Revista nº 783
ISSN 1885-6039

Las loas a Nuestra Señora de Las Nieves. (I)

Viernes, 15 de Agosto de 2014
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el número 535

Los orgullosos palmeros siempre han dado culto de veneración a su Morenita y es a ella a quien en tradición secular más le han cantado los músicos y poetas insulares. Según Santos Pinto, el pueblo palmero era muy aficionado a cantarle a la Virgen de Las Nieves por medio de loas.

 

 

… La que es estrella de errantes, / la que es puerto de infortunios,
la que es arca de alianzas,/ la que es iris de diluvios,
la que es fuente, río y mar,/ la que es rosa y es ligustro;
a que al dragón tiene puesto/ en la cerviz el coturno,
la que es oliva y ciprés,/ la que es un cedro robusto,
que prende sus fuertes raíces/ en los que quieren ser suyos…

(Loa de 1690. Juan Bautista Poggio y Monteverde)

 

Ya en el teatro antiguo, la costumbre de loar a manera de prólogo, preámbulo o introito fue una norma establecida que ha llegado a nuestros tiempos. Tenía lugar antes de dar comienzo a la representación de la propia obra y esta breve composición dramática servía como preludio.

 

Como sinónimos de loar encontramos: ensalzar, glorificar, enaltecer, honrar, exaltar, elogiar, alabar, halagar, aclamar, alzar… Está claro, pues, el objeto de la loa. Otra faceta era la de solemnizar a una persona ilustre, o un suceso notable; también servía de prefacio a los autos sacramentales. Fue el poeta Bartolomé de Torres Nabarro el que usó la loa en el siglo XVI.

 

El historiador palmero Fernández García nos informaba de que la Isla de La Palma ha contado, desde lejana fecha, con una pléyade de músicos y poetas que han loado, con sus composiciones, los acontecimientos más sobresalientes de su isla natal. Así, la festividad del Corpus Christi ha sido una fuente inagotable de inspiración para el Arte. Bajo estas premisas, nació posiblemente, la honrosa y piadosa costumbre de cantar las glorias de la inmortal María… en su entrañable advocación de Las Nieves.

 

Los orgullosos palmeros siempre han dado culto de veneración a su “Morenita” y es a ella a quien en tradición secular más le han cantado los músicos y poetas insulares. Santos Pinto también nos decía que el pueblo palmero era muy aficionado a cantarle a la Virgen de Las Nieves por medio de loas.

 

Entre estos dulces anhelos / así pasaban las cosas
cuando a tu ciudad hiciste / lo que a la noche la aurora
o lo que hacen a los mayos / los claveles y las rosas
cuando a tu pueblo con sólo / tu vista le galardonas,
que las luces de tus ojos / tanto premian como doran
cuando viéndote tus hijos / que a tus piedades te exhortan,
antes que exteriores muestras / los corazones te postran.

(Loa de 1685. Juan Bautista Poggio Monteverde)

 

Es precisamente Poggio Monteverde (Santa Cruz de La Palma, 1632-1707) -quien había tomado los hábitos de sacerdote en 1677 de manos del mismo fundador de La Bajada, el Obispo Bartolomé García Jiménez-, el autor de varias loas, sonetos, romances, canciones, comedias y carros alegóricos y triunfales que se representarían a lo largo de las sucesivas ediciones, hasta bien entrado el siglo XVIII. Fue poeta fecundo, tanto lírico como dramático, al que se le denominó el Calderón Canario.

