Revista nº 905
ISSN 1885-6039

Pregón de las fiestas de san Antonio de Padua. Santa Brígida 2021.

Viernes, 25 de Junio de 2021
Alex Roberto Hansen Machín
Publicado en el número 893

El geógrafo e historiador Alex Hansen fue este año el encargado de pronunciar el pregón de las Fiestas en honor a san Antonio de Padua, un acto que tuvo lugar el viernes 4 de junio, a las 20:00 horas, en el Parque Municipal de Santa Brígida (Gran Canaria). Este fue el texto que ofreció al público asistente.

 

 

 

Buenas noches: Sr. alcalde, Sras. y Sres. concejalas y concejales del Ilustre Ayuntamiento de la Villa de Santa Brígida, autoridades invitadas, hijos e hijas predilectos y adoptivos del municipio, pregoneros y pregoneras que me han precedido, queridos vecinos y vecinas, amigos y familiares: este año de 2021, por las cosas del destino, me ha tocado a mí el honor de actuar de pregonero de las fiestas de san Antonio de Padua, y aunque me asusté de entrada por la responsabilidad que este encargo entraña y a punto estuve de rechazar la amable invitación que se me cursaba desde la alcaldía, al final una vocecilla interior, quizá un susurro emitido por el espíritu de san Antonio (no en balde vivo muy cerca de la iglesia), me convenció, no sin reparos por mi parte, de que debía de aceptarla. Trataré en consecuencia, y siendo coherente con mi decisión, de entretenerles y transmitirles algunas reflexiones que se me fueron ocurriendo y, creo, vienen a cuento en este día.

 

En primer lugar quiero manifestarles que iniciamos estas fiestas sin festejos de san Antonio de Padua, cuando llevamos un año largo de pandemia covid-19, un año duro para todos en el que deseo que recordemos a todos aquellos vecinos que sucumbieron a la misma o durante la misma y rendirles, desde aquí, un profundo y sentido reconocimiento a su memoria. Al tiempo, en 2020 y lo que va de 2021, años de restricciones, confinamientos y sacrificios, el sufrimiento se ha visto acrecentado por una continúa y numerosísima inmigración, la llegada de miles de seres humanos a Canarias, más de 28 000 hasta el momento, procedentes del vecino continente africano huyendo de la miseria y la desesperación. Y siguiendo las enseñanzas de san Antonio de Padua, que es "patrón de los pobres y los viajeros", que es el "Santo de las Gentes (...) porque él mismo quiso considerar todo el mundo como su casa", e impulsados por el Humanismo, arraigado profundamente en nuestra Cultura y en nuestras gentes, la sociedad canaria ha respondido extremando su solidaridad con los desamparados. En este marco, y como no podía ser de otra forma, Santa Brígida ha acogido a más de un centenar largo de migrantes menores de edad en diversas localizaciones del municipio, dando muestras de humanidad, liberalidad, acogida y solidaridad. En pocas palabras, de ser un pueblo bueno y maduro. Por todo ello, los canarios y los satauteños debemos de felicitarnos y sentirnos orgullosos de formar parte de esta noble comunidad.

 

En segundo lugar, quiero hablarles de un personaje de nuestro municipio al que, personalmente, apreciamos mucho: don Agustín Hernández Torres, un ejemplo de vida a contracorriente, el último campesino de la Caldera de Bandama. Con 94 años Agustinito el de El Fondo, como también se le denomina, es y ha sido residente del Caserío de Bandama y habitante-agricultor en el interior de la Caldera durante toda su vida. Llegó a la misma en 1936 a los nueve años con sus padres y sus ocho hermanos, y desde entonces ha vivido y trabajado en su interior como agricultor. Agustinito es el heredero y continuador de una larga saga de campesinos que comenzó en la prehistoria de Gran Canaria, continuó con los trabajadores de Daniel Van Dame desde finales del siglo XVI y se prolongó hasta comienzos del 2020, en el que el peso de los años interrumpió sus idas y venidas cotidianas del Caserío al Fondo y de este, vuelta al Caserío. Con su presencia en La Caldera perduró vivo el paisaje agrícola que la caracterizó durante los siglos anteriores y que ahora va desapareciendo tragado por la naturaleza emergente. Él es el último habitante/agricultor del espacio agrario más singular de nuestro municipio.

