Revista nº 702
ISSN 1885-6039

Personajes de El Tablado (I). Guillermo Rodríguez Díaz (1872-1952).

Viernes, 10 de Abril de 2015
Octavio Rodríguez Delgado (Cronista Oficial de Güímar)
Publicado en el número 569

Vamos a recordar a dos pioneros en el disfrute de las playas de Chimaje y El Tablado (Güímar, Tenerife) como lugares de veraneo y de ocio, un padre y un hijo, nacidos ambos en El Escobonal. Los dos fueron albañiles, artesanos y pescadores, pasaron sus ratos libres en la costa y gozaron de un excelente humor.

 

 

Guillermo Rodríguez Díaz nació en El Escobonal el 18 de enero de 1872, a la una de la madrugada, siendo hijo de don Gregorio Rodríguez Gómez y de doña María Díaz Rodríguez. Cinco días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro de Güímar por el cura ecónomo don Juan Elías Hernández, actuando como madrina doña Cándida Díaz Rodríguez y como testigos don Francisco Yanes, don Emilio Hernández Delgado y don José María Jorge, naturales y vecinos de dicho pago.

 

En 1895 y 1902 figuraba en el censo electoral de El Escobonal como jornalero agrícola; por entonces no era elegible para cargos concejiles y no sabía leer ni escribir. 

 

El 20 de mayo de 1896, a los 24 años de edad, contrajo matrimonio en la parroquia de San Pedro de Güímar con doña Leonor Castro Díaz, de 18 años e hija de don Vicente Castro Díaz y doña María Díaz Campos, naturales y vecinos de El Escobonal; los casó y veló don Vicente García y Duranza, Bachiller en Sagrada Teología, beneficiado ecónomo y arcipreste del distrito, siendo testigos del acto don Gregorio Sanabria y don Remigio Elías.

 

Chu Guillermo Rodríguez fue considerado como uno de los mejores tocadores de timple de la isla, aunque también tocaba el requinto, amenizando frecuentes bailes en casa de don Graciliano Díaz, acompañado por su hermano Chu José María a la guitarra.

 

Pero su actividad profesional fue la de albañil, construyendo numerosos edificios en toda la comarca.También esculpía figuras humanas en grandes bloques de tosca, que colocaba encima de las cocinas como remate de las chimeneas. Además, nuestro biografiado poseía unos llanos en el monte, uno en Copas y otro en Los Barranquillos, que sembraba de papas negras y cuando la cosecha se daba bien cogía tantas que llenaba dos cuevas.

 

También tenía tres casas en El Escobonal, con sus correspondientes sitios o huertas colindantes. Una estaba situada en La Tambora, y el sitio contaba con cueva y lagar. Otra estaba en la Hoya de los Almendreros y en ella se habilitó una de las primeras escuelas del pueblo, luego fue alquilada a don Lajerio Delgado y don Matías Delgado, quienes pusieron allí un comercio; y finalmente, sería el propio don Guillermo quien instaló en ella otro comercio y una panadería; el sitio tenía forma de herradura y en él poseía colmenas y numerosos almendreros, que terminaron dando nombre al lugar y constituían una bella estampa, sobre todo cuando estaban florecidos; parte de la casa la heredó su hija María y otra su hijo Manolillo, mientras que la mayor parte del sitio fue vendido por don Guillermo en solares. Y la tercera casa estaba en La Montaña, junto a la Carretera General, que durante algún tiempo tuvo alquilada a don César Marrero y en la que murió.

 

Hasta los años cincuenta del siglo pasado, eran pocos los agacheros que pasaban el verano y los ratos de ocio

en la costa de El Tablado y Chimaje, dedicados a la pesca y al baño

 

Como artesano confeccionaba arcos para adornar la Plaza de San José durante las fiestas patronales, que él mismo diseñaba. También para estas elaboraba unos barcos de cartón de grandes dimensiones, que llenaba de cohetes; los colgaba sobre la plaza, que aún era de tierra y no tenía árboles, y con un juego de cuerdas los hacía desplazarse por el aire de un lado a otro en el momento de la procesión, disparando los voladores en todas direcciones y sobre el público, lo que constituía uno de los números más esperados de la fiesta y de los más divertidos.

 

Su carácter era jocoso y solía disfrazarse por los Carnavales. En una ocasión se vistió de mujer, con un pantalón de saco y una falda corta, pero debajo de esta se colocó dos cebollas almorranas forradas en tela roja, un palo y mujos; salió por la Carretera jugando al trompo y cuando se agachaba para cogerlo enseñaba por debajo de la falda y por detrás los “adornos”. En otra ocasión construyó, también por Carnavales, un enorme muñeco sobre ruedas, con andamios de madera, que según una versión tenía forma de camella forrada con zurrones de baifo y según otra la de un gigante cubierto con tela de saco, al que le había pintado una máscara de varón; lo cierto es que llevó dicho machango al vecino pueblo de Fasnia, donde compró diversos productos, como cajas de velas y licores, que colocó en los andamios de su interior, regresando a El Escobonal por la Carretera; al pasar por el Fielato del Barranco de Herques se detuvo y volvió el muñeco hacia el fielatero, quien sin detectar el fraude se limitó a reírse de la ocurrencia de don Guillermo; este continuó su recorrido rodeado de numeroso público, se paseó por todo el pueblo y cuando se cansó se fue a su casa, donde colocó la mercancía en su comercio sin haber pagado un solo duro de impuestos.

