemplo lo tenemos con la Romería de San Antonio de Padua (Mogán, Gran Canaria), que ha sido adelantada al primer domingo antes del 13 de junio, día de este santo.

 

Los organizadores de estos eventos, desde años atrás, han pregonado cifras en grado superlativo de participantes como si entre más romeros participaran más valor tuviera el acto festivo; frente a la opinión contraria de la gente de cada lugar, que se ven en estas romerías como foráneos en su tierra al observar a tantos romeros... Eso sí: “tan bien vestidos con sus trajes típicos” que parecen homenajear al lugar.

 

Pero resulta que estos romeros foráneos son los mismos que van a todas las romerías de santos y vírgenes, lógicamente a pasar un rato alegre consumiendo todo, todo líquido, sólido y gaseoso, habido y por haber... Lo que no criticamos porque siempre es bueno que una sociedad se divierta en sus ratos de ocio. Otra cuestión es el fondo sea el de la religiosidad, sea el de las denominadas “tradiciones”… o  sea cada uno de los aspectos organizativos del evento.

 

A veces la prensa, y no lo hace con frecuencia, da cuenta de algunos problemas de las romerías. La Provincia-Diario de Las Palmas, en su edición de 18 de septiembre sobre un accidente en la Romería de La Vega del Río Palmas (Fuerteventura), dice: el Servicio de Seguridad y Emergencias  tuvo que atender a 20 personas (…) por intoxicación etílica y “casi todas eran chicas”. Lo citamos por ser la romería de un lugar escondido de nuestra geografía por las de pueblos grandes y ciudades capitalinas, que son de más ruido alcohólico que un botellón. Pero no se malinterprete nuestro discurso porque, repetimos, sí se trata de una diversión sana, incluso con bebida, a no ser que las intoxicaciones generen violencia o afecte especialmente a menores. No olvidemos que las borracheras puntuales y alguna “tranca” siempre surgían en nuestras fiestas y bailes del ayer.

 

Y ya que hablamos del ayer advertimos que muchos organizadores quieren vincular, engañosamente, estas romerías con el pasado a veces lejano.  Canarias 7, en su edición de 18 de septiembre, bajo el titular de «Fervor romero en Mancha Blanca» (Lanzarote) entre otras cuestiones cuenta el origen del fervor por un milagro de la Virgen de Los Dolores, que detuvo una erupción volcánica de 1824, lo que motivó una peregrinación... y resalta que así nació la romería que ayer volvió a convocar a los devotos lanzaroteños… En efecto, esta nota es la clásica información que se da a los medios de comunicación para que transmitan un supuesto lejano histórico de estas romerías confundiendo el concepto de la nueva romería con el de peregrinaje. Con ello se pretende hacer creer que los romeros de estos actos en toda la isla están cumpliendo con una “tradición”.

 

Y ya que hablamos de tradición... ¡ay tradición… ay tradición canaria…! ¡Cuántos yerros se están cometiendo en tu nombre, cuántas tradiciones inventadas se pretenden hoy catalogar como elementos de nuestra cultura, de nuestra historia…! Incluso el concepto de tradición, tal como hoy lo entendemos, merece una reconsideración. No quisiéramos caer en un discurso integrista sobre este tema, aunque en algunos momentos de estas líneas pudiera aparentarlo. La tradición en su esencia puede ser un invento de las sociedades contemporáneas y en torno a ello hay un debate vivo. Es cierto que vivimos en la sociedad del espectáculo (nombre acuñado a finales de los 60 por el francés Guy Debord) y nuestras fiestas como reflejo social y político de la misma son un espejo muy limpio de ella. Pero es necesario tener memoria histórica.

 

Momento de la romería de San Benito de La Laguna de 2008.

Domingo Sáenz Guimerá Año nuevo. Romería San Benito 2008

Participante en nuestro I Concurso Fotográfico Francisco Rojas Fariña "Fachico". Las Fiestas Populares Canarias

 

 

II

Conviene refrescar la memoria: de los peregrinajes a las romerías-ofrendas

 

Las romerías de antes eran peregrinaciones, simples movimientos de gente que iban desde los pagos más lejanos a las fiestas que en cada pueblo se daban; lo hacían por nuestros caminos sinuosos de quebrados perfiles para cumplir una promesa o con un precepto religioso y, de paso, relacionarse (en un mundo rural de caseríos aislados) para divertirse, para buscar novio o novia… A veces caminaban en pequeños grupos donde la diversión y el jolgorio al son de timples y guitarras  ponían  el acento alegre de una sociedad que la mayor parte del año vivía mal porque el trabajo era duro. Y prueba de que el concepto tradición es cosa de nuestra sociedad actual es que estos peregrinos de antaño ni iban vestidos a la moda de siglos anteriores ni hacían ofrendas institucionalizadas en un programa formal, ni alcaldes ni curas se ponían al frente de los mismos a la entrada del pueblo para acompañarlos ante el santo o la virgen patrona.

 

Pero a alguien del Norte de Tenerife, en La Laguna con mayor profusión, en las primeras décadas del nuestro siglo anterior, se le ocurrió estructurar un espectáculo festivo por las calles, con tintes coloristas y sones del pasado reciente, en aquel entonces del campesinado canario, lo que se denominó como romería. En Gran Canaria, treinta años después, hacia 1954, ese modelo de espectáculo por las calles, en el afán de resaltar un concepto denominado canariedad de cara al turismo y por iniciativa de Néstor Álamo, se copia el espectáculo para la Fiesta de la Virgen del Pino en Teror.

 

Si la historia no es así, estimado lectores, es parecida y que los especialistas en este asunto nos corrijan o maticen. Lo cierto es que se institucionalizó poco a poco, pueblo a pueblo, ese espectáculo llamado romería al que se añadió el de ofrenda, al santo o a la virgen de cada lugar, de los productos de la tierra (una tierra canaria que debe ser muy universal a tenor de estas ofrendas, muchas veces con manzanas chilenas o bollería de importación, por ejemplo).

 

Ahora, en el siglo XXI las romerías-ofrendas son catalogadas por sus organizadores civiles (comisiones de fiestas y concejalías de los municipios) con calificativos en grado superlativo de «defensa de lo nuestro», de «manifestación de nuestra cultura y tradiciones», de espacio para «cantos a la canariedad», de «devoción religiosa ancestral»…

 

Nadie debe poner en duda que son espectáculos de masas, porque esto forma parte de nuestra sociedad, donde los llamados romeros de todos los lugares se aprestan a asistir a todas las que se organizan en cada isla, «vestidos de canarios», «entonando sones musicales tradicionales»…  y unos medios de comunicación que se prestan a favorecer el espectáculo, para generar la audiencia que avala a las casas comerciales que patrocinan los gastos de la retransmisión. Son nuevos tiempos, claro que sí. Es el reflejo de la sociedad del espectáculo.

 

 

Foto de portada: Alan Dawson Fiesta del Pino, Teror 2007 MENCIÓN ESPECIAL en nuestro I Concurso Fotográfico Francisco Rojas Fariña "Fachico". Las Fiestas Populares Canarias

 

 

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