Peculiar cenáculo en donde la resistencia cultural y la bohemia más despreocupada se daban cita a partes iguales. Al tiempo que se bebía y comía en abundancia, y por los motivos más triviales, se discutía de arte y de la literatura o se organizaban, semiclandestinamente, recitales de canto, lecturas poéticas o exposiciones. Los pintores Felo Monzón y Antonio Padrón fueron contertulios habituales del Neo-Tea. Y junto a ellos, Pedro Perdomo Acedo* y Federico Sarmiento, Juan Sosa Suárez* y Baldomero Romero, Víctor Doreste* y Vicente Mujica, Néstor Álamo* y Gerardo Atienza, Domingo Velázquez* y Juan del Río Ayala*, Mario Pons y el barítono Francisco Kraus, entre muchos otros, habituales o invitados de ocasión. Todos ellos alternaban las reuniones en la trastienda o el almacén de la quincallería con largas tenidas en el cercano Café Polo, del desaparecido Puente de Palo. Poco a poco, el grueso de esa misma tertulia se trasladaría a la Plazuela (Plaza Hurtado de Mendoza) o a la Plaza de Cairasco, en torno a la figura patriarcal de Pedro Perdomo Acedo.
