Revista nº 810
ISSN 1885-6039

¡San Mateo al habla: Dígame! (y II)

Miércoles, 03 de Septiembre de 2014
Pedro Socorro Santana (Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida)
Publicado en el número 538

El teléfono fue el punto de partida para posteriores conquistas en San Mateo, como la inauguración del alumbrado eléctrico público –el 6 de febrero de 1927–, gracias al motor térmico del molino de la calle del Agua, o el cine, con sesiones de películas inolvidables.

 

 

 

(Viene de aquí)

 

 

Prueba inaugural del teléfono. Durante la primavera de ese año los caminos del interior comenzaron a plagarse de postes telefónicos, a pesar de las circunstancias de la Primera Guerra Mundial, que no sólo afectaron a la exportación de los productos agrícolas sino a la provisión del material de telefonía. Al fin, la modernidad llegaba en forma de mágicos hilos que dinamitaron las distancias y abrieron un poco más el pueblo al exterior. Y en los primeros días de mayo de 1914 se produjo la histórica llamada entre dos interlocutores: el entonces Alcalde, Manuel Navarro, y el delegado del Gobierno, Manuel Luengo. La comunicación despertó una gran expectación y algún que otro periódico proporcionó a sus lectores la celebrada efeméride.

 

La Provincia dedicó dos columnas de sus páginas para conmemorar el magno acontecimiento, pues se trataba de una noticia extraordinaria. ¡Qué emoción la de aquel día! Se cuenta que el alcalde de La Vega se trasladó al comercio de los hermanos Gil Navarro, en la misma calle principal, descolgó aquel mágico artefacto de clavijas y agujeros asociados (jack) y apenas habló un minuto, pero puso a prueba toda su capacidad de asombro al ver aquella máquina diabólica que permitía oír a alguien que estaba en otra ciudad distante. El primer edil volvió al Ayuntamiento con la emoción de haberse comunicado con el mismísimo gobernador de la provincia.

 

Ambos interlocutores debieron entenderse a la perfección, pues días después el alcalde dio cuenta a su corporación de un telefonema remitido por el gobernador, en el que manifestaba la inmensa satisfacción que le produjo saludar por teléfono al noble y honrado vecindario de San Mateo. En vista del cariñoso saludo, el Ayuntamiento acordó pregonar el telefonema y bautizar a la calle principal con el nombre de Manuel Luengo. Era lo menos que podían hacer por el hombre al que debían que el teléfono llegara a San Mateo.

 

Tras la histórica llamada, el domingo 21 de junio de 1914, hace ahora poco más de cien años, se celebró en el pueblo la fiesta de la inauguración oficial de la comunicación telefónica con la ciudad. Ese mismo día se pondría la placa con el nombre de Manuel Luengo en la calle principal, como decíamos. Con tal motivo un carruaje trasladó hasta La Vega al autor de la mejora. Le aguardaba en la rambla de la iglesia un público numeroso y entusiasta, mientras las campanas volteaban alegres18. Al descender del coche, la Banda municipal interpretó su  mejor marcha.

 

En el día de anteayer celebró el pintoresco pueblo de San Mateo, con grandes muestras de regocijo, una de las mejoras más importantes que ha obtenido en su larga vida de constantes favores a los políticos de Gran Canaria, exigentes e inexorables en pedir hasta el abuso, indiferentes cuando se ven solicitados a cambio de esos servicios que están al alcance de toda persona influyente que sea, además, agradecida.

     A las nueve de la mañana numeroso público precedido de las autoridades, entre los acordes de una banda de música, ruidos de campanas y cohetes, se descubría respetuoso al detenerse el auto que conducía al Sr. Luengo, acompañado del director de Telégrafos, Sr. José Larrad, y del auditor de Guerra, D. Ramón de Viala, quienes fueron saludados por el popular alcalde Manuel Navarro, el párroco Agustín Domínguez, el secretario municipal, don Eduvigio Gil, concejales, D. Eduardo Monzón y D. Fermín Gil Navarro; Juez D. Sebastián Domínguez; Beneficiado de la Catedral, D. Leopoldo Gil; Comandante del puesto de la Guardia Civil, D. Ricardo Campos Saez; profesor de Instrucción Primaria, D. José Quevedo; oficiales del Ayuntamiento. Sr. Gil y Vega, y otras personas.

