Revista n.º 1135 / ISSN 1885-6039

El inventor canario de la caja de plátanos

Martes, 19 de agosto de 2025
Pedro Socorro Santana
Publicado en el n.º 1110

Tras lograr en 1895 la patente de un diseño de huacales durante veinte años, el grancanario Gonzalo de la Torre Sarmiento, comerciante de la calle Triana, cobraba por su uso a las compañías inglesas de Canarias.

Almacén de empaquetado de plátanos en huacales de principios del siglo XX (fondo: FEDAC)

La platanera fue introducida en Canarias por los portugueses a fines del siglo XV desde la vecina costa de Guinea, coincidiendo con los inicios de la colonización del Archipiélago. Sin embargo, su gran desarrollo como cultivo comercial se produjo en la postrera década del XIX a raíz de la construcción del Puerto de la Luz y el establecimiento de las compañías inglesas, que impusieron una nueva economía de exportación a través de sus estaciones de suministros e industrias portuarias. En poco tiempo, la producción y las exportaciones de plátanos, junto con los tomates, alcanzaron un nuevo dinamismo hasta convertirse en una importante fuente de ingresos gracias al rápido y extraordinario incremento en el tráfico de buques a vapor que, en su escala en los puertos canarios al regreso de las colonias, transportaban los plátanos a los principales destinos europeos (Londres, Liverpool y Glasgow), la Península, algunas ciudades de América (Buenos Aires, Montevideo) y al continente africano. Sirva como dato que, si en 1884 se enviaban al extranjero unos 10 000 racimos, ya en 1900 se superaba el millón, y cinco años después se exportaron unos 2,5 millones1. Entretanto, se iniciaba la historia del empaquetado del plátano, reflejo de aquella evolución de la agricultura, la industria y la logística aplicada en la producción de nuestra fruta tradicional, hoy uno de los símbolos de nuestra identidad.

Aquellos primeros envíos a través de la ruta de Ultramar habían puesto de manifiesto la necesidad de proteger la fruta durante el transporte a fin de que las piñas de plátanos llegaran a los mercados en perfectas condiciones y, por supuesto, en mayor cantidad, algo que resultaba dificultoso con los primeros canastos de cañas o paja. Fue precisamente a partir de 1895 cuando acabó imponiéndose el uso del huacal (guacal), una palabra muy genuina del español histórico en Canarias que se empleó desde entonces para designar una especie de caja de tablas finas y estrechas con ventilación, en forma de jaulón, donde transportaban nuestra fruta por excelencia. Un vocablo, también de uso en América Central, que proviene del náhuatl ococalli y significa 'casa de pino'2. Su inventor fue el comerciante grancanario Gonzalo de la Torre Sarmiento (1844-1915), vecino de Triana, de 51 años, que contaba con un establecimiento de novedades para señoras en la calle Torres, n.º 8 (luego en Triana, 43). Era un hombre pragmático y defensor de la ciencia y la tecnología, lo que entonces se consideraba un regeneracionista. El 10 de mayo de aquel año, a las 12.30 horas, don Gonzalo presentó al Gobierno Civil de Canarias un pequeño diseño, en el que él solo creía, para «la construcción de cajas o envases ochavados u octogonales, destinados a la exportación de piñas de plátanos o de otros frutos de las Islas Canarias a los mercados nacionales y extranjeros», que catorce días antes había diseñado. Al mismo tiempo, adjuntó una memoria descriptiva con un croquis de la «caja o huacales de madera» y que, en su opinión, «tiene inmensas ventajas sobre las (cajas) que hoy se han construido de distintas formas», señalaba. Su propósito era obtener del Ministerio de Fomento la patente de invención con una duración de veinte largos años a fin de usarla en todo el territorio español, ajustándose a la Ley de 30 de julio de 1878. El proyecto fue registrado el 31 de dicho mes en dicho ministerio, y la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio, por delegación de Fomento, aprobó la patente canaria el 1 de octubre de 1895 con el número 17500, siendo publicada en el número 220 del Boletín3.

Un almacén de empaquetados de plátanos en Gran Canaria (fotógrafo: Teodoro Maisch; fondo: FEDAC)

Sin duda, era una opción artesanal mucho más resistente que los cestos de paja, mimbres y espuertas, con un diseño y estructuras optimizadas que aportaban soluciones novedosas para almacenar, resguardar, transportar y manipular los plátanos, además de que las cajas podían soportar el apilamiento debajo de otras en las bodegas de un buque de vapor, y eran especialmente útiles para acomodarlas y rodarlas sin grandes esfuerzos una vez a bordo. El huacal se componía de dos cabezales ochavados, de ocho lados. Las tiras de madera estaban clavadas por sus lados y permitían la ventilación, «pero siempre formando un contorno octogonal», aclaraba el comerciante. La medida del huacal tenía un tamaño similar al racimo de plátanos, y entre las novedades que enumeraba, respecto a las de forma cuadrada, estaban: un empaque más ligero, lo que economizaba «brazos y tiempo»; se ahorraba en paja u otra materia; doble consistencia, pues debido a su forma «mide menos superficie de madera, quedando esta a favor de sus gruesos». Además, ofrecen «una mayor ventilación a bordo de los buques, mediante los huecos entre unas y otras cajas». Y, por último, aducía nuestro inventor que «todos los golpes que reciban a consecuencia de las vueltas que se les den, tanto en almacenes como en transportes, serán menos sensibles y menos dañosos y perjudicial para la fruta».