 

¿Viste, gran Señora, cuando / sedienta una nube agota
exhalaciones al aire / o al mar su plateada copa,
que tanto néctar le bebe/ y tanto humor atesora
que en tu preñez impedida / los cristales desahoga
que  se derraman en perlas / y se vierten en aljófar
y que todo aquel caudal / que el estío le ocasiona
en meteoros y flatos / suda en lluvias caudalosas...?
Pues, así, nuestro cariño / sediento de vuestra gloria
Que ha cinco años que acaudalas / Afectos que no reposan,
Excesos que no sosiegan / y cuidados que le ahogan
De este aumento trabajado / en copia feliz lo cobra
De súbitos y festejos, / e impaciente amor…

(Loa de 1683. Poggio Monteverde)

 

Cuando el mencionado prelado funda las Fiestas Lustrales en 1676, ya existían loas sacramentales inspiradas en los autos que escribieron literatos como Calderón de la Barca, Tirso de Molina o Lope de Vega. En este marco, Juan B. Poggio Monteverde es el primer palmero de inspiradas y fecundas letras de las loas marianas en honor y gloria de la Gran Señora de La Palma.

 

Conocido es que, durante el reinado de Carlos III, se prohíbe en el siglo XVIII la representación de los autos sacramentales y comedias en toda España. Desoyendo el mandato regio, en La Palma, sin embargo, los amados autos de temática mariana pasan a denominarse alegorías o carros alegóricos y triunfales. García Martín nos recordaba que con esta sencilla trampa nominativa, la tradición continuó en nuestra Isla. El ilustre vecino (Santa Cruz de La Palma, 1946) y gran aficionado a la música ha llevado y lleva a cabo una ingente labor de recopilación de toda la música compuesta por toda la isla a fin de que no se pierda. Pérez García decía que ésta es una labor a la que ha dedicado más de treinta años de su vida y fruto de ello es su archivo musical de enorme riqueza.

 

Antonio Abdo nos informaba de que es de notar la gran carga teatral que domina las celebraciones en torno a la Bajada de la Virgen de Las Nieves (…). Se habla de loa, carro, mimo, títeres, arias, música en general (…), teatro de autómatas, sombras chinescas. Ya hemos visto que, en sus comienzos, las loas de Poggio introdujeron una costumbre que fue arraigando hasta el punto de que sin temor a equivocarnos podríamos afirmar que estas fiesta han generado el mayor corpus de  textos teatrales del archipiélago.

 

Las loas en honor a la querida Virgen Negra de La Palma eran interpretadas, generalmente, por niños vestidos de ángeles, con largas túnicas o hábitos todos de un color blanco impecable a imitación de la nieve. Así, como nos recuerda Abdo, la loa del Recibimiento en Señor San Salvador, representada en el interior del suntuoso templo matriz durante las celebraciones de la Bajada de 1765, fue ejecutada por quatro niños  que cantaban y dos que representaban, a lo que acompañaba el coro de música que se componía de cinco voces de niños que se paseaban en dos tribunas formadas sobre dos arcos del crucero, al vaxar el sardinel del Pavimento, a el acorde son de dos violines, arpa, órgano, clave y dos vyolines…

 

Lamentablemente, debido al extravío de algunas hojas del manuscrito original, concretamente las referentes a la procesión de la Bajada y entrada de la Virgen en la ciudad en 1815, sólo se puede leer lo siguiente en cuanto a la narración y descripción de la loa en El Salvador: … pues lo bueno de sus voces, la propiedad de sus acciones, lo rico y propio de sus túnicas y alas, todo a la verdad se reunió en un punto. Concluida que fue la música, se cantó la misa con mucha solemnidad…

 

Loa en la Plaza de España en 1900

 

En la Bajada de 1765, un autor anónimo escribía lo siguiente: … Se representó una loa por un niño de dose años, vestido de jilguero, tan hermosso que parecía que las manos no havían hecho su vestuario, pues con su banda de Plumas desde el cuello hasta la cinta y tocado de lo mismo, parecía entre unos Ramos por donde salió / en lo alto, una cossa celestial, el qual comenzó su loa cantando, a el alegre compaz de diferentes instumentos de esta manera:

Salga la hermosa Aurora y alegre con su riza

quanto dora  en los campos la hermosa luz del día.
Jilgueros, al prado, y en dulce porfía
cantadle primores, decidle delicias.