 

La comitiva se dirigió luego a la parroquia bajo la lluvia de flores que eran arrojadas desde los balcones y ventanas de las casas más cercanas. A las diez de la mañana dio comienzo la función solemne en honor del Sagrado Corazón de Jesús, cuya festividad se celebraba ese día. Terminada la misa y la procesión con las imágenes del Corazón y San Luis de Gonzaga llegó el momento en que el Alcalde descubrió la lápida que había de dar el nombre de Manuel Luengo a la vía ascendente del pueblo, la calle que, por cierto, más nombre ha tenido en el nomenclátor municipal19.

 

En aquel momento, acallados los vivas y aplausos, cohetes y música, levantó la voz el Párroco para expresar en elocuentes párrafos la gratitud de este pueblo al señor Delegado del Gobierno y darle gracias en su nombre por el beneficio que acababa de concederle, así como a sus pagos que quedaban unidos a la capital y demás poblaciones de la isla por medio del teléfono. Pidió en nombre de todos sus feligreses, interpretando el sentir del Señor Alcalde, algunas mejoras altamente beneficiosas para los mismos.

     Las palabras del ilustre Párroco han sido calurosamente aplaudidas. Le contesta el Señor Luengo con sentidas y patrióticas frases, prometiendo hacer cuanto esté de su parte para atender las súplicas que el pueblo le dirige. Reitera sus ofrecimientos a las autoridades y habitantes de San Mateo, sin distinción de clases. En párrafos muy entusiastas agradece el homenaje que se le tributa, y termina con vivas a la religión, a las autoridades y pueblo. El Señor Delegado escucha una clamorosa ovación que dura largo rato.

 

Poco después, las autoridades se dirigieron a la vivienda donde se había instalado el teléfono, y que tenía alquilada el vecino José Gil Navarro, primer responsable y encargado de la estación telefónica de La Vega. Allí el párroco Agustín Domínguez bendijo la nueva maquinaria en medio de un permanente estado de alborozo y de gran revelación. La señora de la casa, doña Ana Navarro, y su hija Pino, así como Juana y Pino, hijas del entonces secretario del Ayuntamiento (Eduvigio Gil Navarro), regalaron al delegado una cinta celeste, bordada en seda y oro, con un ramo de pensamientos en relieve que mereció muchos elogios por su originalidad y delicada confección. Por su parte, la señorita Teófila Navarro, en nombre de las jóvenes mateenses (curioso gentilicio), ofreció un precioso ramo de flores a la esposa del gobernador. El reloj marcaba las dos de la tarde y llegaba la hora de dar una alegría al vientre y al corazón.

 

Después de estos actos que duraron hasta las dos de la tarde pasaron los invitados a casa del párroco donde se sirvió un almuerzo que fue muy celebrado por la exquisitez y variedad da sus platos. La mesa estaba sencillamente adornada con flores naturales. Ocupó la presidencia el Delegado del Gobierno, teniendo a su lado al Alcalde y Director de Telégrafos: seguían el Secretario municipal, Auditor el Sr. Viala, Juez Sr. Domínguez, Beneficiado señor Gil, Misionero Sr. Sanmartín, artista Sr. Tejera y el Cura Párroco. Durante la comida reinó el mayor entusiasmo, haciéndose votos por la prosperidad de este pueblo. La banda de música ejecutó escogidos números musicales. El señor delegado les obsequió con tabacos y dinero20.