 

A lo largo de su prolongada vida Agustinito ha presenciado la transformación del paisaje que le rodeaba, que evolucionó de hacienda agrícola a paisaje protegido con la figura de Monumento Natural de la Caldera y el Pico de Bandama, siendo testigo de las importantes transformaciones que este territorio fue experimentando. Su presencia ha contribuido, sin duda, a su mejor conservación al tiempo que se fue convirtiendo, sin pretenderlo, en un personaje que ha atraído la curiosidad no solo de los excursionistas de la Caldera, sino también de periodistas locales y extranjeros cuyos trabajos han dado a conocer su singular experiencia de habitante solitario del Fondo, destacándose también su relevante papel como Conservador y guarda. Y además, Agustinito, con su sencillez y humildad, ha sido el informante para científicos e investigadores de la naturaleza y la etnografía del Monumento Natural: costumbres, toponimia, cultivos, fauna, vegetación, caminos, parcelario, infraestructuras... Una verdadera fuente de conocimiento de este importante rincón del municipio.

 

Y hoy en día, cuando caminar y hacer senderismo se ha puesto de moda como deporte, estamos frente a una persona que hasta sus 93 años aún subía y bajaba diariamente el sinuoso y abrupto camino de La Caldera, superando 232 m de desnivel sobre un sustrato difícil, lo cual lo ha convertido en un ejemplo de salud y vitalidad envidiable para todos. Probablemente Agustinito sea uno de los canarios que más metros ha acumulado a lo largo de su vida caminando en desnivel, pudiendo superar en la vertical una cifra en torno a los 12 000 km, muy cercana al diámetro terrestre, lo cual ha significado que ha recorrido una distancia mínima de 91 980 km de longitud. Esa cifra es algo superior a haber dado la vuelta a la Tierra algo más de dos veces siguiendo el perímetro ecuatorial, y todo ello sin considerar los desplazamientos propios del trabajo en el interior de La Caldera. ¡Y no ha sido por deporte!

 

Con el fin de que el ayuntamiento de Santa Brígida conociera y reconociera estas destacadas labores de uno de nuestros vecinos, la Asociación Sociocultural Drago de Sataute le propuso en enero de 2019 que se le realizara un homenaje por los méritos mencionados. Y aunque las cosas de palacio van despacio, tanto el equipo de gobierno anterior como el actual fueron sensibles a la propuesta ciudadana que ha acabado felizmente con el nombramiento de Agustinito Hernández Torres como Hijo Adoptivo de este municipio por unanimidad de la presente corporación en el pleno extraordinario del día 25 de marzo del presente año. Y les he contado aquí esta singular historia porque nos parece que el reconocimiento y el agradecimiento a nuestros ciudadanos, por su buen ser y hacer, es una costumbre que deberíamos cultivar permanentemente. Y nos da la impresión de que la corporación ha captado la idea, ya que varios de su miembros han manifestado públicamente su propósito de institucionalizar esta tarea de reconocimiento y agradecimiento a los habitantes del municipio que destaquen por su idiosincrasia. De esa manera, las asociaciones ciudadanas, y nuestro ayuntamiento en interacción, contribuimos a desarrollar una sociedad más feliz y cohesionada, en la que la consideración y el respeto con el otro se convierta en modo de ser y motivo de satisfacción para todos.

 

En tercer lugar, como geógrafo que soy no puedo evitar enlazar los cambios del paisaje que han ocurrido durante la vida de Agustinito con los cambios de la características del territorio que ha experimentado el espacio geográfico del municipio en ese mismo periodo. Este ha pasado del paisaje agrícola que ocupaba casi toda su superficie hasta la década de los años de 1950 y de la escasísima cubierta vegetal que poseía a comienzos del siglo XX, al abandono agrícola primero y a la regeneración natural de la vegetación después, junto a una fuerte densificación del poblamiento: hoy los bosquetes termófilos de acebuchales, y palmerales principalmente, se extienden de nuevo por amplias superficies hermoseando nuestro municipio al tiempo que los matorrales, cañaverales y herbazales recubren la mayor parte de las laderas, fondos de barranco y terrenos baldíos. Y este cambio paisajístico hacia lo verde, hacia la frondosidad de las arboledas, es una muy buena noticia porque todo ello contribuye a nuestro bienestar aportándonos oxígeno, una atmósfera limpia, un paisaje bello, biodiverso y armónico, un lujo para los sentidos no sólo de todos nuestros habitantes sino también de los miles de transeúntes y turistas que nos visitan cada año.