Tres años después, el 14 de marzo de 1898, Gonzalo de la Torre logra una nueva patente (22450) de otro «aparato o caja de madera de figura octogonal para la exportación de piñas de plátanos o bananas y otros frutos», muy similar, quizás con menos huecos entre las tiras de madera, pero de la misma forma octogonal, «pues debido a los constantes ensayos que hace más de dos años vengo practicando en esta nueva forma de cajas ochavadas, veo las grandes ventajas que esto trae para los embarques de frutas y, especialmente, para las piñas de plátanos, y que hace años viene siendo uno de sus principales ramos de riqueza», aseguraba el ingenioso comerciante. Gonzalo se enorgullecía abiertamente de su invento y él mismo nos aclara que, «en tantos años, a ninguno se le había ocurrido que las cajas de ocho lados en su longitud tuviesen tantas ventajas sobre todas las demás hechas hasta hoy, creo merecer me conceda la patente que solicito basada en dicha forma octogonal», concluía seguro de sí mismo y dueño de un orgullo que parecía indudable y bien justificado. Y, además, lo lograba en un momento, con el siglo XX a punto de romper aguas, en que las Islas parecían navegar en el caudal poderoso del ingenio industrial en torno a las cajas de plátanos, pues otros grancanarios presentaron también inventos similares con nuevas formas que aumentaba la competencia y variedad de alternativas. Fueron los casos de Federico Rivero Montañés (23183) y José Suárez Suárez (22248), sobre «envase o guacal para la exportación de plátanos y otros frutos»; a las que siguieron, en 1899, las patentes 23704 y 23962 de los también grancanarios Pedro Ramírez Trinidad y Gonzalo González Corvo Caubín, referido a «un envase de plátanos denominado guacal que constituye un aparato», entre otras novedades; incluso hubo intentos de obtener harina a partir de esta fruta como preparado alimenticio4. Estos huacales fueron, sin duda, la aportación canaria a la comercialización del plátano, una novedad en el progreso y evolución del patrimonio industrial que se hizo patente, nunca mejor dicho, frente a la recepción de la moderna tecnología europea (cable telegráfico, tranvías a vapor, electricidad, teléfono…), que se iba imponiendo en nuestras Islas dentro de aquel contexto histórico del capitalismo agrario.

Embarque de huacales de plátanos sobre lanchones, en el suroeste de Gran Canaria (Suárez Moreno, F., 2023: 'Comunicaciones y transportes en un medio rural. Oeste de Gran Canaria')

Diseño del envase de madera ovalada de Gonzalo de la Torre. 1895 (fondo: Ministerio de Industria y Turismo. Oficina Española de Patentes y Marcas, O. A. Archivo. Fondo Histórico, P 17500)

Y de ese modo, la construcción artesanal del huacal, tanto por los carpinteros de la ciudad como incluso por las mujeres en sus tareas cotidianas en los almacenes, dado su fácil montaje mediante tablas y clavos, no se hizo esperar para responder a la demanda y los negocios de las compañías exportadoras inglesas. Sin duda, eran unos envases de madera más robustos, también más pesados, que ofrecían una buena protección para que los plátanos que se producían en Canarias llegaran en condiciones a los lejanos mercados, tal y como fueron descolgados los racimos del mato, sin magulladuras. Apenas un año después, don Gonzalo explotaba comercialmente su patente. Así, tenemos constancia de que, el 31 de diciembre de 1896, acude al notario de la ciudad José Benítez Larena para autorizar a los comparecientes Ricardo Ricpath Blandy, de 46 años, y a Eduardo Cecilio Barker y Seckam, de 29, gerentes de la Casa de Comercio Blandy, Barker y Compañía, «para que usen y empleen en los empaques de frutos que por cuenta hagan en sus almacenes de las cajas o envases de frutos». La autorización se hacía extensiva «a las personas o sociedades que en su día puedan sustituirles en esta ciudad en el negocio de embarque de frutos», y a las sucursales que operaban con la compañía grancanaria para la exportación de sus frutos, ya que su canal de comercialización transitaba vía marítima por Santa Cruz de Tenerife, al contar como socio con la compañía Henry Woldfeon; incluso daba la posibilidad de que «en lo sucesivo» los firmantes se establecieran en los dominios españoles, incluyendo Ultramar. Antes de esta escritura don Gonzalo confiesa haber recibido la cantidad de cinco mil pesetas por los permisos5, y en ella se aclaraba que, «bajo ningún título, los señores Blandy, Barker y compañía podían transmitir a terceras personas la cesión hecha a su favor».

