Designado por Napoleón como miembro de la Asamblea de Bayona, no acepta el nombramiento; según él mismo refiere, “la violencia con que me arrastró la perfidia francesa (…) el porte que tuve para evitar ese viaje, los desaires que padecí en el camino y la conducta verdaderamente española que guardé desde que salí de Madrid hasta mi regreso a la Corte”. Habrá que convenir, pues, que fue llevado a la fuerza. Lo cierto es que votó y firmó la Constitución de Bonaparte. Muere en la cárcel de la Corona, recluido allí por sus ideas liberales, tras la represión de mayo de 1814. Como escritor, dedicó particular atención al teatro, interesado sobre todo por la obra de Alfieri, de quien admiraba su sesgo libertario y el entusiasmo que sus dramas despertaban en el público. Las traducciones de Saviñón para el teatro (versiones libres, adaptaciones y refundiciones) fueron lo más conocido de su obra: Alejandro en la India (estrenada en 1788), a partir de una ópera de Metastasio; La muerte de Abel, de Le Gouvé (estrenada en 1803), fue la obra a la cual dice haber dedicado más tiempo, dado el trabajo que le exigió la adaptación al romance endecasílabo o la necesidad de eludir los galicismos. Hay edición de 1815 en Barcelona y de 1820 en Madrid. Le siguieron: Romalibre, versión libre de Bruto, de Alfieri (estrenada en 1812, publicada en 1820 y 1835); Polinicies o Los hijos de Edipo (estrenada en 1814, publicada en 1815 y 1816); Niña o loca de amor (1815) o la refundición de Numancia (estrenada en 1816 y publicada en 1818). Es autor también de Poesías patrióticas y del Himno al dos de mayo de 1814, poema que Mesonero Romanos transcribe en sus Memorias de un setentón. A ello se suman los textos políticos: Sobre los acontecimientos en la Diputación de Tenerife (1807) o Manifiesto a la provincia de las Yslas Canarias (1808), acerca de su comisión en Bayona para participar en la asamblea bonapartista.
