Revista n.º 1048 / ISSN 1885-6039

ABREU, Fray Andrés de (1647-1725).

Martes, 7 de junio de 2011
Jorge Rodríguez Padrón
Publicado en el n.º 369

Prosista n. y m. en La Orotava (Tenerife). Franciscano, en el convento de San Lorenzo (1666). Lector y Familiar del Santo Oficio, Clasificador y Comisario del mismo Tribunal en la Villa y Puerto de La Orotava.

Portada de Vida de San Francisco, de Fray Andrés de Abréu.

 

Custodio de su Provincia (1722) y dos veces Provincial de Canarias. Escribió sus obras en latín y en castellano. Intervino activamente en las reformas educativas y de costumbres, lo mismo que en los conflictos económicos y sociales del siglo XVII. Para unos, “genio inquieto y revoltoso”; otros exaltaron su personalidad como una de las más brillantes de la época. Personaje polémico, en consecuencia; enfrentado siempre a sus coetáneos. Procesado por la Inquisición, por quejas sobre la conveniencia de que ocupara o no los referidos cargos, por las protestas de las monjas clarisas ante la férrea disciplina que trataba de imponerles y “por cierto lance que tuvo con una dama principal y otros excesos”. Despertó sospechas también por defender tesis heterodoxas próximas al iluminismo y al molinismo, sobre todo al escribir las vidas de diversos frailes y monjas de la Orden, que contaban con fama de santidad, como Vida del venerable siervo de Dios fray Juan de Jesús (1701), y en especial la de sor María Justa de Jesús, monja clarisa, o de la iluminada sor Catalina de San Mateo, para solicitar la beatificación de ambas. Hacia 1691 se data su Satisfacción a un Manifiesto y en 1705 publica su Tratado teológico sobre el Quietismo, en defensa de las tesis ortodoxas sobre el  particular, lo que no sería obstáculo para que, en Novedades antiguas (1698), que se suele citar en latín, defendiera las revelaciones que sor María de Jesús de Ágreda había expuesto en Mística Ciudad de Dios. También se sabe escribió: Stadium Solis (1717), Flores logicales, Oficium Sacrum in honorem Sancti Bonaventura y una Crónica de la provincia (franciscana) de San Diego de Canarias, que dejó inacabada. Pero la obra más significativa de todas las suyas es el único poema que escribió, Vida del Serafín en carne y vera efigie de Cristo San Francisco de Asís (1692 y 1744), de más de trece mil versos e influencia gongorina y calderoniana, razón por la cual lo reivindican los escritores de la primera vanguardia insular (vid. ROSA DE LOS VIENTOS) que destacan los valores de su modernidad poética.

 

 

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