Revista nº 810
ISSN 1885-6039

Los bosques de laureles canarios.

Miércoles, 14 de Mayo de 2014
Rafael Rodríguez Santana
Publicado en el número 522

La laurisilva actúa como regulador del balance hídrico insular, ya que la humedad es atrapada por la densa vegetación que actúa como una especie de bosque esponja, que constantemente rezuma, lo que conocemos como lluvia horizontal, lo que supone un aporte de agua que llega a triplicar la precipitación anual.

 

 

La topografía volcánica de las Islas, caprichosa, quebrada y cruzada de profundos barrancos y los vientos alisios cargados de la humedad que aporta el océano que nos rodea, ha creado una diversidad de ecosistemas muy variados característicos de Canarias. Entre ellos sobresale la laurisilva, una formación vegetal muy peculiar, un bosque relicto que en nuestras islas encontró el refugio donde sobrevivir durante millones de años, resistiendo a las adversidades de la historia geológica y a los cambios climáticos que se produjeron en esta parte del mundo.

 

La laurisilva es una de las formaciones boscosas más interesantes no sólo de Canarias y de la Macaronesia, sino a nivel mundial. Los registros fósiles indican que este tipo de bosque se extendió ampliamente por una parte del planeta, principalmente la región mediterránea, durante el Periodo Terciario (hace más de 20 millones de años). Por eso se le considera un bosque relicto, un auténtico fósil viviente, testimonio de una flora que desapareció por las evoluciones del clima durante el Periodo Cuaternario.

 

Los alisios, de componente noreste, son los vientos dominantes en Canarias. No son vientos que suelan originar abundantes precipitaciones pero están cargados de humedad. Cuando tropiezan con la orografía de las islas más altas, al ascender por las laderas, el aire húmedo se condensa y se forma una gran y densa masa nubosa denominada mar de nubes, que afecta a altitudes comprendidas entre 400 y 1.200 metros. La insolación se reduce y se suavizan las temperaturas.

 

 

Es en este entorno bioclimático, en una combinación singular entre clima y relieve, donde ha sobrevivido la laurisilva, un tipo de formación boscosa de carácter subtropical, compuesta de especies de hoja del tipo laurel (de ahí deriva su nombre, del latín laurus que significa 'laurel'; y silva, que quiere decir 'bosque') y perenne, que se corresponde con las zonas orientadas al Norte, entre 400-1200 m de altitud, con temperaturas suaves todo el año (media 12-14° C) y precipitaciones anuales entre 800 y 1400 mm. La laurisilva actúa como regulador del balance hídrico de las islas donde se encuentra, ya que la humedad es atrapada por la densa vegetación que actúa como una especie de bosque esponja, que constantemente rezuma, lo que conocemos como lluvia horizontal, lo que supone un aporte de agua que llega a triplicar la precipitación anual. Se dice que el legendario Garoé o árbol de la lluvia de la isla de El Hierro (posiblemente se tratara de un til) concentraba suficientes gotas de agua como para mantener permanentemente llenos de agua dos estanques situados en su base. Este fenómeno de la lluvia horizontal no sucede en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, ya que su baja altitud impide la acción de los alisios, por lo que no cuentan con manifestación alguna de laurisilva como formación boscosa.

 

La laurisilva se encuentra en los Archipiélagos de la Macaronesia pero es en Canarias (Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, El Hierro y La Palma) donde esta formación presenta más extensión, aunque el grado de conservación, la calidad de la masa forestal, la superficie que ocupa y sus características ecológicas varían de una isla a otra. La laurisilva canaria tiene 18 especies arbóreas que se distribuyen dentro del bosque según sus propias apetencias ecológicas. Los viñátigos, los tiles, los sanguinos o los laureles son especies con altos requerimientos de humedad. En las zonas más soleadas, donde la humedad no es tan alta, se asientan los barbusanos, los adernos, los mocanes, los palos blancos o los delfinos, entre otros.

