Revista nº 969
ISSN 1885-6039

La costa de Bañaderos durante la crisis de la cochinilla y su incidencia en la emigración a Ultramar.

Domingo, 13 de Noviembre de 2022
Ramón Díaz Hernández
Publicado en el número 965

Los cultivos de tuneras se extendieron por toda la zona media y baja desde Los Portales hasta la costa de Bañaderos-San Andrés, sustituyendo las plantaciones de cereales, leguminosas, viñedos, frutales, tubérculos... Todavía quedan bancales abandonados con tuneras que resisten aun como vestigios de la época dorada de la cochinilla.

 

 

Como no puedo vivir
en la tierra en que he nacido
marcho a América a morir
lejos del Teide (o del Nublo) querido.

(Canción popular tomada de A. Arbelo Curbelo:
La población canaria, Siglos XV al XX
y sus fenómenos sanitarios 1901-1981
, p. 140)

 

 

1. La exportación de cochinilla

En Gran Canaria, y sobre todo en la demarcación de Arucas, fue la cochinilla la que más contribuyó al engrandecimiento material de sus habitantes en la segunda mitad de s. XIX. La cochinilla es un insecto parásito que infecta las plantas de los géneros Opuntia y Cereus, también conocidas popularmente como tuneras, nopales o chumberas. Este insecto se adhiere a las pencas cubriéndose de una sustancia blanca algodonosa y gelatinosa. Su cuerpo contiene un tinte de color granate por lo que se le conoce también con los nombres de grana tintórea y cochinilla grana con múltiples aplicaciones como colorante natural en la industria textil, alimentaria y ornamental.

 

Fig. 1. Mapa de la localización de Bañaderos en la costa norte de Gran Canaria

 

La planta se trajo de México y su reconocimiento oficial como cultivo de interés económico data de 1822, pero se empezó a implantar en toda Canarias en la década de los treinta del s. XIX. Para saber de su importancia véanse las páginas 267-268 del libro Historia de Gran Canaria (T. II), de Agustín Millares Torres, editado en 1998, en donde se incluye un interesante cuadro estadístico de las exportaciones canarias de cochinilla desde 1831 a 1865.

 

En nuestro municipio de Arucas (Gran Canaria) ocupó en poco tiempo la mayor parte de las tierras cultivables, con lo que fue necesaria la incorporación de espacios marginales para dar cabida a la creciente producción demandada por los mercados exteriores. Los cultivos de tuneras se extendieron por toda la zona media y baja desde Los Portales hasta la costa de Bañaderos-San Andrés, sustituyendo las plantaciones de cereales, leguminosas, viñedos, frutales, tubérculos, hortalizas y plantas forrajeras. Todavía quedan bancales abandonados con tuneras que resisten aun como vestigios de la época dorada de la cochinilla. Cuando Claudio de la Torre anduvo por la costa de Arucas, allá por los años sesenta del pasado siglo, escribió lo siguiente: “Los Bañaderos: entre marinero y agricultor, el barrio tiene sus playas de algas y sus viejos campos de cochinilla”1.

 

 

La prosperidad material que generó la cochinilla entre la gente que habitaba esta zona costera y la que vino desde otras partes de la Isla atraída por el boyante negocio, motivó el aumento de su población considerablemente. La llegada de nuevos habitantes elevó el poblamiento de Bañaderos y caseríos de su entorno al 24 % sobre el total de Arucas e hizo necesario el cuidado espiritual de sus almas a través de la edificación de una ermita consagrada a san Pedro Apóstol. Esta ermita se terminó de construir en 1878 y, más tarde (en 1891), fue elevada a la consideración de parroquia, independizándose de la tutela del cura beneficiado de San Juan Bautista de Arucas2. Toda una novedad para la época pues era la primera vez que una cosa así sucedía en Arucas.

 

Sobre lo que acontecía en la costa cuando se expandieron los cultivos de tuneras en la segunda mitad del s. XIX, Marcelino Quintana (primer cronista oficial del municipio) lo dejó registrado en sus apuntes escritos en 1928: “Lo que antes eran majanos y laderas se convirtieron en grandes cercados”3. Gracias al insecto, los terrenos ordinarios (incluso los baldíos) se vieron enseguida cubiertos de tuneras que adquirieron un valor incalculable. Hasta entonces no hubo otro cultivo que aportase tanta rentabilidad a sus productores. “Los precios fabulosos alcanzados por la cochinilla trajeron para Canarias un bienestar desconocido en todas las clases sociales, desde el humilde jornalero hasta el opulento propietario”4. Se puede decir que el negocio cochinillero aumentó el lujo y el derroche5 en las localidades favorecidas por la producción, elaboración y exportación (véase fig. 2).