 

Luego, en el salón de actos del Ayuntamiento, se celebró la recepción oficial y, a las tres y media de la tarde, comenzó el esperado paseo musical amenizado por la Banda. Fue en ese momento cuando el delegado del Gobierno partió de regreso a la ciudad.

 

El paseo duró hasta horas de oscurecer. Allí estaban las más bellas señoritas del pueblo, entre las que recordamos a Pino Gil, Carmen Monzón, Lola Negrín, Juana y Pinito Gil, Rosa y Francisca Jiménez, Paulina Socorro, Candelaria, Josefa y Amparo Vega, Jesusita, Pilar y Lola Navarro Gil, Lola Pérez, Casilda Socorro, Lola Gómez, Cayita Raymunda, Lolita Castro, Pino Viera, María Ojeda, Carmen Martel, Leonor Cazorla, Antonia Ojeda y hermana, Corina Hernández, Carmen Navarro, Teodora Pérez, Lola y Rosario Díaz, Teodora Rodríguez, Adelaida Martel, Concepción, Pepa, Ana y Lola de la Coba, Aurora Cazorla y otras que sentimos no recordar.

     Grato recuerdo quedará en el pueblo de San Mateo de las fiestas con tanto acierto y brillantez organizadas por su digno Alcalde D. Manuel Navarro y Navarro, quien recibió ayer muchas y muy justas felicitaciones de las personas extrañas que las presenciaron, las cuales quedaron altamente reconocidas a las atenciones de que fueron objeto, sin olvidar las de cuantos tomaron parta activa en el homenaje al dignísimo Delegado del Gobierno de S. M. en Gran Canaria21.

                                                                                                                                          I. de V. 
                                                                                San Mateo Junio 22 de 1914.

 

No sería el único proyecto que Manuel Luengo intercedería a favor de San Mateo, pues también emplearía sus influencias en Madrid para tramitar el expediente de construcción del campanario de la iglesia22. Parecía que el teléfono fue un principio básico para que el resto de los servicios públicos llegaran como empujados por el dinamismo natural del progreso. En los siguientes días, la mayor preocupación del Ayuntamiento sería cuadrar el presupuesto. El coste de los hilos, aisladores, soportes y demás obras para la instalación del aparato ascendió a la importante cantidad de 866 pesetas y 25 céntimos. Todo un dineral para la época, si tenemos en cuenta que el sueldo de un peón agrícola no llegaba a las cinco pesetas al mes. De hecho, el Ayuntamiento se vio obligado a pagar el coste  del mismo con el presupuesto del año siguiente.

 

Avance en las comunicaciones. Es indudable que la instalación del locutorio en aquella casa del pueblo supuso un notable avance en las comunicaciones del interior insular. La relevancia de esta iniciativa multiplicó la clientela de la calle principal y estimuló al empresario veguero. El uso del primer y único teléfono, con cita previa, se restringía para efectuar llamadas a la ciudad, no sin antes sufrir esperas inciertas con la estación de Santa Brígida y minutos tan caros que solo se utilizaba para casos de gravedad extrema. Cada llamada, por sencilla que fuera, despertaba una alarma maliciosa en la pequeña comunidad. Sin embargo, el material utilizado quedó pronto obsoleto ya que la gran amplitud de la línea desde la ciudad hasta San Mateo, con un solo empalme en la finca de El Galeón (Santa Brígida), provocó muchas interferencias, lo que obligó a realizar diferentes reparaciones tanto en la red telefónica como en la primitiva centralita. El propio ingeniero del servicio municipal de Las Palmas reconocía que con las malas condiciones del material y de la instalación será muy difícil, si no imposible, conseguir una buena comunicación con los abonados23. Estamos en 1917.