 

Otra anécdota que demuestra su carácter jovial es la siguiente: una vez que subía desde la playa de Chimaje vio a lo lejos a una persona y decidió darle un susto; se cubrió con unas cuantas ahulagas y comenzó a hacer ruidos y movimientos violentos; enseguida llegó el comentario al pueblo de que había un “oso” en la costa. Y cuando se mudó con su familia a La Montaña, le tocó una vecina que tenía sus gallinas sueltas, las cuales se metían en la huerta de don Guillermo y le comían las hortalizas y las uvas de las parras. En vista de ello, nuestro biografiado elaboró una trampa con un rosario de millo mojado, con la que fue cogiendo una gallina tras otra, las cuales iban a parar al caldero familiar. Cuando la vecina se fue quedando sin ellas y comprendió lo que pasaba exclamó: “¡Ese hombre es un loco!” y el Sr. Rodríguez se quedó con ese apodo, Chu Guillermo el Loco.

 

Chimaje. Fueron don Guillermo y sus hijos los pioneros en el disfrute de las aguas y el paisaje de la playa de Chimaje, pues los escobonaleros no tenían aún esa costumbre. Chimaje era por entonces un lugar alejado, desierto e inhóspito, pero con la indudable belleza de una naturaleza virgen, caracterizada por la agreste desembocadura de los barrancos de Achacay y de la Rosa, con el espectacular cuchillo que los separa, y con una vegetación casi inalterada, caracterizada por el tabaibal-cardonal y el pequeño matorral halófilo resistente a la maresía. En este lugar pescaban gran cantidad de peces y moluscos para el consumo de la numerosa familia, a la vez que recolectaban en las rocas lapas y burgados, que cocían con papas. Para dicha actividad, don Guillermo construyó un barco de pesca que utilizó durante muchos años.

 

Guillermo Rodríguez Díaz falleció en su domicilio de La Montaña (El Escobonal) el 1 de marzo de 1952, a las tres de la tarde, cuando contaba 80 años de edad; no había recibido los Santos Sacramentos. Al día siguiente se oficiaron las honras fúnebres en la iglesia de San José por el cura párroco don Matías Batista Díaz y a continuación recibió sepultura en el cementerio de dicha localidad. 

 

Le sobrevivieron su esposa, doña Leonor Castro Díaz, y sus siete hijos, nacidos en El Escobonal: doña María del Rosario (1898), que casó en 1921 con don Justino Rodríguez Pérez; don Joaquín (1902), del que nos ocuparemos en la segunda parte, casado en 1923 con doña Cristina Torres Castro; don Juan Arturo (1904), que casó en 1930 con doña Severa Pérez Rodríguez (padres del destacado folclorista don Juan Rodríguez Pérez Juanillo); don Manuel Damián (1906), casado en 1933 con doña Antonia Altagracia García Díaz; don Hipólito (1912), que casó en 1943 con doña Nicolasa Díaz Castro; doña Inocencia Rufina Leonor (1914), que falleció de corta edad; y doña Benigna Rodríguez Castro (1917), casada en 1940 con el maestro nacional don Manuel Tejelo Guerrero.

 

Chimaje, con su pequeña capilla dedicada a San Guillermo

 

Pero el recuerdo de este curioso personaje perdura en el caserío de Chimaje. En una ocasión, unos vecinos encontraron en la playa una piedra moldeada por la erosión con cierta apariencia humana, que bautizaron como Chu Guillermo en honor de nuestro biografiado, como el primer pescador que pasaba largas temporadas en dicho lugar, y le hacían una fiesta anual el 12 de octubre, Día de la Hispanidad o de la Raza. En estos improvisados festejos populares se organizaba una “procesión” nada religiosa, en la que don Heliodoro Marrero, conocido por Lolo el de la Montaña, salía disfrazado de sacerdote, envuelto en sábanas y colchas, utilizando una revista para adultos a modo de misal. Luego, don José Cubas, conocido por Pepito el de Chelo, le entregó la simbólica piedra a don Santiago Díaz Gómez, quien cinco o seis años más tarde, a finales de los años setenta del pasado siglo, comenzó la construcción de una pequeña capilla dedicada a San Guillermo, en un solar público de la franja marítimo-terrestre, que fue bendecida por don Jesús, párroco de Taco (La Laguna) y capellán del Hospital de Ntra. Sra. de la Candelaria. Los materiales necesarios para la obra fueron comprados con el dinero recolectado entre los vecinos; y la primera imagen de San Guillermo fue adquirida y donada por don Arcadio Díaz Díaz, conocido por Chacho. Las andas fueron elaboradas y donadas por don Santiago Díaz Gómez; y las jarras de cristal que las adornan fueron donadas por don José Padilla. Luego, por suscripción entre todos los vecinos se adquirieron las pequeñas imágenes de San José y la Virgen del Carmen. Posteriormente se construyó un altar, formado con una mesa con un fondo de madera, que se usa únicamente para la misa del día de la Fiesta; fue elaborado por el mencionado don Santiago Díaz y los materiales necesarios para el mismo se adquirieron por suscripción entre los vecinos. Las jarras de flores que se colocan en dicho altar fueron donadas por doña María, conocida por Maruca, esposa de don José Cubas; mientras que los manteles de dicho altar fueron calados y donados por doña Aurora, madre del vecino don Félix Yanes y abuela del sacerdote don Juan Manuel Yanes Marrero. En el año 1998, la capilla de San Guillermo sufrió un acto vandálico, en el que unos desconocidos destrozaron la puerta y le rompieron las cabezas a las imágenes. Por dicho motivo, se encargó una nueva talla de San Guillermo en barro, que fue donada por su autora; también se adquirieron dos nuevas imágenes de San José y la Virgen del Carmen. A pesar de las vicisitudes, la festividad en honor a San Guillermo se continúa celebrando anualmente en el caserío de Chimaje.

 

 

Este texto fue publicado en el Programa de las 53 Fiestas Patronales en honor de San Carlos (El Tablado). Septiembre de 2008.

 

 

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