Revista nº 749
ISSN 1885-6039

Los bordados canarios en América. Los encajes. El sol de Tenerife.

Martes, 27 de Agosto de 2013
Manuel Hernández González
Publicado en el número 485

Tal arraigo tuvo que se llama sol de Tenerife precisamente a esa labor en todo el mundo. Cuando los cambios en la moda y la invención de maquinaria a fines del siglo XVIII hicieron que declinara en Europa el trabajo manual y se convirtiera en residual, la técnica del sol de Tenerife siguió subsistiendo en su lugar de procedencia.

 

 

Un ejemplo notable de la influencia canaria en América lo constituyen los encajes, en especial el llamado sol de Tenerife. Los orígenes de esta denominación son inciertos, pero se difundió universalmente como tal. Según Alexandra Stillwell, sus orígenes se pueden encontrar en la Edad  Media. En los años en los que el trabajo de este tipo llegó a ser más elaborado, llegaron a ser más amplios y sus esquinas más largas. Los encajes en los bordes llegaron a ser más estilizados y desarrollados en un medallón. Esta forma fue muy popular en toda Europa, pero muy especialmente en España y Portugal durante el siglo XVI. Por entonces estos bordes habían sido una importante parte de esta labor. Esta técnica llegó a adaptarse a los trabajos de corte: un círculo... era objeto de dibujo.

 

Este tipo de encajes fueron especialmente populares en España durante los siglos XVI y XVIII, donde los medallones eran conocidos como diseños de sol o rueda. En algún tiempo durante esa primera centuria la técnica del encaje fue llevada a Sudamérica. Algunos suponen que fue trasladada por los conquistadores y otros por los jesuitas. Por esas fechas eran trabajados tanto por hombres y por mujeres. Era altamente probable que algunos de los conquistadores estuvieran capacitados en ese trabajo y lo usaban para pasar el tiempo en las travesías. El equipaje requería una pieza de lino para trabajar. Esos hombres pudieron haber trasmitidos tales capacidades a los habitantes de los territorios conquistados. Por otro lado, las mujeres que marcharon con esos hombres pudieron haber diseminado esas labores mientras los acompañaban en sus expediciones. Los jesuitas también se trasladaron desde España hacia Sudamérica a finales del siglo XVI. Demandaban un alto grado de ornamentación en sus iglesias. Era una forma de enseñar a la población local las necesarias capacidades requeridas1. No es casual que uno de los primeros misioneros en expandir por el oriente boliviano la evangelización fuera un natural de Santa Cruz de La Palma, José de Arce y Rojas, fundador de la misión de San José. Había nacido en la capital palmera en 1651. Tras estudiar en el colegio de los jesuitas de León, ingresó en la Compañía en 1669 y se trasladó a Buenos Aires en 1674, y desde allí a Córdoba y Tucumán, donde desarrolló actividades evangelizadoras. Fundó colegios en ambas ciudades, catequizó a los indios del río Guapey, exploró el curso del Paraguay y organizó una vía de penetraciones de las misiones. Llegó hasta el Chaco, donde fu asesinado por los indios junto con sus acompañantes2. Junto con él está documentado que nada menos que nueve jesuitas canarios estuvieron integrados en las misiones del Paraguay. Otro paisano suyo, Francisco Díaz Taño, había nacido en La Palma el 17 de mayo de 1593. Perteneció a las misiones de Chaco, Tucumán y Paraguay. Superior de las reducciones de guaraníes y rector del colegio de Buenos Aires, Santiago del Estero, Asunción y Córdoba, falleció en esa última ciudad el 8 de abril de 1677 después de haber permanecido 52 en la Compañía y 39 en las misiones. Fue autor de una gramática de la lengua gualacha y de una versión indígena de la doctrina cristiana3. Se enfrentó con problemas capitales tales como la reducción de los indios en el sistema misionero, salvando el escalón cultural, la exención de tributos y la supresión de la servidumbre y la defensa de los nativos frente a los esclavistas, para lo que logró equiparlos con armas de fuego. Otros jesuitas fueron los santacruceros Domingo González, Gaspar Álvarez y Marcos Fernández y los naturales de Las Palmas Francisco Cajal, Luis Betancur, Juan Triana y Marcos Fernández. Además de éstos destacó el franciscano canario Fray Alonso de Lebrón, que figura en los comienzos de la evangelización del Paraguay. Creó junto con fray Bernardo de Armenta un tipo de misión que los ataques esclavistas hicieron abortar. El misionero se adaptaba a la vida nómada de sus feligreses sin obligarles al radical cambio que para ellos suponía la sedentarización. Dieron pie al mito mestizo del pay Zumé que aprovechó Díaz Taño en otro sistema misional distinto para llevar a efecto esa utopía social de la llama República jesuita del Paraguay4.  

