La primera parada del programa tendrá lugar este miércoles 7 mayo, a partir de las 20.00, en la Catedral de Canarias con la intervención inicial del presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, del consejero de Presidencia, Teodoro Sosa, y del director insular de Patrimonio Histórico, Juan Sebastián López, la proyección de un vídeo y, como broche de oro, una muestra en vivo de los Ranchos de Ánimas de Gran Canaria. Al día siguiente, jueves 8 de mayo, y a partir de las 19.00 horas, el Patio del Cabildo acogerá la conferencia "Las comunidades portadoras: sujetos activos en la valoración y salvaguarda de los rituales festivos", a cargo de María Pía Timón, etnóloga y Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales en 2021. Su intervención abordará las distintas acciones y estrategias que son necesarias para salvaguardar y garantizar la transmisión del patrimonio cultural inmaterial tanto por parte de la ciudadanía como de las administraciones.
El programa ha sido organizado por el servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Presidencia y Movilidad Sostenible, con la colaboración de la Diócesis de Canarias y los ayuntamientos de Valsequillo, La Aldea de San Nicolás y Teror en el marco de la apuesta del gobierno de la isla para trasladar a la ciudadanía los valores que atesoran los Bienes de Interés Cultural de Gran Canaria. El consejero de Presidencia, Teodoro Sosa, ha señalado que su declaración como BIC “no solo supone el reconocimiento legal de los sobresalientes valores de la manifestación cultural, sino también da visibilidad a este legado cultural y a las comunidades portadoras que lo han mantenido, en su expresión como fenómeno que combina varias tradiciones sobre el significado de la muerte y los espacios de transición como el Purgatorio del imaginario religioso cristiano”.
Los Ranchos de Ánimas tienen su origen en el siglo XVII, aunque hay teorías que los retrotraen a influencias de tiempos previos. Están vinculados a las cofradías de las parroquias, y en Gran Canaria existieron en el siglo XIX y en la primera mitad del XX, como en el resto de las Islas, en muchas localidades como Tejeda, Tasarte, Juncalillo, Barranco Hondo o Lomo Magullo, aunque hoy solo sobrevivan los tres declarados BIC por el Gobierno regional tras su publicación en el Boletín Oficial de Canarias el 3 de marzo de 2025. Su antigüedad y, en especial, la pervivencia a lo largo de los siglos de una isla con una transformación cultural profunda en la segunda mitad del siglo XX los convierte en una expresión singular que ha sabido superar los cambios en todos los planos, incluidos el de la espiritualidad y religiosidad popular. Destaca su carácter funcional de culto a la muerte, así como su motivación de cantar a las ánimas que están en el Purgatorio, además de a otras figuras como santos o patronos, familiares vivos, novios, cosechas, animales, así como a la necesidad de mantener vínculos entre los muertos y los vivos. En las salidas, se van recogiendo limosnas, para sufragar misas por las almas de los difuntos, que refuerzan la memoria emocional y el recuerdo colectivo de las localidades.
Los instrumentos musicales desempeñan un papel protagonista en los Ranchos de Ánimas y dan fe de la excepcional riqueza musical de fusión ecléctica de unos elementos antiquísimos que forman parte de la sonoridad de sus salidas y visitas, en especial los de percusión como las espadas, el triángulo, el tamborcillo, el pandero, las castañuelas y la flauta de caña en La Aldea; y los de cuerda, como la guitarra y el timple. En este mismo nivel de relevancia se encuentran sus coplas y deshechas, de origen medieval y que, salvo contadas excepciones, han desaparecido en otros lares, como parte también del patrimonio sonoro y de la música popular que contienen, siempre con el respeto debido a las variaciones que se dan entre unas localidades y otras, pero con una estructura troncal. Otro elemento singular son las dinámicas de los recorridos por las comunidades donde se mantiene, con las visitas a familias en el refuerzo de la práctica de filiación local y de memoria compartida. Así, en las casas de los vecinos, donde se adentran los Ranchos, se celebra una cena comunitaria, con su correspondiente simbolismo.