 

 

Pero, como ya había sucedido antes con la producción de la caña de azúcar (desde finales del s. XV hasta comienzos del XVI), y más tarde con el vino, el cultivo de la cochinilla en calidad de monocultivo agroexportador implantado en Canarias desde 1830, entró en una decadencia irreversible a partir de 18766. El causante de la suspensión de las compras de la grana por parte de los países destinatarios fueron los colorantes artificiales. En efecto, las anilinas elaboradas con compuestos químicos y sustancias sintéticas con propiedades tintóreas de fabricación industrial resultaban más baratos y de más fácil acceso a las potencias industrializadas de la Europa occidental (Francia, Bélgica, Reino Unido y Alemania), que fueron las culpables de que se interrumpiera el comercio de la cochinilla con Canarias en 1883, motivo por el cual se abandonaron los cultivos de nopales y la producción del preciado insecto se fue al traste.

 

Una vez cerrado este agraciado comercio exterior, el negocio cochinillero dejó también de ser el maná que hizo llover beneficios sin par como principal producto de exportación de las Islas Canarias hacia el continente europeo. Como era de esperar en estos casos, la suspensión de las exportaciones supuso un gran descalabro socioeconómico para el conjunto de las Islas, cuya agonía se hizo patente hasta los años noventa del pasado s. XIX.

 

De nuevo leemos en los citados apuntes de Quintana Miranda la declaración de un testigo de excepción que vivió la crisis exportadora en sus propias carnes. Se trata del potentado aruquense “Demetrio Granado Marrero, labrador y vecino de esta ciudad, (que) me ha contado hoy nueve de diciembre de 1928 que se casó en Enero de 1878 y que por esta fecha de su vida se acuerda que la última cosecha de cochinilla vendida a buenos precios fue la de otoño del año anterior, llegando a venderse la libra a 3,75 pesetas y alguna se llegó a vender a napoleón (fig. 3), moneda francesa que valía 4,75 pesetas españolas y que circulaba por entonces en esta isla. Durante dicho año de 1878 cayó precipitadamente este cultivo, llegando a venderse la libra a dos reales de plata (es decir, 0,96 pesetas)”7.

 

Fig. 3. Moneda francesa de curso legal en España conocida popularmente por napoleón

 

La depreciación del valor de la cochinilla en los mercados exteriores primero, y la crisis exportadora después, provocaron una caída brusca de la economía en general y la ruina irremediable de numerosos propietarios, arrendadores de fincas, transportistas, almacenistas, cosecheros, proveedores de guacales8, vendedores de agua de riego, suministradores de abonos y demás insumos agrícolas; y, por supuesto, arrojó al paro forzoso a la mayoría de los jornaleros asalariados, medianeros o colonos que quedaron abocados a la miseria más absoluta. Numerosas familias de clase media de la localidad, ante la estrechez involuntaria a la que se veían abocadas, se desprendieron de objetos prescindibles como pianos, arpas, violines, libros, vajillas y otros enseres domésticos mediante su venta a través de anuncios en la prensa insular.

 

Los periódicos de esos años insertan abundantes avisos de compraventa de fincas, viviendas, participaciones en heredamientos y comunidades de regantes con la que muchos propietarios arruinados adquirían un billete de ida para “hacer las Américas”. El crack de la cochinilla a nivel regional fue una de las causas determinantes de que el número de salidas de compatriotas hacia América experimentase una aceleración sustancial buscando en otros lugares los medios de subsistencia que su tierra les negaba9.

