Dacio Darias sitúa en 1614 la primera ocasión en que los pastores acuden a La Villa para solicitar llevar a la Virgen de Los Reyes y dedicarle allí un novenario rogativo para paliar la pertinaz sequía que asolaba El Hierro. Petición que fue denegada, pero entonces los pastores violentaron la puerta de la ermita y, sigilosamente, condujeron la Imagen, en la noche del 27 de marzo, hasta las cuevas de Lemos, de la novedad al Párroco, mediante unos toques en la puerta de su casa, diciéndole: “Padre cura. En las cuevas de Alonso de Lemos hay una prenda que debe vuestra merced recoger enseguida”. Una vez recogida la imagen, se traslada hasta la iglesia y, sin llegar a traspasar la puerta de entrada del templo, comienza a llover abundantemente por toda la isla.
Una nueva crisis de sequía, en 1740, establece la posibilidad de un nuevo traslado de la imagen a La Villa para ofrecerle una nueva rogativa, tal y como ocurrió en el siglo anterior. Será trasladada a mediados de enero de 1741. “El 21 de enero, último día del precitado novenario, las nubecillas comenzaron su ascenso desde el mar, besando las cumbres sedientas y áridas. (…) Pronto llovió a cantaros”. Es en esta ocasión cuando se decide establecer de manera regular la llegada de la Virgen a la capital herreña, para lo cual se establece el Voto, a modo de compromiso y promesa. Hay que tener en consideración el significado que la crisis de sequía tiene para El Hierro, una isla de marcado acento ganadero en su economía y que vive estos periodos de escasez de lluvias como auténticas tragedias que acarrean paralelamente hambre y epidemias, a la vez que suponen una subida de la mortandad general, tanto de la población como de la fuente de subsistencia, el ganado.
La Bajada recibe su nombre con toda probabilidad del último tramo del camino, cuando este desciende de la zona central de El Hierro hacia la capital herreña, algo muy común entre los herreños el definir la pendiente del camino con respecto al punto de partida o llegada. De igual manera La Subida adquiere ese denominación, en este caso, al tomar como referencia la salida desde Valverde en dirección a La Dehesa. Poco ha trascendido de las celebraciones anteriores al siglo XX, pero es de suponer que fueron cambiando al igual que lo ha hecho cultural y socioeconómicamente El Hierro.
El cambio más significativo es el traslado del mes de celebración, que pasó de mayo a los meses de verano en la edición de 1965, adaptando la fecha de celebración al cada vez más extendido periodo vacacional estival, propiciando que pudiesen unirse tanto los herreños que vivían fuera de la isla como los visitantes interesados en conocer esta tradición. También hay que señalar la salida de la Patrona hacia los pueblos de las medianías, visitando las diferentes parroquias una vez finalizado el Novenario.