 

Como los arreglos comenzaron a ser frecuentes, el Ayuntamiento acordó gravar el precio de las conferencias con la cantidad de 30 céntimos a los vecinos y 50 céntimos a los forasteros a fin de evitar los abusos de muchas personas que sin necesidad mayor usan de ella, desconociendo su manejo y así poder satisfacer el importe de las reparaciones de la red. Para ello, se confeccionaron dos talonarios que el encargado del locutorio local debía cobrar y entregar mensualmente al consistorio. De ese impuesto quedaron exentos los asuntos oficiales del Ayuntamiento, los del Juzgado Municipal y las cuestiones de orden público de la Guardia Civil24.

 

No siempre los vecinos recibieron como bellos iconos del progreso la instalación de los postes y las crucetas en su territorio, sobre todo cuando estos pasaban por sus terrenos. El propio Manuel Navarro y Navarro se opuso, en abril de 1918, a que el poste siguiera en su domicilio de La Lechuza, aunque luego rectificó. Otros, en cambio, salvaron los obstáculos y permitieron el avance de la ciencia y las ondas hertzianas. Así, Antonio Cuyás y González Corvo se ofreció a sufragar los gastos de reposición del mencionado ramal y el pago del canon anual, con la condición de que el aparato se pusiera en una casa concreta del Lomo de Aljorradero. Y, además, se hacía cargo de avisar a los vecinos más próximos si estos recibieran una llamada. El Ayuntamiento no puso impedimento a instalar un segundo ramal en aquel caserío donde la Sociedad City of Las Palmas Water and Power Company, empresa suministradora del agua de la ciudad, tenía su casa de distribución, pero consideró que debía ser dicha empresa la que abonara el tendido de la red y pagara el canon establecido, lo cual hizo para disponer en aquel tiempo de una línea propia.

 

Poco a poco, aunque de forma muy lenta, la telefonía, enseñoreándose y dominando, fue abriéndose paso entre los valles y barrancos del intrincado paisaje de La Vega, pero también alterando substancialmente otros aspectos de la vida de los vecinos en la sociedad. Las mentalidades más cerradas, la de vista parroquiana, se hicieron más abiertas, las relaciones personales se mantuvieron a pesar de las distancias y las noticias circularon a mayor velocidad. Por aquellos años los comerciantes eran los más asiduos clientes del único teléfono público del pueblo, por lo que el Ayuntamiento no vio más remedio que fueran ellos los que sufragaran las continuas reparaciones en la línea. De este modo, impuso una serie de tarifas para las conferencias que el encargado de la centralita debía anotar en un libro especial:

 

Fuente: AMSM. Sesión ordinaria de fecha 24 de enero de 1924

 

Al hacerse cargo Telefónica de España de la organización del servicio, esta quiso que los teléfonos de San Mateo y Santa Brígida, que formaban parte de la red urbana de la ciudad, pasaran a interurbano en su relación con la capital, pero desistió en su propósito ante la unánime protesta de los abonados. Más tarde, la compañía estableció una central en una casa situada junto a la Cruz del Inglés, en Tafira Alta, y otras dos estaciones en Santa Brígida y San Mateo, conectando uno y otros centro, según lo más conveniente, pero continuando el servicio con el mismo carácter urbano.

 

En 1934, año en que se inauguraba el servicio automático en Las Palmas, Telefónica intentó otra vez transformar en interurbano el servicio con los pueblos, por lo que los ayuntamientos se dirigieron al Ministerio de Comunicaciones al objeto de que no consintiese la vulneración de un derecho reconocido hasta entonces. Sin embargo, una Real Orden del 11 de junio de 1928 establecería, en su artículo 1º, que se considerará como área de comunicación urbana el término municipal de cada Ayuntamiento. Consumado el hecho, Santa Brígida –con 50 abonados– se reiteró en la denuncia, pero el monopolio ya no quería dejar más hilos sueltos, a pesar de que en la Villa había algunos chalés conectados a la central de Tafira, cuyos propietarios pagaban como red urbana y disfrutaban, por tanto, de un coste menor.

