Revista nº 1032
ISSN 1885-6039

Productos del país.

Martes, 30 de Mayo de 2023
Rafael Álvarez Álvarez
Publicado en el número 994

Es de elogio el cariño con que la gente aprecia las cosas del país, el de Canarias. Pero sería bueno también que ese aprecio por nuestros productos se extendiera hacia otros, no solo en la alimentación: libros, historia, geografía, medioambiente, tradiciones…, para que con el conocimiento más profundo de nuestra región sus habitantes se sientan cada vez más comprometidos con las necesidades de este país.

 

 

El presente comentario no voy a dedicarlo a hablar del periódico de tirada nacional que lleva ese nombre, aunque he de puntualizar que en nuestra isla hubo en su día, y en distintos momentos, periódicos que también se llamaban El País, según el folleto que editó El Museo Canario basado en los fondos de su hemeroteca y que presentaron en una exposición organizada por el Seminario del Curso de Periodismo de la Universidad Internacional de Canarias, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, en el año 1963:

–1928-1931, El País, Las Palmas de Gran Canaria.

–1909, El País, en la misma capital.

–1901, con el mismo título y publicado en Las Palmas.

–1888-1889, igualmente que el anterior, y de 1863 a 1869, el de más larga duración, de la capital grancanaria.

 

Sacamos la conclusión de que, a la luz de lo expuesto, parece que se conocía como de El País todo lo que sucediera en el entorno de nuestra región canaria, de modo general.

 

Leemos en el diccionario el significado de la palabra país: “Región, reino, provincia o territorio”. Nosotros, en el presente comentario, nos queremos referir cuando hablamos de las cosas del país a todos aquellos productos que –en los años 40 y 50 del siglo pasado– eran considerados especiales y de superior calidad a los venidos de fuera de las Islas, y a los que dábamos un gran valor.

 

Aunque el número de productos –sobre todo alimentos– del país eran bastantes, hoy me voy a referir sobre todo al gofio y al millo, también podríamos hablar de las papas, el vino, los quesos, las judías, las naranjas, las manzanas, la mantequilla, las aceitunas... Todos aquellos productos que se anunciaban en las tiendas como del país daban plenas garantías de su calidad.

 

En este caso nos queremos referir a nuestro país, al país canario, expresión que solamente conocíamos para nombrar a nuestro territorio canario sin distinción del nombre de la isla de procedencia del producto. Por los años mencionados la mayoría de la población ignoraba que por otras zonas de la Península también se nombraban –para hablar los nativos de ellos mismos– de su país: País Vasco, Países Catalanes, País Valenciano, etc.

 

En los años de los que hablamos sabemos que se pasaron grandes necesidades alimentarias, sobre todo en los 40 y la primera mitad del 50. Debido a esta circunstancia, uno de los alimentos más solicitados –por su precio y por la costumbre de su consumo– era el gofio, producto muy apreciado por el canario y sobre todo por la gente más humilde, especialmente –como hemos dicho en más de una ocasión en estos comentarios desde nuestra solana– por la gran versatilidad de su uso, pues se combinaba de muchas maneras. Además, era fácil obtenerlo en los comercios o producirlo personalmente en los terrenos, a través del millo recolectado y su posterior tostado y molido en algunos de los molinos de La Goleta, relativamente cercanos a los domicilios de la mayoría.

 

Foto de Ascanio de 1950 (Archivo de la Fedac)

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Era corriente ver en la calle Heredad una fila de camiones que, procedentes del muelle, venían cargados de millo de la Argentina –decía la gente–, y que era depositado a granel, tal como venía, en un amplio y alto almacén, para luego hacer su distribución por los molinos y los distintos comercios no solo de Arucas, sino de otros municipios. El citado millo era mucho más corriente y pequeño que el nuestro. La gente se acostumbró a él por la gran necesidad que había de comerlo (no se olviden de que estamos hablando de la época en que se pasó literalmente hambre y muchas de las veces no quedaba más remedio que comer lo que se ofrecía, previo pago –por supuesto–, aunque la mayoría de las veces su calidad no era la deseada).

 

Esos mismos años había en nuestro municipio una gran cantidad de pequeños terrenos, minifundios, que servían a sus propietarios para cultivar plátanos y los diferentes productos de temporada, durante tres meses, para obtener la cosecha de papas, millo, judías...; aparte de los animales que allí también tuviesen, que aportaban a la familia carne, huevos o leche diaria para el consumo de la casa (la sobrante se solía convertir en queso…).

–Pepito –dueño de una tienda de comestibles–, de parte de mi madre que me dé tres kilos de gofio del país y que se lo apunte en la libreta, que ya se lo pagará cuando cobre los puntos mi padre –le decía el pequeño Dieguito al dueño de la tienda.

–Mi niño –le contestó el tendero–, le dices a tu madre que hace más de diez días que se agotó. Vamos a ver si esta semana lo trae Pepito (el del gofio) en sus mulas (era un personaje que se encargaba de distribuir por Arucas el gofio del país desde uno de los molinos de La Goleta, creo que concretamente del de don Pedro).

 

Es de elogio el cariño con que la gente aprecia las cosas del país, en este caso el nuestro, el de Canarias. Pero sería bueno también que ese aprecio por nuestros productos se extendiera hacia otros, y que no sean solamente los de alimentación y gastronomía: libros, prensa, revistas, historia, geografía, medioambiente, folklore, tradiciones, música popular, vestido, costumbres, juegos, literatura, economía, agricultura, comercio, industria, cultura en general…, para que con el conocimiento más profundo de nuestra región sus habitantes se sientan cada vez más comprometidos con las necesidades de este país.

 

Era tal el arraigo que se tenía en Canarias por nuestras cosas que un grupo de personas de Gran Canaria fundó un partido llamado País Canario y se presentó a las elecciones en ayuntamientos, cabildo y parlamento en más de una ocasión. Con este nombre tan sugerente daba la impresión de que pudiera obtener un gran éxito; sin embargo, no fue así, aunque tuvo algún elegido… Tal vez no fue lo esperado por la organización, que a los pocos años ya no se presentó más y desapareció de la vida pública y política para siempre, o al menos hasta ahora...

 

Y en la tienda de Antoñito había siempre, en sitio bien visible, para que no pasara desapercibido a los clientes, escrito en cartón, un letrero de 30 x 40 que decía: Se venden productos del país.

 

 

El presente texto es un adelanto de Desde mi solana (II). Estampas aruquenses de los años 40, 50, 60 y los 70 del siglo XX, del maestro y memorialista Rafael Álvarez Álvarez, que será presentado el próximo 21 de junio de 2023 en el Centro Municipal de Cultura de Arucas (Gran Canaria), a las 19:00 h. Este libro es el segundo tomo de la recopilación de sus valiosas crónicas históricas sobre los tiempos de posguerra en el municipio grancanario de Arucas, que viene a convertirse a la vez en un libro fundamental para entender desde dentro, y con mucha concreción, la historia popular de Canarias de estos años. El tomo será editado por Benginbook y con la colaboración de BienMeSabe.org, que tuvo la iniciativa de recopilar estos textos.

 

 

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