 

Fig. 4. Foto de un cultivo de tuneras para la obtención de cochinilla junto a la carretera (1934)

 


2. Reactivación de la emigración (1853-1910): el caso de Bañaderos y sus caseríos en la zona costera de Arucas

Este acontecimiento produjo igualmente un fuerte impacto económico y social en las comarcas bajas del municipio de Arucas, en cuyas tierras de labranza no se plantaba otra cosa que no fueran las famosas tuneras o nopaleras. Como ya anticipamos, fueron muchos los propietarios y arrendatarios locales que se arruinaron al no poder hacer frente a las deudas contraídas con los prestamistas y a los elevados costes de producción al quedar suspendidas las ventas en los mercados de importación. Los trabajadores por cuenta ajena (jornaleros sin tierra, asalariados, colonos y aparceros) perdieron sus empleos después de haber soportado sucesivas temporadas con salarios bajos (la mayoría de los jornales no superaban las 1,30 pesetas por día trabajado, cuando en el resto de España los salario medios cotizaban a 1,70 pesetas/día )10.

 

 

De nuevo se volvía a repetir el tristísimo panorama de una desbandada humana embarcándose hacia América. La emigración a la isla de Cuba, preferentemente (pero también hacia otros destinos como Uruguay, Puerto Rico, Argentina, México, Brasil, Costa Rica y Venezuela), se convirtió en la válvula de escape más socorrida para muchos paisanos que huían desesperadamente de una miseria segura, con todos los padecimientos que ello conllevaba. En estos años de crisis profunda en todo el Archipiélago, la zona baja de Arucas, conocida como la Costa de Layraga, un espacio compartido con los municipios de Moya y Guía, perdió población a ritmo acelerado debido a las numerosas personas que se ausentaron por haberse ido o por estar residiendo en las referidas repúblicas americanas que en aquellos momentos adversos se convirtieron en una hospitalaria tierra de promisión. Tal fue así que el goteo demográfico, tanto el registrado como el que se hacía al margen de las autoridades locales o sin controlar oficialmente, alcanzó cifras realmente elevadas (tabla 2).

 

Entre 1875 y 1894 se ausentaron de Arucas nada menos que 2937 personas, casi un 34 % de la población empadronada aplicando el método de la tabla de excedentes11. Sin embargo, las cifras oficiales de emigrantes de esta localidad están infravaloradas pues reconocen solamente a aquellas pocas personas que, por una u otra razón, se veían obligadas a dar cuenta a la municipalidad de su ausencia por desplazamiento de la residencia habitual a otros lugares lejanos y las causas que lo motivaban. Ya dijimos que los bajos salarios provocaron un creciente malestar contra los finqueros y demás contratadores que durante esos años recogieron grandes beneficios, pero que no compartieron con quienes hicieron posible la generación de tanta riqueza. En honor a la verdad, no era aquella la única adversidad la que les impulsaba a marcharse, pues habían otras tres razones poderosas como son: a) el elevado precio de los artículos de primera necesidad que generaron carestía, privaciones y subnutrición; b) los canarios que residían en América escribían a sus familiares de las Islas las denominadas cartas de la llamada en donde relataban lo fácil que era ganarse la vida en aquellas jóvenes repúblicas. La llegada de algún exitoso indiano cubierto de pesos y bolívares aureolaba a estos nuevos ricos y mitificaban la aventura de emigrar y la fascinación por enriquecerse en América; y c) otro elemento importante fueron las levas forzosas y el caciquil sistema de sorteo de los quintos para formar parte de los ejércitos españoles que combatieron en el Rif marroquí, Filipinas, Puerto Rico y Cuba; motivo por el cual muchos jóvenes optaron por la evasión del servicio militar huyendo de aquí mucho antes de cumplir la edad reglamentaria con el decidido apoyo de sus progenitores.

 

La mayoría de las personas que salían de la Isla lo hacían por medio de procedimientos no controlados oficialmente. Por esa razón solo encontramos una cifra pequeña de 49 personas desagregadas por el lugar de procedencia dentro del municipio de Arucas, y con distinción de sexos. La mayoría eran varones, residentes en la Costa de Bañaderos y San Andrés,  junto a unos pocos de El Hinojal, El Cardonal, Cruz de Pineda, Llano Blanco, Quintanilla y El Puertillo. A lado de estos 41 varones había ocho mujeres de Bañaderos, dos de San Andrés y una de Quintanilla.