Salga, venga, dore ría.

Dulcíssima Aurora bella,
feliz anuncio del día
que haces dos veces festivo
con tu esplendor y tu riza…

     Dixo, y dejó a los oyentes tan admirados de su gracia y donosura, que fue llanto el para bien por el gusto de averse oydo cantar tan graciosamente, siendo la primera loa que el niño ejecutaba; y luego baxó y acompañó a la Santísima Virgen hasta la parroquial…

 

… Ningún sitio de La Palma está tan consagrado por el veredicto de la Historia. Cuando se llega a él, por medio de un raro sentimentalismo, nos parece la Imagen de la Virgen, un reflejo de la que en la Gloria vive y reina entre los ángeles que cantan la Majestad de Dios. ¡Tan hondo es el influjo que Ella ejerce en las almas de sus devotos! En esta esmeralda del Atlántico, que el sabio Humboldt (1769-1859) calificó como el sitio de mejor clima del Mundo, tan alta que, en proporción a su tamaño, ninguna la supera, la Madre del Divino Verbo reinará hasta la consumación de los siglos. Ante la belleza de su rostro, no pensamos en el feliz mortal que lo creara, sino en los sacrificios, inquietudes, desvelos, amarguras y llantos de los seres que han orado a sus Pies. En este corazón de roca, fraguado por un capricho de la Naturaleza, entre los dos Hemisferios, Ella es la más radiante Luz; en esta nave de piedra que el mar ciñe con sus presillas de espuma, señalando rumbos intercontinentales, Ella es la Capitana… Ella es la más pura rosa… Bálsamo en nuestros infortunios, Iris de gracia, Alba de Ventura y símbolo de perfección…

(¡Aquí la Reina eres tú!, Félix Duarte, 1985)

 

Jesús Pérez Morera también nos recuerda cómo la loa del “Recibimiento en la monjas Cathalinas” se escenificó también en aquella iglesia conventual, hoy inexistente, cantando a un tiempo el coro de Religiosas y dos Ángeles delante de la Reja, sobre una tribuna:

 

Música

Ángel 1:  ¿Quién es ésta, que llega con lucez tantas?
Ángel 2:  Es la Nieve Divina.
Ángel 1:  No, sino el Alva
Tropa:  Pues de ausencias, destierra sombras bastardas
No es sino el alva, no es sino el alva
Ángel 2: ¿Quién es ésta que huellas de armiños mueve?
Ángel 1: Es el Alva Divina.
Ángel 2: No, sino Nieve
Tropa:  Pues el alva en sus ampos delicias bebe
No es sino Nieve, no es sino Nieve
Dúo:  Mas si de ampos y luces su ser exalta,
Aunque es nevada Aurora, Nieve es de alvada.
Tropa:  Pues sea bienvenida, pues sea bien llegada
La nevada aurora, la nieve de alvada…

 

El mismo profesor palmero nos informa de que el Libro de Gasto del ex cenobio dominico detalla el pago, en febrero de 1765, de 14 reales por azúcar y almendra para el anís que llebaron los ángeles en las salvillas y dos libras que se dieron a los ángeles quando acabaron la loa. Por último, la loa primera de Despedida a la Virgen se ejecutó a la salida de la ciudad, bajo un gran toldo que cubría al público, en un theatro, en el qual se reprecentó una loa por dos niños vestidos de ángeles mui tiernos. Finalizada la obra, prosiguieron los ángeles delante de la Señora, llevando en una fuente una corona hermosa y ceptro de alcorza.

 

Silencio, Silencio;
que ya rompió el alba
al azul zafiro
los velos de nácar.

Divina aurora sale,
Porque otro sol augusto
A su beldad debiese
La cuna y los arrullos.

La luz es, en cuyos rayos
Mi amor encendió sus llamas,
Sin que el aire de cinco años
Haya podido apagarlas.

