El patriarca de la familia, don Bartolomé*, “abogado de los Tribunales de la nación”, había casado con una hija del escultor Luján Pérez. Y los hijos de este matrimonio tendrían, sucesivamente, un destacado protagonismo en la vida cultural de la ciudad. Todos cultivaron las letras: Emiliano* y Teófilo* fueron sacerdotes; el primero fue, además, colaborador del doctor Chil*, en la investigación histórica. Teófilo fue profesor de Filosofía y Literatura en la Universidad de La Habana. Amaranto*, periodista y poeta, además de destacado político. Y todos, también, tuvieron a Graciliano Afonso por maestro. En alguna ocasión, el canónigo había traducido -según decía, por divertimento- el Libro I de la Eneida: todos le animaron a seguirla. Además de cuestiones literarias, se hablaba de ciencia y teología; se difundieron ideas liberales y republicanas; se debatió, de modo particular, el tema de la división de la provincia.