 

De los datos expuestos, lo primero que debemos destacar es la supremacía de los varones sobre las féminas en el cómputo total. De lo que se infiere que las mujeres se tenían que enfrentar a mayores impedimentos que los hombres para emigrar. La mayoría de estas 49 personas eran jóvenes y solteros, una condición personal que les hacía más emprendedores y seguros de sí mismos. Por razones de edad se les supone también menos enraizados con la realidad social, económica y familiar de la zona y (como ya se dijo), frecuentemente sin el servicio militar cumplido. Muchos se iban precisamente para no tener que realizar el servicio militar, como comentábamos. Los abusos caciquiles en los sorteos que se hacían para elegir a los mozos que debían hacer la mili eran tan descarados que propiciaron el que hasta los mismos padres fomentaran la salida de sus tiernos vástagos, todavía comprendidos en edades muy tempranas12. Y es que, como es bien sabido, en los meses que antecedieron a 1896 se reclutaron numerosos jóvenes canarios para surtir de soldados al ejército español que combatía la insurrección de la isla de Cuba, pero también en el norte de África contra los rifeños alzados y los independentistas filipinos. Por entonces, el reclutamiento no se ejecutaba ortodoxamente puesto que los notables locales conseguían evitar casi siempre el enrolamiento de sus hijos en perjuicio de las familias más humildes y menos influyentes. Dicho sea en términos más claros: manipulaban a su favor el sorteo de los quintos13.

 

Fig. 5. Bañaderos en 1893  (foto de Carl Normann, fondo FEDAC)

 

Ante situaciones abusivas como la referida, el recurso a la fuga fue ampliamente utilizado por numerosos mozos de esta comarca, dando como resultado un voluminoso expediente de prófugos y de licencias a  “menores sin personalidad” para embarcar hacia América, que se conserva en muy buen estado en el Archivo Municipal de Arucas14.

 

Fig. 6. Bañaderos (circa 1960) (Fondo FEDAC)

 

Pero es que, además, en estos años la emigración fue forzosamente un acto puramente selectivo por cuanto que los riesgos que afrontaban sus propios protagonistas debieron alcanzar niveles muy altos dada la inseguridad de los barcos que de forma clandestina hacían la travesía americana, pero también por las compañías navieras autorizadas. De otra parte, apréciese cómo de los ocho barrios enumerados en el cuadro que antecede a este comentario sobresalen en primer lugar los emigrantes correspondientes al caserío de Bañaderos; después le siguen los que proceden de San Andrés. Este hecho se debe a varias razones: a que se trataba de los dos caseríos más expuestos al derrumbe del negocio cochinillero por la extensión de los plantíos, y por tratarse de los lugares más poblados de la zona baja de Arucas a finales del siglo XIX. Dos aspectos que tan solo por su mayor exposición al riesgo parecería lógico atribuirles también mayor incidencia frente al fenómeno migratorio.

 

Fig. 7. Bañaderos entre el océano Atlántico y el mar de plataneras (circa 1970)

 

 

3. Perfil biográfico de algunas de las personas emigradas (1891-1905)

De las 49 personas registradas como emigrantes procedentes de la costa de Arucas y su entorno, que embarcaron entre los años 1891 y 1905, solo hemos podido ver 16 expedientes con una ficha más extensa que nos aporta algún dato adicional, como son su localidad de nacimiento, edad, sexo, estado civil, profesión, lugar de residencia y especificidades biográficas como la forma de la cara, la nariz, el color de la piel, ojos y el pelo o la estatura. Junto a varios jóvenes de 15 y 17 años van también personas mayores de 50 y hasta de 68 años; además de los jornaleros que son mayoría. Se van también dos propietarios, un herrero, un panadero y un labrador, lo que prueba que las cosas no iban bien incluso para aquellos sectores sociales no dependientes del sector primario.

 

Estos rasgos físicos de los participantes de la emigración costera de finales del siglo XIX atraen nuestra atención porque presentan un indudable interés humanístico. Se trata de conocerlas y saber cómo eran aquellas personas que estamos estudiando por la honda significación social y simbólica que encierran como antepasados nuestros. También, justo es reconocerlo, porque reflejan un cuadro sociológico mucho más fresco y directo para los lectores en modo alguno comparable con la frialdad de las anónimas estadísticas. En nuestro caso particular, se trata de tan solo unos 16 ejemplos de entre la voluminosa emigración de esta localidad. La detallada y minuciosa descripción de algunas de estas personas se debe a que varios de ellos eran en realidad “prófugos sobrevenidos” que, al marcharse antes de la edad reglamentaria para enrolarse en las filas del ejército, abandonaban la Isla bajo la responsabilidad de sus progenitores, eludiendo sus responsabilidades en todo lo relativo al servicio militar. También se iban ante la imposibilidad de saldar sus deudas, por desavenencias conyugales o familiares, por carencia de perspectivas de futuro en la localidad de origen, etc. Véase a renglón seguido la relación minuciosa que el funcionario municipal de turno redactó describiendo las señas personales de dieciséis personas que manifestaron su intención de emigrar a América15:

