Revista nº 797
ISSN 1885-6039

El origen de nuestras fiestas.

Sábado, 05 de Octubre de 2013
Manuel J. Lino Armas Herrera
Publicado en el número 490

El pasado festivo, en el presente más cercano.

 

… en la isla de La Junonia Minor, la bautizada así por Juva, la que más tarde y por siempre se llamaría LA GOMERA, en el cantón de Ipalán, en la villa de Hautacuperche, en la rada de Colón, en la ciudad de Guillén de las Casas, en la villa del Santo de las nueve Saetas, es donde tiene lugar cada cinco años una cita obligada y vistiéndose de fiesta “silbada con todas sus fuerzas, silba más alto y sin tregua” a los cuatro vientos que llegó la hora del ENCUENTRO.



Y todos acudiremos: Desde los verdes parajes del Garajonay, donde la laurisilva se mece cada día con el rocío de los alisios. Desde los pétreos basálticos de Ojila, Carmona, Zarcita, Agando. Desde la belleza plástica de los acantilados oceánicos de Los Órganos. Desde la negra arena de las playas del Sur y desde la bravura de las del Norte. Desde la espuma del Telémaco que deja atrás Valle Gran Rey. Desde esa paloma blanca que saliendo de la pluma del poeta y anidada en el Roque Cano vuela sobre Abrante, Lepe y La Caleta para, entrando por Los Montones, recoger ese ramito verde de salado, de la Esperanza que nunca muere y llevarlo en su pico hasta la Gomerita de Puntallana.

 

Y es hacia allí, desde tiempo inmemorial, todo el Pueblo de La Gomera gira la vista para hacer un alto Lustral.

 

Esa talla pequeñita, diminuta y orlada de grandeza,  la que escogió aquella humilde morada para hacerse presente en la historia de La Isla. Hizo necesario acercarse más a su pueblo y por su voluntad cada lunes después del primer domingo octubre, (Fiesta Naval), de cada quinquenio, abandona su estancia permanente para hacerse notar con los suyos.

 

Los tambores de Chipude, de Igualero, de Guadá, de La Palmita, de Arure, de Alajeró,… de toda La Gomera se dan cita en un constante latir, dando ritmo al corazón gomero. Sus compañeros inseparables, las alegres chácaras perpetúan la contagiosa carcajada de la Fiesta, del Encuentro, de la Familia, de los Amigos, de los Paisanos, de Los que llegarán y también de los que estuvieron y están en nuestro recuerdo.

 

Y nuestros marinos la traen hasta la arena, mullida y preñada de historia, de la Villa añeja de La Gomera, desde donde tan digna Dama. Iniciará su peregrinar por todos los rincones de su Isla, al reencuentro con su gente.

 

Ya llega, ya está aquí. Ella es la Esperanza que une a su Pueblo en torno a una sola idea: “Aunar nuestros esfuerzos para seguir manteniendo el coraje de luchar por ese buen futuro que anhelamos”  y que como plegaria ante tan diminuta gran talla presentamos.

 

Y GUADALUPE, La Gomerita de Puntallana, La Protectora, seguirá siendo por siempre ese faro  que nos empuja y nos consuela, haciéndonos revivir, ese sentimiento que aflora en nosotros, esos buenos propósitos de Unidad, Solidaridad, Regocijo, Encuentro y Alegría.

 

Y he aquí que ese es el gran Prodigio hecho realidad por unos días, cada cinco años, el perfecto ensamblaje de todos los Gomeros, con todos los demás Paisanos y amigos venidos de otros lugares.

 

Una vez más con entusiasmo pregonaremos “Viva la Virgen de Guadalupe”. Y parodiando al “músico” cantaremos todos:

 

“No es Gomero por nacido, que el que se siente Gomero lo lleva en el corazón”.

 

 

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