 

A partir de 1944 se instalaron varios circuitos radiotelefónicos entre el archipiélago canario y la Península, y también se estableció uno entre Las Palmas y Lanzarote, isla ésta última que también disponía de la posibilidad de conectar con la Península25. Un año después, Telefónica se nacionaliza. El Gobierno del general Franco compra las acciones de la compañía estadounidense ITT, la mayor accionista de la operadora. 

 

Para entonces, San Mateo seguía creciendo en almas y extendiendo su red telefónica y el alumbrado público por todo su territorio. Entretanto, los vecinos de La Lechuza y Las Lagunetas aprovecharon que la compañía Telefónica llevaba a cabo un tendido de la red hasta el Parador de Tejeda para solicitar, el 25 de abril de 1951, la instalación de dos teléfonos públicos en aquellos pagos y así disponer de medios de comunicación rápidos en caso de accidentes, enfermedades, etc.26. La Corporación trasladó la petición a la compañía que, atendiendo a sus deseos, acordó llevar a efecto los trámites necesarios para cubrir las necesidades de una población muy dispersa y expuesta a los rigores climáticos27. Era indudable que, tarde o temprano, todos los barrios fuesen impulsados por la corriente del progreso, que dejaba a su paso espléndidos beneficios.

 

Un mes antes de estallar la Guerra Civil el Ayuntamiento de San Mateo acordó instalar un teléfono en la secretaría, pero las conferencias con el exterior debían seguir haciéndose a través de la centralita local que, a su vez, estaba conectada a la estación de Santa Brígida. La central satauteña estaba ubicada en una casa cercana a la iglesia parroquial y atendida por la familia de María Inocencia Brito Cruz, ayudándole y sustituyéndole en la tarea sus hijos: M.ª Mercedes, Jacinto y Juan Jesús Rodríguez Brito, que luego fue empleado de Telefónica.

 

En la imagen de la izquierda, fachada de la casa de don Antonio Monzón Gil, en la calle principal nº 62, donde estuvo instalado el primer teléfono.

A la derecha centralita española, modelo 7200-C, de batería central, similar a la de San Mateo (fotos: Pedro Socorro/ Telefónica)


La centralita de San Mateo estaba instalada en el actual número 62 de la calle principal, junto a la grandiosa y monumental vivienda que acogió a la casa cuartel de la Guardia Civil y la barbería de Pepe Silverio28. Contaba con un dispositivo de madera conocido con el nombre de conmutador suizo y era su nuevo responsable Antonio Monzón Gil (1906-1985), dueño de la casa. Los vecinos más memoriosos recuerdan que en la década de 1950 estaba al frente del locutorio rural una operadora que ponía en contacto a los usuarios con los lugares que deseaban hablar29, asegura Domitila Naranjo Monzón en su libro San Mateo. Vivencias de un Pueblo. Dos jovencísimas hermanas, María Teresa y Natividad Marrero Martel, manejaban el equipo con gran soltura, el cual disponía de un pequeño terminal, que contaba con su propia pila seca para producir la corriente necesaria en la comunicación y de una manivela para activar un timbre de llamada en el otro aparato. Poco después, a María Teresa le ofrecieron un trabajo como telefonista en la Clínica Cajal, en la ciudad, y la centralita cambió de sede, suscribiéndose un contrato con la familia correspondiente. Así, en torno a 1958, y por decisión del alcalde Juan Pérez Rodríguez, el teléfono público pasó a un domicilio situado a la entrada de La Alameda, atendido por Luisa Nidia Ramírez Montesdeoca y sus hermanas Paqui y Carmelita, que pronto se familiarizaron con el manejo de las clavijas metálicas, colocándolas en los puntos de cruce del aparato.