Adore amor la nieve
Cuya deidad produjo
Sagrada hoguera fértil
De cándidos diluvios…

(Loa, 1765. Antonio Rippa)

 

El autor anónimo del manuscrito que obraba en poder de Jaime Pérez García, fallecido Cronista Oficial de la capital palmera -dado a conocer en la obra Descripción de todo lo que pasó…-, narra con gran sentido del humor lo que sucedió en la Bajada de 1815. Fue curioso lo que ocurrió durante la interpretación de la loa en honor a la Morenita a su llegada al extinto cenobio franciscano de Santa Águeda, Patrona de la Ciudad, hoy Hospital de Dolores: … Toda esta carrera anduvo la procesión haciendo muchas pausas y por todas partes, saludos, cohetes, piezas de artillería. Concluyó dicha procesión en las monjas claras, las cuales tenían la iglesia que parecía el paraíso, en todas maneras estaba hermosa; al entrar la imagen cantaron un dúo muy bonito, al cual acompañó desde afuera una música muy arreglada y luego al concluir fueron tanto los tronadores que aquellas malditas dieron fuego que creímos que todo el convento se venía abajo; para gozar todo esto era tal el concurso, que hubo bofetones, mantos rotos, chinelas, y rosarios perdidos…

 

En la misma obra, el mismo escritor  nos acerca cómo se vivían los preparativos de la loa y lo que ello significaba en la población de entonces: … En la semana siguiente se dieron principio los ensayos de la loa y del carro; si por desgracia alguno de estos chicos tararean en sus casas la música que están aprendiendo, éste es un delito muy grande y será castigado severamente, pero sus madres curiosas encierran a sus hijos en un cuarto y por fuerza los hacen cantar y ellas se creen que son ángeles bajados del cielo. Bien pudieran dichos niños en este tiempo azotar un Santo Cristo, seguros están que ni sus padres ni nadie, les dirá palabra tal es que se ponen tan deslavados que el demonio no puede sufrirlos; estos dichos por otra parte padecen la pena de no gozar nada de las diversiones, pues si gritan o salen al aire se pueden enronquecer y se desgracia la música; y en otro tiempo un mes antes los tenían casa del mayordomo que ni a misa iban…

 

Tampoco las religiosas de Santa Clara quisieron despedirse de la Patrona sin cantarle una loa en su honor. Así, se narraba en 1815: aquella noche trajeron la Virgen desde el trono a la reja para que las monjas se despidiesen de ella; allí la mudaron de las andas al sillón y le mudaron también el vestido; las monjas unas lloraron y otras cantaron; estuvo allí hasta la madrugada y las dichas, queriendo obsequiarla, le cantaron la cachucha y la simona nona…

 

En el año 1951, Elías Santos Pinto -director de la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma- descubrió, entre los valiosos escritos del archivo musical de su familia, probablemente el documento musical más antiguo existente sobre la Bajada de la Virgen. Había heredado la partitura, sin saberlo, de su abuelo Elías Santos Abreu (1856-1937).

 

José Juan Pérez Morera, en su trabajo para las Fiestas Lustrales de 1980, al referirse a él, también nos informa de que tal documento, amarillo y borroso por los efectos del tiempo y la humedad, consta de unos veinte folios de papel pautado, forrados en pergamino y en su primera página ostenta el siguiente título, que transcribe literalmente: Música para la Loa de Nuestra Señora de Las Nieves, para el recibimiento del año 1780. Don Antonio Rippa. Este compositor, nacido en 1718 y muerto en Sevilla en 1795, fue maestro de la capilla de las Descalzas Reales de Madrid en 1762. Con igual cargo pasó a la catedral de Sevilla, donde escribió muchas piezas de  música religiosa, consistente en misas, motetes, un oficio de difuntos y villancicos.