Además de prestigio, aquel invento salido de las entrañas de un siglo que agonizaba dio beneficio a este comerciante, que ya gozaba de cierta solvencia económica con su comercio en el barrio de Triana, tan frecuentado en aquel tiempo. Se hizo con varias fincas en la ciudad, como la Meseta Alta de las Rehoyas, que décadas más tarde vendió a un hijo de Alfredo Schamann, donde se llevó a cabo un proyecto de urbanización que dio origen al actual barrio de Schamann. Entretanto, los racimos de plátanos viajaban protegidos en aquellos huacales que, a menudo, eran forrados con hojas de plataneras o pinocha para protegerlos de golpes y daños durante el transporte a mercados más distantes. Y se ataban con cuerdas de pita (esparto), o de la misma garepa del rolo de la platanera, para asegurar la carga en las bodegas de los buques. Sus dimensiones dependían de la cantidad de piñas depositadas, pero solían tener un peso aproximado de cuarenta kilos. Con anterioridad, los racimos recolectados en las distintas fincas del Norte de Gran Canaria se llevaban a los almacenes de empaquetados, y allí se realizaba una febril actividad para la selección y embalaje de los plátanos antes de su comercialización. En ese contexto se aglutinaba una mano de obra femenina que requería de la agilidad y el trabajo en un proceso menestral que entonces comenzaba a echar raíces, pues era uno de los pocos oficios remunerados, junto con el tabaco, que les estaba permitido a las mujeres que realizaran fuera de sus domicilios.

Dos mujeres confeccionan en torno a 1933 un huacal en Gran Canaria (fotógrafo: Christian Jöergensen, de su 'álbum del plátano')

Firma de Gonzalo de la Torre y del comerciante inglés Eduardo Cecilio Barker y Seckam el 31 de diciembre de 1896 (fondo: Archivo Histórico Provincial de Las Palmas)

Con el nuevo siglo se fueron perfeccionando los huacales, incluso adoptando formas más redondeadas, además de su capacidad y medidas, como el diseño de un nuevo guacal que patentó, el 20 de octubre de 1914, con el número 21255, el empresario John Milberne Leacock, dedicado a la agricultura en el Norte de Gran Canaria, donde se concentraban los mayores cultivos de plataneras, y que fue aceptada seis meses después, tal y como ha estudiado el cronista oficial de Guía, Sergio Aguiar Castellano, en su trabajo Cooperativa Agrícola del Norte de Gran Canaria. 100 años de historia (2023); o como las configuraciones de Alberto Noguera (59501), en Barcelona, y del grancanario Agustín Rodríguez Bermúdez (59081) a finales de ese año; o la patente de un «huacal perfeccionado, de madera, para envase de piñas de plátanos» de Manuel Lara Henríquez (59754), también de Las Palmas, que fue aprobada el 12 de febrero de 1915, entre otros emprendedores que aportaban creatividad al ingenio con otras innovaciones técnicas o funcionales pero con un profundo sabor a plátanos.

A estos envoltorios de madera le siguieron otros más modernos y eficientes, adaptándose a los nuevos tiempos, incluso más económicos como las cajas de cartón. Con todo, ya en la década de los sesenta, hubo también una mayor mecanización del proceso artesanal del empaquetado de plátanos, así como otras alternativas de envases, con cajas de cartón de 12 y 15 kilos más sostenibles y eficientes, como la caja telescópica (de fondo y tapa), especialmente para el Plátano de Canarias. 


1. Nuez Yánez, J. S. (2001). «La organización del trabajo en el cultivo del plátano en las Islas Canarias durante el primer tercio del siglo XX», Historia Agraria 24, pp. 153-172. SEHA.

2. Corrales Zumbado, C. J. / Corbella Díaz, D. (2001). Diccionario Histórico del Español en Canarias. Volumen H-Z. Instituto de Estudios Canarios, volumen II.

3. Sáiz, P.; Llorens, F.; Blázquez, L.; y Cayón, F. (Dirs.): Base de datos de solicitudes de patentes (España, 1878-1939), OEPM-UAM, Madrid, 2000-2008, http://historico.oepm.es.

4. Alemán de Armas, A. L. (1997). «El Plátano», Los Símbolos de la Identidad Canaria. Centro de la Cultura Popular Canaria, pp. 421-424. 

5. Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. Legajo 3657, f. 3187.


Pedro Socorro Santana es cronista oficial de la Villa de Santa Brígida.

Debes indicar un comentario.
Debes indicar un nombre o nick
La dirección de mail no es valida

Utilizamos cookies, tanto propias como de terceros, para garantizar el buen funcionamiento de nuestra página web.

Al pulsar en "ACEPTAR TODAS" consiente la instalación de estas cookies. Al pulsar "RECHAZAR TODAS" sólo se instalarán las cookies estrictamente necesarias. Para obtener más información puede leer nuestra Política de cookies.