 

No fue necesario que la nueva operadora realizara un curso, pues ella conocía muy bien su funcionamiento. Luisa era amiga de María Teresa y muchas tardes las pasó junto a las clavijas y conversando. La centralita permaneció en la nueva casa una década, al menos hasta mayo de 1968, pues en ese tiempo las hermanas telefonistas hallaron la única fuerza capaz de disputarle sus fueros al teléfono: el matrimonio. Para entonces, la familia cobraba mil pesetas al mes por atender el locutorio. A cambio, ellas hacían un servicio permanente, a cualquier hora del día, y contribuyeron a que las mujeres accedieran al mercado laboral. No le teníamos mucho cariño al teléfono, la verdad, porque era una necesidad y un gran sacrificio. Apenas podías ir a comprar el pan y teníamos que turnarnos para poder salir, asegura Carmelita Ramírez Montesdeoca, de 76 años, que aún recuerda algunos de los números de los clientes: El Parador de Tejeda tenía el número 4; el Ayuntamiento, el 7; la casa de doña María Paz Sáenz Tejera, la inspectora de Educación, el 21; el restaurante El Saucillo, en El Retiro, el 16; el restaurante de Marrero: 9; el Bar Báez: 8; y María Santaella, el 25. A buen seguro, soportaban también las impaciencias, los nervios y, a veces, la falta de comprensión de los usuarios.

 

Uno de los últimos telegramas recibidos en la centralita de San Mateo, en la imagen de la derecha con el cartel (Fondo de la familia Ramírez)

 


  
              Luisa Ramírez Montesdeoca, a la izquierda, en una imagen del año 1962, y su hermana María del Carmen (Carmelita), el 1 de enero de 1966,

junto a la centralita telefónica en su casa situada junto a la Alameda (fotógrafo: JACOBO)

 

La centralita se instaló finalmente, a partir de 1972, en la planta baja de una vivienda de la Placetilla de La Caldereta, siendo su operadora doña Pino Guerra Socorro. Dos de sus hijas, las hermanas Lidia Esther y Obdulia Rodríguez Guerra, pasaron tres años de su juventud atendiendo los timbrazos de teléfono y las conexiones entre los abonados, sustituyendo a una muchacha de Las Lagunetas. Fueron las últimas telefonistas del pueblo. Poco a poco, a medida que se incrementaba paulatinamente la automatización del servicio, la voz amiga y servicial de aquellas vecinas que contestaban la llamada y preguntaban ¿Número? pasaron a la historia. Atrás quedaron el cruce de cables de las centrales manuales y alguna que otra historieta sobre la llegada del revolucionario invento a la isla. En su libro Anécdotas de Gran Canaria contó José Benítez Bravo de Laguna el célebre caso de un comerciante de la calle La Pelota, en la ciudad, que cuando sonaba el timbre del aparato telefónico de su comercio tenía la costumbre de contestar así: ¡Aquí, fulano de tal, en pelota!, hasta que un guasón se comunicó intencionadamente con él y, al responderle como acabamos de consignar, le tiró a degüello diciéndole: ¿Y a usted no le da vergüenza estar así ante el teléfono?, colgando luego el auricular30.

 

El teléfono automático. Mucho tiempo tendría que pasar hasta que comenzaran a instalarse los primeros teléfonos automáticos en las casas del pueblo, allá por los años ochenta; es decir, sin operadora, con la marcación directa sobre el dial, esa rueda de diez hendiduras sobre los diez dígitos que ha sido tan familiar en todos los hogares del mundo y que de un modo progresivo nos uniría al automatismo general. De los postes de madera se pasó a los cables coaxiales, a la fibra óptica y a la comunicación vía satélite, los teléfonos inteligentes –Smartphone– y los mensajes gratuitos e instantáneos –WhatsApp–, que han cambiado el mundo en este nuevo milenio y, de nuevo, nuestra percepción del tiempo y las distancias, la forma de relacionarnos, de trabajar o de disfrutar de nuestro tiempo de ocio.

