Si quería ser recorre varias habitaciones de la memoria, el sueño y la identidad a través de un yo literario que camina y, sobre todo, un yo literario que percibe. Estas habitaciones construidas por poemas muestran, en la mirada de nuestro homo viator, un mundo lleno de colores capaces de acariciar la piel, suelos adjetivados, imágenes chillonas, música que resuena desde dentro y un claro olor a vainilla.
Encontramos un poemario que siempre está yendo/volviendo. Si quería ser imagina/reimagina, inicia/reinicia y construye/reconstruye. Su propio título condicional deja clara una estancia imprecisa de lo establecido, jugando así con los límites y creando un lenguaje-perspectiva propio y característico de su autor.
Estas tres columnas mencionadas anteriormente —memoria, sueño e identidad— forman un mismo concepto frágil y cambiante que sostiene el imaginario poético de Jatib. Tal es así que ya en su poemario Sueños, publicado en 2020, nos adelanta el contexto y establece precuela de las intuiciones y obsesiones que se abrazan en Si quería ser.
Son varias las acciones que se establecen como elementos clave dentro de la obra. En primer lugar, señalamos el caminar. Como ya se apuntaba en un inicio, el yo poético de Jatib está constantemente yendo —y volviendo— por las páginas de su obra. El yo camina de forma no lineal tomando como medio un cuerpo roto y extraño que siente el peso del pasar del tiempo en cada uno de sus pasos. Camina hacia delante y hacia atrás según la mirada que ocupe, quizá por explorar una posible orientación que nunca termina de llegar o tal vez por recrear un tiempo no-lineal similar al que transcurre en los sueños. Su andar busca, a su vez, establecer contacto, aunque no siempre contacto físico, pues resaltamos en muchas ocasiones una cierta distancia que permite conseguir un logro literario muy valioso: que los ojos propios miren el mundo como ajenos.
De ahí, señalamos la segunda acción del poemario, en este caso, el observar. Estos escritos aparecen repletos de ojos, todos ellos en busca constante de la palabra precisa con la que poder detallar todo aquello que los rodea: el color justo de una nube, una luz blanca y corpórea, el oleaje sordo de la realidad. Si quería ser existe a través de unos ojos configurados para legitimar la existencia.
Asimismo, el tercer acto de estos escritos se sostiene en la idea de construir. Jatib construye un lenguaje, una percepción del cuerpo, una no-rutina, destroza límites para, consciente o inconscientemente, construir unos nuevos. Jatib construye paso a paso este poemario. De esta manera, este verbo solo puede comprenderse gracias a su vínculo con la ruptura. Entendemos la ruptura del límite como inicio/reinicio del propósito poético. Si quería ser se establece como una estructura completa, pero también quebrada al mismo tiempo. Precisamente, gracias a estos quiebres puede residir la posibilidad de construir, así como también puede colarse la luz buscada por el sujeto poético. En este sentido, se construye/reconstruye dentro de la obra una poética de planos, donde coexisten la realidad construida, la realidad compartida y la realidad. Este juego de saltos entre planos permite que el autor experimente tanto en contenido como en forma, pues no solo las concepciones de realidad literaria se construyen, sino que, además, se construyen/rompen/reconstruyen cuestiones formales, ortográficas o de puntuación. Todo ello como pura búsqueda por consolidar este trío conceptual de la memoria, el sueño y la identidad dentro del propósito de Jatib.
Así, el cuarto y último acto clave del poemario se establece como el recordar. Jatib expresa el lenguaje/habla de la memoria a través de una imagen poderosa: Insectos-relato estampándose con estruendo contra los muros metálicos de sus celdas. La memoria abraza, en esta obra poética, el recorrido del cuerpo que camina. Pasea por la infancia, adolescencia y adultez asegurándose de que cada una de sus huellas quedan marcaditas en el recorrido transitado:
Compartir una habitación con vigas de madera barnizadas por el sol / la puerta giratoria del tiempo siempre desemboca en casa / Estudiar para que el día de mañana sea más fácil circular por una vida incierta / Las paredes de una casa amarilla, de una casa color piel como refugio cuando las tardes se hicieran frías (p. 35)
Recordar y recordarse se establecen dentro de la pieza literaria como una especie de guineo en el pensamiento poético del autor. Sueño, memoria e identidad, como tres amiguitas de la mano, forman un solo cuerpo lleno de matices que da forma a este poemario, una obra que, como una de sus acciones clave, está hechita para recordar.