 

Se trata de una partitura musical aparentemente completa, escrita para dos sopranos solistas, que llevan el nombre de Amor y Cuidado; coro a cuatro voces mixtas, clásicamente distribuidas, como es lógico, y acompañamiento instrumental, reducido a dos violines y bajo, confiado éste último, seguramente, bien a un violonchelo bien a un contrabajo…

 

Como la rosa en la cuna
del botón, donde le teje
para cárcel de su pompa
cinco prisioneros lo verde,
que descolorida al susto
su candidez inocente,
prisionera de diamante
grillos de esmeralda tiene,
triste y retirada vive
hasta que pudo impaciente
romper el fuero a la injusta,
severa ley que le prende
y convirtiendo en halago
su pena, en nácar su nieve,
ostenta ufana en el prado
majestad de rosicieres :
así, Señora, oprimido
nuestro generoso, ausente
fiel corazón en la cárcel
de una esperanza…

(Loa, 1765. Rippa)

 

Se pensó que había sido escrita con motivo de la celebración del II Centenario de la Fundación de la Bajada, pero lo que se ignora es la fecha en la que dejó de cantarse. Santos Pinto decía: es decir, si la de Alejandro Henríquez vino a sustituir la de Rippa o ya había dejado de cantarse ésta cuando se estrenó la actual. El propio Pérez Morera, sin embargo, encontró en La Cosmológica un impreso conteniendo el poema de esta Loa, con lo que si bien resuelve el conocimiento íntegro de su texto, crea nuevos problemas, puesto que dicho folleto, editado en la imprenta “El Time” en 1873, se titula “Loa a Nuestra Señora de Las Nieves en la Bajada de dicha Imágen en el año de 1765. En otras palabras, según esto, la Loa de referencia se representó por vez primera, por lo menos en 1765, y no en 1780, es decir, tres lustros antes, como parece dar a entender el título de la partitura musical. En unas líneas preliminares que encabezan este folleto, probablemente del prolífico e incansable Antonio Rodríguez López, se dice que en el manuscrito original del poema no existe el nombre del autor o autora -ya que también se sugiere que haya sido obra de una mujer-,  pero que es una de las más preciadas joyas del parnaso canario y La Palma debe gloriarse de contar  a su autor en el catálogo de sus celebridades literarias.

 

Loa de 1965

 

A los dos personajes cantantes, Amor y Cuidado, personificados por los dos sopranos solistas, se les unen Afecto y Devoción, que únicamente declaman.

 

Comienza la Loa con una corta Introducción musical de 38 compases en tiempo allegro, terminada la cual entra a cantar la primera soprano -Amor- quién, alternándose en el canto con la otra solista -Cuidado-, reclama la atención de mar, tierra, monte y playa, puntos clave determinantes de nuestra insularidad, para entonar alabanzas a la Virgen. Sigue un Dúo con nuevas palabras; y así, con este sistema de soli alternativos y dúos, desemboca la composición en la incorporación del coro mixto, a cuatro voces. Se entabla entonces una especie de duelo musical entre solistas y coro, que en juego armónico se persiguen, se preguntan y contestan. El coro desaparece y surge una canzoneta para la que hay cuatro  coplas, encomendadas: los impares, a Amor y los pares, a Cuidado. El coro reaparece para contestar a las solistas a cantar la primera copla. Un cambio rítmico nos trae lo que la partitura llama Pie, en andante, a cargo de las sopranos solistas. Las mismas entonan luego, en andantino gracioso, unas Coplas, en número también de cuatro, repartidas como la vez anterior. Y con intervención del Coro, la obra terminada con un allegretto en donde, una vez más se emplea el método constructivo que informa  de la música: Lírica por principio y alternativo de solistas, , cuyas palabras repite el Coro…

(«Una Loa del Siglo dieciocho…», José Juan Pérez Morera)

 

