Revista nº 809
ISSN 1885-6039

Al encuentro de... Lothar Siemens.

Martes, 30 de Julio de 2019
Rafael Moreno Izquierdo
Publicado en el número 794

BienMeSabe.org rescata esta entrevista histórica a uno de los más valiosos estudiosos y compositores musicales canarios. En la misma se aprecia cuál era la perspectiva particular de Siemens sobre el folklore insular en un contexto histórico (el de finales de los setenta del s. XX) altamente significativo en el Archipiélago.

 

 

Lothar Siemens es un canario nacido en Las Palmas aunque nadie, por su apellido, dé un duro. Desde pequeñito se llevó bien con sus padres. Estudió música en casa y fueron sus primeros instrumentos el piano y el violín. Comienza a trabajar en la empresa de sus padres a los 15 años, alternando con los estudios. Mientras trabaja va pasando por todos los puestos, desde barrendero de la empresa hasta director, pasando por hombre de mostrador. Estudió en la Facultad de Letras de Madrid y viaja desde 1963 a 1967 a Alemania, donde prosigue sus estudios especializándose en Musicología, Endología y Prehistoria. Ha pasado por numerosos puestos y actualmente es presidente de la Comisión de Música del Plan Cultural y también, tesorero de El Museo Canario. Tiene dentro de sus frutos un libro publicado: La música en Canarias, y otro a punto de salir en Madrid, Las obras de órgano de Santiago Aguilera de Heresa. También colabora en numerosas revistas científicas y, como compositor, ha estrenado varias obras de corte contemporáneo.

 

- La primera pregunta no es muy usual, pero me parece interesante. ¿Cómo es Lothar Siemens en su interior, fuera de los esquemas y las pegatinas?

- Contestaré muy simplemente. Soy un hombre muy enraizado, muy sedentario y familiar. Me gusta mucho el hogar, no me gusta la juerga, me relaciono poco con los demás, poseo una intensa vida familiar. Además de la música tengo las aficiones más raras que puedes imaginarte. Me gustan las peleas de gallos y, sobre todo, la gastronomía, tanto que he llegado a sospechar que era más importante que la música.

 

- Se le conoce dentro de los ambientes culturales como estudioso de dos grandes facetas, la de musicólogo y la de folklorista.

- Como musicólogo empecé por indicación de Lola da la Torre, que fue mi maestra por los años 50. Posteriormente pasé de la Facultad de Letras de Madrid a la de Hamburgo, en Alemania, donde continué mi carrera de Musicología, especializándome en Endología y Prehistoria. Desde entonces, por los años 60, colaboro con el Instituto Español de Musicología en su revista. Mis artículos en ella están relacionados con mis trabajos de investigación histórica, desde el siglo XVII, en la música española. Estas investigaciones estuvieron encaminadas, sobre todo, hacia el folklore canario, y en especial el de Gran Canaria; los campos fueron el folklore ritual y de trabajo. He buscado lo insólito, vamos a decir. Mis estudios históricos sobre el folklore proceden de investigaciones de papeles y documentos y de investigaciones de campo, capítulo muy interesante poco practicado y que todavía no he publicado.

 

- Como entendido en la materia, ¿cree que existe un verdadero folklore canario?

- En realidad no existe algo intrínsecamente canario. Nuestro folklore se ha creado de un cúmulo de circunstancias que, al combinarse de una manera que nunca lo habían hecho, dan tipos que son originales y parecen nuevos. Pero en rigor más de un 90 % de los combinantes no son originales. Actualmente es un deseo muy ferviente de los canarios en demostrar que hay guanchismo en el folklore canario, pero creo que es imposible pensarlo.

 

- ¿A qué cree que se debe esta falta de guanchismo?

- Bueno, a diversas razones. En primera razón fue la conquista. Supuso que la población aborigen fuera mermada. En segundo lugar la forma de vida y de relaciones socioculturales de los guanches fueron sustituidas por sistemas de economía, de pensamiento y de ideas sociales completamente diferentes. Esto comporta la eliminación de todo lo que no esté en función de esta realización.

 

- Antes ha hablado de los tipos de investigación que había utilizado en el estudio. ¿Podría explicarnos más detenidamente esto del folklore de campo y de archivos?

- El folklore de campo es coger un papel y/o un magnetofón, cuadricular el mapa de la isla en parcelas, empezando por una parte y terminando por la opuesta. Yo estuve tres años caminando entre montes y barrancos, conviviendo con las personas, y nunca sospeché las cosas que saben las gentes. Pienso que lo que yo recogí fue lo que encontré, pero si hubiera hecho otra segunda vuelta hubiera recogido cosas inéditas y nuevas, porque he llegado al convencimiento de que todo el mundo sabe cosas y haría falta preguntar a todos los habitantes para conocer el folklore existente. Cada uno tiene que seleccionar, porque es tal la información que da un informante que es imposible hacer todo si no té conformas con algo.

