A Secundino Delgado lo descubrimos por casualidad (como nos ha sucedido con algunos hechos que luego han sido decisivos en nuestra vida) una tarde hojeando "periódicos viejos" en el Museo Canario de Las Palmas. Franco vivía todavía. Y ahora recuerdo cuando a hurtadillas, en la guagua de Iberia que nos llevaba al aeropuerto de Gando, leíamos la revista El Guanche que momentos antes -no sin emoción- habíamos fotocopiado. Llevarla a la Universidad y ser conocida fue una: a Manuel Suárez Rosales y a Adrián Alemán recordamos entre sus primeros lectores (ello nos puso en guardia del peligro que supone depositar cualquier tipo de material para fotocopiar; aunque en esta ocasión concreta no nos lamentamos).
Nuestro interés por el personaje aumentó y el segundo acercamiento a Secundino Delgado fue en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, cuando una tarde leímos de un tirón su novela autobiográfica ¡Vacaguaré…! Y en Cuba, en el Instituto Nacional de Literatura y Linguística, completamos nuestro conocimiento con la lectura de la revista EI Guanche en su segunda etapa.
Hoy -afortunadamente- Secundino Delgado resulta familiar para las actuales generaciones canarias y no es raro encontrarlo en fiestas populares y actos políticos; también Los Sabandeños lo 'recuerdan en una emotiva canción. Pero ha sido rescatado del olvido principalmente por Manuel Suárez Rosales con su libro Secundino Delgado. Apuntes para una biografía del padre de la nacionalidad canaria (Colección Benchomo. Islas Canarias, 1980). El propio Suárez Rosales editó también El Guanche, edición facsímil, en su primera etapa. Posteriormente se publicó de nuevo la novela ¡Vacaguaré…! (Vía-Crucis) con una introducción histórica de Oswaldo Brito y Julio Hernández (Colección Benchomo. Canarias, 1980).
¿Era conocido antes Secundino? Por supuesto que sí; ya en 1934 se publica (¿por don Leoncio Rodríguez?) en La Prensa, el actual El Día, un significativo comentario sin firma, donde -entre otras cosas- se lee:
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Secundino Delgado representó en Tenerife, durante toda una época, el patriotismo más fervoroso y exaltado. No había cuestión de interés para el país que él no recogiera, entregándose de lleno a su defensa o repulsa según la índole que presentaba, sin medir en la lucha la calidad e importancia del enemigo, ni el alcance de las propias fuerzas.
Todo por Canarias, por Tenerife, pudo ser el lema de su blasón, de vivir las épocas heroicas de la caballería. Pero vivió Delgado en otros tiempos menos hidalgos, en los que su esforzado temple, aun por los que más lo admiraban y querían, se tachaba de "quijotismo" y sufrió incomprensiones sin cuento y solo, enteramente solo, hubo de soportar, al cabo, las consecuencias de una ruda persecución.
Con su generoso afán, con soberbio fervor patriótico, llegó a América, al expatriarse, Secundino Delgado, y luchó sin descanso hasta la muerte. Como durante su permanencia en Canarias, al llegar a Caracas, primer punta de su residencia en tierras de América, participó en asambleas, mítines y reuniones de la colonia isleña; pregonó el entusiasmo de sus ideales y fundó, como portavoz de sus empeños, una revista quincenal, El Guanche, en colaboración con otro canario, José Guerra, desde la que dio el grito de independencia que había de ser cifra de los fervores y afanes de toda su vida...
No logró la libertad del terruño adorado, y, en cambio, perdió la suya. Por orden del general Weyler, a la sazón ministro de la Guerra, Secundino Delgado fue detenido y encerrado en la Cárcel Modelo de Madrid.
Poco después murió y lo curioso es que su nombre, casi olvidado en Tenerife, al que todo lo sacrificó, incluso su vida generosa, se recuerda con cariño y admiración en América, y de modo especial en Venezuela, donde realizó su más intensa y vibrante campaña, y en Cuba, donde todavía viven algunos colaboradores de su formidable pero incomprendido empeño.
Hoy -con satisfacción- podemos decir que Secundino ha sido rescatado para la memoria colectiva, para la "inmensa mayoría".
