La escritora canaria, hija del citado poeta, da vida en formato de novela y crónica poética a sus recuerdos de infancia durante aquellos angustiosos días, planteada desde el discurrir de dos orillas separadas por miles de kilómetros en el Atlántico entre un poeta, que arriesgaba su vida, y una pintora (la madre de la novelista), que aguardaba la vuelta a casa junto al eco de Violeta Parra. La patria chilena de la propia Parra, Pablo Neruda, de Víctor Jara, Quilapayún y del primer presidente socialista salido de las urnas, Salvador Allende, se siente desde las páginas iniciales para transportar al lector desde Canarias a Santiago y de Chile al mundo. La asonada de Augusto Pinochet marcó un antes y un después en el devenir de las libertades, los derechos y la democracia en todo el mundo, sobre todo tras la muerte por un disparo de Allende. Como bien resalta la autora, “Allende no se suicidó, lo suicidaron”.
El poeta que allendó a Pinochet narra en más de 300 páginas los días posteriores al golpe y cómo su padre, Juan Jiménez (Gran Canaria, 1940-2019), uno de los más destacados autores de la generación Poesía Canaria Última, se ocultó en casa de una familia chilena ante los riesgos del toque de queda militar, a la espera de la reapertura del aeropuerto de Santiago y el restablecimiento de los vuelos internacionales. Hay que recordar que Juan Jiménez había militado, desde la clandestinidad, en el Partido Comunista, y había contribuido a la constitución en las Islas del Partido Comunista Independentista de Canarias, una ficha ideológica que lo convertía en sospechoso del régimen pinochetista. Sin embargo, lejos de sentirse amedrentado, el poeta, que ya había dado a conocer Canción necesaria con María C. o Y no es por el peso del sol por lo que cae, no se personó solo en el aeropuerto. Dio un paso heroico al improvisar cómo subir al avión de vuelta de Iberia, llevando consigo a dos personas más amenazadas de muerte.
Nadia Jiménez desvela, por vez primera, todos los detalles de aquella operación salvadora y vivífica, que incluye episodios inéditos de Juan Jiménez, nacido en Carrizal en 1940 y fallecido en Las Palmas en 2019. En la novela, presentada como crónica poética, destaca también el rol de esperanza permanente de su esposa, la pintora María Castro (1943-2023), cuya intuición se superpone a los 10 000 kilómetros que separan Canarias de Chile para saber, desde su casa en la calle Pura Bascarán, que la angustia por los días de incomunicación se transformarían en un recibimiento heroico pero tan discreto como desconocido. Hasta ahora. Castro (María C.) jamás dejó de escuchar a Violeta Parra y a Horacio Guarany y, sobre todo, a Víctor Jara, a la espera del regreso de su marido, el poeta, el héroe anónimo que un día viajó a Chile con la libertad bajo el brazo y se encontró con un golpe que duró 17 años. Y María C. escuchó y tarareó la música de Víctor Jara, el cantautor cosido a balazos (43 disparos) y torturas (medio centenar de fracturas en su cuerpo magullado hasta el espanto) por los militares y al que la historia le ha hecho justicia convirtiéndolo en leyenda.

Nadia Jiménez. Nadia Jiménez es hija de Juan Jiménez y de María Castro y ha publicado tres libros más con Mercurio Editorial: Dátiles por la vereda (2022), Ucrania sin cielo (2022) y Es el tiempo (2023). El poeta que allendó a Pinochet es su cuarto libro. Tras un año de investigación, la autora novela aquellos días de terror y manifiesta que “ni siquiera el círculo más reducido de amigos y de intelectuales de mi padre (sólo unos pocos) conocía su experiencia en el Cono Sur de Latinoamérica. Viajó a Uruguay, Argentina, Chile…, persiguió y participó en el sueño de la vía chilena al socialismo cuando España sufría el régimen franquista. Me atrevo a decir que Allende y Juan Jiménez encarnan la lucha por la libertad, por la revolución por la vía pacífica y democrática”.
“En mi casa siempre se habló de Chile”, expresa Nadia Jiménez, para quien los violentos episodios de Santiago de Chile, influyeron en la obra de su padre. “Y de forma decisiva, como queda demostrado durante el I Congreso de Poesía Canaria de La Laguna, en 1976, con una ponencia sobre la función del creador, del que me hago eco publicando los originales de su intervención en la Universidad de La Laguna. En esa ponencia, mi padre se resiste a ser cortesano de nadie y reclama la propia identidad como ejercicio de libertad del individuo”.
Juan Jiménez permaneció escondido unos días en la casa de la abuela de Lucho y Gisela, hasta que los vuelos a España quedaron restablecidos. El libro aborda también cómo sufría en esa espera, al otro lado del Atlántico, la pintora María Castro. “Se bebía las lágrimas, sin saber nada durante ese tiempo…, eso sí, jamás perdió la esperanza. En el libro publico un poema inédito sobre los sucesos de Chile, al que mi madre le puso música. Son recuerdos que siguen muy vivos. Narro en dos tiempos qué pasaba allá y acá, en esta orilla; qué canciones se escuchaban acá y allá; qué planeaba mi padre con sus mítines en las minas de Antofagasta o Iquique, y qué le inquietaba a mi madre de ese viaje incierto”.
Allendar. Respecto al título, Nadia Jiménez explica que se inspiró en un verso de su padre en el que señalaba que la vida había que vivirla cheguevaramente. “Me dije a mí misma que si Juan Jiménez había hecho del Che Guevara un adverbio, yo bien podía convertir a Allende en un verbo para narrar lo que mi padre logró frente al golpe de Estado de Pinochet, porque Pinochet resultó allendado. Porque eso fue lo que hizo mi padre, burlar la férrea seguridad militar en el aeropuerto de Santiago. Y estoy satisfecha del resultado logrado en El poeta que allendó a Pinochet. Es un libro sincero en el que revisito mi infancia para rescatar la memoria; y hay también una voz adulta en la que analizo aquel compromiso político de Juan Jiménez con la palabra y la poesía; y aquello que para mí, de niña, era la ausencia de mi padre, ahora queda escrito como una lucha por las libertades. Vivía en un piso pequeño pero interesante, con reuniones de comunistas en tiempos de Franco, de izquierdas…”.
“Mi padre fue muy discreto por no arriesgar ni comprometer a las personas que hicieron posible la salida de Lucho y Gisela. Murió en 2019, y mi madre también falleció el pasado año, coincidiendo con el 50 aniversario del final de Allende tras el golpe de Estado de Pinochet. Es el momento de que se conozca, de que trascienda una historia de amor, de libertades, de sueños, de revolución y de compromiso por la palabra; es el momento de que la verdad impere por encima del olvido, sin riesgos a cambiar el relato de la historia, porque hacemos memoria de lo vivido. Se trata de recordar, para no incurrir en ciertos riesgos como blanquear a los dictadores”, concluye la escritora.