-José Gil Quintana (emigrado el 28-XII-1891). Natural de Moya, de 21 años de edad, jornalero, soltero, domiciliado en La Costa, estatura regular, pelo castaño, ojos pardos claros, nariz regular, cara oval, barba clara y color trigueño.

-Pedro Martín Rivero (emigrado el 10-XII-1892). Natural de Arucas, de 17 años de edad, labrador, domiciliado en La Costa, estatura regular, pelo castaño, ojos pardos, nariz pequeña, cara redonda, barbilampiño, color blanco. Señas particulares: pecas en toda la cara, soltero.

-Pedro Martín Benítez (emigrado el 19-10-1892). Natural de Arucas, casado, de 50 años, propietario, domiciliado en La Costa. Estatura alta, pelo entrecano, ojos pardos. Nariz regular, cara redonda. Barba poblada. Color blanco.

-Bonifacio Rodríguez Lorenzo (emigrado el 24-1-1893). Natural de Arucas, de 15 años de edad, soltero, domiciliado en La Costa. Estatura baja, pelo castaño, ojos negros, nariz ancha, cara redonda, sin barba, color trigueño.

-Luis Rosales Torres (emigrado el 11-10-1893). Natural de Arucas, de 25 años, propietario, domiciliado en Bañaderos. Estatura alta, pelo castaño, ojos pardos, nariz regular, cara oval, barba poblada, color trigueño.

-Prudencio Rodríguez Morán (emigrado el 12-10-1892). Natural de Arucas, de 15 años de edad, soltero, jornalero, domiciliado en El Puertillo, estatura baja, pelo castaño, ojos pardos, nariz ancha, cara oval, sin barba, color blanco.

-Eugenio Quevedo y Castellano (emigrado el 27-10-1893). Natural de Arucas, de 45 años de edad, herrero, casado, domiciliado en La Costa. Estatura regular, pelo castaño, ojos pardos, nariz regular, cara oval, barba clara y color trigueño.

-Miguel Molina Hernández (emigrado el 11-11-1893). Natural de Arucas. De 15 años de edad, soltero, jornalero, domiciliado en La Costa, estatura regular, pelo rubio, ojos azules, nariz regular, cara oval, barbilampiño y de color blanco.

-Lucía Cardoso Hernández (emigrada el 7-8-1894). Natural de Arucas, de 34 años, soltera, sus labores, domiciliada en La Costa, estatura alta, pelo negro, ojos pardos, nariz ancha, cara redonda y color trigueño.

-Encarnación Suárez Marrero (emigrada el 21-6-1898). Natural de Arucas, de 68 años, viuda, propietaria, domiciliada en La Costa, de estatura baja, pelo cano, ojos pardos, nariz ancha, cara oval y color trigueño.

-Antonio Medina Pérez (emigrado el 19-7-1905). Natural de Arucas, de 37 años, casado, jornalero, domiciliado en el Bañadero, estatura regular, pelo castaño, ojos azules, nariz regular, cara longa, color blanco, patilla rubia.

-María Santana González (emigrada el 19-7-1905). Natural de Arucas, de 27 años, casada, jornalera, domiciliada en el Bañadero, estatura regular, pelo castaño oscuro, ojos pardos, nariz, regular, cara longa, color blanco, tiene dos lunares en la nariz.

-Doña María González Déniz (emigrada el 19-7-1905). Natural de Arucas, de 50 años de edad, casada, sus labores, domiciliada en Bañaderos, de estatura regular, pelo castaño, ojos pardos, nariz regular, color blanco y tiene un lunar en la ceja izquierda.

-Doña Asunción Santana González (emigrada el 19-7-1905). Natural de Arucas, de 23 años, soltera, jornalera, domiciliada en Bañaderos, estatura regular, ojos pardos, color trigueño, nariz regular y tiene un lunar en el labio superior.