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Extracto del prólogo del libro Vacaguaré, por Oswaldo Brito
Sus expresiones son más elementales, más sicoemotivas e ideológicas, más anticaciquiles, escasamente burguesas y de componente más popular. Aparecen en varias formulaciones: 1.- La rememoración literaria, bajo la forma poética o prosística. Desde los siglos XVIII y XIX es una corriente que tiene entidad en la cultura canaria. Entidad que permite hablar de «Escuela regionalista» en la segunda mitad del pasado siglo, época -por lo demás- que podemos calificar como «dorada» en las letras canarias. Cierto que no es una poesía o prosa de corte «anticolonial», que no explicita una alternativa de emancipación nacional. Sin embargo, expresa un sentimiento romántico de «vuelta» al pasado pristino, a la «civilización» masacrada, a los guanches y pueblos aborígenes, a sus valores y formas de vida. Una «rememoración» literaria que alimenta la inteligencia despierta y la inquietud del exiliado y emigrante Secundino Delgado, que le impulsa a leer a estos poetas y escritores y a “identificarse” con la leyenda del Vacaguaré del poeta Antonio Rodríguez López. 2.- Los tímidos intentos «regeneracionistas» y «autonomistas». Intentos episódicos que chocan contra la dura «mentalidad» centralista de una oligarquía dependiente y una burguesía raquítica y temerosa. Mentalidad «centralista» que frecuentemente se confunde con el «españolismo» más exultante que, en su repetición e histriónica reafirmación pública, expresa su inseguridad y duda. 3.- Una trayectoria de abandonos, quejas, memoriales de súplica, de olvidos, de promesas incumplidas, etc. que jalonan la historia de las Islas. 4.- Las «influencias» exteriores: Revolución Francesa, emancipación de las colonias del Estado español en América, el fabianismo inglés, el anarquismo catalán, el federalismo pigmargalliano, etc. 5.- EI «miedo» al anexionismo extranjero. Una moderna y contemporánea valoración del «hecho geoestratégico» de las Islas. Un parámetro fundamental en la comprensión del proceso histórico canario e incluso de su «hecho nacional». 6.- EI componente de «expatriación» emigratoria, consustancial con la miseria popular, las crisis de subsistencias, las hambrunas, las abusivas imposiciones «señoriales» -primero- y «caciquiles» -después-.
Portada firmada con pseudónimo
7.- La «superación» en el contexto emigratorio del «insularismo» como obstáculo al anhelo unitario entre los canarios y la toma de conciencia del carácter de «isleño», de «canario», que se adquiere en las tierras americanas. Un «insularismo» cerrado en el ámbito geográfico propio que alcanza las dimensiones mas autárquicas del «localismo», del «comarcalismo», del «clan familiar» amplio. Un fenómeno potenciado por el caciquismo y las difíciles comunicaciones intrainsulares e interinsulares. Un sentimiento «isleño» de reacción instintiva frente a los condicionantes del medio, frente al proceso de ruptura social y personal que representa la expatriación emigratoria, que los impulsa a luchar con los «insurrectos» cubanos por la "emancipación" de su segunda patria. Un aporte significativo en figuras claves (José Martí, diversos generales en la guerra cubana, etc.) y en la participación como soldados en los ejércitos liberadores cubanos.
Se trata, por lo demás, de la participación en un proceso emancipador popular, con la incorporación de los grupos étnicos y sectores marginados del pueblo, aunque la dirección y el resultado emancipador -bajo el control USA- corresponda finalmente a la burguesía cubana. Experiencia que permite una "lectura" revolucionaria de la situación de Canarias. Lectura realizada en un contexto de dolorosa lejanía, de un "sentimiento" de "ser canario". Allí, se es "isleño". En dicho contexto se diferencia al "español" y al "canario". Se experimenta la solidaridad instintiva. Los lazos humanos más intensos. Se sufre y se "siente" el valor de las "penas", de su "tierra", en la dura lucha por la supervivencia. Se cuece una «sicología» especial que el emigrante aporta en su "retorno" indiano. Estudio sistemático y profundo requerido no sólo por un principio mínimo del quehacer profesional y científico de la historia, sino también por superar las interesadas "deformaciones” en torno a la historia y fundamentos del «hecho nacional canario». Intentamos, pues, superar ese terreno de «arenas movedizas», de supuestas y reales contradicciones e «irracionalidades», del simplismo seudohistórico y, también, de la manipulación histórica. Acusaciones frecuentes, por otra parte, en boca de quienes más han ocultado la historia colectiva, las realidades significativas de la lucha de nuestro pueblo, por quienes han «deformado» sistemática y conscientemente sus componentes más significativos y positivos, más posibilitadores de una «autoconciencia» nacional.
En definitiva, el lector podrá juzgar directamente la obra que hemos pretendido enmarcar en esta introducción. Pero, sin duda alguna, con su publicación se completa la figura de Secundino Delgado y se acaba con «mitos» de todo signo. Aunque los «mitos», en su sentido positivo, constituyan el factor que impulsa el avance en la lucha de los pueblos. |
Este artículo fue publicado previamente en el número 3 de la revista San Borondón (Revista Cultural Canaria), del Centro de la Cultura Popular Canaria, en 1983.