     Con respecto al folklore de documentos te diré que se pueden recoger cosas interesantes, sobre todo en los archivos de la Inquisición. Hay cantidad de procesos donde el fiscal, para conocer los hechos, investiga sobre todo en los que la brujería y los moriscos aparecen. En estos casos es posible que se encuentren cancioncillas y músicas: no es demasiado habitual, pero con paciencia ahí están. Yo tengo publicado un resumen sobre estos estudios en un libro titulado La música en Canarias.

 

- Durante tantos años de estudio del folklore, ¿qué experiencias ha adquirido de él?

- Fue una gran sorpresa para mí, cuando hice la investigación de campo, allá por los años 63 a 66, en que en esta isla las comunicaciones y los medios de difusión -radio, televisión...- no estaban desarrollados, el encontrar la riqueza increíble de culturización con que contaba la isla. Vi que el folklore todavía estaba vivo y se pudieron recoger muchísimas cosas.

 

- ¿Qué piensa del folklore que la gente en estos días demanda? ¿Cree que está de actualidad el folklore canario?

- El folklore que la gente demanda son las isas, las folías y las malagueñas, que tuvieron su eclosión prácticamente a mitad del siglo XVIII. Responden a una serie de modas que se implantaron en toda España; fue la época de las seguidillas y los fandangos que en Aragón dieron la jota y aquí esas piezas. Esta capa tapó a nivel general toda la capa de folklore más arcaico, de los que quedan aún muestras en distintas islas menores y en algunos puntos muy localizados de las islas mayores. 

     Hay que aclarar una cosa. Este auge no es nuevo. Lo que pasa es que uno se vuelve un poco viejo y entonces ve las cosas desde otra perspectiva. Cada nueva generación que se introduce cree oír por primera vez esto, y efectivamente para ellos sí es la primera vez, porque no saben que se lleva 50 años hablando antes que ellos. Hay mucho por hacer, pero esto no quiere decir que el camino no se haya trillado.

 

- ¿Existen en la actualidad algunos proyectos para seguir investigando este folklore isleño?

- Yo hice campaña en el año 1971 por la parte de las Tirajanas y recogí mucho; noté que la cosa todavía estaba exactamente igual. Ahora no sé, pues lo más seguro es que la mayoría de mis informantes -de avanzada edad- hayan muerto. De todos modos creo que en Gran Canaria, a mi juicio, se ha recogido bastante. El muestreo es amplio y representativo de todos los lugares de la isla. Para definir cómo es la cultura tradicional de Gran Canaria es suficiente, incluso a nivel de variantes epistomológicas. En las otras islas la cosa está por hacer. En Fuerteventura ha recogido folklore don Francisco Navarro Artiles, pero sus investigaciones son más bien de tipo filológico del habla popular, aunque por indicación mía también ha recogido bastante material. Quedamos en reunimos para trabajarlo, pero de eso hace dos años y todavía no se ha podido hacer; pero ya lo tiene recogido, que es un paso adelante. En este momento Talio Noda está trabajando en lo mismo en La Palma. Cuando vuelva este verano nos pondremos a trabajar sobre ello.

 

 

- Ha dado en determinadas ocasiones algunas directrices de cómo se debe recoger el folklore. ¿Podría esbozarlo aquí?

-Recoger folklore no es lo que se ha hecho siempre de salir al campo y recoger cosas bajo un criterio estilístico, la creación del pueblo, lo rústico, la maravilla popular. Hay que tener en cuenta que la canción está dentro de un problema endográfico más amplio. Se tiene que tener en cuenta que solo es un elemento dentro de un conjunto; que el punto de vista no es el mismo para el informante que para el informador... En resumen, todo hay que recogerlo dentro de una funcionalidad y bajo el flujo de las creencias y leyendas. Hay que saber recogerlo y no es muy fácil. En España se han hecho muchos cancioneros, pero pienso que de una forma muy incompleta, con criterios estilísticos y muy moralistas, dejando fuera muchos campos como, por ejemplo, todo lo relacionado con la sexología o el campo afectivo, que en medios rurales son muy importantes.

 

- Antes nos ha dicho que era un hombre muy hogareño y sedentario. ¿Es también muy sentimental?