-Manuel Medina Valencia (emigrado el 15-7-1905). Natural de Guía (en Gran Canaria), de 40 años de edad, casado, panadero, domiciliado en El Puerto (se refiere a nuestro El Puertillo), de estatura regular, pelo cano, ojos azules, color trigueño, nariz aguileña y tiene una cicatriz sobre el ojo izquierdo.

-Pedro Santana Rosales (emigrado el 13-11-1905). Natural de Arucas, casado, de 56 años, propietario, domiciliado en El Peñón, de estatura regular, pelo cano, ojos pardos, nariz regular, barba poblada y color trigueño.

 

 

Notas

1. DE LA TORRE, Claudio (1966-2007): Las Canarias orientales. Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. Editorial Destino Barcelona y edición facsímil del Gobierno de Canarias, p. 173.

2. El 13 de junio de 1867, los vecinos del Bañadero don Francisco León Rodríguez y don Juan Leandro González presentaron una solicitud para fabricar en dicho lugar una ermita en honor de San Pedro para la que ya tenían reunidos más de 15 000 reales y permiso que les fue concedido por el obispo sr. Lluch el 3 de julio de dicho año (QUINTANA MIRANDA, Pedro Marcelino: Cuaderno 3 de noticias referentes al pueblo y parroquia de Arucas, p. 56: https://accedacris.ulpgc.es/handle/10553/59955).

3. QUINTANA MIRANDA, Pedro Marcelino (1928): Cuaderno Segundo de notas referentes al pueblo y parroquia de Arucas, p. 147. Edición electrónica. Biblioteca de la ULPGC. (https://accedacris.ulpgc.es/bitstream/10553/59955/2/Cuaderno II).

4. ROMEU, Enrique; DE LA ROSA, Leopoldo y BERNAL, Antonio Miguel (1981): Las Islas Canarias. Ed. Austral-Espasa-Calpe, Madrid, p. 244.

5. MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Tomo VIII, p. 121.

6. DÍAZ LLANOS, Rafael (1953): Síntesis de la economía canaria. Editorial: Roel, La Coruña.

7. Testimonio oral recogido por QUINTANA MIRANDA, Pedro Marcelino (1928): Cuaderno Segundo de notas referentes al pueblo y parroquia de Arucas, p. 147 (https://accedacris.ulpgc.es/bitstream/10553/59955/2/Cuaderno II).

8. Envase, envoltura de paja, papel o madera para el transporte de mercancías (en Pancho Guerra, [1977]: Léxico de Gran Canaria, T. III, Cabildo de Gran Canaria, p. 184).

9. MARTÍN RUIZ, Juan Francisco (1977): “El desarrollo histórico de la población canaria: la evolución del régimen demográfico antiguo (1520-1940”, en MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Edirca. Tomo V, Las Palmas de Gran Canaria, p. 215.

10. HERNÁNDEZ GARCÍA, Julio (1977): “La emigración canaria contemporánea (1853-1898)”, en MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Edirca. Tomo V, Las Palmas de Gran Canaria, pp. 101-111.

11. DÍAZ HERNÁNDEZ, Ramón (1978): ”La participación de Arucas en la emigración canaria de 1850 a 1970". Actas del III Coloquio de Historia Canario-América. T. II, Cabildo de Gran Canaria, pp. 45-66.

12. DÍAZ HERNÁNDEZ, R.: “La sisa padronal en la Arucas de 1844”, en Canarias7, domingo 18 de enero de 1987.

13. El nombre proviene de la contribución de sangre u obligación de realizar el servicio militar que Juan II de Castilla (1406-1454) impuso durante su reinado, según la cual uno de cada cinco varones debía servir en el ejército, disposición que Felipe V retomó en 1705.

14. CASTELLANO GIL, JOSÉ M. (1990): Quintas, prófugos y emigración. La Laguna (1886-1935). Taller de Historia. CCPC, La Laguna.

15. Ídem: “Prófugos y desertores canarios para el área del Caribe: 1895-1935”. Primer Congreso sobre la Emigración Española hacia el área del Caribe desde finales del S. XIX. Santo Domingo, República Dominicana.

16. Archivo Municipal de Arucas. Libro de Correspondencia, n.º 1 (sin ordenar).

 

 

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