Pérez Vidal comentaba que en seguida la Bajada de la Señora se convirtió en el acontecimiento más importante de la vida de La Palma, atrayendo hacia sí todo lo que en aquella época barroca se celebraba con ocasión de festejos y solemnidades, incrustándose lentamente en la efeméride quinquenal y llegando a ser tan tradicionales como ella. Estas notas históricas son imprescindibles para poder entender el sentido de muchos actos de las Fiestas Lustrales palmeras, a primera vista, extraños a nuestra idiosincrasia; y, por encima de todo, barrocos y recargados en su simbolismo y lenguaje teatrales. Todo tiene una razón de ser: De estos pomposos números que, desde el principio se hicieron obligados en el programa de la nueva fiesta, los más cultos fueron los de carácter teatral: la representación de carros y loas semejantes a los del Corpus. Los autos, con los mismos procedimientos alegóricos y las mismas formas recargadas y retorcidas, sólo cambiaban el tema: exaltaban a la Virgen, en lugar de referirse al misterio eucarístico. Las loas, por lo general también alegóricas, no podían faltar en ninguna festividad.

 

La composición poética de la pieza que hoy se representa para dar la bienvenida a la flamante Patrona de La Palma fue debida a la inspiración del vate Antonio Rodríguez López, y la partitura musical a Alejandro Henríquez Brito, destacados hijos de la Isla. Fue estrenada en la Bajada de la Virgen de 1880. 

 

A Son Mayor, los ángeles del amor, voces de oro.
Sobre un coro de cantos que se presenta en la plaza,
Por el aire vuela las rosas de amores.
Canto mariano que lleva un siglo abriendo las puertas del templo
Y llenan de colores el altar en Son Mayor para María.
Todo es canción para llenar el paso a nuestra
MADRE convertidos en flores de alfombras hacia su blanca
Plata del altar del templo, María y el Niño entra con el
Corazón lleno de amor y dentro en masa esperan atentos,
Para recibir a María de Las Nieves por los siglos.

(«La Loa», José Juan Pérez Morera, 1980)

 

El maestro Elías Santos Pinto, en una carta custodiada en el Archivo General de La Palma, nos informaba de que su estructura musical es sencilla, sin complicaciones armónicas, muy al estilo de la época, siguiendo las corrientes italianas  que estaban en boga. Es muy melancólica y sencillamente encantadora. Fue concebida para ser representada y cantada por voces tiples masculinas. Así fue como se llevó a cabo el día de su estreno y en lustros sucesivos. Manuel Henríquez publicaba que los ángeles solistas fueron encarnados por los jóvenes Jaime Matheu, luego célebre tenor en Cuba, Cipriano Valcárcel, como barítono, y Jaime Viera, oriundo de Lanzarote...

 

El anónimo manuscrito sobre la Bajada de la Virgen de 1880 detalla cómo la Virgen continuó procesionalmente hasta la parroquia de El Salvador, y al llegar á la plaza de la Constitución, se levantaba debajo de la torre un elegante tabladillo donde tuvo lugar la Loa, que fue ejecutada por tres ángeles; que los fueron D. Felipe (…) natural de Lanzarote, D. Jaime Matheu Fernández, y D. Cipriano Valcárcel Lorenzo. La Loa fue compuesta por D. Alejandro Henríquez Brito, agradó muchísimo y estuvo perfectamente  ejecutada; el gentío era inmenso pues se calculó en doce mil personas, la letra es composición de D. Antonio Rodríguez López…

 

Tras aquellas primeras representaciones, el papel de los ángeles fue confiado a voces femeninas. Así ha sido hasta nuestros días.

 

¡Salve, Numen de los númenes, / Madre del divino Verbo,
Adoración de los hombres, / Emperatriz de los cielos!
Por Ti la vida es más vida, / triunfa el arte en sus diversos
Recursos y se disipan / los pesares más acerbos.
Señora: en tu honor cantamos / plegarias de amor sincero,
Mientras los ángeles pulsan / las liras del universo...

("Amor Eterno", Félix Duarte Pérez, 1955)

 

 

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