 

El teléfono ha dejado de ser un aparato de transmisión de la voz para convertirse en un medio de escritura, como agenda o receptor de radio y televisión, y hasta casi en una extensión del ser humano. No cabe duda de que el teléfono supuso una revolución tecnológica con trascendencia más allá de los que aquellos vegueros animosos y llenos de fe suponían. Fue también el punto de partida para posteriores conquistas, como la inauguración del alumbrado eléctrico público –el 6 de febrero de 1927–, gracias al motor térmico del molino de la calle del Agua, o el cine, con sesiones de películas inolvidables. La fábrica eléctrica, como se la conocía, cumplía la doble misión de molienda y dar luz a las calles del pueblo hasta 1943. Se hizo la luz y otro de los más portentosos inventos del siglo XX sentenciaba para siempre las candilejas con aceite de oliva que usaban los vecinos más pobres, siguiendo una costumbre tradicional, pero esa es ya otra historia que, a buen seguro, en el 2027 a lo mejor tendrá su propia efeméride.

 

Guía Telefónica del año 1972 y, a la derecha, una cabina telefónica en 1968 (fondo del autor)

 

Operarios instalando cable en una calle del Puerto de Las Palmas en 1925 (fondo: Las Palmas ayer y hoy)

 

Operarios de Telefónica sobre un poste en el pueblo de Tacoronte (Tenerife) en los años cincuenta

(Fondo de José Luis Socorro)

 

 

Esta crónica ha sido publicada en una edición especial de Legados, la Revista del Patrimonio Cultural de la Vega de San Mateo, en julio de 2014, con motivo del centenario del teléfono.

 

 

Notas

18. La Provincia, lunes 22 de junio de 1914, portada.

19. AHPLP. Sesión Ordinaria de fecha 16 de mayo de 1914. La placa se colocó, pero con los años debió caerse y el 4 de enero de1935 se le puso el nombre del capitán Gonzalo Suárez Navarro, hijo de la Vega muerto en la revolución de octubre de Barcelona. Ya el 13 de junio de 2001, el Ayuntamiento volvió a recuperar el nombre de calle Principal.

20. La Provincia, martes 23 de junio de 1914, pág. 2.

21. Ibidem.

22. Diario de Las Palmas, 15 de septiembre de 1914, pág. 3.

23. AHPLP. Fondo: Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, serie: Teléfonos, expediente nº 4, legajo nº 1, año: 1914.

24. AMSM.: Sesión ordinaria del 15 de mayo de 1917.

25. COLECCIÓN HISTÓRICO-TECNOLÓGICA DE TELEFÓNICA, obra citada, pág. 82. 

26. AMSM. Sesión ordinaria de fecha 25 de abril de 1951.

27. AHPLP. Fondo: Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, serie: Teléfonos, expediente nº 21, legajo nº 3, año: 1951.

28. Esta singular edificación, la de más altura hasta entonces, enriqueció el patrimonio arquitectónico, pues es uno de los pocos ejemplos de arquitectura académica del lugar, atribuida al arquitecto Eduardo Laforet, a quien inicialmente también se le encargó el nuevo colegio del Casco, si bien nunca se llevó a cabo su proyecto.

29. NARANJO MONZÓN, D.: San Mateo. Vivencias de un pueblo. Las Palmas de Gran Canaria, 2003, pág. 98.

30. BENÍTEZ BRAVO DE LAGUNA, J.: Anécdotas de Gran Canaria. Premio Ramón Roque, 1967, Madrid, 1967, págs. 37-38.

 

 

Entrevistas

María Teresa Marrero Martel, de 76 años, realizada el 8 de marzo de 2014.

María del Carmen Ramírez Montesdeoca, de 76 años, realizada el 11 de marzo de 2014.

Lidia E. Rodríguez Guerra, de 58 años, realizada el 20 de marzo de 2014. 

 

 

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Comentarios
Martes, 28 de Noviembre de 2017 a las 10:58 am - Víctor

#01 Una historia muy emocionante de los esfuerzos por conectar a las personas de nuestro pueblo con el resto del mundo.

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