Revista nº 709
ISSN 1885-6039

Teobaldo Power y sus Cantos canarios.

Lunes, 23 de Octubre de 2017
Jaime Hamad
Publicado en el número 702

La figura de Teobaldo Power tiene para muchos canarios la significación de un símbolo, de un ejemplo de canariedad, y su obra Cantos canarios es algo que nos identifica, que nos une a nuestra tierra y supone... ¿un himno?

 

 

En estas últimas semanas en que hemos estado a la greña en la llamada "guerra de los himnos", demostrando una vez más la falta de sensatez que en muchísimas cuestiones campea por estos lares, ¿no hubiera sido quizá una buena solución tomar como himno un fragmento de los powerianos Cantos canarios, dotándolo de acertado texto de alguno de nuestros vates, de los de antes o de los de ahora, que los tenemos? ¿Qué me dicen, por ejemplo, del tema de folías? Hermoso, ¿verdad? Pues bien, Crosita, que tan bien conocía el alma y sentir canarios, no tuvo ningún reparo en denominar a las folías himno de mi patria, en su romance "Los romeros"; y en su poema "Folías", una de sus composiciones más densas de sentido poético, nos dice: "¡Oh canto de mi terruño, / tierra pastoril folía, / eres la patria, pues todo / su carácter simbolizas...".

 

Pero vayamos a lo que nos ocupa que es la personalidad artística y humana de nuestro insigne compositor y pianista Teobaldo Power.

 

Teobaldo Power Lugo-Viña nació en Santa Cruz de Tenerife el 6 de enero de 1848, hijo de Bartolomé Power y de Margarita Lugo-Viña. Recibió sus primeras lecciones de música de su padre, demostrando temprana capacidad para este arte. Prosiguió sus estudios en Barcelona y París, becado por la Diputación barcelonesa. Obtiene premios y distinciones; y vuelve a Tenerife, donde da conciertos. Viaja a Cuba, al terminar sus estudios en París. Dirige en Francia una compañía de ópera. Retorna a Madrid, donde vive durante ocho años, componiendo para piano y haciendo música de cámara. Actúa junto a Bretón y conoce a Albéniz. Su salud se resiente y en 1878 vuelve a Tenerife. Continúa sus viajes, esta vez por la isla de Madera y Lisboa, donde el rey don Luis de Braganza le nombra pianista de cámara. Contrae matrimonio en 1879 con Julia González Lugo-Viña. En Tenerife, el 5 de agosto de 1880 en la Sociedad Filarmónica, dirige el estreno de sus Cantos canarios. Posteriormente, en Madrid obtiene por oposición las plazas de organista de la Real Capilla y de profesor de piano del Conservatorio. Da clases y sus obras son publicadas por las editoriales madrileñas. Su reputación aumenta por momentos. Y el 16 de mayo de 1884, en la plenitud de su carrera deja de existir el ilustre músico tinerfeño.

 

Representa Power "una faceta del período romántico que le tocó vivir. Ha dejado una obra... que tiene una honda resonancia espiritual de su tierra. Su hermosa creación Cantos canarios sigue siendo una afirmación de fe canaria en la que ha sabido reconocerse todo un pueblo", escribe Ruiz Zaragoza. Surgió, al parecer, gracias a la solicitud que le hizo el escritor Elías Zerolo de un artículo sobre los cantos de las islas para la Revista de Canarias.

 

Sus Cantos canarios forman parte en la actualidad del repertorio de numerosos colectivos musicales. Desde las bandas de música (la de Santa Cruz de Tenerife los ha llevado al disco); las corales (el Orfeón la Paz lagunero ha grabado sus seguidillas y gueyero); hasta los cantantes y grupos folklóricos, como Olga Ramos que canta el arrorró sin acompañamiento instrumental, de manera expresiva y tierna (por ello fue muy aplaudida en Tenderete); Los Arrieros, que han escogido fragmentos para su "Misa" y algunas de sus canciones; Los Huaracheros, en su canción "Sol guanche"; Los Chincanayros en un tema de arrorró; Verode junto al arrorró de Cobiella y otras versiones palmeras; Los Sabandeños en su "Misa", "Cantata del mencey loco", "Seguidillas del salinero" y en su disco Cantos canarios, donde se contrasta la música de Power con las versiones actuales de sus ocho motivos; el timplista Totoyo y otros.

 

Finalmente, y además de las versiones sinfónicas existentes, en 1980 el pianista tinerfeño Guillermo González grabó un disco donde aparte de los Cantos canarios se contienen otras exquisitas obras de nuestro insigne músico.

 

 

Este texto fue publicado previamente en el número 4 de la revista San Borondón del CCPC (agosto, 1984).

 

 

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