 

Es precisamente en Sudamérica donde el encaje de sol se desarrolló posteriormente, llegando a ser más delicado e intrincado. Los bolivianos, brasileños y peruanos conservan el nombre del sol, pero en Paraguay es conocido por el de ñanduti, procedente de una palabra paraguaya que significa telaraña. La tradición refiere que fue durante el siglo XVII en Tenerife cuando una tejedora reemplazó la técnica de puntadas correderas o de bolillos, de más fácil ejecución y más prácticos en el trabajo doméstico por el empleo de alfileres.  Esa obra sería a partir de entonces tejida a partir de esos alfileres y los bordados se trabajarían sobre una especie de telaraña. Ese es el método que todavía se usa por caladoras en Tenerife, donde el oficio se transformó en una inudtria artesanal. Tal arraigo tuvo que se llama sol de Tenerife precisamente a esa labor en todo el mundo. Cuando los cambios en la moda y la invención de maquinaria a fines del siglo XVIII hicieron que declinara en Europa el trabajo manual y se convirtiera en residual, la técnica del sol de Tenerife siguió subsistiendo en su lugar de procedencia5.

 

Ilustración del estudio El Ñandutí y su historia Tipos de Puntos y Bordados,

del Instituto Paraguayo de Artesanía

 

La isleña Josefina Plá, residente en Paraguay, en un artículo sobre la prosapia y magia del ñanduti en 1980, destacó las similitudes entre éste y el encaje de Tenerife. Señala que es por sus esquemas básicos, por su logotipo el encaje de Tenerife, que, sin embargo, arraigó profundamente como representativo de lo femenino paraguayo6. Precisamente la palabra guaraní ñanduti significa en castellano tela de araña. Hoy constituye un foco artesanal de primer orden en ese país. En las misiones las dificultades para encontrar artesanos españoles disponibles para enseñar a los indios explican el afán de los jesuitas por capacitar a futuros maestros. Itagua parece haber sido el centro de esa artesanía, fue un pueblo fundado por españoles e hijos de españoles, extendiéndose luego a los pueblos vecinos. Una carta de un visitante inglés, fechada en 1838, habla de un encaje llamado ñanduti, tejido por las mujeres del pueblo y famoso por su belleza y precio. Ese encaje llamado de Tenerife fue también desarrollado en Madeira7.

 

En Cuba también pervive el encaje o sol de Tenerife. Allí se realiza principalmente en las provincias centrales, donde se asentaron los emigrantes canarios en el siglo XX y donde se encuentran sus principales grupos. Se puede apreciar en Villa Clara, Sancti Spiritus y Cienfuegos. Entre los diferentes tipos de bordados conservados en Cuba son llamativos los denominados al calado, con cintas, e incluso uno que recibe la denominación de isleños. Es llamativo el arraigo del realizado a mano en amplias partes de la isla. Los pañuelos, los cuellos, los tapetes y las puntas o encajes son precisamente los elementos del ajuar doméstico donde se sigue empleando el encaje de Tenerife8.

 

 

Notas

1. STILLWELL, A. The tecnique of Tenerife lace. Londres, 1980, pp. 9-10.

2. TORMO SANZ, L. “El canario José de Arce y los orígenes de las misiones de Chiquitos”. IV Coloquio de Historia canario-americana. Las Palmas, 1980. Tomo I, pp. 367-415. IBÍDEM. “Jesuitas canarios en el Paraguay”. VI Coloquio de Historia canario-americana. Las Palmas, 1984. Tomo II, primera parte, pp. 171-202.

3. CIORANESCU, A. Tomo I, p. 574.

4. TORMO SANZ, L. Op. cit.

5. STILLWELL, A. Op. cit., p. 11.

6. PLA, J. “Prosapia y magia del ñanduti”. Anuario de Estudios Atlánticos, nº 26. Las Palmas, 1980, p. 627.

7. CARBONELL DE MASY, R. MARTÍN HERNÁNDEZ, U. “El encaje canario y las misiones jesuitas del Paraguay”. Tebeto nº V,  Puerto del Rosario, 1992. Tomo II, pp. 389-410. Precisamente a este estudio pertenece la ilustración de portada de los soles de Tenerife.

8. MORENO, D. Op. cit., pp. 57-72. 

 

 

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Comentarios
Viernes, 20 de Enero de 2017 a las 17:11 pm - Emedelce

#02 Hace muy poco tiempo, he comenzado a aprenderlo. Ya llevo hechos varios soles, y en cada puntada, esa aguja, me va anudando más el corazón.

Me atrapa y me da alegría y paz!

Miércoles, 28 de Agosto de 2013 a las 03:51 am - MANUEL ACOSTA GONZALEZ

#01 Les recomendamos,unas páginas que tratan del tema,de una escritora cubana: Dulce María de Loynaz."Un verano en Tenerife" cap,xxviii: p.366.(calados y bordados)....

Muy interesante los comentarios de esta ilustre dama,cuando pasó por las islas.......(paz y bien)