 

Por debajo de lo que es el bosque de laurisilva propiamente dicho, se encuentra el fayal-brezal, un matorral de sustitución denso y también incluido en el mar de nubes constituido por el brezo, la faya, el acebiño, y la torbisca o el follao, entre otras especies. Al conjunto formado por el fayal-brezal y por la laurisilva es lo que se conoce en Canarias como monteverde.

 

La flora de subarbustos y hierbas que constituyen el sotobosque del monteverde es muy rica, y donde mejor se aprecia es en los espacios más abiertos y soleados, así como en los márgenes de caminos y pistas forestales. Destacan las cerrajas de monte que amarillean el paisaje cuando florecen, la cresta de gallo, el bicácaro con una preciosa flor de campana anaranjada, el follao, la corregüela de monte, el mato blanco, la reina de monte, el poleo de monte o la adelfa de monte, una especie casi arbórea del género Euphorbia, que es una auténtica joya en serio peligro de extinción. Este sotobosque se completa con una cantidad ingente de helechos que pertenecen a multitud de especies.

 

Bombus Canariensis en El Cedro de La Gomera

 

La alta humedad y la cantidad de materia orgánica que se acumula en el suelo del bosque hacen de la laurisilva un sitio rico en fauna invertebrada, con una cantidad extraordinaria de endemismos. Caracoles y babosas, cochinillas de la humedad, escarabajos, arañas y un sinfín de organismos que, junto con los hongos, favorecen la descomposición de la materia orgánica del suelo y contribuyen a mantener su fertilidad. Lejos del suelo aparecen otros representantes de la fauna como son la mariposa cleopatra, una bonita mariposa endémica propia de la laurisilva de color amarillo y una enorme variedad de aves, entre las que destacan el petirrojo, el pinzón vulgar, la chocha perdiz o pedradores como el búho chico o el gavilán. Pero si tuviéramos que destacar dos aves emblemáticas de la laurisilva, endémicas, raras y amenazadas de extinción serían la paloma rabiche y la paloma turqué.

 

Actualmente las mejores representaciones de laurisilva se encuentran en el Bosque de Garajonay, en La Gomera, declarado Parque Nacional en 1981 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986; El Canal y Los Tilos, en La Palma, declarado por la UNESCO en 1983 Reserva de la Biosfera; y los Parques Naturales de Anaga y Teno en los extremos opuestos de la isla de Tenerife. En la isla de Gran Canaria existía en tiempos prehispánicos un enorme bosque de laurisilva conocido como la Selva de Doramas, de la que hoy sólo quedan algunos relictos como Los Tilos de Moya, el Barranco Oscuro o el Barranco de Azuaje. Desde la conquista de Gran Canaria, desde 1480, la laurisilva del Monte Doramas se fue convirtiendo en madera para los barcos y las casas, para leña, para carbón, para tierras de cultivo de viñas y para el pastoreo, quedando actualmente menos del uno por ciento de lo que fue originariamente.

 

Los bosques de la laurisilva en Canarias, esos preciosos trozos del bosque primigenio del Terciario, guardan los secretos del tiempo y el eco de un paisaje de millones de años que ha quedado atrapado en el mar de nubes. La magia de la laurisilva es mítica y el origen de las muchas leyendas en cada una de nuestras islas. Que los bosques de laureles pervivan en el futuro, que se mantengan intactos sus pobladores ancestrales depende de lo que hagamos nosotros. Para ello sólo tenemos que pasear en silencio entre los brezos gigantes, por los enormes tiles de los fondos de barranco o escuchar los murmullos de las aguas corriendo entre los árboles de la laurisilva. Después de vivirlo, no le quepa duda, sabremos qué hacer.

 

Hongos en la madera muerta de la laurisilva

 

 

Las fotos son del autor del texto, y unas y otro fueron publicados previamente en el número 108 de la revista NT Binter.

 

 

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