 

 

Y como todo en la Vida tiene dos caras, estos procesos beneficiosos también han introducido nuevos riesgos para la población y el patrimonio construido y, por tanto, nuevos retos frente a los que no podemos permanecer indiferentes como colectividad. La masa vegetal crece constantemente aumentando el riesgo de incendios forestales incontrolables como los que hemos visto prodigarse en los últimos años en nuestra isla y otras partes del Archipiélago, de nuestro país y del mundo. Nuestro municipio y la cuenca del Guiniguada en que habita se encuentran densa y dispersamente poblados. No tenemos más remedio que aplicar medidas preventivas y correctoras que emerjan de nuestras instituciones, cabildo y ayuntamientos, pero también de la responsabilidad ciudadana de cada individuo y de los responsables de las fincas y terrenos. En el presente inmediato en el que vivimos, igual que hemos aprendido a vivir los canarios sabiendo administrar el agua, tenemos que expandir en la conciencia social la capacidad de minimizar los riesgos para adelantarnos, en la medida de lo posible, a la destructiva amenaza del fuego. La buena noticia es que como ciudadanos comunes formamos parte de la solución: nuestra mejor aportación es consumir productos agrícolas y ganaderos del municipio y de la isla, quesos, leche, papas, verduras, frutas y, por supuesto, nuestros excelentes vinos... Al actuar de esta manera, no solo nos nutrimos con productos de gran calidad sino que al tiempo, contribuimos sosteniendo un paisaje mosaico que reduce los riesgos de que los incendios se extiendan y, además, proporcionamos empleo a nuestras gentes disminuyendo el paro y aumentando nuestra riqueza. Y si contribuimos todos a una, manteniendo limpios los campos, aisladas las casas de la vegetación, teniendo especial cuidado con todo lo que pueda significar fuego, podremos gozar de una maravillosa Naturaleza, una buena salud y al tiempo, vivir tranquilos alejados de zozobras.

 

En cuarto lugar y por último, quiero contarles algo de mi Infancia reflejada: el parque municipal del ingeniero Laureano de Armas Gourie que hoy dichosamente estrenamos renovado y dignificado, actúa en mí como un espejo cuya imagen me produce la alegría de recuperar un lugar común de los ciudadanos satauteños, con un proyecto de autenticidad y respeto al patrimonio sin renunciar a la modernidad, rescatando las formas y los modos arquitectónicos ideados por el autor poco antes de que fuera construido en torno a 1948. Y es que esa alegría, inspirada en este espacio público, me transporta a las experiencias de los tiempos de mi niñez en que corría por estas tres plazas escalonadas, me deslizaba por los muros de cantería de las escaleras como si de toboganes se tratara u observaba absorto los peces de colores de la fuente nadando entre los juncos que crecían en su aguas. Las tres plazas de este original parque: arriba, la del algarrobo, en medio la de la fuente y el escenario, abajo la de la glorieta y los plátanos con sus hojas otoñadas. Fueron tiempos de presencia de mis afables abuelos, don Antonio Machín y doña Carmen Díaz, a quienes recuerdo con entrañable cariño y debo mi raíz satauteña. Tiempos de inocentes juegos infantiles con mis amigos Lupita Ventura y Juan Sixto Muñoz Ramírez, cuya amistad y cariño conservo aún. Fueron tiempos en que un pueblo mucho más pequeño que el actual usaba intensamente este parque municipal para desarrollar su relaciones sociales, para sus conciertos, sus verbenas, sus carreras de patines en el espacio comprendido entre el porche del bar de Pipo y el parterre del hermoso algarrobo. Un parque en el que los acordes de la banda municipal sonaban a diario formando parte del ambiente, animando el juego de los chiquillos y el baile de los no tan niños. Un ambiente de alegre y sana convivencia de los satauteños y sus visitantes, que volverá a brillar en los tiempos que se aproximan con la culminación de todas las obras de recuperación de este valioso espacio comunal. ¡Estoy seguro de que mi alegría y satisfacción por la restauración y puesta al día del mismo es compartida por todos los satauteños, porque los parques públicos y bellos como este son espacios creados para el goce y la felicidad de toda la ciudadanía!

 

Y para terminar, lo que verdaderamente quiero esta noche es desearles unas felices fiestas, que la Vida y san Antonio de Padua nos traigan paz interior, alegría, ingentes cantidades de salud y felicidad. Y si fuera posible, mucha abundancia para todos. Muchas gracias por su amable y paciente escucha.

 

¡Viva el Pueblo de Santa Brígida! ¡Vivan las fiestas de san Antonio de Padua!

 

En Santa Brígida, a 04 de Junio de 2021

 

 

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