- Yo de sentimientos entiendo poco, soy un hombre muy cerebral, es algo de lo que no puedo sustraerme. La vida sentimental la traslado a otros campos. Dentro del arte soy demasiado cerebral, no sé cómo trasladar el sentimiento a las artes.

 

- Entonces, si no es un hombre sentimental, ¿cómo comprende el folklore?

- Cuando contemplo el folklore lo hago de una manera meramente analítica. No puedo sustraerme al impulso de analizarlo y de llegar al meollo, a la materia prima que la ha recogido, transformado, condicionado, determinado... Son tal el número de elementos que conjugo que jamás se me ha ocurrido pensar que es una creación espontánea y que obedece exclusivamente a un sentimiento. Por todo eso no creo en la leyenda de que en el arte exista inspiración; sí comprendo una facilidad de la cual proviene de una voluntad de trabajo y por tanto un proceso creativo. En este proceso creativo hay algo incontrolado, desde luego. Esto incontrolado es lo que llaman inspiración, yo pienso que no es más que el subconsciente que ha vertido toda la cantidad de información que uno tiene acumulada. Cuando se pone a resolver un problema empiezan a surgir soluciones. El cerebro actúa como una computadora, combina las informaciones -que son datos conocidos- y da productos nuevos. Nosotros poseemos ese mecanismo de combinación, todo depende del trabajo que se ponga en hacerlo. Seguro que sale algo nuevo, algo que hasta a ti mismo te sorprenderá. El folklore es algo que obedece a unas exigencias que procede de una forma de organización. El folklore siempre está justificado; cuando este no esté justificado, deja de ser folklore para ser espectáculo. Es una necesidad vital y sociológica.

 

- Hasta ahora solo hemos hablado de una cara de la moneda, ¿por qué no hablamos de la otra?

- La faceta de compositor proviene de mis estudios musicales, especialmente de los que realicé con Gabriel Rodó, como complemento de mis estudios de Musicología en Alemania, donde me exigían tener un nivel técnico para poder desmenuzar y realizar una composición. Siempre he tomado esto como una afición; nunca he tenido la conciencia de ser compositor, más bien me defino como un advenedizo de este campo. Lo realizo porque puedo, cuando quiero y por pura necesidad. Hay épocas del año en las que siento una necesidad vital de expresarme componiendo, pero la verdad es que no tengo mucho tiempo, aparte de que el trabajo de componer es un trabajo intenso -puedo tardar en realizar diez o quince minutos de música, veinte o veinticinco días de trabajo-, descontando el dormir, el comer..., por eso la vida comunitaria a menudo se me hace muy ingrata y entonces la evito. Es una de las facetas que últimamente me está interesando más y más, desde mi punto de vista, porque soy un compositor que trabajo para el cajón. Realizo muchas cosas, cada vez más, pero no se han ejecutado casi todas ellas.

 

- ¿Por qué?

- No porque yo no quiera, sino por múltiples razones. Una de las importantes es que no existen profesionales que puedan realizarlas, pues aquí solo hay aficionados que ponen todo su empeño, pero... Esto condiciona e imposibilita; cada vez que te pones delante de un papel piensas: ¿lo hago para que se haga, o para que no se haga? Normalmente renuncias a elementos interesantes. Ahora tengo una pieza que yo creo que se podría hacer, porque he pensado en ello al componerla. Es una pieza solamente fonética, sobre el topónimo grancanario TENTENIGUADA. En ella se trabaja bajo un divertimento, introduciendo el humor como expresión. Debe realizarse, en resumen, por un coro parlante.

 

- Todo esto es muy complicado, pero lo interesante es saber si existe un público que quiera oírlo.

- Aquí no hay demanda creadora, lo que han hecho aquí los compositores canarios ha sido un poco imponiéndolo. Al público no le interesa la música de nuestro tiempo, no tiene curiosidad por ella, hay que reconocerlo porque es la verdad. Hacer una obra para un compositor es como un parto mental, algo que le es imposible sustraerse. En un momento determinado aparece una idea interna que se convierte en inquietud y se echa fuera; se plasma en el papel, terminándose el problema cuando has escrito la última nota y la encierras en el cajón te desembarazas de la cuestión.

 

- En su música contemporánea, ¿ha tenido de alguna manera influencia por el folklore canario?

- Ninguna, son dos planos diferentes, distintos, donde uno por evolución ha recogido al otro. El compositor debe tener total libertad para poderse apoyar en ideas puras. La música es un hecho puramente científico y matemático, porque nos guste o no nos guste es una ciencia y así se entiende en el extranjero.

 


Texto publicado previamente en El Eco de Canarias, 16 de julio de 1978. La foto es de Luis Troya.

 

 

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